2 de abr. de 2014

A pedir de boca

No se sabe mucho en que año se construyo, se presume que por 1900. Es difícil rastrear la historia de un lugar que pareciera siempre estuvo ahí.
El dueño conocido más antiguo del terreno ubicado en Colorado 64, frente a la que fuera la primera cancha del Club Boca Juniors, habría sido la madre de Tito Lectoure, mítico manager de box y propietario del Luna Park.
La Señora que poseía varias propiedades en la “Republica popular de la Boca” y Barracas, le abría vendido en 1910 el terreno que constaba de un local con sótano y patio, a un inmigrante Polaco que bautizo el salón ubicado en la calle Ragazza 64 (en 1935 los vecinos cambiaron el nombre de Colorado por éste, en honor a un farmacéutico del barrio) con el nombre de “El Obrero”.
El lugar estaba ubicado frente a la flamante y prospera Compañía Italo Argentina de Electricidad (CIAE) ,  que fuera construida en etapas por inmigrantes italianos entre los años 1914 y 1926.
El despacho de bebidas y comedero era un lugar de mala muerte, la higiene estaba ausente y los trabajadores del barrio tenían un vaso de vino y un plato de guiso caliente y barato asegurados.    
En 1954 el Polaco decidió dejar el lugar que para entonces ya era viejo y con historia, y se lo vendió en cuotas y con pagares a dos jóvenes Asturianos de 18 y 21 años, ellos eran Marcelino y Francisco Castro.
Los hermanos Españoles que habían sido llamados por una tía que ya vivía en Buenos Aires y tenían experiencia como mozos, se hacían cargo del bodegón de lunes a lunes y dormían en el lugar, ya que su lema era trabajar mucho y gastar poco, para poder levantar los pagares y prosperar.
El lugar siempre estaba lleno de trabajadores del puerto, frigoríficos y de las fábricas lindantes, entre ellas la de Ford que había estado sin funcionar desde 1941 a causa de la falta de insumos por la guerra y reabierta en 1957 hasta su posterior traslado a Pacheco en 1963.  Los lavoratori se reunían para el almuerzo y por las noches para beber y jugar a las cartas por dinero.
El lugar era exclusivamente para hombres, las mujeres y los niños solo podían pasar por la puerta de Agustín Caffarena 64 (último y actual nombre instituido en 1940 en honor al creador de la 12, mítica hinchada de Boca, luego que la legislatura rechazara el nombre anteriormente impuesto por los vecinos)
Con los primeros albores de la democracia y aquel vientito de libertad soplando por las calles de Bs. As., al Obrero comenzaron a ir los jóvenes militantes que soñaban con ser gobierno en 1983, provenientes de los flamantes locales políticos que se abrían en el barrio. La esposa de Marcelino y madre de sus 3 hijos comenzó a ayudar en la cocina y de apoco el local fue concurrido por familias. Los días de peleas y apuestas habían llegado a su fin.
A medida que los hijos de ambos iban creciendo, se sumaban al staff, primero como lavacopas, si era necesario subidos a un cajón de gaseosa, luego ayudantes de cocina y finalmente mozos.
Entrados los años 90 el país se fue poblando de turistas ilustres y por algún motivo todos ellos iban a comer al Obrero. Las paredes del lugar ya estaban pobladas de banderines de futbol, fotos con artistas nacionales, políticos y deportistas, que los dueños solían cambiar por una cena gratis en agradecimiento por posar con el personal.
Paradójicamente las fabricas iban cerrando, el puerto dejaba su activad poco a poco y el bodegón cada vez se hacia mas popular entre los turistas y nativos cholulos que querían cenar en la mesa donde había estado Bono o posar junto a la foto del rey Juan Carlos de España.
En el año 2005 Marcelino dejo su lugar a Juan Carlos su hijo, quien se encargo del bodegón con la compañía de su familia y de Jorge Melgarejo, el fiel empleado que comenzó a trabajar con 18 años en 1962, año en que naciera Juan Carlos.
Para ese entonces diarios como el New York Times y The Guardian recomendaban no dejar de pasar por el lugar si se venia a Buenos Aires, y publicaba la foto del personal junto A Tim Robins y su entonces esposa Susan Sarandon. En la Actualidad no hay portal gastronómico que no recomiende este lugar, incluso las guías extranjeras.
Los hermanos Castro ya no viven, pero el lugar sigue intacto.
El sótano esta apuntalado con vigas y el piso hundido, las paredes hacen décadas que no se pintan, el mobiliario de la barra tiene casi 100 años y parte de la vajilla, mesas y sillas es la misma desde hace 60 años. Juan Carlos y su primo Pablo, tratan de no modificar nada, y aunque cueste creerlo, eso lleva más trabajo que cambiarlo todo.
Pablo atiende con su característica casaca Bordeaux y su blanca servilleta al hombro, te deja la carta sobre la mesa aunque tranquilamente podes leer el menú escrito con tiza blanca en uno de los inmensos pizarrones amurados a la pared. Cuando vuelve por el pedido podría decirte que ya te leyó lamente y sabe exactamente que tense ganas de comer. Mientras traen la comida una tele sin voz  con un cartel que dice “por decreto SADAIC no tenemos permitido volumen en la tv” muestra imágenes con lluvia, pero eso no importa ya que es inmensamente mas interesante ver los banderines y las fotos que revisten las paredes  y adivinar quien es ese personaje que aparece  cuando era joven .
Cuando llega la comida siempre es más y mejor de lo que uno se imagino. Para cuando se termina el ultimo bocado se siente que esta en casa. Entonces vuelve Pablo a retirar los platos y te cuenta sobre el lugar y su familia, y sus mellizos de 8 años. Te ofrece el postre, y a pesar de la abundancia del plato anterior no se puede decir que no. Otra vez te lee la mente y muy canchero te dice, deja que te traigo un Pave de vainillas que hizo mi vieja que esta ahí atrás…

Entonces todo cierra, entendés porque ese lugar rustico y escondido perdura a través de los años, porque cuando te vas y “oles a morfi” te dan ganas de volver al otro día. Te das cuenta que ese lugar es un autentico pedazo de Buenos Aires, ahora lo sabes,  y quien te dice que  no fue ahí, en ese pedazo de tierra que hoy ocupa El Obrero, donde Don Pedro de Mendoza clavo su espada, se sentó en una piedra, prendió un fueguito y se calentó el guiso.


29 de oct. de 2013

Superbike

La primera vez que lo vi, estaba parado en la esquina de Lacroze y Corrientes, sobre una de las vidrieras de la mítica pizzería “El Imperio”. Supongo que tanto no me llamo la atención, ya que en esa esquina mágica se suelen ver personajes de todo tipo, solo hay que detenerse y esperar que pase un falso Papa con mitra de papel de diario, el joven con capucha de Batman que toma el subte, o un grupo de góticos que vienen de pasar la tarde en el cementerio.   
El estaba ahí por una razón particular, estaba cumpliendo una misión, la de repartir volantes a los transeúntes. Pensé que su atuendo de calzas de ciclista negras, borceguíes hasta la rodilla, camiseta de lycra ajustada, guantes de cuero y su larga y rubia cabellera, eran para llamar la atención, en cierta forma lo era, ya que su atuendo era su uniforme de superhéroe...
Paso un tiempo hasta que me anime a hablarle, yo necesitaba un volantero y sabia que el era el hombre correcto para ese metié. Esta vez lo aborde en la esquina de Forest y Lacroze, ese día llevaba una bandera de boca a modo de capa y su bici con alforjas de cuero a los lados emulando una moto chopera.
Su nombre es Marcelo Lorefice y le gusta que le digan Chelo Corazón de Metal, aunque sus amigos lo llaman Chelo Viloni, este último apodo puesto por su similitud con el luchador de cach. De voz profunda y firme, se expresa con una educación y formalidad que por falta de costumbre sorprende, seguramente modales aprendidos en el colegio de Belgrano, su barrio natal, al cual asistió durante toda su educación formal.
Nacido en 1974, su infancia no fue muy distinta a la de cualquier porteño de mi generación. A los 13 años comenzó a estudiar piano, aunque le gustaba tocar guitarra y cantar, el uniforme escolar del Juan XXIII lo agobiaba y le encantaba ver en la tele la serie “El renegado”. Cuando termino el secundario quemo el uniforme y se puso los pantalones de cuero. Curso el CBC de medicina en la UBA, 2 años de Abogacía en la UB, para finalmente graduarse de Óptico. A pesar de su titulo en mano, se dedico a escribir guiones de novelas y comics y soñó con ser actor. 
Laburante desde siempre, trabajo en construcción, carpintería, cadetería y delivery entre otras changas, porque todo trabajo es digno y a todos los realiza con esmero y responsabilidad.
Un día viendo la seria Supertorpe, se pregunto porque no? Y ese día nació SUPERBIKE.
Querer es poder dicen por ahí, y el lo quería tanto que llego a la tele, o mas bien la tele llego a el. Si bien ya había hecho un bolo en publicidad y en un programa de Telefe, el reconocimiento le llego cuando un programa de preguntas y respuestas lo encontró caracterizado por las calles de Chacarita.  Pero como todo buen superhéroe la fama no lo cambio, de día trabaja a sol y sombra con su antifaz y capa y al llegar a su hogar como un emulo de Clark Kent, vuelve a ser Marcelo, correcto, tímido y sencillo.
Hay gente que al verlo pasar se ríe porque piensa que es un pirado, otros se sorprenden o lo ignoran y otros tantos le piden fotos y lo saludan. Solo aquellos que hablamos con el y nos animamos a conocer a la persona y no el personaje, podemos apreciar su sencillez y solidaridad, su animo de estar dispuesto a ayudar cuando sea necesario, porque para el esa es su misión .
Por eso si andas por la ciudad y lo vez, saludálo con una sonrisa, porque su súper poder es no plantearse los que dicen o piensan sobre el,  porque sabe que en la vida para cumplir un sueño, hay que hacer un súper esfuerzo para lograrlo, aunque eso implique transformarse en Superbike.

17 de sept. de 2013

El chino pendulante


Fue un día como cualquier otro en un mes que no recuerdo de aquel año 2004. El oriental, presuntamente chino, y una señorita occidental trabajadora de un cabaret del barrio Palermo, entraron caminando por uno de los dos accesos del Hotel alojamiento del mismo barrio y casi limitando con Chacarita.  El conserje que ya lo conocía porque solía frecuentar el lugar, le da la llave de la habitación 413 ubicada en el cuarto piso del lugar, seguramente nunca asocio el número con la mala suerte y todo lo que iba a suceder...
El chinito insaciable se limitaba a pedir por teléfono toallas, preservativos, alcohol y algún plato de comida para reponer fuerzas, ya que las chicas desfilaban de turno en turno, y aparentemente él tenia resto para todas.
Cumplidas las 48 hs. de estadía en el telo, y luego de que ya no quedaran señoritas disponibles ni dinero para pagarles, a eso de las 10 de la noche llama por ultima vez a Carlos, el conserje de turno, y pide antes de irse una última cena.
Carlos que llevaba la abultada cuenta de gastos, accede con la condición de que se retire a las 23 hs. del lugar, previo pago de lo adeudado.
El excitado asiático, del cual no sabemos su nombre, al encontrarse sin dinero por habérselo gastado en las mujeres que le mandaban del cabarulo, se ve obligado a llamar a un amigo para que lo rescate de esa situación trayéndole efectivo.
No paso mucho tiempo, hasta que el personal del hotel es visitado por la Federal en busca del ocupante de la habitación 413.  Al parecer el amigo del endeudado, al saber donde se encontraba éste, dio parte a la policía que lo buscaba intensamente por el presunto asesinato de su novia.
Nada grata fue la sorpresa de la gente del hotel ante tamaña noticia, que sin perder un instante y tratando de no levantar la perdiz ya que el hotel estaba bastante concurrido, llamaron insistentemente a la habitación sin obtener respuesta alguna. Por cuestiones legales, sin orden de allanamiento la policía no podía ingresar a la habitación, ni siquiera al hotel, tenían que limitarse a esperarlo en las salidas, porque recordemos que el hotel tenía dos, una por la avenida y otra por la calle lateral.
Carlos siguió insistiendo, subió y golpeo personalmente la puerta, pero el chino seguía sin responder, todos comenzaban a inquietarse. Fue entonces cuando desesperado se le ocurrió que la mucama si podía entrar a la habitación con la llave maestra y verificar que es lo que estaba pasando. Así fue que después de conseguir a la valiente que entraría, y acompañada por él abrieron la puerta de la 413.
La habitación era sencilla, cama doble, baño simple, espejos por doquier y la clásica tele con canales triple X amurada con un soporte en lo alto de la pared, y es ahí justamente donde se encontraba el pendulante chino, ahorcado con una sabana del soporte de la tele, mientras en la pantalla se veía a dos colegialas jugueteando con un bien dotado caballero.
Por suerte ninguno grito del susto, simplemente quedaron impávidos. La prioridad ahora era mantener la discreción, tratar de solucionar el problema sin que se enteraran las parejas que ocupaban el hotel, además la prensa tampoco debía saberlo, ya que si esto salía a la luz seria el fin del prestigio del lugar que por tantos años estaba en el barrio.
Fue así que con un billete de por medio todo quedo en el mayor de los secretos, el forense ingreso, examino el cuerpo y con suma discreción la morguera lo saco del lugar. Luego llego el turno de los peritos, estos buscaban el arma homicida que habría usado el suicida para matar a su chica, en vano fue su búsqueda ya que la pistola no apareció.
Finalmente y de madrugada se termino con el tema, la policía se retiro y las mucamas procedieron a limpiar la habitación para los próximos clientes.
Paso apenas una semana y del deposito del baño comenzó a salir un agua color marrón que caía por las paredes e inundo el suelo, las mucamas no entendía a que se debía esta anomalía por lo que tuvieron que llamar a mantenimiento.  Una vez más quedaron sorprendidos cuando al desarmar el tanque para arreglar el insólito desperfecto, aparece el arma homicida obstruyendo la cañería.
A pesar de lo cruento de los hechos, la historia permaneció en el ostracismo, nadie supo lo acontecido en aquella habitación 413 que permanece igual en su fisonomía.  
Si alguna vez en un apurón entras a ese hotel, nunca aceptes ese cuarto,  porque que cuando estas en pleno coito y de refilón ves el reflejo de la tele en el espejo del techo, por un segundo pareciera verse una sombra que se mueve de un lado al otro, y otras veces una interferencia interrumpe la película y puede verse la cara de un hombre oriental observando.


23 de jun. de 2013

Palermo Mío

Si bien denominamos barrió al espacio geográfico delimitado por cierta cantidad de manzanas, la mayoría de las veces el barrio es las cuadras aledañas a nuestra vivienda. Cuando sos chico tu barrio es tu casa, tu escuela, el almacén, la casa de los compañeros, el club. Yo nací en Palermo viejo, y a pesar de ser un barrio grande, mi Palermo no tenía más que unas manzanas. A medida que se crece, los límites se van corriendo, pero en la memoria el límite sigue siendo los lugares de la infancia.

Jaime el pollero

Don Jaime era un judío colorado de notorio bisoñe, que tenia un pequeño local de venta de productos avícolas en Serrano 1421 y el Pasaje Coronel Cabrer, justo entre la carbonería y la verdulería de los El Alí. Siempre vestía un blanco guardapolvo y cuando no tenia clientes se paraba en la puerta de su local, adornada con cortina de tiritas plásticas, a relojear a las señoras y señoritas que pasaban por la puerta, manteniendo siempre la postura de galán maduro.
Jaime tenia fama de “Carero” y mujeriego, combinación que a los maridos del barrio no les convencía mucho. Por algún motivo lo recuerdo parecido a Soldan.

Los muchachos Peronistas

Los Meccía eran una familia numerosa de Peronistas, que tenían varios locales en el barrio incluyendo un comité. El mismo estaba en Cabrera y Serrano, y desde ahí se maneja toda la militancia del barrio. Si bien durante la dictadura muchos miembros de la familia se guardaron, el local seguía funcionando a puertas cerradas. La realidad cambio en el 82, cuando aptos para realizar campañas políticas, comenzaron a enardecer al barrio todo, con el sonido de la marcha peronista emitido por el altoparlante de una chata que recorría las calles a todo volumen.
La candidata era Teresa de Palmas, hija de don Meccia, su campaña consistía en repetir una y mil veces su nombre y cada tanto prometía un peronismo autentico.
En los años 90 y como Embajadora en Republica Dominicana designada por el entonces Presidente Menem, se vería envuelta junto a su esposo e hijo, en un extraño caso de tráfico de drogas, secuestro y asesinato de un menor en un ritual satánico. Su condición de diplomáticos les permitió volver al país en 1996 sin cumplir condena.

La escuela 23
  
Sobre la calle Serrano entre Córdoba y Niceto Vega estaba la escuela n° 23 Dr. José María Bustillos. De paredes blancas y estilo colonial, tenia grandes ventanales que daban a la calle, un zaguán o patio delantero, el patio trasero y al fondo la casa de Alcira la portera, una provinciana retacona de carácter cambiante y notoriamente harta de las blancas palomitas.. Ese edificio siempre fue escuela, aunque en sus inicios como colegio de niñas pertenecía a la “Obra de la Conservación de la fe” y era administrada por monjas, que no muy voluntariamente alquilaron el inmueble al estado, hasta 1982 año donde seria devuelta en lamentables condiciones, ya que al Intendente Cacciatore le salía mas barato construir una escuela nueva que arreglar el maltrecho edificio. En 1976 sería testigo de un “operativo militar” que consistía en decenas de soldados armados recorriendo el edificio poblado de niños, y francotiradores apostados en los techos de chapa, a la espera que apareciera algún montonero o terrorista.

El terror del colegio

Pegadito a la Escuela, estaba la casa de Alejandro Santacaterina. Para los que cursaron la primaria en la 23 entre 1976 y 1985 saben perfectamente de quien les hablo. El pequeñín de anteojos de gruesos marcos, era el mismísimo diablo reencarnado. Hijo de Yolanda y Tony, un Italiano dueño de la pescadería “la Rana” que se encontraba en Av. Córdoba y Araoz, y hermano mayor de unas mellizas que intentaban seguirle el tren sin existo. Si Matt Groening hubiera pasado por Argentina, sin duda Bart Simpson seria una versión Light de Ale, que irónicamente por lo largo de su apellido era apodado “Santa”. Llegado un punto las maestras no se molestaban en llamar a sus padres, directamente en lugar de mandarlo a dirección, le tocaban el timbre a su madre y le entregaban al insoportable niño. Entre sus travesuras más recordadas se encuentra el día que ante las altas temperaturas, decidió taponar los desagües de los largos piletones del baño, llenarlos de agua, sacarse las ropas y simplemente sumergirse. No existió compañerito suyo, que no se fuera a casa con un moretón causado por el, eso si, a sus fiestas de cumpleaños nadie faltaba, simplemente eran las mejores….

Atracción Fatal

En las esquina de Thames y Niceto Vega, se encontraba una ferretería con frente de granito gris y dos grandes vidrieras de persianas verde oscuro que existió hasta hace unos años. La misma era famosa por tener una pizarra en su puerta, donde contabilizaba los autos y colectivos que se le incrustaban en la vidriera. Al principio su dueño reparaba el frente una y mil veces, pero finalmente decidió que no valía la pena el esfuerzo hasta que el entonces intendente de Bs. As, el Dr. Cacciatore, pusiera un semáforo. Los números de accidentes escritos en tiza blanca llegaban a las tres cifras, y se modificaban al menos 3 veces a la semana. Tardaron años en colocar el semáforo, pero la pizarra nunca se fue, seguía contando choques aunque con menor frecuencia. Nadie se podía explicar tal fenómeno, por suerte la victima siempre era el frente, a pesar de ser una esquina muy transitada especialmente por los chicos del colegio, que se encontraba a pocos metros de ahí. El último accidente fue en 2010, cuando un camión repartidor de diarios destruyo por completo el frente al chocar con un 55. Seguramente y después de casi 30 años de soportar embestidas, esa fue la cuota que rebalso el vaso e hiciera que el lugar bajara definitivamente la golpeada persiana..

Palermo Hollywood

En Serrano y Niceto vega, se encontraba la casa de Chico Novarro. Para las Sras del barrio tomar esta calle era casi obligatorio, ninguna quería perderse la oportunidad de ver salir a Chico de su casa o simplemente escuchar a través de las ventanas los acordes del piano, acompañados de su melodiosa voz.  Nada opacaba este momento, ni siquiera el invasivo y poderoso olor a queso estacionado, que provenía del inmenso depósito de Quesoro, que se encontraba en la vereda de enfrente.
Pero ese no era el único “Famoso” del barrio, sobre Cabrera, llegando a Uriarte, se encontraba la casa de Maurice Jouvet y Nelly Beltrán. Era habitual ver a Maurice hacer las compras por el barrio, cargando una típica bolsa de nylon a rayas y sonriendo ante las muestras de admiración y afecto de los vecinos. Su esposa Nelly solía asomarse a la ventana y charlar con las vecinas. Sin dudas fueron habitantes entrañables del barrio.
A metros de su casa por la calle Thames, vivía Amalia Bernabé, una viejecita poco simpática con una extensa trayectoria artística en cine, tv y teatro, donde habría debutado en 1913 con apenas 18 años.  Doña Amalia vivía en una casona con rejas al frente, si bien no era una persona sociable y menos con los cholulos que se le acercaban, no le quedaba mas remedio que aguantar a los curiosos que se alborotaban cuando su sobrino tambien actor llamado Julio Gini y que trabajaba con Pepe Biondi la visitaba.
Su casa lindaba con un terreno baldío, lo cual le proveía la satisfacción de no tener vecinos inmediatos, pero su suerte término, cuando en 1982 y en solo 6 meses, construyen el edificio de 2 plantas con bloques prefabricados, que ocuparía la nueva escuela 23. El edificio con cientos de alumnos corriendo y gritando terminaría con la paz de la anciana de 87, que constantemente llamaba para quejarse de los ruidos. Al año siguiente, en 1983 y con 88 años fallecía. Los alumnos de turno mañana le enviaron a su familia una carta de condolencias, ya no escucharían más los insultos propinados por detrás de las persianas.

Cabos sueltos

En la intersección de las calles Thames y Cabrera, funcionaba el almacén del Sirio, un sucucho atestado de mercadería, que intentaba ser uno de los primeros autoservicios de Palermo, luego con los años se mudaría a unos metros sobre la calle Thames, para convertirse en supermercado y proveer a los restaurantes del barrio.

En diagonal se encontraba el “Bar de Laguna”, un tugurio oscuro donde los hombres del barrio solían ir a jugar cartas y tomarse unas ginebras. Entrar al bar aunque sea para preguntar algo estaba mal visto, aquel lugar tenía fama de ser cueva de borrachines y pendencieros.

Ahí cerquita estaba el lavadero industrial, un lugar con grandes calderas y perros bravos que lo custodiaban. Un buen día por la mañana, las calderas explotaron, el estruendo retumbo en varias cuadras a la redonda. Pronto se escucharon los bomberos y la policía advertía a los vecinos que no salieran a la calle, porque los enormes y feroces perros heridos en la explosión, recorrían las calles del barrio. Nadie se animo a salir hasta muchas horas mas tarde, los días siguientes apenas se animaban a asomarse a la esquina del lugar, para ver el frente ennegrecido por las llamas. Nunca nadie supo si atraparon a los perros, tal vez todavía andan dando vueltas por el barrio.

18 de may. de 2013

Colchón en transito


Transito Aguilar era un puntano jodón, por lo general vivía de buen humor y mandado hacer para las picardías. De su San Luis natal había pasado por Mendoza donde trabajo en los viñedos, para finalmente y debido a la sequía, terminar de ayudante de portero en el barrio de Floresta.
Todas las mañanas a las 5 a.m. entraba a trabajar en el edificio ubicado en Joaquín V. Gonzáles al 500. Justo enfrente se encontraba una casa en ph habitada por una madre y su hija. Juanita, la madre, vivía en la casa de adelante cuyas ventanas daban a la vereda, y en el departamento de atrás al que se accedía por un pasillo, lo hacia su hija Rita.
Al parecer Rita, que era una señora de mediana edad, vivía sola y no tenia muy buena relación con su madre, tanto así, que cada vez que salía a la vereda, no perdía oportunidad de levantar el buzón de cartas que se encontraba empotrado en la puerta de la casa de su madre, y apoyando su boca en el mismo, le vociferaba todo tipo de insultos y amenazas. – Juanita, no salgas que te estoy esperando, Juanita vieja chota, si salís te mato…
Tanto Transito como el resto de los vecinos, comentaban indignados las actitudes de Rita para con su madre, también se la había visto en cierta oportunidad encontrase con ella en la vereda y revolearle la bolsa de las compras, teniendo Juanita que ser rescatada de las agresiones por los vecinos, que a pesar de no saber bien el porque de la legendaria pelea, tomaban partido por la mas débil.
Cuando no amenazaba a su madre a Rita le gustaba acumular cosas inservibles, viejas o inútiles. Cada tanto en lugar de entrar cosas, se la veía sacar algún trasto a la calle, los ocasionales espectadores suponían que era para hacer lugar y poder ingresar más basura. Y ahí estaba Transito que veía todo lo que entraba y salía de esa casa.
Aquel día se escuchaba la voz de Rita fuerte y alterada, - Te vas mierda, no te quiero ver mas! – Te voy a sacar de acá, ya no quiero verte! – No te quiero ver mas en mi casa, ahora te vas y no volves mas….  Como era costumbre don Aguilar pensó que una vez mas peleaba con su madre, pero grande fue la sorpresa, cuando la vio salir por el pasillo de su casa arrastrando un viejo colchón de dos plazas, con los resortes desvencijados y manchas de humedad. – Ya vas a ver, ahora te vas y no quiero verte mas! Seguía Rita hablándole al colchón, hasta que finalmente lo deposito junto al árbol de la esquina de su casa, para regresar con las manos vacías y refunfuñando en vos baja.
Para Transito, que no perdía oportunidad para divertirse, esto era como una invitación a Disney con todo pago. El puntano busco el viejo colchón tirado en la esquina, y lo deposito justo frente a la puerta de Rita, después como si nada regreso a su puesto de trabajo, solo era cuestión de esperar.
Finalmente llego el momento en que Rita salio a la vereda, al ver el colchón no oculto su sorpresa seguida de indignación, e increpo al mismo con preguntas que por su condición de inanimado jamás le respondería… -Que haces Acá? Como volviste? Te dije que no quería verte más! Lo tomo de los lados y volvió a llevarlo hacia la esquina.
Transito en medio de risas espero a que Rita entrara a su casa y volvió a poner el colchón en la puerta. Pasaron las horas y Rita no salio, Transito cumplió su horario de trabajo y se retiro.
A la madrugada siguiente y algunas cuadras antes de llegar al trabajo, desde el colectivo vio el colchón que habido sido abandonado nuevamente, era ese, estaba seguro, por lo que se apresuro a tocar el timbre y bajar del transporte.
Una vez que estuvo frente al el  no le quedaron dudas que era el mismo, por lo que lo levanto del suelo y en medio de carcajadas apresuradas pensando en la reacción de Rita cuando lo viera, cargo el colchón de regreso a casa. Era de madrugada y tendría que esperar algunas horas al ver la reacción, pero seguro valía la pena.
Y vaya si valió el esfuerzo, al abrir la puerta y ver al Sr. Colchón ahí, Rita no pudo contener su furia, comenzó a insultarlo a los gritos, a pegarle, estaba al borde de la histeria, como podía ser posible que estuviera ahí,  si ella le había dejado bien claro que no quería volver a verlo!.  Transito estaba con un ataque de risa, no podía hablar, las lagrimas le caían por su rostro, su compañero del edificio miraba la escena azorado. De repente cesaron los reclamos de Rita e ingreso veloz a su casa, a los pocos instantes se la vio salir con un bidón de kerosene y fósforos en la mano. Con voz firme se la escucho decir, - Ahora no me vas a joder más! Y regándolo con combustible lo prendió fuego sin piedad.
Pero eran otros tiempos y en la Ciudad de Bs. As. cuando todavía se llamaba Capital Federal, existían los inspectores Municipales que circulaban por los barrios, controlando que los vecinos no cometan infracciones. Tanta mala suerte tuvo Rita, que en ese momento paró un auto frente a su casa y sacando la credencial de inspector la intimo a apagar el fuego y amenazó con multarla por prender basura en la vía pública.
Para ese entonces Transito se encontraba tendido en la vereda tomándose el estomago el cual le dolía por tanta risa, su compañero no estaba seguro que espectáculo tenia que mirar, si a el o a Rita yendo y viniendo por el pasillo con una jarrito de agua, intentando apagar el fuego frente a la mirada inquisidora del inspector, los vecinos se agolpaban y Juanita espiaba tras la celosía.
Finalmente el colchón se apago y el barrio retomo su calma, después de eso Rita pensó muy bien antes de sacar algo a la vereda. Dicen que lo que no perdió fue su hábito de increpar a Juanita buzón mediante, pero que una vez que esta falleció Rita recobro la cordura.
Hace unos años Transito Aguilar también partió, aunque esta presente en cada risa cuando su nieta Almendra cuenta la Historia de Rita y el colchón.

14 de abr. de 2013

La carta al Papa


Ésta historia que les voy a contar, sucedió en el año 2001 en el pequeño kiosco de Av. El Cano y Conde, en el barrio de Colegiales. Antes de comenzar me atrevo a predecir, que al terminar de leerla, muchos de ustedes soltaran sus risas y comentaran sobre la imaginación de esta febril narradora. Pero quiero aclarar que no es mi imaginación, sino mis recuerdos los plasmados en este relato, porque lo que van a leer sucedió, Es Verdad! tal como decía aquella voz de niño que retumbaba en las paredes del local, mientras la anciana afirmaba con la cabeza ante la mirada atónita de los jóvenes espectadores. 
El país estaba en crisis, y por las calles de Bs. As. se veían caminar personas al borde de perder la razón, los locales habían bajado sus ventas y todos buscaban un “currito” para sobrevivir.
El local de Av. El cano 3192, de casi 100 años, a lo largo de su historia había sufrido cambios en su morfología. Originalmente era una librería atendida por los padres de Don Leo el anticuario, un anciano afable de bigotes blancos estilo Mussel y que vivió en la misma casa desde que nació. Cuando Leo fue creciendo, el local sufrió una división y se convirtió en local de antigüedades y Kiosco/librería,  este ultimo iba cambiando de propietarios hasta ser alquilado por un matrimonio, que tras años de insistirle a Leo, tiro la pared divisoria para volver a ser como era originalmente. Así estuvo unos 10 años hasta que la crisis los golpeo y obligados a achicarse, tuvieron que resignar una parte del local que volvió a dividirse. Don Leo que vivía en la casa contigua, cada tanto se detenía a contar alguna historia fantástica sucedida ahí, la cual era escuchada con atención pero con poco margen de credibilidad. Solo tendría que transcurrir un poco de tiempo, para comprobar que en ese lugar todo era posible.
La anciana llego andando en Bicicleta por la vereda, en el frente tenia un canasto donde llevaba las compras. Aparentaba aproximadamente unos 70 años, pelo canoso y anteojos, vestía pantalón de jean, camisa a cuadros y el típico saquito de abuela… Nunca la había visto por el barrio. La mujer  se baja de su rodado y se me acerca, con voz firme me pregunta si le puedo tipear una carta en la computadora, no había ningún indicio de que hiciéramos ese trabajo, sin embargo la señora estaba muy convencida de hablar con la persona indicada. Sin permitirme explicarle que no estaba en el lugar correcto, insistio en que el texto era muy importante, que la carta tenia que ser enviada urgentemente a Juan Pablo II, porque ella contienia mensajes reveladores.
Seguramente en una época normal de trabajo habría persuadido a la mujer de dirigirse a otro lugar, pero teniendo en cuenta la merma de clientes y acontecimientos que me distrajeran, una parte de mí pedía a gritos que tipeara esa carta. Sucumbiendo a mi voz interior que me repetía: Hacelo!, le presupuesto con una cifra irrisoria el trabajo para asegurarme que me lo de, la clienta conforme, promete volver al otro día con el manuscrito pasado en limpio para que pueda leerlo.
En la vereda se encontraba un busca de 18 años que vendía cd,  para combatir el aburrimiento se arrimaba al mostrador en busca de conversación mientras relojeaba que no le roben la mercadería. En silencio presencio toda la escena, no me lo dijo, pero tenía tantas ganas como yo que la mujer volviera.
A la mañana siguiente a eso de las 10, regresó montada en su bicicleta. Al descender saca del canasto de las compras un sobre de papel marrón, y del interior el manuscrito en cuestión, que sostiene fuertemente en su mano sin ninguna intención de entregarlo.
- No se si sós la persona correcta para dárselo, esto es muy importante y no todos están preparados para leerlo. 
Sorprendida por la declaración, le pregunto que tiene de importante esos papeles y le explico que si no me los entrega no puedo hacer el trabajo….
-        Es que esta carta se la tengo que enviar al Papa, es un mensaje que me dicto Jesús para el…. Acá esta escrito lo que va a suceder.
Ah bueh!, pensé, esto es mas loco de lo que creí, mientras trataba de no mostrar ni entusiasmo ni sorpresa. A espaldas de la anciana, el vendedor de cd que al verla llegar se arrimo inmediatamente, no dejaba de hacerme señas para que indagara en el tema.
Seguramente alguna emoción se reflejo en mi rostro, o fue la repentina interrupción de los clientes en busca de cigarrillos, la que provoco su respuesta.
-        Voy a consultarle a Jesús si te la dejo y vengo mañana. Se subió a su bicicleta y tomando El Cano doblo de contramano por Freire.
A la tarde los empleados de Mr. Luna, el local lindero, y por obra y gracia del absorto vendedor de cd, ya estaban al tanto de este extraño personaje y pedían ser avisados cuando regresara. No me pareció una buena idea, ya que las multitudes podían intimidar a la mensajera. Así fue como consensuamos  colocar al dia siguiente un grabador y posteriormente dejarlos escuchar la conversación.
Y al tercer día volvió, esta vez de contramano por El Cano, esquivando autos que tocaban frenéticamente sus bocinas. Me apure y encendí el grabador, ya había chequeado las pilas, el cassette de 90 minutos y dije una palabras de prueba que se grabaron correctamente, todo estaba listo.
Una vez mas sacó los papeles, esta vez comenzó a leer fragmentos del escrito, no estaba muy segura como dirigirse a Su Santidad en el encabezado. Me dijo que Jesús le había dictado las profecías, pero no le había dicho nada que como hacer la introducción, y eso era algo que tenia que resolver.
Demás esta decir que no podía esperar mas para preguntarle como le dictaba Jesús las cartas. Nunca me imagine semejante respuesta.
-        Jesús vive en mi, literalmente vive en mi. Un día se alojo en mi cabeza, era un feto, y a medida que comenzó a crecer se fue manifestando, al año y medio empezó a hablarme… Ahora ya es un niño de 7 años, y me habla con su voz de niño y me dice lo que va a suceder. A veces habla con otras personas, solo con las que quiere hablar, yo no puedo controlarlo, lo hace cuando quiere...
Fue en ese momento que resonó aquella voz de infante que me estremeció.
-        Es Verdad!, sentencio impetuosamente. Acto seguido la Sra. asintió con su cabeza. Es Verdad! se escucho una vez mas, mi  mirada estaba clavada en los labios de la anciana que no se movían.
-        Vez, a vos te quiso hablar, lo escuchaste? No se manifiesta ante cualquiera, lo esta haciendo para que me creas lo que te cuento…
-        Es Verdad!, se escucho por tercera y ultima vez, superponiéndose a la explicación de la anciana.
 A continuación la Sra leyó una de las revelaciones, yo me encontraba confundida al igual que el chico de los cd, creo que ese fue el motivo por el cual no recuerdo ni una palabra de la profecía leída, solo se que estaba escrita en verso y hablaba sobre la muerte de Juan Pablo II y lo que le pasaría a la iglesia después.
Al terminar la lectura y sin dar explicaciones guardó las hojas escritas en tinta azul, subió a su bicicleta y se marcho.
A los minutos recordé que todo había sido grabado, puse stop, y mientras rebobinaba la cinta reía al recordar la voz y especulaba con los vecinos ansiosos por escuchar la grabación, sobre los dotes de Ventriloquia de la viejita en cuestión.
Se sintió el tope y puse Play, pero no se escucho nada, adelanté unos minutos y la cinta seguía vacía, ningún ruido, ni siquiera interferencia. La cinta estaba en blanco totalmente. Pensé en lo oportuno del momento para descomponerse el grabador, puse rec, dije unas palabras, rebobine y al poner play se reprodujeron tal cual las grabe. En ese momento no tenía una explicación valida para lo sucedido. El único consuelo era intentarlo la próxima vez.
Pasaron los días y la anciana no volvió, a la semana siguiente al llegar luego del almuerzo, el testigo de lo sucedido me entregaría un mensaje.
-Paso la vieja de la carta del Papa, me dijo que no va a volver mas, porque Jesús le dijo que vos no crees . 
En eso tenia razón, no creía que fuera verdad a pesar de no encontrar explicación para la voz y la grabación frustrada.  Y así fue, durante los años que permaneció abierto el lugar no la vimos nunca más.
Cada tanto recuerdo lo sucedido, y pienso que si la anciana sigue viva Jesús ahora tendría alrededor de 20 años. Tengo miles de teorías  que era enferma psiquiátrica  que quizás en su cabeza tenia un tumor, que iba por los locales en busca de incautos que creyeran su historia, que era una mística religiosa.Mi viejo grabador de periodista a pesar de no ser usado frecuentemente sigue funcionando a la perfección y entre todas las dudas solo tengo una certeza, que la historia que les cuento, Es Verdad!

10 de mar. de 2013

La barra de la esquina


Supongo que no es casual que siempre me haya gustado tanto la película “la barra de la esquina” con Alberto Castillo y su posterior remake de los años ´70 “Los muchachos de mi barrio” con Palito Ortega como protagonista. Estas contaban las andanzas de un grupo de jóvenes vecinos de un mismo barrio y con distintas y variadas historias personales, que compartían alegrías y amarguras en una esquina de la boca. Los años pasan, los jóvenes crecen, y cada uno sigue su camino. Finalmente muchos años mas tarde algo los vuelve a reunir y no es el Facebook.
Yo tuve mi barra de la esquina, no fue hace tanto, apenas unos 25 años. Nos reuníamos en la esquina de Nicaragua y Acevedo (hoy Armenia) en el barrio de Palermo, justo frente a la plaza que vimos construir cuando dábamos los primeros pasos en el colegio primario. Éramos muchos cuando estábamos todos y siempre caía alguno nuevo.
Si bien solíamos deambular por distintos establecimientos del barrio, ahí estaba el punto de encuentro, justo en las escalinatas de una casa, en ese entonces a medio construir. No se quien eligió ese lugar, supongo que fue para diferenciarnos de los grupos que copaban la Plaza Campaña del Desierto, como ser los muchachos de la barra de River, los amigos del Negro Victor, o los de la murga “Los elegantes de Palermo quienes ensayaban en temporada de carnavales con sus levitas rosadas llenas de lentejuelas.
A metros de este lugar se encontraban las casas de Karina “La Quesera” y Karina “Pastora”, en el medio de ambas y sin lógica alguna emplazada como una casa mas de la cuadra la calesita del barrio. La barra femenina se completaba con Faby, la hija rebelde de la enfermera del barrio,capaz de tener un séquito de muchachos rogandole un beso,  la rubia y delicada Vanina, Andy, Sonia, Maria Elena, poseedora del mismo registro de voz que Patricia Sosa y cantante de mi primer banda de rock, y La Negra Alejandra, chica de armas tomar y archienemiga de Pastora, a quien por robarle un novio incrusto de bruces en la tierra de un cantero, mientras la sostenía de su cabellera ondulada y le propinaba insultos diversos, mientras el resto de las chicas la victoreábamos , con clara aprobación a la declaración de derechos sobre la propiedad privada.
La parte masculina de la barra estaba definitivamente más poblada y en su mayoría integraban el equipo de fútbol del "Club Eros", los principales arrancadores de suspiros femeninos eran: Cristian U., claro está que no hablo del payaso mediático ganador de Gran Hermano, sino del original e inimitable hijo del imprentero, Pato, también llamado Christian y apodado así por su ídolo Filliol, Fabuchi, aficionado al dibujo y poseedor una cabellera de rubios rulos que su madre dominaba con gomina,   Javi,  rebelde con causa y el primero en cortarse el pelo como Mr. T,  “El Chino”, otro Cristian que aunque no era chino de verdad lo parecía y su papa tenia un súper, eso si, mucho antes que los chinos pusieran súper. El Cabezón Leandro, propietario de un pulóver de punto ingles de última moda y poseedor de una sensibilidad y dulzura proporcional a su rusticidad, capaz de convencer a todas las chicas de la barra de asistir a su fiesta de cumpleaños con pollera y tacos. Fernando, que a pesar de vivir lejos se tomaba el colectivo los sábados para ver a su amor imposible Pastora, Condorito, apodado así por su parecido al personaje de historietas chilenas y fanático de Kiss, Hetitor, excéntrico roquero desde chico y reconocido por su incipiente acné  y finalmente Topo y Zuca, virtuosos futbolistas que se comportaban como gemelos a pesar de siquiera ser hermanos.
La actividad comenzaba en las primeras horas de la tarde cuando terminaba el horario del colegio e indefectiblemente se pasaba por la plaza para ver si había alguien. La Negra se aparecía de uniforme gris enroscado en la cintura para que quede mas corto y palo de Hockey en mano, mientras el resto cargaba mochilas y Walkman con música a todo lo que da, en el de las chicas podía oírse a las Viudas, los Twist o el compilado de “refrescos musicales”, mientras que los chicos deliraban con Iron Maiden, V8 y Kiss.
Las tardes era común pasarlas en el Pool que se encontraba en Costa Rica casi Malabia, tenía una extraña mesa con paño rojo y sus buchacas eran cabezas de león talladas en madera dispuestas a tragase vorazmente las bolas. En el fondo una rocola que a pesar de estar llena de vinilos, no dejaba de tocar “Pipas de la paz” de Paul Mc Cartney.
El lugar elegido para las travesuras era el local de Gioconda, quedaba sobre Nicaragua y estaba atendido por una distraída señora que jamás se daba cuenta cuando los varones del grupo le sustraían algún souvenir para regalarle a las chicas.
Las salidas grupales dependían del efectivo disponible, las opciones variaban entre ir a comer tostados con licuado de banana servido en jarra plástica en el “Pingüino de Palermo”, ubicado en Paraguay y Serrano, ir a la matinee de “San Francisco Tramway” en Araoz y Santa Fé, o un viaje en subte al centro, visitar la “Galeria Nazi” de Lavalle al 600, tal vez una entrada al cine y como broche de oro un Mobur en el  Pumper Nic de Florida y Lavalle.
Los sábados a la mañana el lugar elegido era la casa de la Negra, yo me rateaba a mi clase de guitarra en la Parroquia San Francisco Javier de Serrano y Costa Rica, donde la mayoría asistía a “Perseverancia”, y con los Australes de la cuota compraba en el kiosco de diarios de Guatemala y Serrano la revista Toco & Canto, el resto del dinero lo aportaba a la vaquita para comprar Sándwiches de miga en la panadería “Alimar” atendida por las gallegas, donde solíamos encontrarnos con Pipo Chipolatti.
De ahí directo a la casa de los Barreiro, una de las pocas familias que aceptaba adolescentes revoltosos, seguramente mucho tenía que ver el hecho que tenían 4 hijos y el griterío de niños era una constante. Alicia, la mamá, atendía el bufette del colegio Santa Rita de Serrano y Nicaragua, mientras que el padre de familia, apodado “Acuaman” (por ser poseedor de un Fairline Bordeaux muy mal de chapa, que parecía un barco por su tamaño) se dedicaba a la fotografía y era seguramente el único en todo Palermo en tener una video reproductora Betamax y solo 2 películas para ver, ambas de Olmedo y Porcel. Cabe destacar que en esa época, principio de los ´80, las niñas de familia menores de 18 tenían prohibido ver “ese tipo de películas”, obviamente en la soledad de la casa lo primero que hacíamos era sentarnos frente a la tele sándwich en mano…  el resto del tiempo tocábamos la guitarra o jugábamos ping pong en el Atari.
Los limites de nuestro territorio llegaban hasta Plaza Italia, donde se encontraba un Sacoa pequeño atiborrado de maquinas y chicos, la disquería y los puestos de artesanos de la “feria Hippie” donde comprábamos colgantes con cuarzo, pulseritas tejidas con el nombre, chapas identificatorias y aros con perforación de oreja incluida.
Pero siempre volvíamos a nuestra esquina, porque era nuestra y todos lo sabían. Un día nos invadieron los actores y equipo técnico de un programa infanto juvenil llamado “Chicas y chicos” que emitía ATC, e intentaba emular los conflictos de nuestra generación. Este programa protagonizado por Nancy Anca y Pepe Monje con dirección de Máximo Soto, y que paso por la historia de la tele argentina sin pena ni gloria, se instalo en nuestra esquina durante varias semanas. No nos perdimos ni un día de grabación, nuestra mirada estaba atenta a todo lo que pasaba y comentábamos indignados lo mal que hacían las cosas las actrices que tenían embobados a los varones , en el fondo, todos teníamos la fantasía de ser elegidos como extras.
En aquellos días teníamos las hormonas revolucionadas y estábamos aprendiendo a vivir en libertad, no solo la libertad de la adolescencia, sino la de un país en democracia.
No se cuando nos fuimos separando, pero sin darnos cuenta no nos vimos mas. Cada uno siguió su camino y al igual que la historia de las películas un día nos volvimos a encontrar, y en nuestro caso si fue el Facebook el que obro el milagro.
Algunos murieron demasiado jóvenes, los que quedamos estamos cambiados y nos emocionamos con las fotos y los recuerdos. Hay quien tiene más memoria y quien prefiere olvidar algunas cosas, pero en todos y cada uno, esta vivo el recuerdo de la barra de la esquina.

Dedicada a la memoria de: Maria Elena Sánchez, Fabian Ardito, Pablo Grosso
 y el Gordo Monzón


9 de feb. de 2013

No solo San Juan perdió la cabeza


Allá por los años ´90 cuando cursaba periodismo, me toco realizar un corto documental sobre los conventos históricos de Buenos Aires y su protagonismo en las Invasiones Inglesas.  Así fue como mi compañero y yo llegamos al antiguo convento de San Juan  Bautista en el barrio de Monserrat.  Al llegar pensamos que seria una mas de las viejas iglesias de la ciudad, menuda fue la sorpresa a medida que fuimos adentrándonos en el lugar, las historias que escuchamos, lo que allí vimos y experimentamos, seguramente no lo olvidaremos en muchos años. 

La tercera es la vencida 

La construcción de la iglesia en la esquina comprendida por Alsina y Piedras fue hecha por disposición de fray Cristóbal de la Mancha y Velazco, tercer obispo del Río de la Plata, en el año 1650. Inicialmente era una pequeña capilla destinada al curato de indios y se la conocía como “parroquia de naturales”.
En 1919 y debido al deterioro de la misma, el maestre de campo de milicias don Juan de San Martín, decide solventar la construcción de un nuevo templo, este se comenzó en 1719. En 1747, una congregación de monjas Clarisas Capuchinas llega de chile, se instalan en la iglesia que aun estaba en construcción y seria terminada 50 años mas tarde, en el año 1769.
En 1778 y debido a esta nueva utilización del lugar como convento, es que se consideran inapropiados los arreglos hechos y se decide su total demolición.
Es así como se construyó un nuevo edificio mucho más sólido que fue inaugurado el 15 de agosto de 1795. Para tamaño acontecimiento se utilizaron fuegos artificiales que accidentalmente o no, llegaron al techo de paja del vecino Teatro de La Ranchería ubicado en Alsina y Perú, la jerarquía católica no veía con mucha simpatía la presencia del teatro por considerarlo pecaminoso, el mismo acabó incendiándose en su totalidad. Este teatro cuna del “Circo Criollo” fue el primero que existió en Buenos Aires y cada 30 de noviembre, día de su inauguración, se celebra en Argentina el “Día del Teatro Nacional”.
A pesar de que el 21 de mayo de 1942 el templo fue declarado Monumento Histórico Nacional por ser considerado como la primera iglesia que se construyó en el Buenos Aires Virreynal, eso no impidió su suerte.
Al día de hoy solo permanecen en pie La Iglesia, el patio y una parte del Monasterio original, el resto fue vendido por los curas y posteriormente demolido. En su lugar se encuentra el Hotel Intercontinental.


La predicción de Sor Gregoria

Corría el año 1797 y Pedro de Melo de Portugal y Villena, el quinto virrey del Río de la
Plata, era el protector del convento. Normalmente antes de emprender alguna campaña, se dirigía al lugar para solicitarles a las monjas rezaran por su buena fortuna. En esa oportunidad debía ir a inspeccionar las fortificaciones de la ciudad oriental de Maldonado. Mientras hacia su solicitud mediante las enormes rejas que separaban a las hermanas en su clausura, fue interrumpido por Sor Gregoria quien le dijo: "Señor, mándese a sepultar aquí porque sus monjas son las que han de acordarse de encomendarlo a Dios". El virrey sin entender del todo esas palabras marcho al país vecino, estando en Montevideo enfermó gravemente.
Antes de morir y recordando el anuncio, dispuso que sus restos descansasen junto al altar mayor y a los pies de la reja donde escucho a Sor Gregoria, allí mismo colocaron la lápida con su escudo nobiliario.
En 1910, el capellán del templo Pedro Sardoy descubrió un camino de hormigas que partía del sepulcro virreinal, es entonces que dispone exhumar los restos y descubrir que las hormigas provenían de la calavera. Los religiosos no solo limpiaron los huesos sino que también sustrajeron una espada de oro y plata que llevaba Melo entre las manos y la fundieron para realizar una patena de celebración sacramental.

La Esclava y el Nazareno

En una casa de la calle Alsina abandonada en un altillo, se encontraba una figura tallada en madera del Nazareno.
En esa casa vivía una anciana esclava negra que por las noches y a hurtadillas se dirigía al altillo a contemplar la figura de tamaño real. 
 "¡Ah, Señor!", le decía, "si yo tuviera posibilidades no estarías tan abandonado", para su sorpresa y espanto, escucha una voz que le dice: “Diles a tus amos que me lleven a la iglesia de San Juan para que allí me den el debido culto". Atemorizada decide no contar a nadie lo sucedido, así y todo vuelve a la noche siguiente y una vez mas se repite la misma orden, esta vez la pobre esclava convencida que es la figura quien le habla le responde: "No me creerán a mí, Señor, que soy la sirvienta de la casa". La respuesta fue definitoria - "La garantía de tu testimonio será la siguiente: morirás en el término de ocho días". Esta vez la esclava transmitió a sus patrones el divino mensaje y murió tal como estaba predicho a los ocho días.
La familia espantada por lo acontecido, obedeció la orden del cielo. La imagen del Nazareno fue llevada en procesión a la iglesia.


La Suegra de Mariquita 

Tiburcia López Escribano y Cárdenas, nacida en Bs. As. en 1750, estaba casada con el navegante ingles Guillermo Pablo Thompson. Fruto de ese matrimonio nació el 23 de Abril de 1777 su único hijo al que llamaron Martín Jacobo.
Era tanto el amor que se tenían Tiburcia y Guillermo que decidieron realizar un pacto, el mismo consistía en que el primero en enviudar se consagraría a la vida religiosa.
En 1787 Tiburcia luego del entierro de su marido, sin dudarlo ingresó al convento donde adopto el nombre de Sor Maria Manuela de Jesús,   su hijo de tan solo 10 años quedo al cuidado de Martín Altolaguirre.
Martín Thompson en 1805 se casó con su prima Mariquita Sánchez, en su casa se tocaría por primera vez el Himno Nacional Argentino. Sor María Manuela murió en San Juan Bautista en 1815, donde por su condición de Clausura desde que ingreso y hasta su muerte nunca mas vio a su hijo.

Una de piratas

A principios del siglo XIX la corona española habría donado a un virrey en Filipinas el tapiz llamado "La Adoración de los Reyes Magos", el gobelino del año 1657 sería una copia de un cuadro de Peter Paul Rubens y estaria firmado por Giles Gobelin.
Durante su traslado y a la altura de las Islas Canarias, un buque corsario argentino al mando del comodoro Chayster, capturó la nave y la traslado en 1819 a Buenos Aires. Aquí se realizaría el remate de la mercadería usurpada, y el Gobelino se vendería como alfombra al canónigo Pedro Pablo Vidal, quien a pesar de saber su procedencia, lo donó a las monjas capuchinas quienes lo usaron durante muchos años para tapar la ventana que da a la calle Alsina y proteger el órgano del sol y la lluvia. Permanentemente aparecían potenciales compradores que con intenciones de adquirir el tapiz, esto hizo que el capellán Francisco Lapnitz indagara sobre la pieza y descubriera su valor real.
En 1981, año de mudanza del monasterio, el cardenal Juan Carlos Aramburu se entero que las hermanas necesitadas de dinero para el traslado iban a vender la pieza, fue entonces que lo hizo retirar para colocarlo en el palacio de la Conferencia Episcopal Argentina, Suipacha 1034, donde en 1988 fue restaurado por expertos.

Los muchachos peronistas

El 16 de junio de 1955 y tras el bombardeo a la Plaza de Mayo en un intento de derrocamiento del Gobierno de Perón, grupos pertenecientes al gobierno y encabezados por el autodenominado " francotirador nacionalista independiente" Guillermo Patricio Kelly iniciaron una quema de Iglesias, San Juan el Bautista fue uno de los blancos.
El fuego se encargo de destruir gran parte del lugar, sobre el piso original de troncos canteados a mano con hacha se colocaron ladrillos y baldosas, las figuras de la Virgen con el Niño,  Nuestra Señora de Belén y el Nazareno con el tiempo fueron remplazadas por replicas, ya que su estado era irrecuperable.

Ultimas imágenes del naufragio

Esa tarde nos recibió el hermano que cuidaba el lugar, junto con el un viejo Pastor alemán, que luego nos enteramos le gustaba bajar a la cripta del convento y hacerse de viejos huesos de monjas y corretear por el patio con las fauces llenas.
Ante nuestra mirada estupefacta la excusa seria –“es que se inundo todo y los cajones flotan y se abren….
A veces el perro simplemente se conformaba con excavar bajo la imagen de Santa Clara de Asís, lugar que marcaba la fosa común donde descansaban los restos de soldados criollos e ingleses caídos durante las invasiones en 1806 y 1807. Los restos simplemente estaban allí, en forma de pequeñas astillas color marfil, solo había que agacharse y recoger una reliquia del soldado desconocido.
La siguiente parada fue “la Biblioteca”, un inmenso salón abarrotado de libros hacinados, húmedos, amarillentos. Con orgullo el hermano nos decía que era la biblioteca eclesiástica más antigua y con más volúmenes de Latinoamérica. Las filtraciones no hacían más que destruir todo ese patrimonio cultural, mis manos sostenían libros del año 1600 con grabados hechos a mano. Mientras filmaba, recordaba la película “El nombre de la rosa” e imaginaba cuanto sufriría el Hno. Jorge si esta fuera su biblioteca. Mi compañero Carlos horrorizado planeaba la forma de rescatar al menos uno de tantos libros.
La ultima parada fue el templo, allí pudimos ver que no solo el fuego se cargo con las reliquias y que los robos eran frecuentes, la corona y el corazón de plata de la Virgen Dolorosa ubicada ante el altar de las reliquias habían desaparecido, el Niño Jesús que sostiene la Virgen del Carmen, los manteles, candelabros y hasta floreros habían sido sustraídos.
Despojada casi de todo, la iglesia parecía solo guardar las historias ya contadas, en la sacristía la puerta de un gran armario destinado a guardar casullas se abre y rueda hasta nuestros pies un gran trozo de leño hecho carbón, el hermano lo recoge y acomoda sobre una gran mesa de madera, lo miramos fijo, paradójicamente el pedazo de carbón era una cabeza cercenada, pero no la san Juan  Bautista, era la del Nazareno que le hablo a la esclava, en ese instante me pregunte si se habría arrepentido de no quedarse en el altillo.


2 de ene. de 2013

Ángel de la guarda

El día anterior habíamos almorzado con Migue y el Rubio, el cual nos contó como haciéndose pasar por funcionario, había logrado hablar con la gerenta de la fabrica de colchones y hacer su reclamo. “Te estoy viendo, y si no me solucionas el problema te busco y te cago a trompadas”, esa era la frase que resonaba en mi cabeza, mientras recorría a bordo del colectivo 93, el tramo comprendido entre Chacarita y Recoleta.
-Pero que violento este muchacho… repetía mi vos interior una y otra vez, superponiéndose con otra que me decía – si vos hace años también eras igual…
Ahí fue cuando recordé el incidente con el peluquero, no era mi peluquero, sino uno que trabajaba en el local vecino a la librería de Colegiales.
La discusión empezó cuando le llame la atención, por meterse en el depósito del local del cual yo estaba a cargo en ese momento, lo había hecho sin autorización y pese a la advertencia de que el dueño, al cual buscaba, no se encontraba en el recinto. El alegaba que por ser amigo de Jorge, podía entrar y salir del lugar a su gusto, yo insistía en que si no estaba “su amigo” no podía. La conversación fue subiendo de tono, hasta que lanzo su primer insulto, como suele suceder en las discusiones entre personas de sexos opuestos, el tópico es la frecuencia con que la mujer tiene relaciones sexuales y el tamaño del miembro masculino. Parece ser que el peluquero en cuestión, tenia como trauma el tamaño del mismo, cosa que yo no sabia, por lo que mi frase “y vos la tenes chiquita” actúo de estocada final en dicha discusión, que termino con una amenaza de rotura de caninos, molares e incisivos hacia mi persona… 
De ninguna manera iba a permitir que la cosa quedara así, a la salida de mi turno, me corrí a la peluquería y en voz calma le consulte, -vos tenés un familiar mecánico? Cave destacar que su flamante auto, era receptor de su amor incondicional y cuidados extremos, -Porque vos me dijiste que me vas a romper los dientes, y yo tengo en la familia alguien que me los arregla gratis, pero si no me pedís disculpas te rompo todo el auto! Si bien no estaba en mis planes hacerlo, una cosa lleva a la otra y el paraguas que tenia en mi mano para resguardarme de la lluvia, termino incrustado en la óptica trasera de su auto.
A pesar de que Hernán Guido me doblaba en estatura y fuerza, luego de un intento frustro de detenerme, termino llorando como un niño y suplicando piedad con su auto.
-Cuanta agresividad, como es posible que hiciera esas cosas… no se porque me asusto de lo que contó el rubio, si yo era peor...  Y pensar que Jorge ni nadie me defendió…
La imagen del gran hospital Rivadavia en Av. Las Heras, interrumpió mis pensamientos para recordarme que había llegado a destino. Las puertas del amarillo colectivo se abrieron justo enfrente a la maternidad Peralta Ramos, lugar que me vio nacer allá por los años ´70. Camine unos pasos hasta la esquina de Austria, y antes de cruzar el semáforo me detiene,  veo como un auto le entrega al hombre que limpia parabrisas en esa esquina, una bandeja de facturas y sándwiches de miga, por un instante me alegre por el. Fue cuando lo vi venir a mí, tendría aproximadamente unos 40 años, menudo, no mas de 1.60 m, su cabello rapado, vestía una remera y un jean, ya lo había visto en otras oportunidades trabajando en esa misma esquina. Yo permanecía parada sobre el cordón, el se detuvo frente a mi parado en el empedrado. Tenia una postura firme y segura, me miro fijamente a los ojos y me dijo: - Yo te amo, mi amor por vos es incondicional, te voy a amar siempre. La sorpresa me invadió, quería salir corriendo pero sentía que estaba encerrada en cuatro paredes invisibles, me di cuenta que esas paredes impedían que el tuviera contacto físico conmigo, mi espíritu se tranquilizo y permanecí inmóvil escuchando. – Yo siempre voy a estar acá para vos, si alguien te hace algo me buscas, yo estoy para defenderte… Si es necesario me peleo, porque te amo, y siempre te voy a amar…
Junto con el paso de la luz roja a verde mi corazón reanudo sus latidos, solo atiné a decirle “Muchas gracias” y cruzar primero Austria y luego Las Heras con paso firme y acelerado.
En mi mente que por un momento se había quedado totalmente en blanco, comenzaron a fluir una vorágine de pensamientos. Entre ellos, el breve comentario que me había hecho Martina la noche anterior a propósito del libro sobre Ángeles que le había regalado en Navidad. – Vos sabes que tu ángel se llama Mitzrael y te acompaña desde que naciste?. – Este libro dice que a veces para protegerte se te aparecen de distintas maneras, y si sos dura para ver las señales, directamente se te presentan como personas y te dan el mensaje.
Será? pensé, que loco! Y justo en la puerta del lugar donde nací… de a poco una sonrisa se iba dibujando en mi rostro, - Esta bueno que alguien te diga esas cosas aunque sea un desconocido…. Esa imagen me acompaño todo el día.
A mi regreso el limpiador de parabrisas ya no estaba, los días que siguieron tampoco lo vi. No se si fue real, si era un alcohólico confundido, un marginal enamorado, o un bromista al acecho de jóvenes incautas, no me importa mucho, cuando ando por ahí lo busco con la mirada, desde su inusitada intervención dejó de ser una de esas tantas sombran que habitan las esquinas de Buenos Aires. Si lo vuelvo a ver tratare de juntar coraje y preguntarle su nombre, tal vez me responda, - Mi nombre es Mitzrael.