20 ene. 2018

Cuando la estética mata a la historia



En el barrio de Palermo  está la Parroquia San Francisco Javier sita en Borges entre Nicaragua y Costa Rica.
Originalmente fue construida como una capilla dependiente de la Basílica del Espíritu Santo, templo de la Parroquia de Nuestra Señora de Guadalupe (Mansilla y Guatemala en Palermo).
El terreno fue donado por una vecina del barrio a la Obra de la conservación de la Fe, y en 1907 fue la colocación de su piedra fundamental.
La idea original era la de tener un lugar intermedio, donde los fieles más alejados a Guadalupe, pudieran acercarse a misa o simplemente a rezar.
Finalmente y a pesar de no estar del todo terminado, el templo fue inaugurado en 1913.
En 1934, a la capilla se le sumaron dos colegios primarios y gratuitos a sus lados, a la derecha el Santa Rita para niñas, que también era hogar de monjas y a la izquierda el San José de varones, que compartió espacio con la casa parroquial.
No paso mucho tiempo hasta que la capilla fue declarada Parroquia e independizada.

Postales del mundo

Postal Española anterior a 1952
Por su historia, desfilaron 15 párrocos e innumerables tenientes, diáconos, sacristanes y seminaristas. Algunos de ellos protagonistas de hechos policiales oscuros y macabros acontecidos en la década del 60. La mala fama de los curas y el lugar provocaron una merma en la feligresía. 
Pero unos años antes de que esto ocurriera, alrededor de 1950, el altar de San Francisco  Javier era objeto de admiración. Tanto así que en España, se imprimieron tarjetas postales con la foto del mismo. En ella se podía ver su cúpula de ladrillos marcados, un gran ángel coronando el altar en exceso ornamentado con  el sagrario en medio.




La era de los cambios

Altar modificado 
En 1952 y como conmemoración de los 400 años del fallecimiento del Santo medico y misionero, en su cúpula se pinto un fresco donde se veía a San Francisco Javier en su lecho de muerte mirando hacia el cielo a Jesús que viene en su búsqueda.
Llegados los años 80, la parroquia lidiaba con la escasez de fieles, pero la presencia de un cura joven tercermundista con sueños revolucionarios hizo que de a poco se acercaran los jóvenes, algunos de ellos ex alumnos de los colegios.
Para 1986 el lugar contaba con un espíritu renovado, aunque con unas instalaciones claramente deterioradas. A partir de allí y con un nuevo cambio de párroco comienzan las remodelaciones.
En el primer lavado de cara, se repararon y pulieron los bancos, se removieron los altares de los santos y  se retiraron de los muros internos  las placas de bronce que se habían colocado a través de los años a modo de agradecimientos y recordatorios,  (las placas nunca volvieron, según testigos de la época, las mismas fueron sustraídas y vendidas al peso a un chatarrero de la zona, quien las corto para ser fundidas) En el frente se realizó una Ermita, que contenía una virgen de Lujan, y se colocaron rejas internas, que permitían el templo abierto pero no accesible.
Mas adelante, y por orden del vaticano, se modifico el altar que estaba distribuido para dar la misa de espaldas a los fieles.
Esta vez una importante obra realizada, removió el altar por completo y traslado el sagrario de mármol hacia un costado. Muchos de los mármoles antiguos no soportaron la manipulación y se partieron, quedando inutilizados. En su lugar se colocaron nuevos de inferior calidad.
Las ornamentaciones de los santos que habían sido removidas con anterioridad, fueron recicladas para hacer un altar a la virgen de luján que estaba en el frente, e entronizar la imagen en el templo. En su lugar se empotró una cruz del tercer milenio.
Se construyo un campanario improvisado sobre el techo de la secretaria parroquial, por donde se veía bajar la cuerda que movía el badajo.
El antiguo Armonio fue rotando por todos los rincones, y la escalera caracol de madera que llevaba al coro fue clausurada con rejas.
El fresco descascarado por el tiempo, fue maravillosamente restaurado por un sacerdote, Mario Beveratti, que además contaba con un titulo en bellas artes.
Ya entrados los 90, la parroquia lucia un poco mas despojada y distinta.
Las obras se trasladaron a la casa parroquial, consistían en la remodelación de una finca lindera al colegio San José, que había sido donada por un vecino decadas atras y se encontraba en condiciones de abandono.
Los curas continuaron desfilando y en el tiempo que siguió, la reforma le llego a los colegios. Las monjas se fueron, se le cambiaron los nombres por San Francisco Javier, se incorporó secundario y los edificios fueron remodelados. Seguramente la cuota también aumento, ya que desde los años 60 eran pagos.
Cada tanto el templo sufría una nueva remodelación, que lo despojaba aun mas de su imagen primigenia.

Parroquia 2.0

vista 2016
Con el nuevo milenio, y una nueva lavada de cara al templo, un día así sin más, el fresco de la cúpula desapareció.
La excusa fue un proyecto con motivo de celebrar el centenario, que  contemplaba terminar la construccion que habia quedado inconclusa en 1913 y plasmada en los planos originales de 1907. Aparentemente en ellos se proyectaba 3 ventanales de vitraux en el frente, y una gran ornamentación con el nombre del lugar.
Una vez más la fachada cambió. La cruz se sacó, se construyeron los ventanales, se colocó un friso con el nombre de la parroquia, se le colocaron columnas romanas. La virgen de luján fue a parar a el lugar que alguna vez ocupó el sagrario en el centro del altar, la puerta que conectaba el templo con la secretaria desapareció, los bancos se achicaron, y algunos santos se esfumaron, mientras que otros cambiaron de lugar, igual que el armonio.



Actualmente y si lo comparamos con la foto de aquella postal española, el templo que alguna vez fue admirado por los europeos, se convirtió en un moderno loft palermitano. Un gran salón en tonos pastel, cool, impoluto, con calefacción,  luces led y bancos minimalistas prolijamente alineados. En su interior  se pueda celebrar misa o montar una feria de diseño, da lo mismo,  ya que de la construcción original de hace mas de un siglo poco queda, y lugar es lo que sobra…