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11 jul 2026

Los espantos del Dr. Dominguez

Siempre me caractericé por querer saber más sobre las historias que me contaban, sobre todo cuando me las contaban a medias y las acompañaban con un "eso es secreto" o un "es mejor que no lo sepas". En el caso de la siguiente historia, el detonante fue una frase distinta: "Mejor ahí no entres; no vas a querer ver lo que hay". Y claro está, eso fue motivación suficiente para investigar. 

A principios de los años noventa, mientras estudiaba Periodismo, trabajaba en el área de prensa y difusión de una asociación civil dedicada a la prevención y el tratamiento de las adicciones, que había sido fundada por una familia en el año 66.

La institución ocupaba un amplio terreno formado por varias casas unidas a través del pulmón de manzana, con salidas tanto a la calle Guardia Vieja como a Pringles, en el barrio de Almagro. La extensa superficie albergaba diversas instituciones, todas dirigidas por miembros de la familia Calabrese.

En Guardia Vieja 4376 —donde actualmente funciona la Asociación Corigliano Calabro— se encontraba D.A.R.S.E., una institución dedicada a ayudar a las comunidades mapuches y dirigidas por Mariano Calabrese. En Pringles 947/945 funcionaba el Fondo de Ayuda Toxicológica, comandado por Alberto Calabrese (h), mientras que en el 951 estaba el Instituto de Terapia Genética, dedicado a la investigación y al tratamiento con ADN, a cargo del Dr. Calabrese, padre. (Hoy, en el terreno que ocupaban esas tres propiedades, se levantan dos edificios).

Todas las construcciones se comunicaban entre sí y convergían en un patio central que servía de paso hacia el sector de tratamiento, ubicado en un primer piso, y hacia un salón de actos que regularmente se prestaba a una asociación de inmigrantes chilenos para la realización de sus reuniones mensuales.

Al tratarse de una superficie tan grande y laberíntica, siempre había lugar para albergar nuevos emprendimientos y también para funcionar como depósito eventual de objetos pertenecientes a amigos y conocidos. Con ese fin existían dos depósitos: uno ocupaba el antiguo cuarto de la terraza y el otro se encontraba junto al patio mencionado. Este último era un galpón de altas e irregulares puertas de madera, pintadas de verde sintético, atravesadas por dos gruesas cadenas que pasaban por sendos orificios y se aseguraban con un enorme candado.

La medida resultaba desproporcionada si se tenía en cuenta que allí solo se almacenaban los artículos de limpieza, historias clínicas viejas, muebles en desuso, bártulos diversos y viejo material de cartelería y publicidad.

No era un lugar muy frecuentado por los empleados de las distintas instituciones. Encontrar algo entre aquel desorden era una tarea titánica, además de sumamente polvorienta.

La verdadera razón de aquel enorme candado solo la conocían los miembros de la familia. En las estanterías, ocultos dentro de antiguas cajas de cartón, permanecían escondidos desde hacía años los espantos del doctor Domínguez.

Amigos para la aventura

Calabrese y Dominguez

El Dr. Calabrese y el Dr. Domínguez eran amigos desde jóvenes. Ambos habían trabajado juntos en diversas instituciones médicas, como el Hospital Pediátrico Pedro Elizalde, la Maternidad Sardá y el Hospital de Clínicas. Si bien cada uno ejercía una rama distinta de la medicina —Calabrese era médico clínico e investigador, mientras que Domínguez era cirujano infantil especializado en malformaciones congénitas—, con el paso de los años forjaron una sólida amistad.

Tan estrecho era ese vínculo que Domínguez no dudó en pedirle a Calabrese que custodiara su valioso tesoro, rescatado de los volquetes de demolición del Hospital de Clínicas durante la década de 1970. Aquel tesoro sobrevivió a tres mudanzas y permaneció, tras la muerte de ambos, como parte de una herencia, hasta encontrar finalmente su morada definitiva a metros de donde fue hallado.

Génesis

El hospital de clínicas comienza su construcción en 1877 en  la manzana delimitada por las avenidas Córdoba y Juan José Domínguez (actual Paraguay), y las calles Junín y Uriburu. En ese predio había funcionado el regimiento de Patricios y la Facultad de Medicina.

En 1881 Se habilita de urgencia como hospital militar para atender a los heridos de las batallas por la federalización de Buenos Aires.

Finalmente en 1884  El 1 de marzo abre formalmente sus puertas al público general y a la docencia universitaria.

En  1927 y con solo 43 años desde la inauguración oficial, se sanciona la Ley 11.391 que ordena la construcción de un nuevo edificio adaptado a la medicina moderna, justo enfrente de la sede original.

La Colocación de la piedra fundamental se realiza en 1949 y  Se inicia formalmente la construcción del rascacielos hospitalario actual (Av. Córdoba 2351), diseñado por el arquitecto Sebastián Ghigliazza.

Para 1960 Comienzan a trasladarse los primeros servicios médicos al nuevo edificio en torre de 135 metros de altura. Para concluir en 1971 la mudanza de todas las cátedras y salas de internación.

Demoliendo mitos

El 7 de febrero de 1975 comenzaron formalmente los trabajos de demolición del viejo Hospital de Clínicas. El proyecto inicial contemplaba, de manera ambiciosa, la conservación de aquellos pabellones del siglo XIX que poseían un alto valor histórico y arquitectónico. Sin embargo, poco tiempo después de iniciadas las tareas, la obra quedó abandonada debido a la inestabilidad política y económica del país, y el predio terminó convertido en un terreno baldío, cubierto de escombros y alimañas.

Con la llegada de la dictadura militar, en 1976, la entonces Municipalidad de la Ciudad de Buenos Aires redefinió por completo el destino de la manzana. Se canceló definitivamente el plan de preservar los pabellones históricos del hospital y se procedió a su vaciamiento y posterior demolición. Los volquetes apostados en las inmediaciones del predio fueron rápidamente colmados con mobiliario antiguo, equipamiento obsoleto y demás cuestiones.

Fue entonces cuando comenzó a circular la versión de que también se habían descartado residuos patológicos y piezas únicas utilizadas como material de estudio.

En 1980 fue inaugurada la Plaza Dr. Bernardo A. Houssay. Ese mismo año, la restaurada capilla —única sobreviviente de la demolición— fue cedida formalmente al Arzobispado de Buenos Aires, convirtiéndose en la primera Parroquia Universitaria San Lucas, destinada a la comunidad de las facultades de Medicina, Odontología y Ciencias Económicas que rodean el predio.

Domínguez el salvador

Lo cierto es que el Dr. Domínguez, quien trabajaba en el nuevo edificio del Hospital de Clínicas, pasaba todos los días frente a los volquetes. Grande fue su espanto cuando vio asomar entre los escombros, muestras patológicas  junto con otras piezas de estudio que conocía muy bien, ya que pertenecían a su área de especialización.

Lo primero que pensó al descubrirlas fue en cómo rescatarlas. Sin dudarlo, se aventuró a sacarlas del contenedor y cargarlas en su automóvil. Sin embargo, eran demasiadas y no tenía dónde guardarlas.

Fue entonces cuando pidió ayuda a su amigo, el Dr. Calabrese, quien en 1964 había creado el Fondo de Ayuda Toxicológica, que inicialmente funcionó en la Cátedra de Toxicología de la UBA. Para ese entonces, la institución ya contaba con una sede propia en una casona de la calle Guardia Vieja 4366, en el barrio de Almagro, donde había espacio suficiente para conservarlas hasta decidir cuál sería su destino definitivo. Calabrese no lo dudó y dio resguardo a aquel inusual tesoro.

Las Mudanzas

En la segunda mitad de los años 80, la institución se muda a su nueva sede, ubicada a pocos metros de la anterior. Durante la mudanza aparecen las reliquias de Domínguez, que habían quedado olvidadas en el sótano de la casona. Sin decidir aún dónde donarlas, son trasladadas al nuevo domicilio que, como contamos al principio, constaba de cuatro propiedades unidas entre sí.

Su primer destino es el sector correspondiente a la Fundación DARCE, que ocupaba el frente de la calle Guardia Vieja, era lindero al domicilio anterior y  el menos concurrido, ya que allí se almacenaban las donaciones destinadas a las comunidades mapuches.

Pero en 1991 los dueños de esa propiedad deciden vender el terreno, y el mobiliario junto con los demás objetos son trasladados a los depósitos de la calle Pringles. Al mismo tiempo, se clausura la puerta que comunicaba ambas propiedades.

Para ese entonces yo ya trabajaba en la fundación y mi oficina (que compartía con Susana, la nuera del Dr. Domínguez) era lindera al depósito en cuestión. Generalmente entraba sin problemas, ya que la cadena solía estar colgando y el candado, abierto. Pero un día eso cambió y la puerta permaneció siempre cerrada.

Las llaves las tenía Arias, el encargado de mantenimiento, un provinciano grandote y bonachón que cuidaba celosamente cada rincón de la institución. 

El,  fue el primero en decirme:

—Tengo orden de que no entre nadie.

Como todo tiene un porqué y las cosas no cambian porque sí, me dirigí a mi jefe inmediato, Mariano, y le pregunté qué había pasado. Me respondió que durante la mudanza había llegado "algo" y que estaba guardado ahí. Ante mi insistencia, agregó:

—Te conviene no verlo porque te vas a espantar.

Sin lugar a dudas, lo peor que se le puede hacer a una aprendiz de periodista es sembrarle una duda. Joven y preguntona, seguí insistiendo. Esta vez la respuesta fue:

—No lo tiene que ver ninguna mujer porque le puede hacer mal.

No conforme con la explicación, recurrí a Fernando, el nieto del Dr. Calabrese, que oficiaba de cadete multipropósito y había sido uno de los encargados de acomodar las cosas en el depósito. Con la confianza y la impunidad que nos permitía la edad —ambos teníamos 19 años— lo encaré y le pregunté qué había allí.

La respuesta fue concreta:

—Los frascos de Domínguez. ¿Querés verlos?

Luego de conseguir la llave, nos aventuramos en el depósito y, sorteando muebles y cajas polvorientas, llegamos hasta una estantería apoyada contra la pared del fondo. Envueltos en papel de diario, Fernando comenzó a sacar antiguos frascos con formol que contenían bebés fallecidos al nacer con malformaciones congénitas; rectángulos de acrílico que resguardaban pequeñas momias de dos cabezas; fetos disecados de tres piernas, y un muestrario infinito de cuerpos cortados en fetas y colocados entre vidrios para su estudio. Las fechas, escritas a máquina sobre papeles amarillentos por el paso del tiempo, eran todas anteriores a 1900.

Todas esas piezas me recordaron a las que había visto años antes en el museo de la Morgue Judicial. No me impresionaron, pero hasta el día de hoy recuerdo aquellos cuerpos inertes flotando en formol, que parecían hechos de plastilina.

Salí de ahí alucinada y no pude evitar confesar la travesura con un:

—¿Tanto lío por eso?

Pasaron los años. Yo cambié de trabajo, pero siempre seguí en contacto con los miembros de la institución.

Destino final

El 27 de octubre de 1998 el Dr. Calabrese fallece a los 86 años. Unos años más tarde también muere el Dr. Domínguez.

Con la llegada de 2001 y en plena crisis, el dueño de las propiedades decide venderlas. La fundación, que no contaba con el capital necesario para comprarlas, debe encarar una nueva mudanza. Esta vez se traslada a la calle Sarmiento 4470, esquina Pringles, a una casa alta de dos pisos que pertenecía a otra institución al borde de la extinción. Para afrontar los gastos deciden compartir el espacio.

No fue una tarea sencilla trasladar todo lo acumulado durante tantos años a un lugar tan reducido. En medio de ese trabajo, al comenzar a vaciar el depósito, vuelven a encontrarse con lo que para entonces ya era la herencia olvidada del Dr. Domínguez.

Ante la encrucijada de qué hacer con ese material, comprendieron que no podían llevárselo, pero tampoco arrojarlo a un volquete. Entonces decidieron trasladarlo a la casa de quien para ese momento ya era la ex nuera del Dr. Domínguez y depositar las cajas en el living, con la premisa de que las custodiara y la promesa de retirarlas a la brevedad, una vez que decidieran cuál sería su destino final.

Imposibilitada de negarse frente al hecho consumado, Susana convivió durante un largo e interminable mes con los espantos del Dr. Domínguez.

Finalmente, Calabrese (h) consiguió que la Facultad de Medicina aceptara quedarse con aquel material de estudio.

Después de treinta años, aquellas piezas volvieron a escasos metros del lugar de donde habían sido rescatadas heroicamente por un hombre que entendió que no podían terminar en la basura. Que destruir la historia nunca debía ser una opción y que esos cuerpos deformes habían sido preservados para cumplir con la misión que les fue encomendada: servir como material de estudio para evitar que su historia se repita.

24 jun 2026

La cocinera inmortal

Filomena De La Villa

De Filomena De la Villa de Suárez sabemos que nació en 1835, pero desconocemos el año de su muerte. Lo que sí sabemos es que en 1937, con 102 años, era conocida entre los vecinos del Bajo Belgrano como la reina de las empanadas caldosas.
Esta historia no tiene fechas precisas, pero sí nombres concretos y datos poco conocidos de personalidades de la historia argentina, todos relatados por la propia Filomena en una entrevista realizada ese año


Dos maridos


Hija del dueño de una chacra, nació en las Lomas de San Isidro, o, como ella las llamaba, “el pueblo norteño de las barrancas lindas”. Allí se casó joven con un francés llamado José Cherón. Su padrino de bodas fue Benigno Velásquez, recordado por haber hecho sonar las campanas de la iglesia de San Isidro el 27 de enero de 1856 para anunciar la creación del municipio, en su carácter de flamante vice intendente municipal.
Parece que su primer matrimonio duró poco, ya que contrajo segundas nupcias, esta vez con el español Antonio Suárez. La boda se realizó en la iglesia de San Telmo. Antes de enviudar nuevamente, tuvo con él dieciocho hijos. En 1937, solamente siete seguían con vida.

Un diputado

MANECO
Maneco Demaria (H)
En 1872 trabajaba en la casa de la familia Demaría. Una de las cosas de las que Filomena se sentía más orgullosa era haber sido ama de leche de Marino Demaría (h), y de la persona en la que este se había convertido.
“Maneco”, como era conocido, nació el 26 de agosto de 1872. Su padre era un reconocido abogado y vocal de la Unión Cívica Radical, partido al que su hijo se incorporó en 1889, ocupando posteriormente el mismo cargo. Más tarde, como miembro del Partido Conservador, fue elegido diputado en cinco períodos legislativos (1900-1904, 1914-1918 y 1920-1923). Este último mandato quedó inconcluso debido a su fallecimiento, ocurrido el 21 de septiembre de 1923, a los 51 años.


Dos banqueros

Juan Ventura Cardenas
Otra de las familias para las que cocinó fue la de Juan Ventura Cárdenas, nacido el 21 de noviembre de 1837. Contador y empresario argentino, se casó en 1864 con la uruguaya Adela Montaño, nacida en 1842, con quien tuvo cinco hijos entre 1865 y 1873.
Adela falleció el 29 de julio de 1897, a los 51 años. Ventura, como era conocido, se desempeñó como presidente del Banco Hipotecario de la Provincia de Buenos Aires y director de la Caja de Conversión. Durante la década de 1890 participó activamente como firmante de los billetes de cinco centavos y como autoridad de la Junta de Moneda Nacional.
En 1902, en homenaje a su esposa, donó una talla de madera de la Virgen del Carmen a la Catedral de San Isidro.
Falleció el 3 de noviembre de 1920, a los 83 años, habiendo sobrevivido a varios de sus hijos.

Jose Carabassa
José Carabassa también figuraba entre quienes habían disfrutado de la cocina de Filomena. Nacido en el Consulado Español en Portugal el 19 de marzo de 1831, era hijo de un diplomático español nombrado conde palatino por el Vaticano. Tras la muerte de su padre emigró a Buenos Aires y fundó un banco con su nombre en la esquina de Piedad (actual Bartolomé Mitre) y Reconquista. En 1891, el Banco Carabassa fue adquirido por el Banco de Londres y Río de la Plata.
Poseedor de una importante fortuna, en 1858 se casó con Felisa Ocampo y Silva, nacida en 1839, con quien tuvo cinco hijos y fijó residencia en Lafinur 2988. Felisa se dedicó a la caridad y fue fundadora de hogares para viudas con hijos y sin vivienda, conocidos como “asilos para viudas vergonzantes”.
En 1893 adquirieron una modesta propiedad en la esquina de Lafinur y Gutiérrez y contrataron al arquitecto Pirovano para construir allí una mansión de gran lujo. En la actualidad funciona en ese edificio el Museo Evita.
José falleció en 1895, a los 64 años; Felisa, en 1914, a los 80.

Dos presidentes

Tomasa Alem
Filomena dedicó muchos años de su vida a cocinar para los hermanos Alem. Junto con Joaquina, una vieja sirvienta, atendía los pedidos de Tomasa, nacida en 1844, quien administraba la casa. Leandro, nacido en 1842 y soltero, vivía con su hermana en una casona de amplios patios, ventanas enrejadas y zaguán con puerta de hierro ubicada sobre la calle Cuyo —actual Sarmiento— entre Callao y Garantías, nombre que por entonces recibía la actual Rodríguez Peña. Para 1937 aquella casa ya había desaparecido.

Leandro N. Alem
Según recordaba Filomena, don Leandro N. (por Nicéforo) prefería almorzar en el viejo Café de París, tradicional punto de encuentro de intelectuales y artistas situado en la Avenida de Mayo 1191, o bien en casa de sus amigos políticos. En cambio, quien jamás faltaba a la cita era su sobrino Hipólito Yrigoyen, nacido en 1852. Apenas ocho años lo separaban de su tía Tomasa y vivía a pocas cuadras, en la esquina de Rivadavia y Callao. En ocasiones lo acompañaban sus hermanos Martín y Roque.

Hipolito Yrigoyen
Hipólito solía pedirle a Filomena una sencilla sopa de papas: papas hervidas en caldo, sin mayores pretensiones.

El primero en fallecer fue Leandro, quien se quitó la vida en 1896. Luego murió Tomasa, en 1927, y finalmente Hipólito, en 1933.



El monopolio de la empanada

En 1910, con 75 años, Filomena se mudó al Bajo Belgrano. Antes había vivido sobre la calle Centro América —actual avenida Pueyrredón—, en Barrio Norte, y también en la calle La Rioja, al sur de la ciudad.
Su nuevo hogar fue un rancherío ubicado en Dragones 2380, esquina Blanco Encalada. En la actualidad, en ese predio funciona la Embajada de Rusia. Frente a su vivienda se encontraba el histórico Tiro Suizo, asociación fundada en Buenos Aires en mayo de 1872. La institución permaneció allí hasta 1948, cuando el Estado expropió los terrenos para destinarlos a la Fundación Eva Perón y construir la Ciudad Infantil Amanda Allen, complejo educativo y asistencial para niños huérfanos y de familias de bajos recursos que funcionó entre 1949 y 1955. Actualmente, en ese lugar se encuentra el Instituto de Rehabilitación Psicofísica.

Filomena Junto a su Nieto  y esposa
Instalada en el barrio, comenzó a preparar empanadas caldosas, pasteles y tortas fritas. Cocinaba todo con grasa vacuna en una cacerola ennegrecida por el humo de la leña y abastecía tanto a los trabajadores de los studs como a vecinos del Bajo y del Alto Belgrano.
Así fue construyendo su fama hasta que, en diciembre de 1931, una fuerte sudestada avivó el fogón y provocó un incendio que destruyó su vivienda. Allí perdió recuerdos de juventud, los retratos de sus dos maridos y una fotografía junto a Leandro N. Alem.
Con paredes de lata y techo de chapa reconstruyó su rancho para seguir viviendo. Además, contó con la ayuda del señor Barbe, propietario de los terrenos, quien no le cobraba alquiler.
A los 102 años, Filomena vivía sola. Cocinaba, lavaba su ropa y, según decía, se iba apagando como un farol de kerosén que deja de parpadear al llegar la medianoche.
De vez en cuando la visitaban su nieto Antonio Suárez y su esposa, Leonor Grasso, quienes vivían en Olazábal 1431.

Un Periodista

Felix Lima

Félix Lima la entrevistó a pedido de su nieto para la revista Caras y Caretas. Nacido en 1880, fue un destacado periodista, escritor y cuentista argentino, reconocido como uno de los grandes cronistas costumbristas de Buenos Aires. Murió en 1943, a los 63 años.

Nunca pudo probar las empanadas de Filomena. No sabemos si ella asistió a su entierro.






6 jun 2026

Habitantes de Bs. As. TV

Junto con los amigos de Subteradio, dimos vida a "Habitantes de Bs. AS. Tv" un canal de YouTube donde  contamos las historias de forma oral y con soporte de imágenes y videos ilustrativos. Ya podes ver y acompañar esta propuesta.





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23 ene 2026

Libertango

José Libertella, fue un excepcional bandoneonista argentino, que llevo el tango a los más insólitos puntos del mapa cuando acá se lo consideraba obsoleto y pasado moda. Fundó el Sexteto Mayor, una agrupación icónica dentro del género, gano premios internacionales y Eric Clapton, Liza Minnelli y Dustin Hoffman entre otros, lo esperaron a la salida de un concierto y le pidieron una foto. Cuando Robert Duvall lo escuchó no hubo vuelta atrás y el tango domino su vida. Pero José, no se llamaba José, no era argentino y no tenía idea quien era Clapton. Porque como dicen por ahí, un argentino nace donde quiere.

El soplo divino

El 9 de Julio de 1933 en Calvera, Basilicata,  un pueblito de Potenza en el sur de Italia, nace Giuseppe Nicola, segundo hijo de Giovanni Libertella y María Magdalena D´Arino. Once meses después el 7 de Junio del 34 llega junto a su madre y su Hermana Laura a Buenos Aires donde conoce a su padre, el cual había emigrado en cuanto se entero que su esposa estaba embarazada, en busca de un futuro mejor para su familia. Ese futuro los esperaba en el Pasaje Ezequiel Soria en el barrio de Villa Lugano.

De pequeño lo llamaban Nicola, jugaba con los pibes del barrio y era monaguillo en la Parroquia Madre de Dios que quedaba a pocas cuadras de su casa. Su papa hacia changas de colocador de tejas y chapas, colchonero y botellero, su mama se repartía el tiempo entre cuidar a los chicos y ayudar con la limpieza de las botellas, porque en esos años se botellero, era literalmente eso, reciclar botellas de vidrio.

No jugaba a la pelota ni de arquero, pero disfrutaba escuchar los partidos de Boca y a su tío Andrés  tocar la Verdulera, tanto así le comienza a interesar la música, que a los 6 años le regalan una armónica. Pero ninguno de esos seria el instrumento elegido.

Dos años más tarde, a los 9, caminado el barrio de puertas abiertas de par en par, ve un dúo de guitarra y bandoneón dando una serenata. A partir de ahí, no hubo vuelta atrás y en un abrir y cerrar de fuelle su alma quedo atrapada para siempre.

“Yo tenía nueve años pero quede fascinado con esa caja negra, llena de misterios y una dulzura infinita. Sentí como una revelación que me señalaba que ese sería mi destino”

El primer fuelle

Casi un año tardo en convencer a su papa que lo ayude a comprar un instrumento, pero Juan no quería saber nada. Su mama le servia de abogada defensora, mientras los curas de la parroquia lo alentaban a que se dedicara a la música, porque a las armas las carga el diablo, pero a los fuelles los sopla Dios. Hasta que finalmente gano la música y su padre accedió a  que el dinero ahorrado de propinas como monaguillo se utilizara para comprar un instrumento.

Pero a pesar de los ahorros y un poco de ayuda, solo le alcanzo para comprar uno que había pertenecido a una compañía humorística llamada “los viudos”  su dueño era Francisco Romano y en las giras por los pueblos se lo daban al público para que lo patearan como una especie de gag para que se rieran.

Con el bandoneón “cagado a palos” y la resignación de su padre que pensó que al poco tiempo se iba a aburrir, cerraron trato con el maestro Marafiotti que necesitaba chapas para el techo a cambio de 6 meses de clases de música. Sus clases comenzaron el 22 de Noviembre de 1942 fecha en que se conmemora el “día de la música”

Pasaron los 6 meses y no solo no se aburría, sino que mostraba un dominio del instrumento avanzado para su edad, así que fue cambiando de maestros según avanzaba.

En 1944, con 11 años toco en el club “El liberal de Chicago” el tango “Recuerdo” acompañando bajo el escenario a la orquesta de Pugliese.

En su progreso como músico, pudo cambiar el instrumento dando el maltrecho bandoneón en parte de pago. Ya de adulto y en esas vueltas del destino, pudo recuperarlo y atesorarlo como un objeto preciado.

Termino la primaria, inicio la secundaria que dejo en primer año y comenzó a trabajar a los 13 como cadete de una escribanía en el centro. Su padre seguía sin querer que se dedique a la música, ya que consideraba que no tenía futuro, así que paralelamente tomo clases de dactilografía para hacer carrera de oficina.

Mientras tanto los fines de semana tocaban  con una orquesta en bailes de clubes y lugares del interior. En uno de esos largos viajes en tren rumbo a un concierto en Las Flores y mientras ensayaban en el vagón, uno de los musicos luego de escucharlo maravillado, lo increpo con un “pibe, venite pa´el centro, que vas a hacer tocando ahí entre lo yuyos en Lugano” era Américo De Rose un reconocido bandoneonista de la época.

Luces de mi ciudad

Fue citado a las 22  por Américo en un bar de Corrientes y Talcahuano donde solían juntarse los músicos, así que como salía a las 18 del trabajo se fue a hacer tiempo  a  la calle Corrientes. Era 1947, el tenia 14 años, lo llamaban José y las luces de la noche porteña que nunca había visto iluminaron su futuro que lo  recibió con los brazos abiertos.

En ese encuentro le promete 3 meses de gira por argentina y le pide su teléfono para concretar los pormenores del ofrecimiento. El se lo da, aunque no el propio, ya que no tenia, sino el del almacenero.

Cuando llega de madrugada a su casa despierta a su madre para contarle, pero ella lo baja a la tierra con un contundente “te vendieron humo”, de todas formas cuido su relación con el despachante, hasta que la llamada finalmente llego y  fue Alberto Suarez Villanueva (autor de “la luz de un fosforo”) quien le ofrece un contrato para tocar en las radios y las boîtes.

El trabajo de la escribanía quedo en la historia y comenzó a trabajar exclusivamente  de músico. Tomar la decisión le fue fácil, “Si a los 15 años no hago lo que quiero, no lo voy a hacer nunca”.

Al cumplir 18, ya con una carrera en ascenso  y un nombre que empezaba a conocerse, habiendo tocado con las orquestas más importantes, compone su primer tango “Rapsodia de arrabal”. Es estrenado por la orquesta “Símbolo” en 1952.

La casita de los viejos

José siguió creciendo y brillando. Las giras por el todo el país eran algo habitual. Con 29 años seguía soltero y viviendo en su casa natal de Lugano que compartía con sus padres y hermana. 

Fue en una parada en el club Independiente de Chañar Ladeado, en la provincia de Santa Fe, donde nuevamente no puedo escapar al destino y desde el escenario al salón, cruza miradas con Nelly Rosa Manfredi, una operaria de una fábrica de galletitas, poseedora de gran belleza que venía escapándole con maestría al compromiso del casamiento, quien al terminar la orquesta lo espero bajo el escenario para pedirle un autógrafo. El le pidió un baile y luego acompañarla a la casa. Pero quien para entonces ya era Pepe, tenía que seguir viaje, así que pautaron encontrarse 2 días después en la plaza del pueblo. Así sucedió con chaperona en medio y fue el comenzó de un noviazgo a la distancia.

Ella le enviaba 3 cartas por semana, él, día libre que tenia se tomaba el tren a Santa Fe y viajaba 400 km para ver a su amada.

No paso mucho tiempo, hasta que le proponen una gira por Venezuela, así que sucedió lo que tenía que suceder y en marzo de 1964 se casaron en Chañar Ladeado para luego instalarse en Lugano, en la casita de los viejos.

Pepe le compra a sus papas un casa más grande a unas cuadras, con lugar para guardar el carro de botellero y él y su hermana se quedan en el terreno familiar, donde construyen otra vivienda anexa. José y su familia integrada por su esposa y 3 hijos varones, Juan José (1965) Darío (1968) y Mariano (1973)  permanecen en esa casa hasta 1982 que se mudan a una casa más grande en el barrio de Floresta.

Actualmente en ese lugar funciona el Estudio de grabación de Juan José, quien también es productor del actual Sexteto Mayor.

Giras, Fama y una foto maestro

Para principio de los años 60 Pepe ya tenía su propia orquesta. Pero en Argentina la juventud no escuchaba tango y lo consideraba pasado de moda. Y como nadie es profeta en su tierra comenzaron las giras a lugares donde el tango quería ser escuchado. Entre esos Lugares se encontraba Japón.

Allí se presento por primera vez acompañando a Edmundo Rivero, luego ya con su propia orquesta que se convirtió en un referente del tango para los Japoneses. A partir de ahí, se podría decir que dio la vuelta al mundo con su bandoneón. Visito 800 ciudades a lo largo de su carrera, solo le quedo pendiente India y África. Increíblemente no fue hasta 1981 que en una gira por Roma, se hace un ratito para conocer el lugar donde nació y ver aquella casa que todavía estaba en pie. Después volvería varias veces junto a su esposa.

En 1973 junto con su tercer hijo, nace el Sexteto Mayor para terminar de convertirse en referente mundial del tango.

En esa década colaboro junto a García Ferré poniéndole el fuelle a  los personajes de "Calculín" y a "Pucho" el personaje de la tira Hijitus que cantaba tango acompañado del instrumento.  

Entre Gira y gira nunca paraba de tocar, incluso se lo escucho decir “tenemos que tocar en Buenos Aires, porque sino nadie se va a acordar de nosotros, parece que estamos siempre de gira”

En la década de los 80 y 90 la cita inquebrantable era con Juan Alberto Badia, que no importaba si su programa estaba en radio o tele, pero José tenía que estar.

Era tal su reconocimiento en el mundo, que  a la salida de los conciertos siempre lo esperaban sus fans para pedirle un autógrafo y si se puede una foto,  cuando tocaba en New York (a Broadway fue por unas semanas y se quedo 6 meses) entre sus admiradores había músicos y actores mundialmente famosos. Se podría afirmar que la razón de que Robert Duvall se hiciera un tanguero de ley fue la fascinación que le causo escuchar tango por el sexteto. Si hasta el mismísimo "Don Ramon" le pidió una foto cuando paso por Argentina y lo fue a ver al "Viejo almacén"

Cuenta la leyenda que terminaba de tocar en un local de la noche porteña y se le acerca alguien a pedirle una foto, el accede y se queda charlando, el fan le cuenta que también es músico. Como cada vez que tocaba, al terminar la noche llama a su casa y lo atiende su hijo Mariano que para ese entonces era su mano derecha, y le pregunta como fue el show. José responde que todo bien y que había asistido un músico americano que le pidió una foto… Como se llama? fue la pregunta obligada.

-Eric Clapton, pero no lo conozco, vos sabes quién es? Al recuperarse Mariano le pido que no se fuera sin conseguir esa foto.

Los Ganadores

El Sexteto Mayor fue multi premiado, recibió galardones nacionales entre los que se encuentran: Bandoneón de Oro, Orden del porteño, llave de la casa de Carlos Gardel, Carlos Gardel al mejor álbum, Konex de Platino, ACE al mejor álbum  entre otros. Eso si, el que no falto fue “la llave de Villa Lugano” como vecino ilustre.

También se llevo galardones en  Japón, Francia, Alemania, y como no podía faltar EEUU, quien le otorgo varios premios, y no otros, como ser el reconocido  “Tony”, al cual estuvo nominado, pero no fue acreedor por ser una producción Latina.

También gano el preciado Grammy en el año 2003, pero jamás fue invitado a la ceremonia de premiación, porque los latinos no asistían. Se entero por tele y el entonces Gobierno de la ciudad de Bs, As. encabezado por Ibarra y Telerman, organizo su propio evento de premiación, solo había un detallito y era que el premio todavía no estaba en manos de José, ya que lo tenían que enviar desde EEUU. Como lo resolvemos?, pidieron uno prestado, y para la foto lo dieron vuelta así no se veía la chapita con el nombre del verdadero dueño.

El Último Tango en parís

Para 2004 José seguía activo como a los 15, si bien cada tanto el cansancio le jugaba una mala pasada y se le cruzaba el “largar todo” la jubilación nunca llegaba porque terminaba arrepintiéndose. Cuando estaba de gira, ya no eran tres cartas por semana que le escribía Nelly, sino 3 llamadas diarias que hacia él a su familia.  En 1 noviembre de ese año fallece su hermana Laura luego de estar un mes internada. El no poder acompañarla le pesó, pero tenía compromisos que cumplir y no pudo regresar hasta el 30 de ese mes. No solo había estado ausente para despedir a su hermana, sino también para recibir a su segundo nieto que había nacido el 22.

A lo largo de su carrera, la música le daba vida, pero  las giras le quitaban momentos importantes con su familia y afectos. A pesar de eso, al menos telefónicamente, siempre estaba presente.

Solo le quedaba un compromiso ese año y era de un mes en Francia. Antes de embarcarse nuevamente, se dio tiempo para caminatas por el barrio, planear una vacaciones con Nelly en Chañar Ladeado y hasta tocar en el cumpleaños 90 de un amigo, en la que sería su última noche en Buenos Aires y el ultimo aplauso de un público argentino.

El 4 de diciembre se fue a Francia, pero el 7 después de una jornada difícil en la habitual llamada a su familia post función les dijo muy decidido “estoy muy cansado, se termino, las etapas se terminan, cansado de tocar una música que nadie siente”

Al día siguiente de mejor ánimo, intercalo mates, chistes y siesta en el micro que lo llevaba a un nuevo hotel en otra ciudad, hacia frio, mucho frio, se dio cuenta al intentar bajar del micro, tanto que volvió por un gorro de lana. Se adelanto al grupo al grito de “bajemos primero los más jóvenes”  pero a pesar de su alma jovial, el cuerpo de 71  no lo acompaño y se desplomo consecuencia de un corazón cansado de estar lejos de sus afectos.

8 días después, fue despedido por su pueblo tanguero en la Legislatura Porteña.

En su familia nadie toca el fuelle, pero su legado sigue vivo, en cada partitura que escribió, en cada disco que grabo y en cada tango compuesto que es descubierto por las nuevas generaciones que revivieron la llama del 2 x 4.

Pepe nació para tocar el fuelle y se fue cumpliendo su destino.

Y como un argentino nace donde quiere, también muere donde puede, pero nunca muere para los que lo quieren. 


Gracias a Mariano Libertella por la entrevista, el archivo fotográfico personal y el libro “Jose Libertella, vida pasión y tango” 



17 jul 2025

El vórtice cósmico de San José y Humberto 1°


Todo comenzó con un  reposteo en facebook del amigo Fidel Guigui, Ale su hermano, hablaba sobre como la intersección de San José y Humberto 1°, era un “vórtice cósmico” mucho antes de la llegada de Cristina Fernández al Barrio y contaba algunos datos curiosos sobre esa esquina del barrio de Constitución.
Al leer semejante afirmación, no pude evitar interesarme por saber más, interrogue a los hermanos Guigui que me contaron todo lo que su memoria les dejo y no conforme con eso, me fui al punto en el mapa a ver si ese cosmos me revelaba más secretos.
Y así fue como  termine contándoles a ellos cosas que estaban ahí y no sabían. Tan divertido y atrapante les pareció el viaje, que terminaron cayendo dentro de la historia que ahora les cuento a ustedes.

Los Guiguí una familia de Artistas


Ale y Fidel crecieron en San José 1086, se mudaron junto a sus padres Yaco y Lidia entrados los años 60. 
Yaco un argentino   proveniente de una familia judía de palestina y con antepasados en Galilea, de muy joven inicio su carrera artística. Fue miembro del célebre grupo de la década del 50 “ Equipo de Teatro Fray Mocho” liderado por el actor y director Oscar Ferrigno. Entre sus compañeros de escena se encontraban Norma Aleandro y Adriana Aisenbeg entre otros.
Posteriormente Funda junto a Oscar Ciccone el Grupo Latinoamericano de Teatro “Once Al Sur”, compañía Trashumante. A partir de esos años emprende un viaje por Latinoamérica y América del Norte; en EEUU, se forma con Lee Strasberg donde re bautizaron al a compañía como en La MaMMa ETC ( Experimental Theatre Club) de Agentina.
En  1981  desembarca en Xalapa México, donde se radica definitivamente.
Allí Fundo la Compañía de Teatro infantil de la Secretaria de Cultura de Veracruz. En la actualidad es un reconocido y premiado referente de la cultura de aquel país.
Mientras Tanto en el departamento de la calle San José, se quedaba su familia.
Lidia Farja, hija de inmigrantes  sefaradíes de los países árabes,  de  soltera estudió piano varios años con Fedora Yankelevich de Aberastury, que era una reconocida docente chileno-argentina creadora del Sistema Consciente para la Técnica del Movimiento.
Luego del exilio de Yaco, se dedico al negocio familiar llamado “El Buen Humor” ubicado en la calle Lima 1143 (y H. primo). Mientras  sus padres lo administraron se dedico al rubro textil y entre sus clientes  estaban Las Carmelitas Descalzas del monasterio de San José (H. Primo y San José) a quienes  proveían de telas para la confección de los hábitos y debían pasar los rollos a través de una ventana giratoria de madera que no permitía tener contacto con las monjas.
Al tomar las riendas Lidia, el local paso al rubro Bazar Y Juguetería  hasta su cierre.
Posteriormente,  Lidia se enrollo en las filas del Banco Mayo donde se jubilo como empleada administrativa.
Ale Y Fidel no pudieron escapar al llamado del arte y  se convirtieron en músicos, ambos compositores y multi instrumentistas.
Ale, el mayor, desde 1993 se desempaña como docente de música en la Escuela de Música Popular de Avellaneda, que fuera su alma mater en los días de estudiante.
Es arreglador musical y esporádicamente interviene como musico de sesión en grupos musicales y ensambles, algunos con los alumnos del conservatorio.
Fidel  es un prestigioso vientista de instrumentos andinos y orfebre. Desde hace años integra el mítico grupo Urubamba, creado por el ya fallecido Jorge Milchberg y participa también como sesionista mayormente con folkloristas.
Como orfebre es reconocido en la historia de plaza Francia por sus delicadas piezas en plata, entre las personalidades que lucen sus joyas, se encuentran la cantante Mexicana Lila Down, Rita Cortese, Gustavo Santaolalla, Julio Strassera, Beatriz Sarlo y la mismísima Cristina Fernández.
Es el fundador del Espacio El Zonko, un  teatro dedicado al arte en todas sus expresiones que desde años funciona en Pavón y Alberti en el barrio de San Cristóbal.

Esquina con olor a galletita de Chocolate

En San José 1060 (actual Facultad de Ciencias Sociales) se encontraba la fábrica de Galletitas Terrabusi. Se fundó en el año 1911, sobre la calle Sadi Carnot 217 (hoy Mario Bravo) y en 1919 se mudo a constitución a un predio de tres grandes lotes que sumaban 25000 m2  que  abarcan San jose, H. primo y Carlos Calvo.
Era común que estas grandes empresas ocuparan el barrio de constitución, por su cercanía con el ferrocarril que facilitaba la llegada de materia prima desde el interior y su posterior distribución de los productos terminados.
La fabrica funciono al 100% hasta que en 2002 es comprada por la UBA con el fin de remodelar el espacio e instalar la Facultad de Ciencias Sociales.
En 1963 se inauguro  la planta de General Pacheco y desde la venta de San José, pasaron 2 años de reubicación y mudanza, finalmente en 2004  se entrego el espacio a sus nuevos dueños y comenzaron la obras, preservando parte de la estructura interna original.
Hasta ese momento y con la fábrica funcionando la cuadra se inundaba  de olor a chocolate una vez al día, cuando producían las Delicias Terrabusi.
Vecino de la fabrica supo encontrarse un colegio privado, por lo que si eras pibe y te acercabas, seguro algo ligabas.

El aperitivo que lo cura todo

Pini Hermanos & Cía se estableció en 1864, primero en Cochabamba y Lorea, y pronto se trasladó a la intersección de San José y San Juan, donde montó una potente planta industrial con embotellado, almacenamiento y laboratorio.
Hermenegildo Pini, oriundo de Lierna (Lago de Como, Italia), fundó la empresa en 1864. Su primo Achille aportó la receta original de un bitter alemán, que se convirtió en el famoso aperitivo “Pineral”. Durante la Guerra de la Triple Alianza, el Pineral se recomendaba como tónico para ayudar a soldados enfermos o heridos.
En San José frente a Terabusi, funcionaba un depósito de la fábrica Pineral, era una instalación utilizada por la empresa a finales del siglo XIX y principios del XX, en donde almacenaban los productos que salían de la planta principal para distribución en la ciudad y fuera de ella.
Con la Ley de Zonificación (1977) y Código de Planeamiento Urbano de Cacciatore con el trazo de la autopista, la mayoría de las fabricas tuvieron que trasladarse, las que sobrevivieron fuero siendo afectadas por nuevas leyes. La fabrica  Pineral funciono hasta 1991, año que cerró sus puertas en el barrio de Constitución y se mudo a la localidad de Burzaco.

Tóquese un tango Maestro

En el edificio de San José 1086 (el mismo de la familia Guigui) vivió  hasta el 2020, año de su fallecimiento, el reconocido arreglista, pianista, director de orquesta y compositor dedicado al género del tango Jorge Dragone.
Nacido en 1927 en General Villegas Pvcia de Bs. AS., a los 12 años se recibió de profesor elemental de piano, teoría y solfeo. A los 15 años se mudó a Buenos Aires e inmediatamente comenzó a tocar en un trió.
Luego de pasar por varias orquesta, en 1946 formo la suya para hacer presentaciones en Radio Mitre.
A lo largo de los años supo acompañar con su piano a cantores como Alberto Castillo, Alberto Marino, Argentino Ledesma y Edmundo Rivero, con quien se fue de gira a Japón. Posteriormente junto a Hugo del Carril, recorrería varios países de América latina.
Llegados los años 90 lo recibió hasta el último rincón de Europa acompañando a Virginia Luque.
En 2001, Rafaela Canaro (hija del maestro Francisco Canaro) lo nombró director y arreglador de la Orquesta Símbolo Francisco Canaro, y del Quinteto Pirincho.
En 2004 participo con su Orquesta típica en el film de Juan José Campanella, Luna de Avellaneda acompañando a Alberto Castillo interpretado por el Cantor Walter “Chino” Laborde.
La Academia Nacional del Tango lo designó académico de Honor y al cumplir en 2017, 75 años de trayectoria y 60 años como director de orquesta le entregó el Premio Gobbi de Oro.

Leones sueltos en Constitución

El Centro Región Leonesa de Ayuda Mutua se encuentra situado en Humberto Primo 1462 (a metros de la esquina de San José) fue creado el 2 de Julio de 1916 y su objetivo fue unir a los nativos de las provincias del antiguo Reino de León, sus descendientes y afines. No fue hasta 1922 y contando con cerca de 600 miembros,  que se compra el edificio de la actual sede.
Entrados los años 70 se adquieren las propiedad linderas ( 1446 y 1448 de la calle Humberto 1°)
En las décadas del 40, 50 y 60 tuvo sus triunfantes equipos de futbol, lucha libre y bochas, supo hacer brillar su pista de baile en lo carnavales porteños abiertos al barrio y realizar las elecciones de reina de la primavera.
También se uso como sede de milongas que aun son recordadas entre los vecinos más antiguos del barrio.
Hoy sigue funcionando y es uno de los puntos culturales del barrio.

Un convento para sus 15

El 7 de Julio de 1874 se fundaba el monasterio de San José en Humberto Primo 1352, siendo el primero de la orden de las Carmelitas Descalzas en la ciudad de Buenos Aires. Pero No fue hasta el El 19 de diciembre de 1881, se inauguró oficialmente.
Cuenta la historia que Isidora Ponce de León decidió convertirse en monja de clausura a sus jóvenes 15 años, pero en ese entonces el único monasterio de la orden que existía se encontraba en la provincia de Córdoba y no tenia ganas de trasladarse a dicha provincia. Apesadumbrada por no poder cumplir su deseo, decide que cuando recibiera la herencia de su acaudalado padre fundaría su Monasterio en Buenos Aires. Pero tuvo que esperar 22 años para que sucediera.
En el ínterin se desataron guerras que obligan a su padre a trasladarse a Montevideo con grandes pérdidas económicas. A la muerte de su padre, la joven Isidora recibió apenas $1.000.000 de la vieja moneda, lo que le alcanzo para comprar la quinta Benavente por 300.000 y con la suma restante construye una modesta e improvisada capilla y 8 casitas, algunas destinadas a vivienda de las novicias venidas de córdoba y  otras para alquiler y amortiguar los gastos .
Pero tuvieron que seguir esperando, esta vez a que lleguen 4 Madres Fundadoras que debían venir de España. Finalmente el 7 de julio, a su arribo, queda fundado oficialmente el monasterio e Isidora y las otras beatas visten el Santo Hábito;  Isidora cambiara su nombre a Hna. Teresa de Jesús.
Con la aparición de una mecenas. el 1º de Septiembre de 1880 comenzó la construcción del templo y la obra avanzó con rapidez.

Concluido el interior del templo se dispuso el 17 de Diciembre para su inauguración y bendición. Se termino oficialmente de construir en 1884.
En el año 1926 el Templo fue primorosamente decorado, las pinturas son obras de Arquímedes Vitali, artista italiano que llegó a la Argentina en 1910.
Para 1935 el lugar ya terminado contaba con jardín, cuatro claustros a los que dan 20 celdas, coro, sala capitular, sala de recreación, sacristía y demás oficinas. Tiene 4 grandes patios y una hermosa huerta con árboles frutales. En la parte alta se construyó el noviciado que consta de 14 celdas y un oratorio.
Toda esta edificación y el templo ocupan la parte central de la manzana y alrededor se construyeron 14 casitas para la renta del monasterio.
En la actualidad, de esta edificación subsiste el templo y sólo 4 de las casas para renta.

El escultor fantasma, el peluquero de músicos  y Don José

Entre los datos que me fueron pasando, estaba el de un escultor, que vivió en una de las casas de alquiler del monasterio y que en una de sus ventanas  lucia un busto de Perón, de color oscuro que estaba iluminado desde abajo…
Aparentemente esta particularidad llamaba la atención de los vecinos que circulaban de noche por Humberto 1°.Las averiguaciones me llevaron hasta Luis, que tiene su peluquería pegada al monasterio desde 1987 año que abrió el local.
Luis recordaba a Fidel, su cliente por años, incluso después de haberse mudado, y recordaba al escultor misterioso, quien también estaba entre sus clientes. Su nombre era Hugo y su apellido Ferrero o algo similar, era un señor de barba blanca, que además daba clases de dialéctica en su domicilio y se anunciaba con un cartel en la puerta.
Aparentemente Hugo, pertenecía a la CGT y era del rubro de los papeleros.
Lo cierto es que después de una exhaustiva búsqueda, no pudimos echar luz sobre el tema…
Justo cuando estaba por abandonar la línea del peluquero, Fidel recordó que Luis entre tijeretazo y navaja, en una de esas charla de salón, le comento que entre sus clientes estaba Don José…
Después de un: - Fidel, Como no me lo dijiste antes! Le pregunte si vivía en el barrio,  me respondió que no lo sabía y nunca se lo había cruzado… que a lo mejor fue cliente antes que Luis se mudara al barrio.
Don José, había estado presente en mi familia generación tras generación y su solo nombre era volver a mi infancia de mamá y hermanos en el patio de la casa de mi abuela en el pasaje Coronel Cabrer de Palermo, escuchar el winco a todo volumen e intentar descifra un trabalenguas de botones y ojales. Me llevo a mi adolescencia de radio, programándole la música en el programa a mi pareja, que le encantaba el folklore y a pesar que a mi no, coincidíamos en el amor por Don José.
Con la  certeza que si alguien definitivamente hacia que esa esquina fuese un vórtice cósmico era el,  volví a la peluquería  a buscar una confirmación.

-          Hola Luis, se acuerda que vine preguntando por el escultor? Fidel se acordó que usted le conto hace años que le cortaba el pelo a Don José, es verdad, vive por acá?

Luis con un orgullo disimulado me contesto:- si vive ahí… (indicándome el lugar que por cuestiones de respeto no voy a mencionar) y  es verdad, soy el peluquero de Don José.

Si queres mas datos pregúntale al diariero que le  lleva el diario todas las mañanas, me dijo con certeza y tratando de despacharme rápido ya que lo esperaba un cliente y un enorme pedazo de torta sobre el mostrador.

MI emoción fue tal, que Sali en busca del diariero, pero me encontré con el puesto cerrado, a pesar de eso, no me quede con las  ganas… Me acerque a otro comercio, me presente y le dije: estoy haciendo una nota sobre un músico que vivió a metros de la esquina ahora famosa, claro está que me refería a Fidel, pero el comerciante se apuro a responder; si ya se , sobre Don José Larralde, todas las mañanas sale a hacer las compras, pero tiene perfil bajo, no le gusta dar notas….

Le dije que lo sabía y no era mi intención molestarlo, le agradecí por la confirmación con énfasis como si hubiera recibido un regalo. Saque una foto de la puerta de la casa y se la mande a los hermanos Guiguí, ellos no salían de su asombro, ya que no tenían idea que por décadas habían sido sus vecinos.

Me fui silbando bajito, con la satisfacción de lo descubierto y la alegría de saber que el cosmos me sonrió.