La historia de «El loco de la vinería» es una de las más leídas de este blog. Esto me dio la pauta de que a muchas personas les interesaba saber sobre el presente de Carlos. Fue entonces cuando decidí hacerle una entrevista, más de 30 años después, pero esta vez con la ayuda de la tecnología para darle imagen y movimiento.
No fue fácil mi empresa. Unos días antes de que pasara por su vinería, Carlos fue sometido a una complicada práctica médica relacionada con su salud cardíaca. Sus hijos, ahora a cargo de la vinería, fueron extremadamente amables. Luego de varios meses y algunas citas fallidas, finalmente, en octubre de 2026, se realizó la entrevista en el mismo lugar donde fue hecha por primera vez, en 1991, por esta servidora.
Acá les dejo el video, que está en el nuevo canal de Habitantes de Bs. As.. Si les gusta, denle amor, comenten y suscríbanse. También van a encontrar la entrevista original y contenido de historias nuevas que aún no publiqué en este blog.
Gracias por la compañía y el apoyo a través de los años.
Esta
historia sucedió en el barrio de La Boca en mayo de 1931. Si bien lo acontecido
es un hecho de violencia, la forma en que se narró en los diarios de la época
lo convierte en una verdadera tragedia griega.
El día 15 de abril de 1931, Fotio
Saratopulo concurrió a la comisaría 24, sita en Pinzón 456, en el barrio de La
Boca, para denunciar el presunto asesinato de su pariente Jorge Bacuros (24
años).
La cuestión es que Saratopulo
vivía en una habitación de la calle Pérez Galdós 172, en el barrio de La Boca.
En esa misma casa se hospedaban Demetrio Athanasoupoulos y Antonio Niajo, ambos
amigos y miembros, al igual que él, de la comunidad griega. La noche anterior
estos dos no habían ido a dormir a su casa, cosa que al denunciante le llamó
poderosamente la atención, ya que nunca sucedía. Pero en la mañana se lo había
cruzado a Demetrio y le preguntó por su ausencia. La respuesta fue que tenía
miedo de ser arrestado, ya que un griego le había disparado y él, para
defenderse, lo había matado de varias puñaladas y el cuerpo había sido
enterrado en una zanja de los terrenos de la Usina.
Demetrio ignoraba que el muerto
en cuestión era familiar de Fotio, por eso no dudó en contarle lo sucedido y
este, ante la sospecha, decidió recurrir a la policía para contar lo que sabía.
El comisario Juan Ramón Romariz (célebre
actor en los sucesos de la semana trágica de 1919 y autor del libro que narra
la historia) y subcomisario Antonio Díaz
escucharon con atención el relato del griego y lo tomaron con pinzas… No había
cadáver, no había pruebas, no había testigos, solo una versión dudosa y vaga.
Pero dos oficiales, Deicernia y Alda, lo persuadieron para investigar, así que
decidieron buscar algún indicio de la desaparición de Jorge Bacuros.
La
víctima
Jorge
Bacuros había venido de Grecia solo, hacía ya varios años. Aquí solo tenía un
pariente con el que mantuvo contacto epistolar y fue el que lo animó a venir a
la Argentina. Pese a que hacía unos años que estaba radicado, no tenía
antecedentes penales. Vivía en la habitación de una fonda ubicada en la calle
Gorriti 4502, donde solían vivir miembros de la comunidad griega. Trabajaba de
peón en el puerto, donde era compañero de Demetrio Athanasoupoulos y de
Demetrio Saerjo. Cuando no había trabajo, solía viajar a hacer changas en
Santiago del Estero y Chaco.
La hipótesis
Jorge
y los dos Demetrios trabajaban juntos. Ante la falta de trabajo, el Demetrio de
la calle Perez Galdos le presta plata a Jorge para que pruebe suerte en
Santiago del Estero. A su regreso, lo van a buscar para que les devuelva el
préstamo, se toman unas copas de más, lo matan y esconden el cuerpo.
La pesquisa y los testigos
El primer paso fue ir en busca de
los presuntos acusados. Domingo Ferrando era el encargado de la casa donde
vivían los sospechosos y fue quien confirmaría que el día martes 14 por la
mañana fue el último día que se cruzó con Demetrio y Antonio. Los vio preparar
unos paquetes y los notó mantener una charla con evidente nerviosismo, pero
como hablaban en griego no entendió nada…
Pero su esposa sería quien
encendería las alarmas al testificar que esa madrugada despertó al oír que los
griegos conversaban en el patio, cosa que le llamó la atención porque era un
horario en el que no solían estar levantados. Ante semejante acontecimiento, no
le quedó otra que espiar sin que la vieran por las rendijas del postigo. Fue
entonces cuando vio a Demetrio lavar un pantalón en el pileton del patio
mientras conversaba nerviosamente con su cómplice, pero, claro está, no sabe de
qué porque hablaban en griego…
Fue entonces que, junto con
Fotio, el denunciante, los policías deciden revisar la habitación en busca de
ropa manchada de sangre. En la búsqueda, frustrado, Fotio descubre que falta de
la mesa de luz un cuchillo grande y filoso, propiedad de Demetrio. Ante la
sospecha de que tal vez sí hubo un crimen, los policías se llevan documentos y
fotografías de los sospechosos para iniciar una investigación.
El
cómplice
El
siguiente paso fue ir en busca de Antonio Niajo, el compañero de cuarto y
supuesto cómplice de Demetrio. Con tal fin, se dirigieron al bar de la calle
Suárez 301 y Necochea, donde trabajaba de lava copas. Al ser interrogado por el
paradero de Bacuros, se hizo el sorprendido y dijo que no sabía nada ni de él,
ni sobre su compañero de cuarto y menos sobre el otro Demetrio.
La fonda griega
Lo primero que hizo el dueño de
la fonda de la calle Gorriti ante la presencia policial fue hacerse el
desentendido cuando le mostraron la foto de los sospechosos, pero en cuanto le
contaron sobre la desaparición de Bacuros, le volvió la memoria de repente.
Parece que Jorge era un buen
inquilino que solía rentar un catre desde hacía tiempo. Incluso luego de su
viaje por el interior, fue recibido nuevamente.
El hombre contó que el día 14
fueron unos griegos a visitarlo y serían los de la foto. Se bebieron unas
copas, se fue con ellos y nunca más regresó. Incluso sus pertenencias, dos únicas
valijas, todavía estaban en el lugar. Claro está, nunca supo de qué hablaban
porque no entiende griego.
Los policías se fueron del lugar
con fotos y pasaporte de la víctima.
Marche preso
De regreso en el bar donde
trabaja Niajo, interrogan al propietario, Justo Bortofulo, y confirma que la
noche en cuestión, Saerjo, Athanasoupoulos y Bacuos, a quien reconoce por la
foto, estuvieron tomándose unas copas en una mesa junto a su empleado Niajo. La
conversación escaló de tono y comenzaron a pelear, hasta que Niajo golpeó con
fuerza un vaso en la mesa, pagó y se fueron los cuatro, pero como hablaban en
griego nunca se enteró qué decían. Ante semejante revelación, Niajo
fue esposado y detenido.
En
busca de los Demetrios
Los
dos sospechosos sueltos trabajan en el puente del Ministerio de Obras Públicas,
sito a la altura de la calle Belgrano, en el puerto. Pero al concurrir la
policía al lugar pudo constatar que los antedichos no concurrían a su trabajo
desde el día 12 de abril e inclusive tampoco habían ido a cobrar la quincena.
Por lo que la policía decide poner una alerta a nivel nacional.
Seguimos sumando Demetrios y testigos
Al enterarse de la búsqueda
policial, concurre a la comisaría Demetrio Teodoropulo, comerciante y policía
retirado, para declarar que Saerjo había estado en su casa pidiendo consejo. Le
contó que durante una pelea su compañero mató de dos puñaladas a un hombre en
supuesta defensa propia y necesitaba consejo sobre qué hacer.
Teodopulos le aconsejó que se
entregara. Saerjo se marchó con el consejo, desconociendo que el dador del
mismo tenía un pasado como policía.
En una ampliación de su
testimonio diría que tuvo intención de contar lo sucedido antes, pero como vio
que en los diarios, al día siguiente, no se hablaba de ningún muerto a puñaladas,
supuso que la confesión de Saerjo no era más que la de un borracho.
Siguiendo la pista de la
comunidad griega, los policías llegaron a una tintorería en Corrientes, casi
Callao, donde su propietario confirmó que conocía a los prófugos y que habían estado
en su casa para pedir un préstamo de 10 pesos para ausentarse de Capital.
Rechazando un reloj como garantía y apelando a la condición de trabajadores
honestos, el tintorero griego les dio la suma y no los volvió a ver nunca más.
La
aparición sin vida de Bacuros
El día 20 de abril y casi por
azar es encontrado el cuerpo sin vida de Bacuros, que desde el día 14
permaneció enterrado en una zanja en el baldío de la Usina (actualmente el
predio que ocupa Catalinas Sur), con una extensión de más de 7 cuadras. El
predio, que a principios de siglo estaba habitado por cientos de “cirujas” y
pertenecía a la empresa Sociedad Catalinas Warehouses y Depósitos Muelles de
las Catalinas, para 1931 solo era habitado por dos individuos que vivían en
“cuevas”, nombre con el que se denominaba a los depósitos subterráneos, ya que
hacía poco tiempo que se había desalojado para comenzar obras, que en primer
lugar constaban en el relleno y nivel del terreno.
El viejo alemán y el rengo
español confirmarían que aquella noche escucharon discutir y sintieron un
disparo, pero que no sabían de qué se trataba la discusión porque no entienden
griego. Tampoco salieron de sus cuevas porque son frecuentes las peleas entre
marineros en el lugar. Sumado a eso, el único foco que podía dar luz justo esa
noche estaba apagado.
Pero, contra todo pronóstico, a
las 13.30, los bomberos que trabajaban a ciegas bajo la copiosa lluvia frente a
la Usina notaron que, a 100 metros de Pedro de Mendoza, frente al galpón de la
Aduana, un perro grande escarbaba la tierra y ladraba insistentemente. Curiosos
por la insistencia del can, se dirigieron al lugar y, a 50 cm del suelo, las
palas comenzaron a chocar con el cuerpo de Bacuros. Vestido de traje oscuro,
con los bolsillos hacia afuera, como si alguien hubiera buscado algo, yacía
inerte, con visibles manchas de sangre y cuatro heridas punzantes.
Detenidos por portación de rostro
La policía había logrado seguir la pista de los prófugos hasta la localidad
de San Nicolás, donde habían llegado en tren desde Rosario y realizaron un
llamado telefónico a un primo de Athanasoupoulos que residía en Villa
Constitución, en la provincia de Santa Fe, con el fin de solicitarle que les
pagara una deuda de 500 pesos que había contraído mientras estaban ambos en
Grecia. Pero, al enterarse por los diarios de que la policía los buscaba,
tuvieron miedo de ir a la casa del primo y ser aprendidos. Como había una
alerta, la compañíatelefónica a viso de
la llamada a la policía, a pesar de que la telefonista no supo de qué hablaban
porque no entendía griego.
Un mes después del hecho, el 15 de mayo, en Villa Constitución, provincia
de Santa Fe, fueron apresados los Demetrios por un incauto policía pueblerino
que, entrando a un almacén de ramos generales a comprar, se los cruza de frente
y, al verles cara sospechosa, les pide documentos. Ante la falta de estos, son
llevados a la comisaría donde, al averiguar antecedentes, descubren que son los
griegos buscados en Buenos Aires. El dúo, al momento de la detención, trabaja
de peón en una estancia de Estación Theobald y se encontraba en el pueblo con
el fin de comprar ropas.
Los griegos habían conseguido llegar a dicha provincia gracias a la ayuda
de un coterráneo que les prestó el dinero para los boletos de tren y los llevó
en auto a la estación.
El crimen de La Boca fue por una dentadura
Una vez apresados, no les quedó
otra que confesar y echar luz sobre el móvil del crimen.
Athanasoupoulos contó que cuando
Bacuros se quedó sin trabajo le pagó la pensión en la calle Gorriti e incluso
lo llevó a vivir con él. Una noche, cuando regresó a su casa de Pérez Galdós,
notó que Bacuros se había ido y con él se había llevado una dentadura de oro
que Demetrio guardaba en un mueble.
Bacuros vendió la dentadura,
valuada en 160 pesos, y compró un boleto a Santiago del Estero. Allí permaneció
casi un año, regresando a Capital el 12 de abril y alojándose en la calle
Gorriti.
El día 13, los Demetrios van a su
encuentro y, entre copas, en la fonda de Gorriti y Gascón, le reclaman el
dinero correspondiente a la venta de la dentadura. Luego de unos tragos, los
tres se dirigen en busca de su amigo lava copas al bar de Suárez y Necochea,
con el fin de dirigirse todos juntos a la casa de la calle Galdós y actue de
mediador. Pero en el bar ya pasados de copas vuelven a discutir.
De camino a Pérez Galdós y cuando
llegan a la Usina, Demetrio vuelve a reclamarle el dinero de la dentadura y se
produce una violenta discusión. Demetrio saca de sus ropas un cuchillo de
importantes dimensiones con el que infiere a su contrincante cinco heridas en
el cuerpo, mientras Saerjo trataba de separarlos y Niajo huye despavorido a
refugiarse en su domicilio.
Bacuros se desploma y Demetrio,
cayendo en cuenta de lo que había hecho, pide ayuda a Saerjo para deshacerse
del cuerpo. Entre los dos trasladan a Bacuros hacia una zanja donde lo tiran y
tapan con tierra, sin advertir que Bacuros no estaba muerto.
Posteriormente se dirigen a la
vera del río a arrojar el arma homicida y planear la fuga.
Esta declaración en la policía
fue hecha en castellano, porque el comisario no hablaba griego y no hubiera
entendido nada.
Bar de Suarez y Necochea Casa de la calle Perez Galdos Usina Terrenos donde encuentras el cuerpo
Siempre me caractericé por querer saber más sobre las historias que
me contaban, sobre todo cuando me las contaban a medias y las acompañaban con
un "eso es secreto" o un "es mejor que no lo sepas". En el
caso de la siguiente historia, el detonante fue una frase distinta: "Mejor
ahí no entres; no vas a querer ver lo que hay". Y claro está, eso fue motivación suficiente para investigar.
A principios de los años noventa, mientras estudiaba
Periodismo, trabajaba en el área de prensa y difusión de una asociación civil
dedicada a la prevención y el tratamiento de las adicciones, que había sido fundada por una familia en el año 66.
La institución ocupaba un amplio terreno formado por
varias casas unidas a través del pulmón de manzana, con salidas tanto a la
calle Guardia Vieja como a Pringles, en el barrio de Almagro. La extensa
superficie albergaba diversas instituciones, todas dirigidas por miembros de la
familia Calabrese.
En Guardia Vieja 4376 —donde actualmente funciona la
Asociación Corigliano Calabro— se encontraba D.A.R.S.E., una institución
dedicada a ayudar a las comunidades mapuches y dirigidas por Mariano Calabrese.
En Pringles 947/945 funcionaba el Fondo de Ayuda Toxicológica, comandado por
Alberto Calabrese (h), mientras que en el 951 estaba el Instituto de Terapia
Genética, dedicado a la investigación y al tratamiento con ADN, a cargo del
Dr. Calabrese, padre. (Hoy, en el terreno que ocupaban esas tres
propiedades, se levantan dos edificios).
Todas las construcciones se comunicaban entre sí y
convergían en un patio central que servía de paso hacia el sector de
tratamiento, ubicado en un primer piso, y hacia un salón de actos que
regularmente se prestaba a una asociación de inmigrantes chilenos para la
realización de sus reuniones mensuales.
Al tratarse de una superficie tan grande y
laberíntica, siempre había lugar para albergar nuevos emprendimientos y también
para funcionar como depósito eventual de objetos pertenecientes a amigos y
conocidos. Con ese fin existían dos depósitos: uno ocupaba el antiguo cuarto de
la terraza y el otro se encontraba junto al patio mencionado. Este último era
un galpón de altas e irregulares puertas de madera, pintadas de verde
sintético, atravesadas por dos gruesas cadenas que pasaban por sendos orificios
y se aseguraban con un enorme candado.
La medida resultaba desproporcionada si se tenía en
cuenta que allí solo se almacenaban los artículos de limpieza, historias
clínicas viejas, muebles en desuso, bártulos diversos y viejo material de cartelería
y publicidad.
No era un lugar muy frecuentado por los empleados de
las distintas instituciones. Encontrar algo entre aquel desorden era una tarea
titánica, además de sumamente polvorienta.
La verdadera razón de aquel enorme candado solo la
conocían los miembros de la familia. En las estanterías, ocultos dentro de
antiguas cajas de cartón, permanecían escondidos desde hacía años los espantos
del doctor Domínguez.
Amigos para la aventura
Calabrese y Dominguez
El Dr. Calabrese
y el Dr. Domínguez eran amigos desde jóvenes. Ambos habían trabajado juntos en
diversas instituciones médicas, como el Hospital Pediátrico Pedro Elizalde, la
Maternidad Sardá y el Hospital de Clínicas. Si bien cada uno ejercía una rama
distinta de la medicina —Calabrese era médico clínico e investigador, mientras
que Domínguez era cirujano infantil especializado en malformaciones
congénitas—, con el paso de los años forjaron una sólida amistad.
Tan estrecho era
ese vínculo que Domínguez no dudó en pedirle a Calabrese que custodiara su
valioso tesoro, rescatado de los volquetes de demolición del Hospital de
Clínicas durante la década de 1970. Aquel tesoro sobrevivió a tres mudanzas y
permaneció, tras la muerte de ambos, como parte de una herencia, hasta
encontrar finalmente su morada definitiva a metros de donde fue hallado.
Génesis
El hospital de clínicas comienza su construcción en 1877
en la manzana delimitada por las avenidas Córdoba
y Juan José Domínguez (actual Paraguay), y las calles Junín y Uriburu. En ese predio había funcionado el regimiento de Patricios y la Facultad de Medicina.
En 1881 Se habilita de urgencia como hospital militar
para atender a los heridos de las batallas por la federalización de Buenos
Aires.
Finalmente en 1884El 1 de marzo abre formalmente sus puertas al público general y a la
docencia universitaria.
En1927 y con
solo 43 años desde la inauguración oficial, se sanciona la Ley 11.391 que ordena la
construcción de un nuevo edificio adaptado a la medicina moderna, justo
enfrente de la sede original.
La Colocación de
la piedra fundamental se realiza en 1949 y Se inicia formalmente la construcción del
rascacielos hospitalario actual (Av. Córdoba 2351), diseñado por el arquitecto
Sebastián Ghigliazza.
Para 1960
Comienzan a trasladarse los primeros servicios médicos al nuevo edificio en
torre de 135 metros de altura. Para concluir en 1971 la mudanza de todas las
cátedras y salas de internación.
Demoliendo mitos
El 7 de febrero
de 1975 comenzaron formalmente los trabajos de demolición del viejo Hospital de
Clínicas. El proyecto inicial contemplaba, de manera ambiciosa, la conservación
de aquellos pabellones del siglo XIX que poseían un alto valor histórico y
arquitectónico. Sin embargo, poco tiempo después de iniciadas las tareas, la
obra quedó abandonada debido a la inestabilidad política y económica del país, y
el predio terminó convertido en un terreno baldío, cubierto de escombros y
alimañas.
Con la llegada
de la dictadura militar, en 1976, la entonces Municipalidad de la Ciudad de
Buenos Aires redefinió por completo el destino de la manzana. Se canceló definitivamente
el plan de preservar los pabellones históricos del hospital y se procedió a su
vaciamiento y posterior demolición. Los volquetes apostados en las
inmediaciones del predio fueron rápidamente colmados con mobiliario antiguo,
equipamiento obsoleto y demás cuestiones.
Fue entonces
cuando comenzó a circular la versión de que también se habían descartado
residuos patológicos y piezas únicas utilizadas como material de estudio.
En 1980 fue
inaugurada la Plaza Dr. Bernardo A. Houssay. Ese mismo año, la restaurada
capilla —única sobreviviente de la demolición— fue cedida formalmente al
Arzobispado de Buenos Aires, convirtiéndose en la primera Parroquia
Universitaria San Lucas, destinada a la comunidad de las facultades de
Medicina, Odontología y Ciencias Económicas que rodean el predio.
Domínguez
el salvador
Lo cierto es que
el Dr. Domínguez, quien trabajaba en el nuevo edificio del Hospital de
Clínicas, pasaba todos los días frente a los volquetes. Grande fue su espanto
cuando vio asomar entre los escombros, muestras patológicas junto con otras piezas de estudio que conocía
muy bien, ya que pertenecían a su área de especialización.
Lo primero que
pensó al descubrirlas fue en cómo rescatarlas. Sin dudarlo, se aventuró a
sacarlas del contenedor y cargarlas en su automóvil. Sin embargo, eran
demasiadas y no tenía dónde guardarlas.
Fue entonces
cuando pidió ayuda a su amigo, el Dr. Calabrese, quien en 1964 había creado el
Fondo de Ayuda Toxicológica, que inicialmente funcionó en la Cátedra de
Toxicología de la UBA. Para ese entonces, la institución ya contaba con una
sede propia en una casona de la calle Guardia Vieja 4366, en el barrio de
Almagro, donde había espacio suficiente para conservarlas hasta decidir cuál
sería su destino definitivo. Calabrese no lo
dudó y dio resguardo a aquel inusual tesoro.
Las
Mudanzas
En la segunda
mitad de los años 80, la institución se muda a su nueva sede, ubicada a pocos metros de la anterior. Durante la mudanza aparecen las reliquias de Domínguez,
que habían quedado olvidadas en el sótano de la casona. Sin decidir aún dónde
donarlas, son trasladadas al nuevo domicilio que, como contamos al principio,
constaba de cuatro propiedades unidas entre sí.
Su primer
destino es el sector correspondiente a la Fundación DARCE, que ocupaba el
frente de la calle Guardia Vieja, era lindero al domicilio anterior y el menos concurrido, ya que allí se
almacenaban las donaciones destinadas a las comunidades mapuches.
Pero en 1991 los
dueños de esa propiedad deciden vender el terreno, y el mobiliario junto con
los demás objetos son trasladados a los depósitos de la calle Pringles. Al
mismo tiempo, se clausura la puerta que comunicaba ambas propiedades.
Para ese
entonces yo ya trabajaba en la fundación y mi oficina (que compartía con
Susana, la nuera del Dr. Domínguez) era lindera al depósito en cuestión.
Generalmente entraba sin problemas, ya que la cadena solía estar colgando y el
candado, abierto. Pero un día eso cambió y la puerta permaneció siempre
cerrada.
Las llaves las
tenía Arias, el encargado de mantenimiento, un provinciano grandote y bonachón
que cuidaba celosamente cada rincón de la institución.
El, fue el primero en
decirme:
—Tengo orden de
que no entre nadie.
Como todo tiene
un porqué y las cosas no cambian porque sí, me dirigí a mi jefe inmediato,
Mariano, y le pregunté qué había pasado. Me respondió que durante la mudanza
había llegado "algo" y que estaba guardado ahí. Ante mi insistencia,
agregó:
—Te conviene no
verlo porque te vas a espantar.
Sin lugar a
dudas, lo peor que se le puede hacer a una aprendiz de periodista es sembrarle
una duda. Joven y preguntona, seguí insistiendo. Esta vez la respuesta fue:
—No lo tiene que
ver ninguna mujer porque le puede hacer mal.
No conforme con
la explicación, recurrí a Fernando, el nieto del Dr. Calabrese, que oficiaba de
cadete multipropósito y había sido uno de los encargados de acomodar las cosas
en el depósito. Con la confianza y la impunidad que nos permitía la edad —ambos
teníamos 19 años— lo encaré y le pregunté qué había allí.
La respuesta fue
concreta:
—Los frascos de
Domínguez. ¿Querés verlos?
Luego de
conseguir la llave, nos aventuramos en el depósito y, sorteando muebles y cajas
polvorientas, llegamos hasta una estantería apoyada contra la pared del fondo.
Envueltos en papel de diario, Fernando comenzó a sacar antiguos frascos con
formol que contenían bebés fallecidos al nacer con malformaciones congénitas;
rectángulos de acrílico que resguardaban pequeñas momias de dos cabezas; fetos
disecados de tres piernas, y un muestrario infinito de cuerpos cortados en
fetas y colocados entre vidrios para su estudio. Las fechas, escritas a máquina
sobre papeles amarillentos por el paso del tiempo, eran todas anteriores a
1900.
Todas esas
piezas me recordaron a las que había visto años antes en el museo de la Morgue
Judicial. No me impresionaron, pero hasta el día de hoy recuerdo aquellos
cuerpos inertes flotando en formol, que parecían hechos de plastilina.
Salí de ahí
alucinada y no pude evitar confesar la travesura con un:
—¿Tanto lío por
eso?
Pasaron los
años. Yo cambié de trabajo, pero siempre seguí en contacto con los miembros de
la institución.
Destino final
El 27 de octubre
de 1998 el Dr. Calabrese fallece a los 86 años. Unos años más tarde también
muere el Dr. Domínguez.
Con la llegada
de 2001 y en plena crisis, el dueño de las propiedades decide venderlas. La
fundación, que no contaba con el capital necesario para comprarlas, debe
encarar una nueva mudanza. Esta vez se traslada a la calle Sarmiento 4470,
esquina Pringles, a una casa alta de dos pisos que pertenecía a otra institución
al borde de la extinción. Para afrontar los gastos deciden compartir el
espacio.
No fue una tarea
sencilla trasladar todo lo acumulado durante tantos años a un lugar tan
reducido. En medio de ese trabajo, al comenzar a vaciar el depósito, vuelven a
encontrarse con lo que para entonces ya era la herencia olvidada del Dr.
Domínguez.
Ante la
encrucijada de qué hacer con ese material, comprendieron que no podían
llevárselo, pero tampoco arrojarlo a un volquete. Entonces decidieron
trasladarlo a la casa de quien para ese momento ya era la ex nuera del Dr.
Domínguez y depositar las cajas en el living, con la premisa de que las
custodiara y la promesa de retirarlas a la brevedad, una vez que decidieran
cuál sería su destino final.
Imposibilitada
de negarse frente al hecho consumado, Susana convivió durante un largo e
interminable mes con los espantos del Dr. Domínguez.
Finalmente,
Calabrese (h) consiguió que la Facultad de Medicina aceptara quedarse con aquel
material de estudio.
Después de
treinta años, aquellas piezas volvieron a escasos metros del lugar de donde
habían sido rescatadas heroicamente por un hombre que entendió que no podían
terminar en la basura. Que destruir la historia nunca debía ser una opción y
que esos cuerpos deformes habían sido preservados para cumplir con la misión
que les fue encomendada: servir como material de estudio para evitar que su historia se
repita.
De Filomena De la Villa de Suárez sabemos que nació en 1835, pero desconocemos el año de su muerte. Lo que sí sabemos es que en 1937, con 102 años, era conocida entre los vecinos del Bajo Belgrano como la reina de las empanadas caldosas.
Esta historia no tiene fechas precisas, pero sí nombres concretos y datos poco conocidos de personalidades de la historia argentina, todos relatados por la propia Filomena en una entrevista realizada ese año
Dos maridos
Hija del dueño de una chacra, nació en las Lomas de San Isidro, o, como ella las llamaba, “el pueblo norteño de las barrancas lindas”. Allí se casó joven con un francés llamado José Cherón. Su padrino de bodas fue Benigno Velásquez, recordado por haber hecho sonar las campanas de la iglesia de San Isidro el 27 de enero de 1856 para anunciar la creación del municipio, en su carácter de flamante vice intendente municipal. Parece que su primer matrimonio duró poco, ya que contrajo segundas nupcias, esta vez con el español Antonio Suárez. La boda se realizó en la iglesia de San Telmo. Antes de enviudar nuevamente, tuvo con él dieciocho hijos. En 1937, solamente siete seguían con vida.
Un diputado
Maneco Demaria (H)
En 1872 trabajaba en la casa de la familia Demaría. Una de las cosas de las que Filomena se sentía más orgullosa era haber sido ama de leche de Marino Demaría (h), y de la persona en la que este se había convertido. “Maneco”, como era conocido, nació el 26 de agosto de 1872. Su padre era un reconocido abogado y vocal de la Unión Cívica Radical, partido al que su hijo se incorporó en 1889, ocupando posteriormente el mismo cargo. Más tarde, como miembro del Partido Conservador, fue elegido diputado en cinco períodos legislativos (1900-1904, 1914-1918 y 1920-1923). Este último mandato quedó inconcluso debido a su fallecimiento, ocurrido el 21 de septiembre de 1923, a los 51 años.
Dos banqueros
Juan Ventura Cardenas
Otra de las familias para las que cocinó fue la de Juan Ventura Cárdenas, nacido el 21 de noviembre de 1837. Contador y empresario argentino, se casó en 1864 con la uruguaya Adela Montaño, nacida en 1842, con quien tuvo cinco hijos entre 1865 y 1873.
Adela falleció el 29 de julio de 1897, a los 51 años. Ventura, como era conocido, se desempeñó como presidente del Banco Hipotecario de la Provincia de Buenos Aires y director de la Caja de Conversión. Durante la década de 1890 participó activamente como firmante de los billetes de cinco centavos y como autoridad de la Junta de Moneda Nacional.
En 1902, en homenaje a su esposa, donó una talla de madera de la Virgen del Carmen a la Catedral de San Isidro.
Falleció el 3 de noviembre de 1920, a los 83 años, habiendo sobrevivido a varios de sus hijos.
Jose Carabassa
José Carabassa también figuraba entre quienes habían disfrutado de la cocina de Filomena. Nacido en el Consulado Español en Portugal el 19 de marzo de 1831, era hijo de un diplomático español nombrado conde palatino por el Vaticano. Tras la muerte de su padre emigró a Buenos Aires y fundó un banco con su nombre en la esquina de Piedad (actual Bartolomé Mitre) y Reconquista. En 1891, el Banco Carabassa fue adquirido por el Banco de Londres y Río de la Plata.
Poseedor de una importante fortuna, en 1858 se casó con Felisa Ocampo y Silva, nacida en 1839, con quien tuvo cinco hijos y fijó residencia en Lafinur 2988. Felisa se dedicó a la caridad y fue fundadora de hogares para viudas con hijos y sin vivienda, conocidos como “asilos para viudas vergonzantes”. En 1893 adquirieron una modesta propiedad en la esquina de Lafinur y Gutiérrez y contrataron al arquitecto Pirovano para construir allí una mansión de gran lujo. En la actualidad funciona en ese edificio el Museo Evita. José falleció en 1895, a los 64 años; Felisa, en 1914, a los 80.
Dos presidentes
Tomasa Alem
Filomena dedicó muchos años de su vida a cocinar para los hermanos Alem. Junto con Joaquina, una vieja sirvienta, atendía los pedidos de Tomasa, nacida en 1844, quien administraba la casa. Leandro, nacido en 1842 y soltero, vivía con su hermana en una casona de amplios patios, ventanas enrejadas y zaguán con puerta de hierro ubicada sobre la calle Cuyo —actual Sarmiento— entre Callao y Garantías, nombre que por entonces recibía la actual Rodríguez Peña. Para 1937 aquella casa ya había desaparecido.
Leandro N. Alem
Según recordaba Filomena, don Leandro N. (por Nicéforo) prefería almorzar en el viejo Café de París, tradicional punto de encuentro de intelectuales y artistas situado en la Avenida de Mayo 1191, o bien en casa de sus amigos políticos. En cambio, quien jamás faltaba a la cita era su sobrino Hipólito Yrigoyen, nacido en 1852. Apenas ocho años lo separaban de su tía Tomasa y vivía a pocas cuadras, en la esquina de Rivadavia y Callao. En ocasiones lo acompañaban sus hermanos Martín y Roque.
Hipolito Yrigoyen
Hipólito solía pedirle a Filomena una sencilla sopa de papas: papas hervidas en caldo, sin mayores pretensiones.
El primero en fallecer fue Leandro, quien se quitó la vida en 1896. Luego murió Tomasa, en 1927, y finalmente Hipólito, en 1933.
El monopolio de la empanada
En 1910, con 75 años, Filomena se mudó al Bajo Belgrano. Antes había vivido sobre la calle Centro América —actual avenida Pueyrredón—, en Barrio Norte, y también en la calle La Rioja, al sur de la ciudad. Su nuevo hogar fue un rancherío ubicado en Dragones 2380, esquina Blanco Encalada. En la actualidad, en ese predio funciona la Embajada de Rusia. Frente a su vivienda se encontraba el histórico Tiro Suizo, asociación fundada en Buenos Aires en mayo de 1872. La institución permaneció allí hasta 1948, cuando el Estado expropió los terrenos para destinarlos a la Fundación Eva Perón y construir la Ciudad Infantil Amanda Allen, complejo educativo y asistencial para niños huérfanos y de familias de bajos recursos que funcionó entre 1949 y 1955. Actualmente, en ese lugar se encuentra el Instituto de Rehabilitación Psicofísica.
Filomena Junto a su Nieto y esposa
Instalada en el barrio, comenzó a preparar empanadas caldosas, pasteles y tortas fritas. Cocinaba todo con grasa vacuna en una cacerola ennegrecida por el humo de la leña y abastecía tanto a los trabajadores de los studs como a vecinos del Bajo y del Alto Belgrano. Así fue construyendo su fama hasta que, en diciembre de 1931, una fuerte sudestada avivó el fogón y provocó un incendio que destruyó su vivienda. Allí perdió recuerdos de juventud, los retratos de sus dos maridos y una fotografía junto a Leandro N. Alem. Con paredes de lata y techo de chapa reconstruyó su rancho para seguir viviendo. Además, contó con la ayuda del señor Barbe, propietario de los terrenos, quien no le cobraba alquiler.
A los 102 años, Filomena vivía sola. Cocinaba, lavaba su ropa y, según decía, se iba apagando como un farol de kerosén que deja de parpadear al llegar la medianoche.
De vez en cuando la visitaban su nieto Antonio Suárez y su esposa, Leonor Grasso, quienes vivían en Olazábal 1431.
Un Periodista
Felix Lima
Félix Lima la entrevistó a pedido de su nieto para la revista Caras y Caretas. Nacido en 1880, fue un destacado periodista, escritor y cuentista argentino, reconocido como uno de los grandes cronistas costumbristas de Buenos Aires. Murió en 1943, a los 63 años.
Nunca pudo probar las empanadas de Filomena. No sabemos si ella asistió a su entierro.
Junto con los amigos de Subteradio, dimos vida a "Habitantes de Bs. AS. Tv" un canal de YouTube donde contamos las historias de forma oral y con soporte de imágenes y videos ilustrativos.
Ya podes ver y acompañar esta propuesta.
José Libertella,
fue un excepcional bandoneonista argentino, que llevo el tango a los más
insólitos puntos del mapa cuando acá se lo consideraba obsoleto y pasado moda. Fundó el Sexteto Mayor, una
agrupación icónica dentro del género, gano premios internacionales y Eric
Clapton, Liza Minnelli y Dustin Hoffman entre otros, lo esperaron a la salida de
un concierto y le pidieron una foto. Cuando Robert Duvall lo escuchó no hubo
vuelta atrás y el tango domino su vida. Pero José, no se llamaba José, no era argentino
y no tenía idea quien era Clapton. Porque como dicen por ahí, un argentino nace
donde quiere.
El soplo divino
El 9 de Julio de
1933 en Calvera, Basilicata, un pueblito
de Potenza en el sur de Italia, nace Giuseppe Nicola, segundo hijo de Giovanni
Libertella y María Magdalena D´Arino. Once meses después el 7 de Junio del 34
llega junto a su madre y su Hermana Laura a Buenos Aires donde conoce a su
padre, el cual había emigrado en cuanto se entero que su esposa estaba
embarazada, en busca de un futuro mejor para su familia. Ese futuro los
esperaba en el Pasaje Ezequiel Soria en el barrio de Villa Lugano.
De pequeño lo
llamaban Nicola, jugaba con los pibes del barrio y era monaguillo en la
Parroquia Madre de Dios que quedaba a pocas cuadras de su
casa. Su papa hacia changas de colocador de tejas y chapas, colchonero y
botellero, su mama se repartía el tiempo entre cuidar a los chicos y ayudar con
la limpieza de las botellas, porque en esos años se botellero, era literalmente
eso, reciclar botellas de vidrio.
No jugaba a la
pelota ni de arquero, pero disfrutaba escuchar los partidos de Boca y a su tío
Andréstocar la Verdulera, tanto así le
comienza a interesar la música, que a los 6 años le regalan una armónica. Pero
ninguno de esos seria el instrumento elegido.
Dos años más
tarde, a los 9, caminado el barrio de puertas abiertas de par en par, ve un dúo
de guitarra y bandoneón dando una serenata. A partir de ahí, no hubo vuelta
atrás y en un abrir y cerrar de fuelle su alma quedo atrapada para siempre.
“Yo tenía nueve años pero quede fascinado con esa caja
negra, llena de misterios y una dulzura infinita. Sentí como una revelación que
me señalaba que ese sería mi destino”
El primer fuelle
Casi un año tardo en convencer a su papa que lo ayude a comprar un
instrumento, pero Juan no quería saber nada. Su mama le servia de abogada defensora,
mientras los curas de la parroquia lo alentaban a que se dedicara a la música,
porque a las armas las carga el diablo, pero a los fuelles los sopla Dios.
Hasta que finalmente gano la música y su padre accedió aque el dinero ahorrado de propinas como
monaguillo se utilizara para comprar un instrumento.
Pero a pesar de los ahorros y un poco de ayuda, solo le alcanzo para
comprar uno que había pertenecido a una compañía humorística llamada “los
viudos”su dueño era Francisco Romano y
en las giras por los pueblos se lo daban al público para que lo patearan como
una especie de gag para que se rieran.
Con el bandoneón “cagado a palos” y la resignación de su padre que
pensó que al poco tiempo se iba a aburrir, cerraron trato con el maestro
Marafiotti que necesitaba chapas para el techo a cambio de 6 meses de clases de
música. Sus clases comenzaron el 22 de Noviembre de 1942 fecha en que se
conmemora el “día de la música”
Pasaron los 6 meses y no solo no se aburría, sino que mostraba un
dominio del instrumento avanzado para su edad, así que fue cambiando de
maestros según avanzaba.
En 1944, con 11 años toco en el club “El liberal de Chicago” el
tango “Recuerdo” acompañando bajo el escenario a la orquesta de Pugliese.
En su progreso como músico, pudo cambiar el instrumento dando el
maltrecho bandoneón en parte de pago. Ya de adulto y en esas vueltas del destino,
pudo recuperarlo y atesorarlo como un objeto preciado.
Termino la primaria, inicio la secundaria que dejo en primer año y
comenzó a trabajar a los 13 como cadete de una escribanía en el centro. Su
padre seguía sin querer que se dedique a la música, ya que consideraba que no
tenía futuro, así que paralelamente tomo clases de dactilografía para hacer
carrera de oficina.
Mientras tanto los fines de semana tocabancon una orquesta en bailes de clubes y
lugares del interior. En uno de esos largos viajes en tren rumbo a un concierto
en Las Flores y mientras ensayaban en el vagón, uno de los musicos luego
de escucharlo maravillado, lo increpo con un “pibe, venite pa´el centro, que
vas a hacer tocando ahí entre lo yuyos en Lugano” era Américo De Rose un reconocido
bandoneonista de la época.
Luces de mi ciudad
Fue citado a las 22 por Américo
en un bar de Corrientes y Talcahuano donde solían juntarse los músicos, así que
como salía a las 18 del trabajo se fue a hacer tiempo a la
calle Corrientes. Era 1947, el tenia 14 años, lo llamaban José y las luces de
la noche porteña que nunca había visto iluminaron su futuro que lo recibió con los brazos abiertos.
En ese encuentro le promete 3 meses de gira por argentina y le
pide su teléfono para concretar los pormenores del ofrecimiento. El se lo da,
aunque no el propio, ya que no tenia, sino el del almacenero.
Cuando llega de madrugada a su casa despierta a su madre para
contarle, pero ella lo baja a la tierra con un contundente “te vendieron humo”,
de todas formas cuido su relación con el despachante, hasta que la llamada
finalmente llego yfue Alberto Suarez
Villanueva (autor de “la luz de un fosforo”) quien le ofrece un contrato para
tocar en las radios y las boîtes.
El trabajo de la escribanía quedo en la historia y comenzó a
trabajar exclusivamentede músico. Tomar
la decisión le fue fácil, “Si a los 15
años no hago lo que quiero, no lo voy a hacer nunca”.
Al cumplir 18, ya con una carrera en ascenso y un nombre que empezaba a conocerse, habiendo
tocado con las orquestas más importantes, compone su primer tango “Rapsodia de
arrabal”. Es estrenado por la orquesta “Símbolo” en 1952.
La casita de los viejos
José siguió creciendo y brillando. Las giras por el todo el país
eran algo habitual. Con 29 años seguía soltero y viviendo en su casa natal de
Lugano que compartía con sus padres y hermana.
Fue en una parada en el club Independiente de Chañar Ladeado, en la
provincia de Santa Fe, donde nuevamente no puedo escapar al destino y desde el
escenario al salón, cruza miradas con Nelly Rosa Manfredi, una operaria de una
fábrica de galletitas, poseedora de gran belleza que venía escapándole con maestría
al compromiso del casamiento, quien al terminar la orquesta lo espero bajo el
escenario para pedirle un autógrafo. El le pidió un baile y luego acompañarla a
la casa. Pero quien para entonces ya era Pepe, tenía que seguir viaje, así que
pautaron encontrarse 2 días después en la plaza del pueblo. Así sucedió con
chaperona en medio y fue el comenzó de un noviazgo a la distancia.
Ella le enviaba 3 cartas por semana, él, día libre que tenia se
tomaba el tren a Santa Fe y viajaba 400 km para ver a su amada.
No paso mucho tiempo, hasta que le proponen una gira por Venezuela, así
que sucedió lo que tenía que suceder y en marzo de 1964 se casaron en Chañar
Ladeado para luego instalarse en Lugano, en la casita de los viejos.
Pepe le compra a sus papas un casa más grande a unas cuadras, con
lugar para guardar el carro de botellero y él y su hermana se quedan en el
terreno familiar, donde construyen otra vivienda anexa. José y su familia
integrada por su esposa y 3 hijos varones, Juan José (1965) Darío (1968) y
Mariano (1973) permanecen en esa casa
hasta 1982 que se mudan a una casa más grande en el barrio de Floresta.
Actualmente en ese lugar funciona el Estudio de grabación de Juan
José, quien también es productor del actual Sexteto Mayor.
Giras, Fama y una foto maestro
Para principio de los años 60 Pepe ya tenía su propia orquesta. Pero
en Argentina la juventud no escuchaba tango y lo consideraba pasado de moda. Y
como nadie es profeta en su tierra comenzaron las giras a lugares donde el
tango quería ser escuchado. Entre esos Lugares se encontraba Japón.
Allí se presento por primera vez acompañando a Edmundo Rivero, luego
ya con su propia orquesta que se convirtió en un referente del tango para los
Japoneses. A partir de ahí, se podría decir que dio la vuelta al mundo con su
bandoneón. Visito 800 ciudades a lo largo de su carrera, solo le quedo
pendiente India y África. Increíblemente no fue hasta 1981 que en una gira por
Roma, se hace un ratito para conocer el lugar donde nació y ver aquella casa
que todavía estaba en pie. Después volvería varias veces junto a su esposa.
En 1973 junto con su tercer hijo, nace el Sexteto Mayor para
terminar de convertirse en referente mundial del tango.
En esa década colaboro junto a García Ferré poniéndole el fuelle a los personajes de "Calculín" y a "Pucho" el personaje de la tira Hijitus que cantaba tango acompañado del instrumento.
Entre Gira y gira nunca paraba de tocar, incluso se lo escucho decir
“tenemos que tocar en Buenos Aires,
porque sino nadie se va a acordar de nosotros, parece que estamos siempre de
gira”
En la década de los 80 y 90 la cita inquebrantable era con Juan
Alberto Badia, que no importaba si su programa estaba en radio o tele, pero
José tenía que estar.
Era tal su reconocimiento en el mundo, quea la salida de los conciertos siempre lo esperaban sus fans para pedirle un
autógrafo y si se puede una foto,cuando
tocaba en New York (a Broadway fue por unas semanas y se quedo 6 meses) entre sus
admiradores había músicos y actores mundialmente famosos. Se podría afirmar que la
razón de que Robert Duvall se hiciera un tanguero de ley fue la fascinación que
le causo escuchar tango por el sexteto. Si hasta el mismísimo "Don Ramon" le pidió una foto cuando paso por Argentina y lo fue a ver al "Viejo almacén"
Cuenta la leyenda que terminaba de tocar en un local de la noche
porteña y se le acerca alguien a pedirle una foto, el accede y se queda
charlando, el fan le cuenta que también es músico. Como cada vez que tocaba, al
terminar la noche llama a su casa y lo atiende su hijo Mariano que para ese
entonces era su mano derecha, y le pregunta como fue el show. José responde que
todo bien y que había asistido un músico americano que le pidió una foto… Como
se llama? fue la pregunta obligada.
-Eric Clapton, pero no lo conozco, vos sabes quién es? Al
recuperarse Mariano le pido que no se fuera sin conseguir esa foto.
Los Ganadores
El Sexteto Mayor fue multi premiado, recibió galardones nacionales
entre los que se encuentran: Bandoneón de Oro, Orden del porteño, llave de la
casa de Carlos Gardel, Carlos Gardel al mejor álbum, Konex de Platino, ACE al
mejor álbum entre otros. Eso si, el que
no falto fue “la llave de Villa Lugano” como vecino ilustre.
También se llevo galardones enJapón, Francia, Alemania, y como no podía faltar EEUU, quien le otorgo
varios premios, y no otros, como ser el reconocido “Tony”, al cual estuvo nominado, pero no fue
acreedor por ser una producción Latina.
También gano el preciado Grammy en el año 2003, pero jamás fue
invitado a la ceremonia de premiación, porque los latinos no asistían. Se
entero por tele y el entonces Gobierno de la ciudad de Bs, As. encabezado por
Ibarra y Telerman, organizo su propio evento de premiación, solo había un
detallito y era que el premio todavía no estaba en manos de José, ya que lo
tenían que enviar desde EEUU. Como lo resolvemos?, pidieron uno prestado, y
para la foto lo dieron vuelta así no se veía la chapita con el nombre del
verdadero dueño.
El Último Tango en parís
Para 2004 José seguía activo como a los 15, si bien cada tanto el
cansancio le jugaba una mala pasada y se le cruzaba el “largar todo” la
jubilación nunca llegaba porque terminaba arrepintiéndose. Cuando estaba de
gira, ya no eran tres cartas por semana que le escribía Nelly, sino 3 llamadas
diarias que hacia él a su familia.En 1
noviembre de ese año fallece su hermana Laura luego de estar un mes internada.
El no poder acompañarla le pesó, pero tenía compromisos que cumplir y no pudo
regresar hasta el 30 de ese mes. No solo había estado ausente para despedir a
su hermana, sino también para recibir a su segundo nieto que había nacido el
22.
A lo largo de su carrera, la música le daba vida, pero las giras le
quitaban momentos importantes con su familia y afectos. A pesar de eso, al menos
telefónicamente, siempre estaba presente.
Solo le quedaba un compromiso ese año y era de un mes en Francia.
Antes de embarcarse nuevamente, se dio tiempo para caminatas por el barrio,
planear una vacaciones con Nelly en Chañar Ladeado y hasta tocar en el
cumpleaños 90 de un amigo, en la que sería su última noche en Buenos Aires y el
ultimo aplauso de un público argentino.
El 4 de diciembre se fue a Francia, pero el 7 después de una jornada
difícil en la habitual llamada a su familia post función les dijo muy decidido
“estoy muy cansado, se termino, las
etapas se terminan, cansado de tocar una música que nadie siente”
Al día siguiente de mejor ánimo, intercalo mates, chistes y siesta
en el micro que lo llevaba a un nuevo hotel en otra ciudad, hacia frio, mucho
frio, se dio cuenta al intentar bajar del micro, tanto que volvió por un gorro
de lana. Se adelanto al grupo al grito de “bajemos primero los más
jóvenes”pero a pesar de su alma jovial,
el cuerpo de 71no lo acompaño y se
desplomo consecuencia de un corazón cansado de estar lejos de sus afectos.
8 días después, fue despedido por su pueblo tanguero en la Legislatura
Porteña.
En su familia nadie toca el fuelle, pero su legado sigue vivo, en
cada partitura que escribió, en cada disco que grabo y en cada tango compuesto
que es descubierto por las nuevas generaciones que revivieron la llama del 2 x
4.
Pepe nació para tocar el fuelle y se fue cumpliendo su destino.
Y como un argentino nace donde quiere, también muere donde puede,
pero nunca muere para los que lo quieren.
Gracias a
Mariano Libertella por la entrevista, el archivo fotográfico personal y el libro “Jose Libertella, vida pasión y
tango”