29 oct. 2020

Africa mia

Seguramente alguna vez escuchaste la historia del Chalet construido en la terraza de un edificio de Sarmiento y Cerrito, cuyas ventanas miran hacia el obelisco. O la de la pista de autos que funcionaba en la terraza del Antiguo Palacio Chrysler en Av. F. Alcorta 3399. Quizás te enteraste de la nueva tendencia de construir huertas o jardines donde antes se tendía la ropa. Pero decime, con una mano en el corazón, alguna vez escuchaste sobre una aldea Africana construida en una terraza de San Juan y Alberti en San Cristóbal?

A Marcos Filardi desde muy chico lo impresionó el ver la hambruna etíope que se transmitía en vivo y directo por la tele a mitad de los 80. Las fotos de los niños de su edad, desnutridos, de piel negra y grandes ojos saltones lo llenaban de preguntas sin respuestas. La cifra de más de un millón de muertes en un año por desnutrición lo inquietaba. ¿Porqué hay gente que muere de hambre? Ese interrogante lo persiguió por años, hasta que en 2006, con 26 años y una mochila al hombro,  emprendió  un viaje por 18 países de África que duró un año y medio. En ese entonces ya tenía un título en abogacía y experiencia laboral en temas relacionados a Derechos Humanos. Él necesitaba ver con sus propios ojos, esa realidad lejana que lo acosaba.
De regreso a Buenos Aires, en 2008,  Marcos propuso abrir un seminario en la UBA sobre el Hambre y el derecho humano a la alimentación adecuada, y se convirtió por nombramiento  durante 5 años en Tutor de infantes y adolescentes africanos refugiados y solicitantes de asilo. Llegó a tener  a bajo su cuidado 300 niños, en su mayoría  llegados como polizones en barcos provenientes del Oeste del África, donde se encuentran Senegal, Burkina Fasso, Ghana y Nigeria entre otras.
Marcos se fue involucrando cada vez más con aquellas almas y su cultura, y en uno de los locales que formaban parte del edificio de la casa familiar, creó un espacio de encuentro afro, destinado a reuniones de la colectividad que fomentaran el  preservar a pesar de la lejanía la cultura y raíces de niños y adultos.
En 2016 nuevamente tomo su mochila y emprendió un nuevo viaje, esta vez por la república argentina. Lo llamo “el viaje por la soberanía alimentaria” y lo mantuvo durante un año recorriendo los lugares más olvidados de Argentina y con realidades en algunos casos similares a las vistas en África.
El viaje sin dudas lo marcó y a su regreso sintió que no podía volver a su vida habitual.
Junto a un grupo de personas afines a sus intereses sobre DDHH y soberanía alimentaria, creó el “Museo del Hambre” que funciona en el lugar del espacio afro y su fin es “convertir al hambre en un objeto de museo”, y para hacerlo, se ofrece como un lugar de encuentro por la soberanía alimentaria. En la actualidad el museo junto a trabajadores de la tierra y vecinos del barrio colaboran activamente con alimentos para abastecer los comedores populares de la comuna 3 a la cual pertenecen geográficamente, como así también es base  para que los Senegaleses organicen colectivamente la asistencia alimentaria a su comunidad en tiempos de pandemia.  
Pero Marcos, también necesitaba un cambio en lo personal. Tenía que optar por seguir con su trabajo “oficial” o largar todo y dedicarse a ejercer la abogacía al servicio de los más vulnerables. La respuesta ya estaba escrita desde hacía años.
En su nueva vida laboral abundante en retos y escasa en ingresos económicos, decidió construir en la terraza de la casa familiar su lugar para vivir.

La amplia terraza  le permitía edificar un departamento de dos o tres ambientes, con parrilla, quincho y lugar para armar una pileta. Sin embargo y coherente a su experiencia vivida y su vinculación con áfrica, optó por el minimalismo, pero no cualquier minimalismo. Marcos quiso recrear una pequeña Tiébélé como le gusta llamarlo, haciendo referencia a una aldea  de Burkina Fasso al oeste de África.

Para esta epopeya se sumaron muchas manos amigas formando varias “mingas”, término que se denomina para llamar a las jornadas de trabajo colectivo.
Lo primero fue calcular estructuralmente lo viable del proyecto, ya que en áfrica el clima es seco, de pocas lluvias y las columnas de sostén están enterradas en el suelo. Lo siguiente la colaboración de una empresa de La Plata especialistas en quinchos que armó en 3 días la estructura de troncos amurados al suelo y el montado del techo de pajas traído desde Entre Ríos. Para el siguiente paso hubo que esperar un tiempo, el necesario como para que los zorzales construyan su nido en el interior de la estructura, pusieran sus huevos y nacieran sus pichones.

El diseño de la Bio-Construcción  estuvo a cargo de Thurma y Sabina de la organización Tierra Raíz. Las chicas trajeron amigas y con la colaboración de una cooperativa que armó los bloques de tierra aligerada,  con adobe, paja y ladrillos fueron moldeando con sus manos las paredes de la choza. Con las paredes terminadas las aves se fueron, pero el nido permanece intacto en el interior, es un nido, dentro de un nido.  

Por otro lado el artista plastico Julian Zacarias y la muralista Chilena Catalina Cabrera quien había estado en Burkina Fasso trabajando y aprendiendo las técnicas, fueron los encargados de pintar todas las paredes de la terraza con diseños étnicos. Los murales tienen un sentido y una historia detrás, por un lado con colores tierra,  simbología referente al cultivo, máscaras tribales usadas en rituales de cosecha y representaciones de la energía masculina y femenina, por otro lado y mirando hacia la avenida, dibujos que refieren a la parte costera, con colores vividos y representaciones de animales. En lo alto el tanque de agua, y en el un gran collage ilustrado por Luca Varaschini y realizado por alumnos del taller de mosaiquismo del museo, dictado por Alejandrina Filipuzzi. La obra cuenta la leyenda tradicional africana de “cómo comenzó el tiempo”. 

El paisaje se completa con un sector de huerta, otro con plantas florales y árboles frutales, entre ellos un banano, un jardín de mariposas y un espacio reservado para un pequeño gallinero.
Con más de 2 años de iniciado el proyecto, todavía no está terminado, faltan el baño seco, el revestimiento exterior y otros detalles que no impiden que Marcos la habite y cada noche desde su silla de madera y con “olor a verde” mire el  cielo y se pierda entre las estrellas, pensando en los lugares que le faltó conocer.

Desde la vereda de enfrente, algún transeúnte que se le ocurrió mirar hacia arriba, al ver un león de colores en la pared y un techo de paja que se camufla entre las ramas verdes de los árboles,  imagina que allí funciona un salón de fiestas. 
Más de una vez, algún osado toco el timbre para preguntar.


Nadie se imagina que allí vive Marcos, un Abogado idealista de 40 años, con una sonrisa afable y mirada clara, que quizás todavía no pudo responder todas sus preguntas, pero seguro que desde su pedacito de áfrica en San Cristóbal, trabaja todos los días para hacerlo.   

 

 

 

Entrevista realizada a Marcos en Octubre de 2020
Fotografías de la construcción archivo personal de Marcos
Fotografías de obra final @BZN_Fotos
Copyright: Karina Bazan Carpintero - Habitantes de Bs. As. 

 

 

2 sept. 2020

La herencia de Emanuele



Lo primero que vi cuando llegué a Caseros 2140 fue el nombre de Manuel Tavazza grabado en la piedra sobre el marco superior izquierdo de la pesada puerta doble de hierro negro trabajado. Por los vidrios apenas se veía un pequeño hall de antiguas cerámicas que automáticamente me rememoró las paredes de alguna estación del subte C. Una vez traspasada la puerta de entrada y dos pequeños escalones de mármol una vieja puerta doble de madera maltrecha, pintada de blanco y con papel contac viteaux en sus vidrios, preservaba el misterio del interior de la vivienda. Cuando finalmente se abrió, supe que ese edificio de 14 departamentos y un local tenían una historia que contar. 

Emanuele
Manuel Tavazza - Caras y caretas
Carlo Emanuele Tavazza nació en Elia, Milán, el 21 de febrero de 1859. Hijo de Francesco, de profesión “cafetero” y Amalia Gavirat ama de casa. Su formación no está muy clara, pero se cree que estudió el oficio de maestro mayor de obra. En busca de prosperidad, con 25 años y de profesión Jornalero llegó a Buenos Aires el 29 de septiembre de 1884 en el barco Orione, salido del puerto de Génova. Si bien su entrada al país consta bajo su nombre de nacimiento, una vez aquí, adoptó el seudónimo de Manuel. 
Apenas llegó a Argentina, empezó su actividad laboral en la empresa de construcción del ingeniero Giuseppe Maraini, quien trabajaba con el conocido arquitecto Juan A. Buschiazzo. 
Con el tiempo Manuel se forjó una carrera y en 1896, se asoció con el escultor italiano Carlo Bianchi y fundaron la empresa constructora Tavazza & Bianchi con oficinas en la Calle Brasil 1736 del barrio de Barracas. 
Para ese entonces Manuel ya estaba casado con María Rossi, con quien tuvo 5 hijos. 
Hasta su fallecimiento en 1937, construyó grandes y memorables edificios que aún forman parte del patrimonio cultural,  tanto de la ciudad como de la provincia de Buenos Aires. 
Su último trabajo fue el Panteón de la Asociación Italiana, pero falleció antes de terminarlo lo que no impidió que allí descansen sus restos. La obra la concluyeron los hermanos Schiavone y se inauguró en el año 1957. 
No hay muchas páginas sobre su biografía, apenas un puñado de textos sueltos y un obituario de la revista Caras & caretas donde se destaca su inteligencia y calidad humana. 
Todos sus trabajos fueron por encargos de terceros, casas de alquiler, entidades bancarias, Edificios públicos, palacios y hasta el gran Teatro Coliseo Italiano en Lomas de Zamora. Pero hay uno, tal vez el primero de manera autónoma, que fue realizado por y para beneficio de él y que dejó como herencia a su familia tras su fallecimiento. El único en Parque de los Patricios, testigo silencioso de la historia  y crecimiento del barrio hasta estos días. 

Socios para la aventura 

Foto portal arte de la argentina
Terminaba el siglo y Tavazza & Bianchi se asocian para formar su empresa propia. 
Bianchi era oriundo de Milán. Nacido en 1862, comenzó su actividad a la edad de 14 años cuando fue a trabajar con el escultor Pio Fedi mientras cursaba en la Academia de Bellas Artes, luego de probar suerte en Nápoles, Roma y Francia, decidió venir a Argentina incentivado por sus amigos residentes en Buenos Aires. Durante un breve período se estableció en Montevideo donde ocupó el cargo de profesor en una Academia de Bellas Artes. Arribo a Buenos Aires con 24 años(en 1886, dos años después que Manuel),y realizó en 1891 las esculturas del lado este de la Casa Rosada. 
El estudio comenzó como constructora, realizando obras por encargo y con diseños de otros. Arquitectos italianos y franceses de moda en la época, les confiaron sus planos. 
Construyeron edificios como el Palacio Fernández Anchorena del arquitecto Le Monnier (actual sede de la Nunciatura Apostólica, ubicada en Av. Alvear esquina Montevideo) u obras comerciales como ser el Frigorífico Argentino en Avellaneda o los Grandes Almacenes Barraca Hengelbert - Hardt y Cía. 
Pero No solo se conformaban con ejecutar diseños de terceros, Manuel quería realizar sus propios Proyectos y para eso tenía que mostrarse como arquitecto. 

Manos a la obra 

Mapa 1906
A fines del siglo XIX en el país, se comenzó a discutir cómo crear mejores condiciones sanitarias para las personas de menores recursos, trabajadores, obreros e inmigrantes. Las propuestas incluían viviendas económicas, casas colectivas y barrios obreros. 
Para Manuel, la construcción de una casa de alquiler seria el negocio perfecto para invertir capital, mostrar su trabajo como diseñador y recuperar la inversión por medio de los alquileres. 
El 29 de diciembre de 1905 Tavazza y Bianchi adquieren un terreno de 669 m2 en Parque de los Patricios. La parcela pertenecía Margarita Celle de Raggio y era lindera con los terrenos de José Raggio y Nicolasa Podestá de Soler, ubicada en Av Caseros entre Antofagasta (Luego Juan Carlos Gómez) y Santa Cruz. La zona era de quintas y corrales de animales, para ese entonces Caseros ya había sido empedrada debido al tránsito de vehículos que se dirigían a los mataderos. Frente a la parcela se encontraba el hospital Militar, hacia la izquierda la nueva cárcel de encausados, (desde 1898 hasta 1905 fue hogar de menores), el Parque Rivadavia (ahora Ameghino) predio que habría sido el Cementerio del Sud durante la epidemia de fiebre amarilla y sobre la derecha terrenos verdes cultivados. Por la manzana trasera los jardines del Hospital Muñiz, corrales de cerdos y hasta una laguna. No mucho antes esos terrenos habían pertenecido a Familias patricias de peso en la historia Argentina. 

Mapa 1895
A unas pocas cuadras, estaba el recientemente inaugurado Parque de los Patricios (1902) que dio nombre al barrio, antes denominado Corrales Viejos y realizado por el Paisajista francés Carlos Tahys, quien también había diseñado el Parque España junto al Botánico Sur. 
La zona estaba cambiando y era óptima para viviendas familiares de clase media. 

El diseño 

En el terreno de 10.90 de frente por 64 metros de largo se construyeron 14 unidades funcionales. La casa está dividida en dos, por un lado y al ras del suelo un largo pasillo que se adentra en el pulmón de la manzana, como si fuera un pasaje. Sobre la derecha a lo largo se distribuyen 3 cuerpos de 4 departamentos cada uno. Amplias entradas de piso damero albergan 2 unidades en planta baja, y  escaleras de mármol que conducen a otras dos unidades en el primer piso. Pasamanos de hierro, puertas de robusta madera y un tragaluz que ilumina el palier. 
Todas las unidades son idénticas, 3 ambientes, baño y cocina. Mientras los de plata baja tienen patio, las del primer piso pasillo en L y ventanales que le dan luz durante todo el día. 
Por el otro lado y con un local que separa las entradas, dos únicos departamentos, más amplios y “de lujo” para la época, ocupan las plantas superiores en toda la extensión del frente. Una  diferencia se aprecia en el frente, mientras que los balcones del primer piso son de piedra con columnas, los del segundo piso de hierro trabajado como las puertas y las escaleras. Sutiles molduras enmarcan las aberturas. 

La obra terminada 

Con la obra terminada, 3 años más tarde, el 30 de diciembre de 1909 Bianchi le vende su parte a Tavazza, que pasa a ser único dueño de la propiedad. Ese mismo año, ganó el concurso para realizar la sucursal del Nuevo Banco Italiano en el barrio de La Boca con un edificio de estilo clásico con detalles Luis XVI, además de la función comercial cuenta con departamentos residenciales de un diseño similar al de Caseros. 
Su idea de incorporar viviendas a los edificios comerciales, es aceptado por el banco que le encarga nuevas sedes a Tavazza, entre ellas las sucursales Obelisco (esquina Cerrito y Av. Corrientes) y Once (av. Rivadavia 2768-80). Manuel pasa a ser el arquitecto de la institución, lo que le permite en 1911 se aceptado como miembro de la sociedad central de arquitectos. 
Para aquel entonces su estudio ya se había mudado, primero a la calle Lavalle 81 y luego en Av. de Mayo 840. En 1912 Bianchi Fallece y Manuel sigue solo con la empresa. 

Cambio de reglas 

El edificio de caseros tenía todos sus departamentos alquilados a familias de trabajadores. Un estricto reglamento de 7 ítems hacía hincapié en el cuidado de las unidades tanto en su interior como en los lugares comunes, prohibiendo cualquier tipo de remodelación o alteración en el diseño original. En caso de tener que reparar algo, tenía que ser informado al propietario quien mandaría un empleado de su empresa. También se prohibía la colocación de cualquier tipo de cartel en el frente. 
Manuel cuido celosamente su creación hasta su fallecimiento en Septiembre de 1937.  Sus hijos y su esposa heredaron el edificio y a sus inquilinos. 
El manejo de los alquileres había comenzado a cambiar a partir de 1921 cuando se modificó el Código Civil para establecer limitaciones a los contratos de locaciones de vivienda, se dispuso el congelamiento de los precios por dos años, tiempos mínimos de duración de los contratos y límites para los desalojos. 
El 29 de Diciembre de 1942 Clelia Ida Raquel Tavazza, vende su parte a su madre y sus hermanos, al año siguiente se dictaron decretos y leyes “de emergencia” que dispusieron la prórroga de los alquileres, más allá de lo pactado en los contratos y el congelamiento de los precios. Con el decreto 1580/43 se dispuso una rebaja que iba del 5% al 20% para los alquileres y se frenaron las demandas de desalojo por falta de pago. 
El 21 de agosto del 45, sus hermanos Amalia María Virginia, Sofía Julia Elisa, Manuel Francisco Juan y Enriqueta Rosa María, le venden su parte a su madre, quedando como única dueña. Es posible que esta decisión la tomarán, para que su madre pudiera disponer de todo el dinero de las rentas, que ya no era tanto para repartir. 
Durante el primer gobierno de Perón, se mantuvo el congelamiento de los precios de los alquileres y en 1948 se sancionó la Ley 13512 de Propiedad Horizontal que dio el beneficio a los inquilinos de tener prioridad para la adquisición de la propiedad que arrendaban. También se permitió la división por departamentos, mientras que en las legislaciones anteriores se establecía la propiedad por pisos o la copropiedad de todo el edificio. 
Fue recién hasta el 23 de marzo de 1959 que se realiza la división de las unidades y se redacta un reglamento de consorcio. En 1961 se le ofrece a los inquilinos adquirir sus unidades y Amalia María Virginia en representación de su madre, firma  los contratos de venta mediante un adelanto e hipoteca. Las cuotas  fueron pagadas en su domicilio, el último piso de la calle Ayacucho 1427 donde residía con su madre. En diciembre de 1964 se liquidan los pagos y  el edificio ya no les pertenece. Unos meses después, en 1965 María Rossi viuda de Tavazza falleció en su domicilio. 

La verdadera herencia 

Al pasar el edificio de ser propiedad de uno a propiedad de muchos, las reglas cambiarían. Los propietarios se hicieron cargo de administrar el lugar, con los años, el departamento destinado al encargado pasó a ser de alquiler para solventar los gastos de mantenimiento del edificio. Las unidades se fueron remodelando. Cambiaron ventanales de hierro por cerramientos de aluminio, techaron patios, cambiaron pisos de madera, cambiaron bañeras de patas de león por duchas, pintaron las aberturas de madera con latex, colgaron de las ventanas aires acondicionados y hasta alguien construyó un galpón en la terraza que alteraba el frente (por suerte cuando se vendió el depto. lo demolieron por pedido de los vecinos). El local también pasó por varias remodelaciones y rubros , librería, galletiteria, ortopedia. En el edificio aún queda un puñado de departamentos habitados por los hijos de aquellos primeros inquilinos de Tavazza. Algunas pocas unidades se conservan casi intactas preservando la visión de Manuel. Pasaron más de 110 años desde que lo pensó, y a pesar del paso de los años y algunos signos de deterioro por el tiempo, su belleza está allí para quien quiera apreciarla.
Su nombre grabado en el frente rubrica una historia de sueños realizados,  de querer y poder, de nada es imposible, de inmigrantes y de familias trabajadoras que cumplieron el sueño de la casa propia.
Todo eso y más,  es la verdadera herencia que nos dejó Emanuele.

Bibliografía: Archivo personal. 
La conformación del paisaje urbano de Buenos Aires de matriz - Silvana Daniela Basile
Copyright: Karina Bazan Carpintero - Habitantes de Bs. As. 



8 ago. 2020

La calle donde nació la alegría



Dicen que Barracas siempre fue un barrio de Guapos, y debe ser verdad, porque en el año 1909, en Baigorri 75 entre Patagones y Caseros, un 4 de septiembre nacía Pepe Galleta, el único guapo en camiseta.

Mucho se habló sobre la vida de Pepe Biondi y su triste infancia en el circo, pero muy poco sobre su nacimiento en la casa de Barracas, en cuyo terreno hoy está el Hospital Británico.

Plano de 1912
El Hospital ocupa una parte
Cuando Pepe nació, el barrio lucía muy distinto. La avenida Caseros era una de las pocas arterias adoquinadas (1899). El espacio que años atrás había ocupado el matadero de la convalecencia ahora  estaba repartido entre una plaza llamada España y un “criadero municipal de plantas”
La plaza diseñada por Carlos Thays, contaba con alumbrado y baños públicos para hombres y mujeres y el día que fue bautizada con su actual nombre  (antes de 1900 se llamaba “De los inválidos”) a la ceremonia asistieron 20.000 personas, se organizó una gran fiesta popular donde se repartieron medallas conmemorativas.
En la esquina de Caseros y Baigorri estaba el vivero con jardín botánico, allí entre otras cosas como ser plantas exóticas, se  cultivaban distintas especies  Yerba Mate. 
Sobre Baigorri estaba el corralón de carros y los establos municipales, estos funcionaron hasta la década del 50 y quedaban justo frente a la casa donde vivían  los Biondi.

Cuenta la leyenda que la familia compuesta por José Biondi, Ángela Cavalieri, ambos oriundos de Nápoles, y sus 8 hijos (Pepe era el tercero) eran muy pobres, y cuando Pepe cumple 6 años, Don José consigue un trabajo en el ferrocarril y se mudan a Remedios de Escalada, en Lanús.
Plano de 1916 -
El Hospital ocupa toda la manzana
Lo cierto es que en la manzana donde se encontraba la vivienda, también funcionaba el Hospital Británico desde 1887 (en ese momento llamado Inglés). Tres años después al predio original se le había agregado la primera escuela de enfermería del país. La Comunidad Británica llevó a cabo una intensa campaña de recaudación de fondos para erigir un nuevo edificio, eso incluía comprar los terrenos que estaban sobre Baigorri. Hasta ese momento los lotes eran ocupados por casas particulares e inquilinatos. Es hasta mitad de 1910 que logran adquirir  todas las propiedades de la cuadra y hacerse con la manzana entera. Esta fecha coincidiría con la de la mudanza familiar y podría ser el verdadero motivo de la misma.


La comunidad Británica siguió con la recaudación de fondos y fue recién en 1940 donde las obras culminaron con la construcción del pabellón Repetto, nombre puesto en Honor a uno de los principales mecenas.
Sobre el paredón perimetral del Hospital, escondidas bajo los coloridos murales que decoran la cuadra, pueden verse las antiguas chapas de numeración de las que fueran las viviendas desaparecidas. En el número 75, una pared baja enrejada deja ver los Jardines del Hospital.

Entrados los años 20 y luego de su fatídico paso por el circo de los hermanos Anselmi,  Pepe volvió al barrio pero esta vez a trabajar. Con 14 años se lo veía a 10 cuadras de su casa natal,  en la esquina de Garay y Bernardo de Irigoyen, en Constitución,  vendiendo diarios o lustrando botas. Allí sería descubierto por un ex compañero de circo, que lo alentaría a regresar a las pistas. El resto de la historia ya lo conocemos..

En los años 60, las oficinas administrativas del vivero del sud, se convirtieron en un restaurant llamado el Mesón Español. Este, pese a su prestigio, funcionó hasta principio de los 80 cuando la municipalidad no le renovó la concesión del predio. Años después el lugar fue destinado como Espacio Cultural del Sur
Foto Facebook LCDLT
A principios de los 80 y con los albores de la democracia,  un grupo de artistas titiriteros entre ellos Javier Villafañe, Mane Bernardo, Sarah Bianchi y mi siempre recordado maestro Pepe Ruiz,  decidieron salir con sus obras a la calle y el lugar elegido fue la esquina de Caseros y Baigorri que pasó a ser un gran escenario al aire libre donde se realizaban espectáculos de títeres para chicos y algunos grandes con alma de niño. No tardó en correrse la bola que todos los domingos había fiesta en el barrio,  fue así como Baigorri fue bautizada como  “la calle de los títeres”, nombre que perdura hasta nuestros días. En 1989 la municipalidad cede un espacio con entrada por Baigorri 30 para que realicen las actividades.

Esa cuadra emblemática llena de murales y sus adoquines asomando por debajo del asfalto sigue siendo, junto al viejo vivero, un lugar de encuentro con la cultura. Es un espacio mágico para los niños, un portal para viajar con la imaginación donde todo puede suceder. 
Yo prefiero pensar que siempre fue mágico, por eso Pepe nació allí y los árboles del parque España que aún perduran, fueron testigos de sus risas y sus juegos de la infancia.
Qué mejor destino para la cuadra que vio nacer al hombre cuya existencia alegró a generaciones enteras y sigue robando sonrisas con solo pronunciar su nombre,  que convertirse en la calle preferida de los niños.
Claramente, hay que ser muy guapo, para dejar semejante legado.

Baigorri 75 - año 2020

* fuentes consultadas  ABCC - Argentine-British Community Council  Pagina Facebook.   / Mapas Archivo BA






23 jul. 2020

Gliptodontes eran los de antes

Alberto Italo Calabrese - Años 20

En Enero de 1999 en la sección de sociales del diario la Nación, salía la noticia del hallazgo de un gliptodonte en  Cabildo y Blanco Encalada, en el barrio de Belgrano. Un mes antes, en Diciembre del ‘98 la misma sección del mismo diario, se lamentaba por el fallecimiento del Profesor Emérito de la Universidad de Buenos Aires Dr. Alberto Ítalo Calabrese, quien vivía a unas pocas cuadras del lugar del hallazgo y en aquellos días hubiera cumplido 86 años.  

Alberto había nacido en el barrio de la Boca un 14 de enero de 1913. En la lista de 11 hermanos el ocupaba el número 10. Hijo de María Eterpeta Imbroscia y Santiago Roque Calabrese, ambos nacidos en Barletta, Italia.
Su padre Santiago nació en 1857, hijo de un marino mercante desde muy joven abrazó la profesión, y a los 15 años ya tenía dos vueltas al mundo certificadas.  A finales de 1880 se radicó en Buenos Aires y fundó una compañía naviera con dos barcos traídos de Italia. La empresa  se dedicaba a transportar  piedras y arena para la construcción de caminos de su cantera en Colonia Uruguay al puerto de Bs. As.. Los lugareños de Uruguay,  bautizaron la playa y el Muelle donde solía atracar como “del calabrés”, en referencia y honor a su apellido.
Una vez establecido en la Boca por 1890,   contrajo nupcias con María vía poder y sin conocerse, el con treinta y pico y ella de 17. Al poco tiempo arribó para estar junto a su desconocido y flamante marido, luego de casarse aquí por iglesia comenzar a formar una familia.
Corrían los años 20 y Alberto vivía en Suárez y Necochea, por ser uno de los más pequeños (con su hermano mayor se llevaba 18 años), se tomaba la licencia de ir solo al colegio que estaba en Parque Lezama. En ese entonces, el parque inaugurado en 1896 lucía muy distinto al que conocemos hoy. En él se podía encontrar una plaza de toros, un restaurante en forma de molino, un tren con estación para niños, un teatro a cielo abierto, un lago con góndolas, un circo y una escuela primaria.
La cuestión que Alberto ya de pequeño era un observador curioso que le gustaba aprender e investigar. Un día saliendo del colegio, ocurre un desprendimiento de tierra del lado de la barranca hacia la avenida Paseo Colón. Mientras observaba la pared de el terraplén que había quedado al descubierto, le llama la atención la simetría del barro seco que estaba como escamado. Sin pensarlo dos veces, comienza a excavar con sus manos en la tierra y descubre que esas rugosidades definitivamente no eran del barro.  Tan compenetrado estaba en su labor, que comenzó a llamar la atención de un hombre que estaba cerca. El casual espectador, no pudo evitar acercarse y preguntarle – Qué estás haciendo pibe? Más sorprendente fue la respuesta de Alberto: - Creo que encontré un gliptodonte…
El paisano ni lerdo ni perezoso, se fue raudamente a buscar un teléfono para llamar al diario Crítica. Este periódico había sido fundado en 1913 por el uruguayo Natalio Botana y tenía fama de publicar noticias sensacionalistas. La cuestión es, que en lo que Alberto terminaba de descubrir parte del caparazón llegaron los fotógrafos y haciéndolo a un lado retrataron al oportunista como responsable del hallazgo. Luego de eso arribaron los especialistas y el fósil terminó siendo trasladado al Museo de Ciencias Naturales.
Pasaron los años y Alberto se convirtió en un prestigioso médico e investigador. Con los años sería profesor titular de Toxicología y Medicina Legal (UBA), como así también primer titular de Toxicología en la Universidad del Salvador y profesor Emérito de la UBA. Sus investigaciones sobre el ADN lo llevaron en los años 90 a exponer sus trabajos en EEUU.
Hasta su fallecimiento “el profe” apodo que se había ganado en sus años de docencia, siguió atendiendo a sus pacientes en el Instituto de Terapia Genética que él había fundado.
Padre de 5 hijos solía contarles la anécdota sobre su descubrimiento en el parque cuando era pequeño  y entre risas reconocer   cómo ese fue el primer robo científico que padeció, pero no el último, durante su más de medio siglo dedicado a la investigación.
Alberto Italo Calabrese - Años 90



6 jun. 2020

La mirada de los otros

Esta historia llegó un día Y me susurro al oído “escribime”. En realidad la muy impertinente se coló, mientras intentaba contar otra historia, la de su vecina de casa, en Elcano y conde en colegiales. 
Estaba yo muy entusiasmada buscando info sobre la ex dueña de un local llamado Bohemia,  cuando se me ocurre preguntarle a mi amigo Martín Franco, vecino laboral del barrio a finales de los 90, si se acordaba del lugar y la mujer en cuestión. A pesar de haber trabajado muchos años más que yo en el barrio, su memoria es más volátil que la mía, o quizás no prestaba tanta atención, ya que estaba en una oficina en primer piso y yo debajo con local a la calle. En mi desesperación por intentar que recuerde algo, use como referencia la casona lindera a dicho local, donde vivían y trabajaban 3 particulares hermanos. Yo intentaba buscar algún detalle que lo ayudara, recordé que la mujer de ese trío fraternal era artista plástica, igual que Martín, y google su nombre para mostrarle su trabajo. 
Fue Justo ahí, cuando la historia se presentó de repente y me susurró, nos miramos a los ojos y le pregunte: Vos querés que te escriba, pero acaso tenés algo interesante para ofrecerme ? Entonces canchera, me guiño un ojo y me mostró un documental que resulto ser, apenas la punta del ovillo. 

Los hermanos Hisas eran 5, Ricardo, Roberto (fallecido de meses) Emilio, Hilda y Nélida. Hijos de un matrimonio Sirio Libanes, integrado por Barket Hisas (en migraciones lo bautizaron Alberto) y Fadua Aboud. 
Apenas llego a Argentina Barket  junto a otros familiares que vivían en Castillo y Serrano, en el barrio de Villa Crespo,  comenzó una pequeña fábrica de Hilados que manejaba en colaboración de sus primos. En  los años 30 se presentó la oportunidad de comprar en cuotas la casa de Av. Elcano 3179 en Colegiales, esa seria la vivienda familiar y Fadua la encargada de ir cada mes, durante los proximos años, libreta en mano a pagar la cuota de la hipoteca.
Fue pasando el tiempo y Ricardo el mayor de los hermanos trabajaba con su padre y estudiaba para contador. Emilio ayudaba en la empresa familiar, Nélida, la menor daba clases de ingles , e Hilda que se había recibido de bachiller normal en el instituto nuestra señora del rosario de Belgrano, tomaba cursos de acuarela. 
Emilio es el primero en abandonar el nido en 1957, año en que se casa, pero sigue frecuentandolo a diario, ya que en la casona funcionaban las oficinas y el garaje era usado como punto de distribución de los tejidos terminados. Posteriormente en el 59 se casa Nélida y forma su familia compuesta por dos hijos Lucia Y Julián, por lo que no participa en el negocio familiar. Ricardo e Hilda, solteros empedernidos, convivían junto a sus Padres.
Hilda por aquel entonces trabajaba en el departamento de publicidad de las Galerias Harrods, dibujando los figurines que formarían parte de las revistas de la época, este trabajo lo mantuvo por casi 15 años, cuando en 1972 el departamento de publicidad dejó de utilizar dibujos y pasó a usar fotos para promocionar indumentaria. 
En 1967 fallece Barket, y Ricardo ocupa su lugar de hermano mayor quedando a cargo de los negocios familiares junto a Emilio.
Si hay algo que tenía la familia Hisas era su amor por las artes, y no perdían oportunidad de ir al teatro, exposiciones y conciertos. Es Así como un día, los hermanos fueron a un recital de Atahualpa Yupanqui y cuando termino lo esperaron a la salida para contarle lo mucho que lo admiraban, Don Ata muy agradecido se prestó a la charla y los hermanos ni lerdos ni perezosos lo invitaron a su casa a compartir una comida en familia, la cocina de doña Fadua era muy alagada, contrario o todos los pronósticos el músico acepto y a partir de ese momento, se convirtió en un comensal habitué.
A fines de los años 60 Hilda comienza a exponer su trabajo y conoce a Ben Molar,  para ese entonces su maestro era Demetrio Urruchúa, uno de los encargados junto con Berni, Castagnino, Colmeiro, y Spilimbergo de pintar en los años 40 los frescos de las galerías pacifico ubicadas en Av. Córdoba y florida, en el microcentro porteño y hoy declarado monumento histórico nacional.

Urruchúa, quien la apadrino hasta su fallecimiento en 1978, se encargaba de hablarle a todos del trabajo de Hilda, y la estimula a hacer  muestras. 
A pesar de su perfil bajo, ella acepta. Desde aquel entonces Ricardo entusiasmado, se hace cargo de organizarle nuevas exposiciones.
Hilda,  se suma a la academia del lunfardo y cultiva una estrecha amistad con Ben, que los mantuvo unidos hasta el fallecimiento de él en 2015. El sería en los 90 el encargado de animar a Hilda a realizar una exposicion tematica sobre tango.
En 1975 Ricardo abandona la soltería y el hogar materno. Hilda permanece en la casa junto a su madre, con la firme convicción de no casarse ni convivir, ya que el casamiento para ella es sinónimo de perdida de la libertad personal, algo que no está dispuesta a entregar por nada del mundo. 
Los 80 pasan sin sobresaltos, ni muestras. Hilda sigue tomando clases con maestros que se terminan convirtiendo en admiradores de su trabajo.

Llega los años 90 y Fadua a sus 93 activos años fallece. Para ese entonces la casona de dos plantas estaba copada por la empresa familiar que desde los años 70  fabricaba tejidos para uniformes militares y para Telefónica. Hilda alternaba su trabajo en la fábrica con las clases en los talleres de la asociación Estímulo de Bellas Artes, en Av. Córdoba y Maipu.
Los 3 hermanos no pasaban desapercibidos en el barrio, Ricardo alto y robusto era un tipo afable y dado con los vecinos, alguna vez me toco recibir un souvenir de regalo traído de unas vacaciones en San francisco. 
Emilio, menudo y de lentes, tenía una postura más acartonada que parecía permanentemente poner distancia. Su muletilla era “señorita” que repetía constantemente, claro está si su interlocutor era una joven dama. De pocas pulgas y poca paciencia, detestaba ser interrumpido y te lo hacía saber con un “no me interrumpa señorita” eso sí, siempre con sobrada educación y buenos modales. Demás esta decir, que a mí esa frase me la repetía constantemente.
Hilda era otro cantar, su figura delgada y esbelta, su largo pelo negro enrodetado y sus polleras tubo que terminaban con un volado cerca de los tobillos, rememoraban a Olivia, la novia de Popeye. Siempre bien coqueta, con maquillaje pronunciado y bijouterie colorida, llevaba su humanidad a toda velocidad por la avenida. Con un inmenso mundo interior, muchas veces llegaba a un lugar y no recordaba para que, se iba y regresaba a los pocos minutos con su memoria recuperada. 
A Hilda le gusta cocinar y la solidaridad era algo de familia, en una oportunidad cuando su vecina Vita de la calle Conde (los fondos de las casas eran linderos) tuvo un accidente andando a caballo, Hilda no dudo en llevarle comida y asistencia durante el tiempo que estuvo postrada. Muchos años después, lo haría con su Hermano Emilio, luego de que este enviudara y ella tomara el compromiso de llevarle todos los días la comida a su casa.
Con el nuevo milenio, llegan los cambios. En 2003 fallece Ricardo y junto a él empieza a irse Elcano Textil. Emilio ya mayor y con intención de no perjudicar a nadie, vuelve a recurrir a los primos para seguir adelante (los dos hijos de Emilio viven en el exterior) pero esto sería solo por unos años. Finalmente en 2007 toman la decisión de cerrar la empresa y vender la casona, ya que para Hilda usarla solo de vivienda requería mucho esfuerzo. La casona la compran los dueños de la conocida casa de antigüedades “la rueda” de Flores y la destinan para alquiler. En la actualidad allí funciona una cadena de cafeterías americanas, que gracias al conocimiento de los locatarios, apenas adaptaron el lugar, y permanece su estructura arquitectónica intacta.
Hilda se muda a Parque Chas, a un PH acogedor que le sirve de vivienda y estudio. Finalmente da utilidad a su título de docente, dando clases en la Asociación que la vio como alumna durante tantos años. 
En 2017 fallece Emilio con 91 años y en 2018 le sigue Nélida, que hasta su último suspiro la paso yendo a los recitales del “cardenal” Javier Domínguez, un tanguero joven, que viéndola apasionada por la música, la adopto de segunda madre.
Hilda, lejos de desmoronarse por la partida de sus hermanos se mantiene hiperactiva como siempre y cultiva la soledad como un tesoro. Libre de ambiciones, la vida le fluye y ella la acompaña, vive en el aquí y ahora y según ella su falta de memoria la ayuda a hacerlo.
Le divierte realizar alquimia culinaria cocinando galletitas de sabores experimentales que regala a quien va a visitar, con la particularidad de que ella no las come, porque mantiene una estricta dieta macrobiótica orientada por los apuntes y libros el Técnico en Dietética y Nutrición Natural Néstor Palmietti.
Cada Tanto se la ve por Elcano, ya que se niega a abandonar a sus proveedores amigos de toda la vida, y sigue con sus clases como docente de Croquis en la AEBA. Tan peculiar y querida es, que sus alumnos decidieron filmar un documental llamado “Señorita Hisas” donde la premisa es la de rescatar su sabiduría en una especie de lista de mandamientos azarosa, creada durante las tertulias luego de clases en una pizzería cercana. 
Tengo que confesar que cuando vi el tráiler del documental realizado por Luis Paris y Federico Scopazzo, me costó reconocer a la Hilda que vi todos los días por 6 años. Si bien físicamente no cambio en nada, ni siquiera en la edad que aparenta (nunca sabremos la verdadera), se me estaba revelando el lado b de aquella imagen de solterona y peculiar oficinista de colegiales que guardaba en mi memoria. 
Ni lerda ni perezosa, me contacte con ellos para verlo entero, grata fue la sorpresa cuando me lo enviaron, junto a la inquietud de querer conocer lo que consideraban era el lado B de Hilda, su costado mundano y de familia que yo conocía, y que para ellos era un misterio. Todo estaba dado para que se unan estos dos universos, la historia comenzó a escribirse, pero faltaban detalles. La encargada de ayudar a encajar las piezas fue Lucia, la hija de Nélida, quien se ocupa de asistir a Hilda cuando lo necesita. Gracias a ella también, los rostros de los hermanos Hisas volvieron a sonreír para la foto.
Ahora que la mirada propia y la de los otros se unieron, se rebeló una visión nueva. 
No puedo dejar de reflexionar, sobre cómo podemos suponer historias a partir de una percepción. Nos convencemos que con solo ver apenas unos fotogramas, sabemos cómo es la película. 
Nunca sentí mas real la frase “no todo es lo que parece”.
Esta vez por suerte, llegue a tiempo, antes que den la última función.
Me despido pensando en El V mandamiento de Hilda que dice “No pertenecer a nada ni a nadie”.
Desde aquel día que me volvía a cruzar con la historia de ella y su familia, rompí con esa regla. Por un rato su historia me perteneció al igual que a sus alumnos que la filmaron. 
Y Ahora que terminaste de leer su historia, también te pertenece a vos.





1 mar. 2019

El loco de la vineria

A propósito de mi reciente mudanza al barrio de Parque Patricios, y ante la pregunta obligada sobre que tal es el barrio, me escuche innumerables veces diciendo: - no sé no lo conozco, jamás fui…. Pero recién hasta casi un mes después de frecuentarlo, me di cuenta que mentía descaradamente.
Obligada por un trámite fue que me dirigí a la zona de Av. Caseros y la rioja, territorio que pretendía explorar en algún momento con tiempo y que había visto pintoresco a través de la ventanilla del colectivo 65.
Aproveche el viaje para entrar a un par de locales y comprar adminículos para terminar de acondicionar mi nuevo hogar. Recorrí varias cuadras mirando todo detalladamente con ojos nuevos, particularmente los lugares viejos, que siempre son los que mas llaman mi atención. Me encontré con una antigua farmacia en la esquina de Rondeau y La rioja, que en sus vidrios tenía fileteado orgullosamente “desde 1947”. Luego por Av Caseros al 2800 una pequeña librería de viejos, sobrepoblada de volúmenes amontonados en pilas desde el piso hasta el techo (literalmente hablando).  Finalmente unos pasos más adelante me pare frente a la vidriera de la Vinoteca El coleccionista, la cual lucía orgullosa altos estantes de madera repletos de polvo,  de bebidas de todas etnias, décadas y gradaciones alcohólicas. El nombre en letras doradas desgastadas por el sol lucia en añejo en el vidrio falto de limpieza. Tuve un dejavu con mas de 30 años de delay y de pronto mi memoria lo dijo en voz alta –Acá ya estuve!  Mis ojos a través del vidrio clavaron la mirada en el hombre sentado tras el escritorio de madera acomodado en medio del salón, quien por casualidad o no por un segundo levantó su cabeza y miró directamente hacia la calle. Era el! Claro, El Loco!, efectivamente yo había estado ahí.
Eran los años 80 y por radio excelsior a la media noche, se transmitía el programa “El loco de la colina” que nada tenía que ver con Jesús Quinteros, el español que usaba ese seudónimo y conducía en la madre patria un programa llamado “el Perro Verde” que supo ser popular en esa época. Este loco era bien porteño, abogado y su verdadero nombre era Carlos Rua. Su programa transgresor para la época, tenía varias particularidades. La cortina del programa era un tema de los redondos, a quienes ayudo a popularizar cuando solo se los podía escuchar en casettes piratas grabados en vivo. La música era no comercial y se podían escuchar bandas no solo de argentina, sino también de España y México con letras provocadoras para la época.  En cada emisión se recitaban textos de Borges, Gelman o Pizanik.  Carlos tenía un dominio impresionante de su voz y realizaba personajes variados que hasta en algunos momentos parecían superponer sus voces al aire. Muchos años después Fernando Peña haría lo propio con igual talento. El loco pretendía tener una audiencia intelectual que comprendiera su vuelo poético, por lo que hacia participar a través del teléfono a sus oyentes con consignas que solo comprendían sus seguidores, y si alguno de ellos dejaba un mensaje que no estuviera a la altura de las circunstancias, era defenestrado al aire y verbalmente castigado. Aquel mítico programa tenía como patrocinadores a funerarias y una docena de albergues transitorios que eran anunciados mediante simpáticas rimas a la medida de cada uno… “Penetre por delante o por detrás, hotel Rampacar, el único con dos entradas…”
Yo me había echo fan del programa por mi amigo Javi Lavagnino. Ambos lo escuchábamos noche tras noche y al día siguiente comentábamos lo acontecido. El loco se auto denominaba una especie de Mesías (recordemos que el apodo “el loco de la colina” es uno de los tantos utilizados para hacer referencia a la figura de Jesucristo) y repetía la frase en latín “Ego Sun lux, et verita, set Vita”.
Un día y sin previo aviso, Javi me cuenta que la noche anterior había ido a la radio a ver el programa en vivo y entre otras cosas hace referencia a que Carlos se movilizaba en una silla de ruedas por el estudio. Al principio no le creí, pero fue tal su insistencia que termine por aceptar que era discapacitado motriz.
Llegados los 90, yo me encontraba realizando un programa llamado “Mañana es otra historia” en Fm La tribu y escribiendo para un periódico del barrio de Almagro. Para ese entonces el Loco, si mal no recuerdo, estaba en radio Belgrano con los días contados (En esa época, Iba saltando de emisora en emisora, ya que lo tildaban de transgresor y el censor lo multaba y las radios lo sacaban del aire.) En su monologo habitual hace referencia a que si seguía así iba a terminar con su programa en La Tribu porque ya no le quedaban opciones.  Al escuchar tamaña declaración, vi mi oportunidad de oro para conocerlo personalmente, después de tantos años de escucharlo donde fuera. Llame a su producción y pedí una entrevista con el, que me fue concedida rápidamente.
La cita era por la tarde en la vinería de Av. Caseros.  Llegue temprano por la ansiedad y porque era la primera vez que pisaba Parque Patricios (esa vez fue verdad). Espere en la esquina a la hora indicada. Finalmente ingrese al ya avejentado local que había sido fundado por su padre Asturiano en 1957 y lucia en su frente un enorme cartel que decía “Vinoteca Rua” . No tenía idea que cara tenia Carlos, ya que nunca daba notas y no se conocía más que su voz, la cual cambiaba permanentemente. Alguien se me acerca para atenderme y me señala a un señor morocho y robusto, con campera de cuero marrón sentado tras un gran escritorio de madera que se encuentra contra toda lógica en medio del salón, es El. Me acerco y nos saludamos, permanece sentado, en ese momento recuerdo el relato de Javier y la silla de ruedas y asumo que todo era verdad. Hacemos la nota, yo tratando de ser profesional y no mostrar una admiración desmedida ante su persona, no le cuento que tengo los programas grabados donde me elige como ganadora de la consigna, tampoco  le digo mi seudónimo… No recuerdo cuanto duró la entrevista, pero si que muchas veces estuve tentada de preguntarle por su discapacidad, por suerte aquella voz en mi cabeza me decía que no correspondía, que no lo haga. Finalmente y antes de despedirnos le pido permiso para sacarle unas fotos con mi zenit para la nota del diario, el accede, aunque no posa, permanece en su escritorio como si no sucediera nada. Le agradezco por su tiempo y me retiro, justo en ese momento lo veo levantarse de su silla de escritorio e ir hacia el interior del local. Quede absorta, Javier habia logrado engañarme durante 10 largos años.
Paso un tiempo y yo me desempeñaba en el sector de prensa y difusión de una fundación, estábamos armando una campaña de prensa en los medios de comunicación y decidimos elegir en Tv al popular programa de Luisa Delfino “ Te escucho” que salía por ATC y en radio a El loco, que para esa época se encontraba en radio Ciudad y seguía teniendo fieles seguidores. El programa no duró mucho tiempo hasta que lo levantaron y por motivos que no recuerdo, el Loco terminó de panelista mediático en el escandaloso programa de Mauro Viale, junto a Guido Suller, y Jacobo con quien se pelearía a golpe de puño al aire. Tal vez ese fue el principio del fin, no lo se, pero su genialidad y talento de pronto parecía haberse esfumado ante las cámaras de tv. Al poco tiempo desapareció de los medios. Después de eso no supe nada mas de el.
Pasado el 2000 cada tanto y al azar lo pescaba en alguna radio al pasar el dial. Creo que uno de sus últimos programas fue junto con Tom Lupo, otro grande de la radio de los 80. En agosto del 2017 leí en la pagina www.elfandango.com.ar/el-coleccionista/ un relato sobre el, su local, su fama y como a sus 57 años estuvo al borde de la muerte y escapó corriendo del hospital.
Mientras embalaba mis cosas para la mudanza, me tope con uno de los casettes, el único que guarde con su programa. Recordé que fue uno de los motores que me inspiraron para hacer radio cuando tenía 16 años.
Hoy después de casi 30 años de haber pisado por primera vez Parque Patricios,  volví a quedar absorta al verlo, me reí cómplice de mis pensamientos y camine por Av. Caseros preguntándome si alguna vez el Loco habrá usado silla de ruedas….