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10 sept 2026

Tragedia griega

Esta historia sucedió en el barrio de La Boca en mayo de 1931. Si bien lo acontecido es un hecho de violencia, la forma en que se narró en los diarios de la época lo convierte en una verdadera tragedia griega.

El día 15 de abril de 1931, Fotio Saratopulo concurrió a la comisaría 24, sita en Pinzón 456, en el barrio de La Boca, para denunciar el presunto asesinato de su pariente Jorge Bacuros (24 años).

La cuestión es que Saratopulo vivía en una habitación de la calle Pérez Galdós 172, en el barrio de La Boca. En esa misma casa se hospedaban Demetrio Athanasoupoulos y Antonio Niajo, ambos amigos y miembros, al igual que él, de la comunidad griega. La noche anterior estos dos no habían ido a dormir a su casa, cosa que al denunciante le llamó poderosamente la atención, ya que nunca sucedía. Pero en la mañana se lo había cruzado a Demetrio y le preguntó por su ausencia. La respuesta fue que tenía miedo de ser arrestado, ya que un griego le había disparado y él, para defenderse, lo había matado de varias puñaladas y el cuerpo había sido enterrado en una zanja de los terrenos de la Usina.

Demetrio ignoraba que el muerto en cuestión era familiar de Fotio, por eso no dudó en contarle lo sucedido y este, ante la sospecha, decidió recurrir a la policía para contar lo que sabía.

El comisario Juan Ramón Romariz (célebre actor en los sucesos de la semana trágica de 1919 y autor del libro que narra la historia)  y subcomisario Antonio Díaz escucharon con atención el relato del griego y lo tomaron con pinzas… No había cadáver, no había pruebas, no había testigos, solo una versión dudosa y vaga. Pero dos oficiales, Deicernia y Alda, lo persuadieron para investigar, así que decidieron buscar algún indicio de la desaparición de Jorge Bacuros.

La víctima

Jorge Bacuros había venido de Grecia solo, hacía ya varios años. Aquí solo tenía un pariente con el que mantuvo contacto epistolar y fue el que lo animó a venir a la Argentina. Pese a que hacía unos años que estaba radicado, no tenía antecedentes penales. Vivía en la habitación de una fonda ubicada en la calle Gorriti 4502, donde solían vivir miembros de la comunidad griega. Trabajaba de peón en el puerto, donde era compañero de Demetrio Athanasoupoulos y de Demetrio Saerjo. Cuando no había trabajo, solía viajar a hacer changas en Santiago del Estero y Chaco.


La hipótesis

Jorge y los dos Demetrios trabajaban juntos. Ante la falta de trabajo, el Demetrio de la calle Perez Galdos le presta plata a Jorge para que pruebe suerte en Santiago del Estero. A su regreso, lo van a buscar para que les devuelva el préstamo, se toman unas copas de más, lo matan y esconden el cuerpo.

La pesquisa y los testigos

El primer paso fue ir en busca de los presuntos acusados. Domingo Ferrando era el encargado de la casa donde vivían los sospechosos y fue quien confirmaría que el día martes 14 por la mañana fue el último día que se cruzó con Demetrio y Antonio. Los vio preparar unos paquetes y los notó mantener una charla con evidente nerviosismo, pero como hablaban en griego no entendió nada…

Pero su esposa sería quien encendería las alarmas al testificar que esa madrugada despertó al oír que los griegos conversaban en el patio, cosa que le llamó la atención porque era un horario en el que no solían estar levantados. Ante semejante acontecimiento, no le quedó otra que espiar sin que la vieran por las rendijas del postigo. Fue entonces cuando vio a Demetrio lavar un pantalón en el pileton del patio mientras conversaba nerviosamente con su cómplice, pero, claro está, no sabe de qué porque hablaban en griego…

Fue entonces que, junto con Fotio, el denunciante, los policías deciden revisar la habitación en busca de ropa manchada de sangre. En la búsqueda, frustrado, Fotio descubre que falta de la mesa de luz un cuchillo grande y filoso, propiedad de Demetrio. Ante la sospecha de que tal vez sí hubo un crimen, los policías se llevan documentos y fotografías de los sospechosos para iniciar una investigación.

El cómplice

El siguiente paso fue ir en busca de Antonio Niajo, el compañero de cuarto y supuesto cómplice de Demetrio. Con tal fin, se dirigieron al bar de la calle Suárez 301 y Necochea, donde trabajaba de lava copas. Al ser interrogado por el paradero de Bacuros, se hizo el sorprendido y dijo que no sabía nada ni de él, ni sobre su compañero de cuarto y menos sobre el otro Demetrio.


La fonda griega

Lo primero que hizo el dueño de la fonda de la calle Gorriti ante la presencia policial fue hacerse el desentendido cuando le mostraron la foto de los sospechosos, pero en cuanto le contaron sobre la desaparición de Bacuros, le volvió la memoria de repente.

Parece que Jorge era un buen inquilino que solía rentar un catre desde hacía tiempo. Incluso luego de su viaje por el interior, fue recibido nuevamente.

El hombre contó que el día 14 fueron unos griegos a visitarlo y serían los de la foto. Se bebieron unas copas, se fue con ellos y nunca más regresó. Incluso sus pertenencias, dos únicas valijas, todavía estaban en el lugar. Claro está, nunca supo de qué hablaban porque no entiende griego.

Los policías se fueron del lugar con fotos y pasaporte de la víctima.

Marche preso

De regreso en el bar donde trabaja Niajo, interrogan al propietario, Justo Bortofulo, y confirma que la noche en cuestión, Saerjo, Athanasoupoulos y Bacuos, a quien reconoce por la foto, estuvieron tomándose unas copas en una mesa junto a su empleado Niajo. La conversación escaló de tono y comenzaron a pelear, hasta que Niajo golpeó con fuerza un vaso en la mesa, pagó y se fueron los cuatro, pero como hablaban en griego nunca se enteró qué decían. Ante semejante revelación, Niajo fue esposado y detenido.



En busca de los Demetrios

Los dos sospechosos sueltos trabajan en el puente del Ministerio de Obras Públicas, sito a la altura de la calle Belgrano, en el puerto. Pero al concurrir la policía al lugar pudo constatar que los antedichos no concurrían a su trabajo desde el día 12 de abril e inclusive tampoco habían ido a cobrar la quincena. Por lo que la policía decide poner una alerta a nivel nacional.

Seguimos sumando Demetrios y testigos

Al enterarse de la búsqueda policial, concurre a la comisaría Demetrio Teodoropulo, comerciante y policía retirado, para declarar que Saerjo había estado en su casa pidiendo consejo. Le contó que durante una pelea su compañero mató de dos puñaladas a un hombre en supuesta defensa propia y necesitaba consejo sobre qué hacer.

Teodopulos le aconsejó que se entregara. Saerjo se marchó con el consejo, desconociendo que el dador del mismo tenía un pasado como policía.

En una ampliación de su testimonio diría que tuvo intención de contar lo sucedido antes, pero como vio que en los diarios, al día siguiente, no se hablaba de ningún muerto a puñaladas, supuso que la confesión de Saerjo no era más que la de un borracho.

Siguiendo la pista de la comunidad griega, los policías llegaron a una tintorería en Corrientes, casi Callao, donde su propietario confirmó que conocía a los prófugos y que habían estado en su casa para pedir un préstamo de 10 pesos para ausentarse de Capital. Rechazando un reloj como garantía y apelando a la condición de trabajadores honestos, el tintorero griego les dio la suma y no los volvió a ver nunca más.

La aparición sin vida de Bacuros

El día 20 de abril y casi por azar es encontrado el cuerpo sin vida de Bacuros, que desde el día 14 permaneció enterrado en una zanja en el baldío de la Usina (actualmente el predio que ocupa Catalinas Sur), con una extensión de más de 7 cuadras. El predio, que a principios de siglo estaba habitado por cientos de “cirujas” y pertenecía a la empresa Sociedad Catalinas Warehouses y Depósitos Muelles de las Catalinas, para 1931 solo era habitado por dos individuos que vivían en “cuevas”, nombre con el que se denominaba a los depósitos subterráneos, ya que hacía poco tiempo que se había desalojado para comenzar obras, que en primer lugar constaban en el relleno y nivel del terreno.

El viejo alemán y el rengo español confirmarían que aquella noche escucharon discutir y sintieron un disparo, pero que no sabían de qué se trataba la discusión porque no entienden griego. Tampoco salieron de sus cuevas porque son frecuentes las peleas entre marineros en el lugar. Sumado a eso, el único foco que podía dar luz justo esa noche estaba apagado.

Pero, contra todo pronóstico, a las 13.30, los bomberos que trabajaban a ciegas bajo la copiosa lluvia frente a la Usina notaron que, a 100 metros de Pedro de Mendoza, frente al galpón de la Aduana, un perro grande escarbaba la tierra y ladraba insistentemente. Curiosos por la insistencia del can, se dirigieron al lugar y, a 50 cm del suelo, las palas comenzaron a chocar con el cuerpo de Bacuros. Vestido de traje oscuro, con los bolsillos hacia afuera, como si alguien hubiera buscado algo, yacía inerte, con visibles manchas de sangre y cuatro heridas punzantes.

Detenidos por portación de rostro

La policía había logrado seguir la pista de los prófugos hasta la localidad de San Nicolás, donde habían llegado en tren desde Rosario y realizaron un llamado telefónico a un primo de Athanasoupoulos que residía en Villa Constitución, en la provincia de Santa Fe, con el fin de solicitarle que les pagara una deuda de 500 pesos que había contraído mientras estaban ambos en Grecia. Pero, al enterarse por los diarios de que la policía los buscaba, tuvieron miedo de ir a la casa del primo y ser aprendidos. Como había una alerta, la compañía  telefónica a viso de la llamada a la policía, a pesar de que la telefonista no supo de qué hablaban porque no entendía griego.

Un mes después del hecho, el 15 de mayo, en Villa Constitución, provincia de Santa Fe, fueron apresados los Demetrios por un incauto policía pueblerino que, entrando a un almacén de ramos generales a comprar, se los cruza de frente y, al verles cara sospechosa, les pide documentos. Ante la falta de estos, son llevados a la comisaría donde, al averiguar antecedentes, descubren que son los griegos buscados en Buenos Aires. El dúo, al momento de la detención, trabaja de peón en una estancia de Estación Theobald y se encontraba en el pueblo con el fin de comprar ropas.

Los griegos habían conseguido llegar a dicha provincia gracias a la ayuda de un coterráneo que les prestó el dinero para los boletos de tren y los llevó en auto a la estación.

El crimen de La Boca fue por una dentadura


Una vez apresados, no les quedó otra que confesar y echar luz sobre el móvil del crimen.

Athanasoupoulos contó que cuando Bacuros se quedó sin trabajo le pagó la pensión en la calle Gorriti e incluso lo llevó a vivir con él. Una noche, cuando regresó a su casa de Pérez Galdós, notó que Bacuros se había ido y con él se había llevado una dentadura de oro que Demetrio guardaba en un mueble.

Bacuros vendió la dentadura, valuada en 160 pesos, y compró un boleto a Santiago del Estero. Allí permaneció casi un año, regresando a Capital el 12 de abril y alojándose en la calle Gorriti.

El día 13, los Demetrios van a su encuentro y, entre copas, en la fonda de Gorriti y Gascón, le reclaman el dinero correspondiente a la venta de la dentadura. Luego de unos tragos, los tres se dirigen en busca de su amigo lava copas al bar de Suárez y Necochea, con el fin de dirigirse todos juntos a la casa de la calle Galdós y actue de mediador. Pero en el bar ya pasados de copas vuelven a discutir.

De camino a Pérez Galdós y cuando llegan a la Usina, Demetrio vuelve a reclamarle el dinero de la dentadura y se produce una violenta discusión. Demetrio saca de sus ropas un cuchillo de importantes dimensiones con el que infiere a su contrincante cinco heridas en el cuerpo, mientras Saerjo trataba de separarlos y Niajo huye despavorido a refugiarse en su domicilio.

Bacuros se desploma y Demetrio, cayendo en cuenta de lo que había hecho, pide ayuda a Saerjo para deshacerse del cuerpo. Entre los dos trasladan a Bacuros hacia una zanja donde lo tiran y tapan con tierra, sin advertir que Bacuros no estaba muerto.

Posteriormente se dirigen a la vera del río a arrojar el arma homicida y planear la fuga.

Esta declaración en la policía fue hecha en castellano, porque el comisario no hablaba griego y no hubiera entendido nada.

Bar de Suarez y Necochea
Casa de la calle Perez Galdos
Usina
Terrenos donde encuentras el cuerpo


 

                                                                                                                                               


4 feb 2018

La apuesta de Jose

José Antonio Barreiro nació un 27 de febrero de 1942 en la maternidad Peralta Ramos de Recoleta, aunque si le preguntaban a el, seguro diría en Serrano y Paraguay, en el barrio de Palermo.  Fue hijo de Álvaro oriundo de Cangas en Galicia y de Concepción de Orense, ambos venidos a argentina alrededor de 1926.
Sus Padres era propietarios de una carnicería en Serrano 2184, la cual atendieron juntos hasta 1947, año en que Álvaro fallece y su esposa se hace cargo sola del lugar y de la crianza del José de tan solo 5 años. Cuando Este cumple 18 y luego de haber terminado sus estudios secundarios en el Colegio Hipólito Vieytes del barrio de Caballito, toma las riendas del negocio familiar.
José tenia muchos amigos, pero entre los mas compinches se encontraban los hermanos Vicente y Arturo Fernández, propietarios del almacén ubicado en Serrano (en la actualidad Borges) 2108 y Guatemala.
Vicente solía ir los domingos por la tarde, a las tertulias de jóvenes del Centro Lucense. En esas reuniones conoce a Alicia Vilar, una jovencita de llamativa belleza capaz de deslumbrar con solo una mirada a los jóvenes asistentes, que a pesar de sus intentos por conquistarla, no conseguirían más que un contundente gesto de rechazo.
Alicia vivía en Mataderos y era hija de Hermelinda Masilla y Evaristo Vilar oriundo de Pontevedra en Galicia, propietarios de un almacén en Alberti y Murgiondo.  Evaristo tenia de proveedores a unos coterráneos de una empresa distribuidora de alimentos llamada Establecimientos Coveco que funcionaba desde 1963 en El Salvador 5127 y Godoy Cruz en Palermo. Estos jóvenes eran asiduos a las reuniones del club y serian los encargados de invitar a Alicia a participar, quien entusiasmada con la experiencia, termina siendo habitué del lugar.
Vicente, como otros tantos jóvenes frustrados por la inalcanzable Alicia, le cuenta a su amigo José sobre la belleza de esta, su mal carácter y su fama de inconquistable. José agrandándose delante de sus amigos, alardea sobre el hecho, que el si quisiera podría conquistarla aun sin siquiera conocerla. Ese día los amigos se hacen una apuesta nada mas ni nada menos que por el honor. Vicente le daría a José el teléfono de Alicia, y el a ciegas y sin mas que los datos que le dio su amigo intentaría invitarla a salir.
Un 19 de Junio de 1966 José decidido a ganar, levanta el teléfono y disca sin titubear. Ante el desconcierto de Alicia, el pícaro José, le asegura que se conocen del centro Lucense, ella que no lo recordaba, claro esta que nunca lo había visto, en medio de la confusión y curiosidad acepta una cita para el día 23. Cuando Alicia descubrió la verdad, era demasiado tarde, José ya la habría conquistado.
Apenas 14 meses después, el 5 de Agosto de 1967 se casan en la Basilica San José de Flores  y se instalan en la casa de Jose.
Juntos convirtieron la carnicería en un pequeño mercadito llamado “mercado y mucho mas”. En 1972 llego su primera hija María Alejandra, luego le seguirían en 1973 Gabriel, Daniel en 1975 y María Estela en 1977. Para ese entonces José tenia dos Hobbies, el primero era viajar por el pais. Para satisfacer este, tenía una pequeña casa rodante y un Ford Farline en el que cargaba a toda la familia y recorría las rutas argentinas anque algunos países limítrofes cuando el tiempo se lo permitía. El segundo pasatiempo, y por el que muchos lo recordarán era el de la fotografía.
José tenía de amigo a Miguel Plaquin, un fotógrafo de profesión que cubría sociales y vacaciones en Mar del Plata. Atraído por el oficio,  tímidamente comenzó a indagar sobre el tema y adquirió una Contaflex de 35 mm, que posteriormente sería sustituida por una Nikon profesional. José sacaba fotos a rolete, con rollos armados junto a su amigo, los que tenían mucho más que 36 fotos. También junto a él y en el laboratorio de Plaquin  revelarían el material. Familia, amigos, fiestas, accidentes, paisajes, viajes, retratos escolares, hechos curiosos, todos pasaban por la lente de José, que cargaba continuamente sus cámaras para no perderse nada. A veces su pasión lo hacia meterse en lugares insólitos. Una vez, el 16 de enero de 1978 camino a unas vacaciones en Mar de ajo, por la radio escuchan sobre la explosión del 4° piso del edificio de Paraguay 4522 y Serrano, asustados por la noticia, se comunican con el entonces dueño  de la pizzería El pingüino de Palermo, quien los tranquilizó diciéndoles que su casa no sufrió daño, ni los perros que habían quedado a cargo del padre de Alicia. A decir verdad los animales era lo que más les preocupaban. Al regresar, y con la excusa de chequear unas grietas en la medianera, José apalabro al encargado y logro ingresar al lugar siniestrado y fotografiar todo, cosa que ningún reportero había logrado. El parte oficial de lo ocurrido decía que fue un escape de gas, aunque se rumoreaba en el barrio que el lugar era escondite de miembros de montoneros y la explosión no había sido un accidente.
En 1982, da por finalizado su trabajo en el mercado y vende el fondo de comercio para dedicarse por varios años enteramente a su mujer y sus hijos.  Desde 1976 era un activo colaborador de la Parroquia San Francisco Javier de Serrano y Nicaragua y de su entonces párroco Fernando Echeverria. José a demás de ser practicante de su fe católica, colaboraba en el armado de los eventos y en el registro fotográfico de los mismos. Pasados los años 80 continúo su labor con el nuevo párroco Martín Bustamante, con quien fundara el grupo de Matrimonios. Para ese entonces Alicia atendía un pequeño kiosco y librería que se encontraba dentro del Colegio de niñas Santa Rita, lindero a la parroquia, y José trabajaba junto a un amigo en una pequeña editorial universitaria. El matrimonio era conocido por grandes y chicos de la comunidad, especialmente por el gran carisma de Alicia. Sus hijos crecían y junto a sus amigos invadían la casa familiar, que siempre tenia las puertas abiertas para recibirlos. José de apariencia seria jugaba el rol del padre intimidante, mientras que Alicia era la madre cómplice. La realidad es que los dos eran felices de ver su casa llena de jóvenes de todas las edades y lo de los roles era simplemente para poner orden entre tanto crío propio y ajeno. Mientras el Farline jubilado descansaba eternamente sobre la vereda del Pingüino, y servia durante años de asiento improvisado en las charlas callejeras de los amigos de sus hijos, cada tanto José accedía a cargar mas de media docena de pibes en su Falcon Rural Bordeax (en esa época no había limites para llevar gente en un vehiculo) y llevarlos a pasar el fin de semana a su quinta en moreno.
Así Alicia y José vieron crecer a sus hijos, a los amigos de sus hijos, y a los vecinos del barrio y el colegio.. Siempre colaborando y participando activamente en causas que consideraran nobles.
El nuevo siglo llegaría y José no estaría para verlo, un 8 de octubre de 1999 partió producto de una insuficiencia renal. Rodeado de sus hijos y dos de sus nietos nunca dejó de hacer planes de viajes para cuando se recuperara.
La parroquia fue escenario de la misa de cuerpo presente, oficiada por los curas Fernando y Martín, quienes a pesar estar en otros destinos asistieron especialmente. Junto a ellos y sin que la ceremonia fue anunciada, docenas de vecinos y amigos se presentaron, y otros tantos acompañaron sus restos al cementerio de la chacarita.
José no era famoso más que en su círculo de amigos, no realizó ni grandes ni heroicas proezas. José retrató su vida y la de su comunidad, dejó cientos de imágenes en papel y otras tantas en la memoria de quienes lo conocieron. José siendo hijo único formó una familia numerosa y unida, llena de nietos y biznietos que llenan de risas la casa que aún habita Alicia. José le apostó a Vicente lo que sin saber sería el resto de su vida. José gano fácil, porque si hay algo que tenía José, era Honor.

20 ene 2018

Cuando la estética mata la historia


En el barrio de Palermo  está la Parroquia San Francisco Javier sita en Borges entre Nicaragua y Costa Rica.
Originalmente fue construida como una capilla dependiente de la Basílica del Espíritu Santo, templo de la Parroquia de Nuestra Señora de Guadalupe (Mansilla y Guatemala en Palermo).
El terreno fue donado por una vecina del barrio a la Obra de la conservación de la Fe, y en 1907 fue la colocación de su piedra fundamental.
La idea original era la de tener un lugar intermedio, donde los fieles más alejados a Guadalupe, pudieran acercarse a misa o simplemente a rezar.
Finalmente y a pesar de no estar del todo terminado, el templo fue inaugurado en 1913.
En 1934, a la capilla se le sumaron dos colegios primarios y gratuitos a sus lados, a la derecha el Santa Rita para niñas, que también era hogar de monjas y a la izquierda el San José de varones, que compartió espacio con la casa parroquial.
No paso mucho tiempo hasta que la capilla fue declarada Parroquia e independizada.

Postales del mundo

Postal Española anterior a 1952
Por su historia, desfilaron 15 párrocos e innumerables tenientes, diáconos, sacristanes y seminaristas. Algunos de ellos protagonistas de hechos policiales oscuros y macabros acontecidos en la década del 60. La mala fama de los curas y el lugar provocaron una merma en la feligresía. 
Pero unos años antes de que esto ocurriera, alrededor de 1950, el altar de San Francisco  Javier era objeto de admiración. Tanto así que en España, se imprimieron tarjetas postales con la foto del mismo. En ella se podía ver su cúpula de ladrillos marcados, un gran ángel coronando el altar en exceso ornamentado con  el sagrario en medio.




La era de los cambios

Altar modificado 
En 1952 y como conmemoración de los 400 años del fallecimiento del Santo medico y misionero, en su cúpula se pinto un fresco donde se veía a San Francisco Javier en su lecho de muerte mirando hacia el cielo a Jesús que viene en su búsqueda.
Llegados los años 80, la parroquia lidiaba con la escasez de fieles, pero la presencia de un cura joven tercermundista con sueños revolucionarios hizo que de a poco se acercaran los jóvenes, algunos de ellos ex alumnos de los colegios.
Para 1986 el lugar contaba con un espíritu renovado, aunque con unas instalaciones claramente deterioradas. A partir de allí y con un nuevo cambio de párroco comienzan las remodelaciones.
En el primer lavado de cara, se repararon y pulieron los bancos, se removieron los altares de los santos y  se retiraron de los muros internos  las placas de bronce que se habían colocado a través de los años a modo de agradecimientos y recordatorios,  (las placas nunca volvieron, según testigos de la época, las mismas fueron sustraídas y vendidas al peso a un chatarrero de la zona, quien las corto para ser fundidas) En el frente se realizó una Ermita, que contenía una virgen de Lujan, y se colocaron rejas internas, que permitían el templo abierto pero no accesible.
Mas adelante, y por orden del vaticano, se modifico el altar que estaba distribuido para dar la misa de espaldas a los fieles.
Esta vez una importante obra realizada, removió el altar por completo y traslado el sagrario de mármol hacia un costado. Muchos de los mármoles antiguos no soportaron la manipulación y se partieron, quedando inutilizados. En su lugar se colocaron nuevos de inferior calidad.
Las ornamentaciones de los santos que habían sido removidas con anterioridad, fueron recicladas para hacer un altar a la virgen de luján que estaba en el frente, e entronizar la imagen en el templo. En su lugar se empotró una cruz del tercer milenio.
Se construyo un campanario improvisado sobre el techo de la secretaria parroquial, por donde se veía bajar la cuerda que movía el badajo.
El antiguo Armonio fue rotando por todos los rincones, y la escalera caracol de madera que llevaba al coro fue clausurada con rejas.
El fresco descascarado por el tiempo, fue maravillosamente restaurado por un sacerdote, Mario Beveratti, que además contaba con un titulo en bellas artes.
Ya entrados los 90, la parroquia lucia un poco mas despojada y distinta.
Las obras se trasladaron a la casa parroquial, consistían en la remodelación de una finca lindera al colegio San José, que había sido donada por un vecino decadas atras y se encontraba en condiciones de abandono.
Los curas continuaron desfilando y en el tiempo que siguió, la reforma le llego a los colegios. Las monjas se fueron, se le cambiaron los nombres por San Francisco Javier, se incorporó secundario y los edificios fueron remodelados. Seguramente la cuota también aumento, ya que desde los años 60 eran pagos.
Cada tanto el templo sufría una nueva remodelación, que lo despojaba aun mas de su imagen primigenia.

Parroquia 2.0

vista 2016
Con el nuevo milenio, y una nueva lavada de cara al templo, un día así sin más, el fresco de la cúpula desapareció.
La excusa fue un proyecto con motivo de celebrar el centenario, que  contemplaba terminar la construccion que habia quedado inconclusa en 1913 y plasmada en los planos originales de 1907. Aparentemente en ellos se proyectaba 3 ventanales de vitraux en el frente, y una gran ornamentación con el nombre del lugar.
Una vez más la fachada cambió. La cruz se sacó, se construyeron los ventanales, se colocó un friso con el nombre de la parroquia, se le colocaron columnas romanas. La virgen de luján fue a parar a el lugar que alguna vez ocupó el sagrario en el centro del altar, la puerta que conectaba el templo con la secretaria desapareció, los bancos se achicaron, y algunos santos se esfumaron, mientras que otros cambiaron de lugar, igual que el armonio.



Actualmente y si lo comparamos con la foto de aquella postal española, el templo que alguna vez fue admirado por los europeos, se convirtió en un moderno loft palermitano. Un gran salón en tonos pastel, cool, impoluto, con calefacción,  luces led y bancos minimalistas prolijamente alineados. En su interior  se pueda celebrar misa o montar una feria de diseño, da lo mismo,  ya que de la construcción original de hace mas de un siglo poco queda, y lugar es lo que sobra…

12 jun 2016

El ladrón del tiempo

En junio de 1974, Sidy y Gregorio, dos estudiantes que lo habían conocido en un bar cerca de la facultad de filosofía, le regalaron por su cumpleaños una libreta con índice , pero como no tenia teléfonos que agendar, decidió darle un uso mejor. Luego ellos escribirían en una de sus hojas “para que siempre recuerden a los culpables” (nosotros le regalamos la primer libreta).
Se referían a la primera de muchas, en 3 años lleno 60 donde escribieron alrededor de 20.000 personas, y de las cuales se editaron 2 libros.

Jose Rosenwasser era un inmigrante Polaco que llego a Bs. As. en 1926 con solo 15 años. Venia con una historia a cuestas de padre suicida, madre abandónica y un tío golpeador. La vida no le había sido fácil y su educación solo llego hasta cuarto grado.
Desde pequeño conoció el oficio de Herrero y pulidor, el mismo que lo acompaño durante 50 años hasta que le llego la jubilación. En los malos tiempos se hacia un extra atendiendo por las noches el puesto de diarios de Santa Fe y Juan b Justo, en Pacifico.
Alguna vez tuvo mujer e hijo, pero también lo habían abandonado.
Los sábados por la noche salía de la pieza de la pensión en la calle Bomplan, enfilaba hacia corrientes y entraba en los bares a sorprender incautos, su presentación siempre era la misma, “ No vendo nada ni pido plata, no me regalaría 3 minutos de tiempo?”  Con su libreta y lápiz en Mano, como quien pide un autógrafo a una celebridad, el pedía una palabra, una pensamiento, una prueba de vida. Sus preferidos eran los jóvenes estudiantes, porque sabía que si no querían escribir le dirían que no tenían tiempo, pero jamás lo tratarían mal, cosa que no pasaba con la mayoría de la gente adulta.
Hombre solitario y curioso, acostumbraba a preguntar si querían hablar con el, constantemente se encontraba con negativas, maltratos o comentarios sobre el tiempo y conversaciones vacías, hasta que un buen día descubrió que la gente se expresaba mejor escribiendo que hablando con un extraño, y así se convirtió en un pintoresco personaje de la noche porteña, a quien nadie le decía que no. No importaba el lugar, podía ser La Paz, el Paulista, el subte B, el colectivo 41 o en la esquina de una facultad.
De esa misma manera conoció a un joven Daniel Kon, quien años más tarde escribiera “los chicos de la guerra” y fuera el creador del suplemento Si de Clarín, quien le propuso en 1977, recopilar las mejores frases de sus libretas y editarlas junto a su biografía en un libro: “las libretas de José” y años mas tarde en otro aunque con menos exito.
El polaco bajito y miope,  que a pesar de tener historias fantásticas para contar, de cuando fue polizón en un barco o se escapo de su hogar a los 6 años en un tren, prefería no recordar, y cada tanto garabatear un pensamiento en sus libretas que firmaba como JR.
Cuando llegaba a su casa luego de aquellas rondas nocturnas, se sentaba en su cama con su tesoro de papel y tinta, "Entonces siempre me pasa lo mismo. Siento que empiezo a volar, alto, muy alto... Vuelo con la imaginación, sin parar, hasta que llego a otros planetas. En esos momentos siempre me siento feliz, y puedo ver cosas distintas, hermosas. Veo cosas que nunca nadie ve."
Tal vez nunca imagino que aquello que sentía y veía, no era solo producto de su imaginación, sino un legado para generaciones futuras, el testimonio de aquellos que ya no están o que alguna vez fueron. Es inevitable pensar al leer esos libros, en cuantos de aquellos que escribieron entre 1974 y 1979 desaparecieron, cuantos fueron a la guerra, cuantos estudiantes no se recibieron, cuantos amores terminaron o cuantos nacieron. Que secretos encierran esas iniciales, sobrenombres, confesiones, frases hechas, chistes malos, amores poetas. Si el Luis Alberto, Pajarito u Olmedo que aparecen en sus pagina, eran ellos o solo unos socias.
En 1985 José seguía vivo, Daniel lo contaba en una entrevista para el diario el País, después de eso no existen obituarios, ni fecha de defunción. Tampoco se que paso con aquellos originales, parece que nadie se pregunto por ellos.
Dicen que cuando le contaron a  Borges sobre el,  dijo  que era un personaje de Ficción, yo creo que fue un viajero en el tiempo y un día desapareció, o no….
Cuando dejó de recorrer la noche, las hojas de las libretas se convirtieron en paredes escritas con aerosoles de colores. Hoy esas paredes son muros con su nombre en  Facebook y en Twitter los que te invitan a que les regales 3 minutos de tu tiempo.

Primer Libro completo:

17 sept 2013

El chino pendulante


Fue un día como cualquier otro en un mes que no recuerdo de aquel año 2004. El oriental, presuntamente chino, y una señorita occidental trabajadora de un cabaret del barrio Palermo, entraron caminando por uno de los dos accesos del Hotel alojamiento del mismo barrio y casi limitando con Chacarita.  El conserje que ya lo conocía porque solía frecuentar el lugar, le da la llave de la habitación 413 ubicada en el cuarto piso del lugar, seguramente nunca asocio el número con la mala suerte y todo lo que iba a suceder...
El chinito insaciable se limitaba a pedir por teléfono toallas, preservativos, alcohol y algún plato de comida para reponer fuerzas, ya que las chicas desfilaban de turno en turno, y aparentemente él tenia resto para todas.
Cumplidas las 48 hs. de estadía en el telo, y luego de que ya no quedaran señoritas disponibles ni dinero para pagarles, a eso de las 10 de la noche llama por ultima vez a Carlos, el conserje de turno, y pide antes de irse una última cena.
Carlos que llevaba la abultada cuenta de gastos, accede con la condición de que se retire a las 23 hs. del lugar, previo pago de lo adeudado.
El excitado asiático, del cual no sabemos su nombre, al encontrarse sin dinero por habérselo gastado en las mujeres que le mandaban del cabarulo, se ve obligado a llamar a un amigo para que lo rescate de esa situación trayéndole efectivo.
No paso mucho tiempo, hasta que el personal del hotel es visitado por la Federal en busca del ocupante de la habitación 413.  Al parecer el amigo del endeudado, al saber donde se encontraba éste, dio parte a la policía que lo buscaba intensamente por el presunto asesinato de su novia.
Nada grata fue la sorpresa de la gente del hotel ante tamaña noticia, que sin perder un instante y tratando de no levantar la perdiz ya que el hotel estaba bastante concurrido, llamaron insistentemente a la habitación sin obtener respuesta alguna. Por cuestiones legales, sin orden de allanamiento la policía no podía ingresar a la habitación, ni siquiera al hotel, tenían que limitarse a esperarlo en las salidas, porque recordemos que el hotel tenía dos, una por la avenida y otra por la calle lateral.
Carlos siguió insistiendo, subió y golpeo personalmente la puerta, pero el chino seguía sin responder, todos comenzaban a inquietarse. Fue entonces cuando desesperado se le ocurrió que la mucama si podía entrar a la habitación con la llave maestra y verificar que es lo que estaba pasando. Así fue que después de conseguir a la valiente que entraría, y acompañada por él abrieron la puerta de la 413.
La habitación era sencilla, cama doble, baño simple, espejos por doquier y la clásica tele con canales triple X amurada con un soporte en lo alto de la pared, y es ahí justamente donde se encontraba el pendulante chino, ahorcado con una sabana del soporte de la tele, mientras en la pantalla se veía a dos colegialas jugueteando con un bien dotado caballero.
Por suerte ninguno grito del susto, simplemente quedaron impávidos. La prioridad ahora era mantener la discreción, tratar de solucionar el problema sin que se enteraran las parejas que ocupaban el hotel, además la prensa tampoco debía saberlo, ya que si esto salía a la luz seria el fin del prestigio del lugar que por tantos años estaba en el barrio.
Fue así que con un billete de por medio todo quedo en el mayor de los secretos, el forense ingreso, examino el cuerpo y con suma discreción la morguera lo saco del lugar. Luego llego el turno de los peritos, estos buscaban el arma homicida que habría usado el suicida para matar a su chica, en vano fue su búsqueda ya que la pistola no apareció.
Finalmente y de madrugada se termino con el tema, la policía se retiro y las mucamas procedieron a limpiar la habitación para los próximos clientes.
Paso apenas una semana y del deposito del baño comenzó a salir un agua color marrón que caía por las paredes e inundo el suelo, las mucamas no entendía a que se debía esta anomalía por lo que tuvieron que llamar a mantenimiento.  Una vez más quedaron sorprendidos cuando al desarmar el tanque para arreglar el insólito desperfecto, aparece el arma homicida obstruyendo la cañería.
A pesar de lo cruento de los hechos, la historia permaneció en el ostracismo, nadie supo lo acontecido en aquella habitación 413 que permanece igual en su fisonomía.  
Si alguna vez en un apurón entras a ese hotel, nunca aceptes ese cuarto,  porque que cuando estas en pleno coito y de refilón ves el reflejo de la tele en el espejo del techo, por un segundo pareciera verse una sombra que se mueve de un lado al otro, y otras veces una interferencia interrumpe la película y puede verse la cara de un hombre oriental observando.


23 jun 2013

Palermo Mío

Si bien denominamos barrió al espacio geográfico delimitado por cierta cantidad de manzanas, la mayoría de las veces el barrio es las cuadras aledañas a nuestra vivienda. Cuando sos chico tu barrio es tu casa, tu escuela, el almacén, la casa de los compañeros, el club. Yo nací en Palermo viejo, y a pesar de ser un barrio grande, mi Palermo no tenía más que unas manzanas. A medida que se crece, los límites se van corriendo, pero en la memoria el límite sigue siendo los lugares de la infancia.

Jaime el pollero

Don Jaime era un judío colorado de notorio bisoñe, que tenia un pequeño local de venta de productos avícolas en Serrano 1421 y el Pasaje Coronel Cabrer, justo entre la carbonería y la verdulería de los El Alí. Siempre vestía un blanco guardapolvo y cuando no tenia clientes se paraba en la puerta de su local, adornada con cortina de tiritas plásticas, a relojear a las señoras y señoritas que pasaban por la puerta, manteniendo siempre la postura de galán maduro.
Jaime tenia fama de “Carero” y mujeriego, combinación que a los maridos del barrio no les convencía mucho. Por algún motivo lo recuerdo parecido a Soldan.

Los muchachos Peronistas

Los Meccía eran una familia numerosa de Peronistas, que tenían varios locales en el barrio incluyendo un comité. El mismo estaba en Cabrera y Serrano, y desde ahí se maneja toda la militancia del barrio. Si bien durante la dictadura muchos miembros de la familia se guardaron, el local seguía funcionando a puertas cerradas. La realidad cambio en el 82, cuando aptos para realizar campañas políticas, comenzaron a enardecer al barrio todo, con el sonido de la marcha peronista emitido por el altoparlante de una chata que recorría las calles a todo volumen.
La candidata era Teresa de Palmas, hija de don Meccia, su campaña consistía en repetir una y mil veces su nombre y cada tanto prometía un peronismo autentico.
*En los años 90 y como Embajadora en Republica Dominicana designada por el entonces Presidente Menem, se vería envuelta junto a su esposo e hijo, en un extraño caso de tráfico de drogas, secuestro y asesinato de un menor en un ritual satánico. Su condición de diplomáticos les permitió volver al país en 1996 sin cumplir condena.

*- Ante el pedido de la  familia de Teresa De Palmas de corregir los hechos mencionados, dejo constancia que la información aquí publicada, fue extraída de los diarios de la época. Los mismos están disponibles en la web. Por lo que no emito juicio de valor alguno sino reproduzco la información antes mencionada.
http://www.lanacion.com.ar/168284-el-regreso-sin-gloria-de-meccia-de-palmas
http://edant.clarin.com/diario/1998/08/02/e-05801d.htm
http://www.40limon.es/1997/04/copa-inocencia/

http://manuel-miranda.blogspot.com.ar/2007/06/la-verdad-del-caso-llenas-aybar-juan.html

La escuela 23
  
Sobre la calle Serrano entre Córdoba y Niceto Vega estaba la escuela n° 23 Dr. José María Bustillos. De paredes blancas y estilo colonial, tenia grandes ventanales que daban a la calle, un zaguán o patio delantero, el patio trasero y al fondo la casa de Alcira la portera, una provinciana retacona de carácter cambiante y notoriamente harta de las blancas palomitas.. Ese edificio siempre fue escuela, aunque en sus inicios como colegio de niñas pertenecía a la “Obra de la Conservación de la fe” y era administrada por monjas, que no muy voluntariamente alquilaron el inmueble al estado, hasta 1982 año donde seria devuelta en lamentables condiciones, ya que al Intendente Cacciatore le salía mas barato construir una escuela nueva que arreglar el maltrecho edificio. En 1976 sería testigo de un “operativo militar” que consistía en decenas de soldados armados recorriendo el edificio poblado de niños, y francotiradores apostados en los techos de chapa, a la espera que apareciera algún montonero o terrorista.

El terror del colegio

Pegadito a la Escuela, estaba la casa de Alejandro Santacaterina. Para los que cursaron la primaria en la 23 entre 1976 y 1985 saben perfectamente de quien les hablo. El pequeñín de anteojos de gruesos marcos, era el mismísimo diablo reencarnado. Hijo de Yolanda y Tony, un Italiano dueño de la pescadería “la Rana” que se encontraba en Av. Córdoba y Araoz, y hermano mayor de unas mellizas que intentaban seguirle el tren sin existo. Si Matt Groening hubiera pasado por Argentina, sin duda Bart Simpson seria una versión Light de Ale, que irónicamente por lo largo de su apellido era apodado “Santa”. Llegado un punto las maestras no se molestaban en llamar a sus padres, directamente en lugar de mandarlo a dirección, le tocaban el timbre a su madre y le entregaban al insoportable niño. Entre sus travesuras más recordadas se encuentra el día que ante las altas temperaturas, decidió taponar los desagües de los largos piletones del baño, llenarlos de agua, sacarse las ropas y simplemente sumergirse. No existió compañerito suyo, que no se fuera a casa con un moretón causado por el, eso si, a sus fiestas de cumpleaños nadie faltaba, simplemente eran las mejores….

Atracción Fatal

En las esquina de Thames y Niceto Vega, se encontraba una ferretería con frente de granito gris y dos grandes vidrieras de persianas verde oscuro que existió hasta hace unos años. La misma era famosa por tener una pizarra en su puerta, donde contabilizaba los autos y colectivos que se le incrustaban en la vidriera. Al principio su dueño reparaba el frente una y mil veces, pero finalmente decidió que no valía la pena el esfuerzo hasta que el entonces intendente de Bs. As, el Dr. Cacciatore, pusiera un semáforo. Los números de accidentes escritos en tiza blanca llegaban a las tres cifras, y se modificaban al menos 3 veces a la semana. Tardaron años en colocar el semáforo, pero la pizarra nunca se fue, seguía contando choques aunque con menor frecuencia. Nadie se podía explicar tal fenómeno, por suerte la victima siempre era el frente, a pesar de ser una esquina muy transitada especialmente por los chicos del colegio, que se encontraba a pocos metros de ahí. El último accidente fue en 2010, cuando un camión repartidor de diarios destruyo por completo el frente al chocar con un 55. Seguramente y después de casi 30 años de soportar embestidas, esa fue la cuota que rebalso el vaso e hiciera que el lugar bajara definitivamente la golpeada persiana..

Palermo Hollywood

En Serrano y Niceto vega, se encontraba la casa de Chico Novarro. Para las Sras del barrio tomar esta calle era casi obligatorio, ninguna quería perderse la oportunidad de ver salir a Chico de su casa o simplemente escuchar a través de las ventanas los acordes del piano, acompañados de su melodiosa voz.  Nada opacaba este momento, ni siquiera el invasivo y poderoso olor a queso estacionado, que provenía del inmenso depósito de Quesoro, que se encontraba en la vereda de enfrente.
Pero ese no era el único “Famoso” del barrio, sobre Cabrera, llegando a Uriarte, se encontraba la casa de Maurice Jouvet y Nelly Beltrán. Era habitual ver a Maurice hacer las compras por el barrio, cargando una típica bolsa de nylon a rayas y sonriendo ante las muestras de admiración y afecto de los vecinos. Su esposa Nelly solía asomarse a la ventana y charlar con las vecinas. Sin dudas fueron habitantes entrañables del barrio.
A metros de su casa por la calle Thames, vivía Amalia Bernabé, una viejecita poco simpática con una extensa trayectoria artística en cine, tv y teatro, donde habría debutado en 1913 con apenas 18 años.  Doña Amalia vivía en una casona con rejas al frente, si bien no era una persona sociable y menos con los cholulos que se le acercaban, no le quedaba mas remedio que aguantar a los curiosos que se alborotaban cuando su sobrino tambien actor llamado Julio Gini y que trabajaba con Pepe Biondi la visitaba.
Su casa lindaba con un terreno baldío, lo cual le proveía la satisfacción de no tener vecinos inmediatos, pero su suerte término, cuando en 1982 y en solo 6 meses, construyen el edificio de 2 plantas con bloques prefabricados, que ocuparía la nueva escuela 23. El edificio con cientos de alumnos corriendo y gritando terminaría con la paz de la anciana de 87, que constantemente llamaba para quejarse de los ruidos. Al año siguiente, en 1983 y con 88 años fallecía. Los alumnos de turno mañana le enviaron a su familia una carta de condolencias, ya no escucharían más los insultos propinados por detrás de las persianas.

Cabos sueltos

En la intersección de las calles Thames y Cabrera, funcionaba el almacén del Sirio, un sucucho atestado de mercadería, que intentaba ser uno de los primeros autoservicios de Palermo, luego con los años se mudaría a unos metros sobre la calle Thames, para convertirse en supermercado y proveer a los restaurantes del barrio.

En diagonal se encontraba el “Bar de Laguna”, un tugurio oscuro donde los hombres del barrio solían ir a jugar cartas y tomarse unas ginebras. Entrar al bar aunque sea para preguntar algo estaba mal visto, aquel lugar tenía fama de ser cueva de borrachines y pendencieros.

Ahí cerquita estaba el lavadero industrial, un lugar con grandes calderas y perros bravos que lo custodiaban. Un buen día por la mañana, las calderas explotaron, el estruendo retumbo en varias cuadras a la redonda. Pronto se escucharon los bomberos y la policía advertía a los vecinos que no salieran a la calle, porque los enormes y feroces perros heridos en la explosión, recorrían las calles del barrio. Nadie se animo a salir hasta muchas horas mas tarde, los días siguientes apenas se animaban a asomarse a la esquina del lugar, para ver el frente ennegrecido por las llamas. Nunca nadie supo si atraparon a los perros, tal vez todavía andan dando vueltas por el barrio.

10 mar 2013

La barra de la esquina


Supongo que no es casual que siempre me haya gustado tanto la película “la barra de la esquina” con Alberto Castillo y su posterior remake de los años ´70 “Los muchachos de mi barrio” con Palito Ortega como protagonista. Estas contaban las andanzas de un grupo de jóvenes vecinos de un mismo barrio y con distintas y variadas historias personales, que compartían alegrías y amarguras en una esquina de la boca. Los años pasan, los jóvenes crecen, y cada uno sigue su camino. Finalmente muchos años mas tarde algo los vuelve a reunir y no es el Facebook.
Yo tuve mi barra de la esquina, no fue hace tanto, apenas unos 25 años. Nos reuníamos en la esquina de Nicaragua y Acevedo (hoy Armenia) en el barrio de Palermo, justo frente a la plaza que vimos construir cuando dábamos los primeros pasos en el colegio primario. Éramos muchos cuando estábamos todos y siempre caía alguno nuevo.
Si bien solíamos deambular por distintos establecimientos del barrio, ahí estaba el punto de encuentro, justo en las escalinatas de una casa, en ese entonces a medio construir. No se quien eligió ese lugar, supongo que fue para diferenciarnos de los grupos que copaban la Plaza Campaña del Desierto, como ser los muchachos de la barra de River, los amigos del Negro Victor, o los de la murga “Los elegantes de Palermo quienes ensayaban en temporada de carnavales con sus levitas rosadas llenas de lentejuelas.
A metros de este lugar se encontraban las casas de Karina “La Quesera” y Karina “Pastora”, en el medio de ambas y sin lógica alguna emplazada como una casa mas de la cuadra la calesita del barrio. La barra femenina se completaba con Faby, la hija rebelde de la enfermera del barrio,capaz de tener un séquito de muchachos rogandole un beso,  la rubia y delicada Vanina, Andy, Sonia, Maria Elena, poseedora del mismo registro de voz que Patricia Sosa y cantante de mi primer banda de rock, y La Negra Alejandra, chica de armas tomar y archienemiga de Pastora, a quien por robarle un novio incrusto de bruces en la tierra de un cantero, mientras la sostenía de su cabellera ondulada y le propinaba insultos diversos, mientras el resto de las chicas la victoreábamos , con clara aprobación a la declaración de derechos sobre la propiedad privada.
La parte masculina de la barra estaba definitivamente más poblada y en su mayoría integraban el equipo de fútbol del "Club Eros", los principales arrancadores de suspiros femeninos eran: Cristian U., claro está que no hablo del payaso mediático ganador de Gran Hermano, sino del original e inimitable hijo del imprentero, Pato, también llamado Christian y apodado así por su ídolo Filliol, Fabuchi, aficionado al dibujo y poseedor una cabellera de rubios rulos que su madre dominaba con gomina,   Javi,  rebelde con causa y el primero en cortarse el pelo como Mr. T,  “El Chino”, otro Cristian que aunque no era chino de verdad lo parecía y su papa tenia un súper, eso si, mucho antes que los chinos pusieran súper. El Cabezón Leandro, propietario de un pulóver de punto ingles de última moda y poseedor de una sensibilidad y dulzura proporcional a su rusticidad, capaz de convencer a todas las chicas de la barra de asistir a su fiesta de cumpleaños con pollera y tacos. Fernando, que a pesar de vivir lejos se tomaba el colectivo los sábados para ver a su amor imposible Pastora, Condorito, apodado así por su parecido al personaje de historietas chilenas y fanático de Kiss, Hetitor, excéntrico roquero desde chico y reconocido por su incipiente acné  y finalmente Topo y Zuca, virtuosos futbolistas que se comportaban como gemelos a pesar de siquiera ser hermanos.
La actividad comenzaba en las primeras horas de la tarde cuando terminaba el horario del colegio e indefectiblemente se pasaba por la plaza para ver si había alguien. La Negra se aparecía de uniforme gris enroscado en la cintura para que quede mas corto y palo de Hockey en mano, mientras el resto cargaba mochilas y Walkman con música a todo lo que da, en el de las chicas podía oírse a las Viudas, los Twist o el compilado de “refrescos musicales”, mientras que los chicos deliraban con Iron Maiden, V8 y Kiss.
Las tardes era común pasarlas en el Pool que se encontraba en Costa Rica casi Malabia, tenía una extraña mesa con paño rojo y sus buchacas eran cabezas de león talladas en madera dispuestas a tragase vorazmente las bolas. En el fondo una rocola que a pesar de estar llena de vinilos, no dejaba de tocar “Pipas de la paz” de Paul Mc Cartney.
El lugar elegido para las travesuras era el local de Gioconda, quedaba sobre Nicaragua y estaba atendido por una distraída señora que jamás se daba cuenta cuando los varones del grupo le sustraían algún souvenir para regalarle a las chicas.
Las salidas grupales dependían del efectivo disponible, las opciones variaban entre ir a comer tostados con licuado de banana servido en jarra plástica en el “Pingüino de Palermo”, ubicado en Paraguay y Serrano, ir a la matinee de “San Francisco Tramway” en Araoz y Santa Fé, o un viaje en subte al centro, visitar la “Galeria Nazi” de Lavalle al 600, tal vez una entrada al cine y como broche de oro un Mobur en el  Pumper Nic de Florida y Lavalle.
Los sábados a la mañana el lugar elegido era la casa de la Negra, yo me rateaba a mi clase de guitarra en la Parroquia San Francisco Javier de Serrano y Costa Rica, donde la mayoría asistía a “Perseverancia”, y con los Australes de la cuota compraba en el kiosco de diarios de Guatemala y Serrano la revista Toco & Canto, el resto del dinero lo aportaba a la vaquita para comprar Sándwiches de miga en la panadería “Alimar” atendida por las gallegas, donde solíamos encontrarnos con Pipo Chipolatti.
De ahí directo a la casa de los Barreiro, una de las pocas familias que aceptaba adolescentes revoltosos, seguramente mucho tenía que ver el hecho que tenían 4 hijos y el griterío de niños era una constante. Alicia, la mamá, atendía el bufette del colegio Santa Rita de Serrano y Nicaragua, mientras que el padre de familia, apodado “Acuaman” (por ser poseedor de un Fairline Bordeaux muy mal de chapa, que parecía un barco por su tamaño) se dedicaba a la fotografía y era seguramente el único en todo Palermo en tener una video reproductora Betamax y solo 2 películas para ver, ambas de Olmedo y Porcel. Cabe destacar que en esa época, principio de los ´80, las niñas de familia menores de 18 tenían prohibido ver “ese tipo de películas”, obviamente en la soledad de la casa lo primero que hacíamos era sentarnos frente a la tele sándwich en mano…  el resto del tiempo tocábamos la guitarra o jugábamos ping pong en el Atari.
Los limites de nuestro territorio llegaban hasta Plaza Italia, donde se encontraba un Sacoa pequeño atiborrado de maquinas y chicos, la disquería y los puestos de artesanos de la “feria Hippie” donde comprábamos colgantes con cuarzo, pulseritas tejidas con el nombre, chapas identificatorias y aros con perforación de oreja incluida.
Pero siempre volvíamos a nuestra esquina, porque era nuestra y todos lo sabían. Un día nos invadieron los actores y equipo técnico de un programa infanto juvenil llamado “Chicas y chicos” que emitía ATC, e intentaba emular los conflictos de nuestra generación. Este programa protagonizado por Nancy Anca y Pepe Monje con dirección de Máximo Soto, y que paso por la historia de la tele argentina sin pena ni gloria, se instalo en nuestra esquina durante varias semanas. No nos perdimos ni un día de grabación, nuestra mirada estaba atenta a todo lo que pasaba y comentábamos indignados lo mal que hacían las cosas las actrices que tenían embobados a los varones , en el fondo, todos teníamos la fantasía de ser elegidos como extras.
En aquellos días teníamos las hormonas revolucionadas y estábamos aprendiendo a vivir en libertad, no solo la libertad de la adolescencia, sino la de un país en democracia.
No se cuando nos fuimos separando, pero sin darnos cuenta no nos vimos mas. Cada uno siguió su camino y al igual que la historia de las películas un día nos volvimos a encontrar, y en nuestro caso si fue el Facebook el que obro el milagro.
Algunos murieron demasiado jóvenes, los que quedamos estamos cambiados y nos emocionamos con las fotos y los recuerdos. Hay quien tiene más memoria y quien prefiere olvidar algunas cosas, pero en todos y cada uno, esta vivo el recuerdo de la barra de la esquina.

Dedicada a la memoria de: Maria Elena Sánchez, Fabian Ardito, Pablo Grosso
 y el Gordo Monzón