4 feb. 2012

Arlequin


Para los que vivíamos cerca de  Córdoba y Canning (en la memoria del barrio este sigue siendo su nombre) teníamos lugares claves donde hacer las compras. Cuando alguien decía voy a la farmacia ya todos entendían que se trataba de la Inglesa, que reinaba justamente en esa esquina y permaneció con ese nombre hasta 1982, cuando en plena guerra cambio su nombre por “Gran Malvinas”. Si de ropa deportiva se trataba “La Rosa” era el lugar por excelencia, todos los inicios de año escolar se concentraban Madres y niños en busca de Zapatillas Flecha, Bombachones negros y pantalones de gimnasia azules. La perfumería se encontraba en Córdoba casi llegando a Araos y tras el mostrador estaba Ada, el lugar era gigante y los sábados por la mañana había que hacer cola para ser atendido. La heladería eran palabras mayores, Scanappieco opacaba a todos los locales del ramo en cuadras a la redonda y hasta venían de barrios vecinos, en  los 80 fueron pioneros con la creación del sabor llamado menta granizada. La disquería era mí preferida, “La Ruideria del Gato” un lugar pequeñísimo atendido por su dueña Hippie de los ´60 que permaneció así hasta los ’90, el lugar donde olía a sahumerio aún antes que se pusieran de moda… Junto enfrente en Av. Córdoba 4684 casi en la esquina de Malabia se encontraba la Librería y Juguetería Arlequín, un local de dos vidrieras a los costados donde se podía apreciar, en una todas los juguetes recién salidos y en la otra los artículos de librería. Casi diría que fue el primer hogar de Barbie y los pin y pon en el barrio, acompañados por mi pequeño ponny y los micromachine que se exhibían en una vitrina aparte. Cuando llegaba el día del niño, reyes  o navidad, la vereda se llenaba de cochecitos de muñecas, caballitos de madera, juegos de escobita y secador, andadores y pelotas de colores que colgaban de la entrada, por supuesto nunca faltaba la mesa en la vereda donde se envolvían los juguetes… El local con un salón alargado e interminable, donde sobre su mano derecha se encontraban grandes mostradores de madera y estanterías con libros y útiles escolares. Sobre la izquierda, los mostradores eran delicadas vitrinas, cajones en el suelo y estanterías con juguetes, al final de los mostradores y sentado desde la mañana hasta la noche, se lo encontraba a don Mendel Waldman, padre de Iser Majlech  Waldman  dueño del lugar y al que todos apodaban Isa. Al contrario de su padre, que tenia fama de cascarrabias y protestón, Isa era un hombre amable y siempre de buen humor,  respetado y querido por los vecinos y comerciantes del barrio. En el lugar también trabajaba Silvio, uno de sus tres hijos y estudiante de maestro Jardinero, particularidad para los años ´80, donde esa profesión era casi exclusiva de las mujeres. Si entrabas al lugar por la mañana y Silvio estaba a cargo podías verlo saltar con vehemencia sobre un camión Duravit, para demostrarle a una madre que esa era la mejor elección de juguete ya que era indestructible mientras resonaba en la radio la voz de Lalo Mir en su programa “Radio Bankok”.
Los otros 2 hijos de Isa, eran Paula que solo se la veía ayudar en las ocasiones especiales ya que era la mas joven de su familia (eso días y debido a las grandes colas todos los parientes y amigos colaboraban, incluyendo a Jaime que era el empleado contable)  y su hijo mayor Fabián, que estaba a cargo de la sucursal llamada “Distribuidora 4” que se encontraba en Av. Córdoba y Thames justo en la esquina y con enormes vidrieras que la abrazaban.
Arlequín no siempre fue Librería y Juguetería, aunque si siempre fue de los Waldman; en los años 60 se llamaba “Electrónica Paternal” y era una de las grandes tiendas del barrio donde se vendían electrodomésticos,  de hecho y aunque cambiada de rubro el nombre seguía siendo el mismo y para no despistar a los incautos eligieron al otro como nombre de fantasía.
En el último de sus tres grandes depósitos y como testigos silenciosos del pasado, en sus estanterías descansaban viejos tocadiscos portátiles, televisores a válvulas y otros electrodomésticos pasados de moda, junto a algún que otro libro escrito en hebreo que contaba historias de Europa antes de la guerra.
No se exactamente cuando dejo de existir, supongo que la agarro alguna de esas crisis por las que paso la Argentina e implacable como con tantos otros comercios, la obligo a cerrar sus puertas. Recuerdo en alguna ocasión y allá lejos en el tiempo, encontrarme a Isa en una nueva Arlequín sita en Av. Corrientes y Medrano, pero solo fue un paso Fugaz y claro esta ya no era lo mismo.
Hoy el local sigue ahí, mantiene su estructura solo que ajironado, dividido en 2 y convertido en tiendas de ropa.
Seguramente los que entren a comprar, no tiene idea de la magia del lugar, esa que provoco durante décadas la sonrisa de infinidad de niños, la que adorno las veredas del barrio, la que se distinguía entre los negocios de la cuadra, porque no se repetían los rubros.
Esa magia que me provoca casi Inevitablemente que cuando pase por ahí, no pueda dejar de  tararear ese tema de vivencia llamado “Los Juguetes y los niños”. 


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