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26 mar 2025

El ultimo Londei

Desde que me mude a Parque Patricios, cada vez que paso por la esquina de Av. Entre Ríos y 15 de  noviembre,  indefectiblemente mis ojos apuntan a las vidrieras, casi detenidas en el tiempo, de la Antigua Casa Londei .

Entre ropa de niños y damas, asoman libros antiguos, mostradores  vidriados de madera oscura y vitrinas con sombreros antiguos en lo alto, que remiten a recuerdos de épocas felices.

Finalmente y después de casi 6 años de mirar de reojo y  con un propósito solido, el de buscar una prenda del pasado, me aventure a entrar. En el salón me recibió Alejandro, un señor afable, delgado y canoso, con un andar tranquilo y una hola amigable.

No había lo que fui a buscar, o tal vez si, porque termine trayéndome una historia entrañable para compartir.


Casa Londei donde 1 peso vale 6

La casa Londei nació como fabrica de sombreros. Funcionaba en Av. Entre ríos 2084 casi esquina  Rondeau. Si bien no hay datos exactos de su inauguración, se especula que abrió  antes del 1900.

Como vecinos tenia a la “Compañía Pasteurizadora lda” y a la empresa láctea “La Martona” que ocupaba gran parte de la manzana.

Su propietario, Aristotilé Londei , un inmigrante italiano, estaba casado con Isabel y era padre de Adolfo, Ángel  y Arquímedes este ultimo nacido en 1910.

El 22 de noviembre de  1918, se mudan a un nuevo local que también tenía vivienda, en la esquina de Av. Entre ríos y Armonía,  calle que con los años pasaría llamarse 15 de noviembre de 1889. Ambos locales estaban ubicados en el barrio de San Cristóbal, luego con el correr de los años y la creación de nuevos límites, el primero paso a ser parte de Constitución y el segundo de Parque Patricios.

En el local viejo se convirtió en  una lechería “la Martona” y posteriormente oficinas de la misma empresa, en la actualidad es un supermercado.

El nuevo Local más amplio, contaba no solo con una vivienda en la parte trasera del local, al cual solo se accede por el propio local, sino también un sótano de 97 metros cuadrados.  Con tres entradas, una por Av. Entre Ríos, la segunda justo en la esquina y la tercera por 15 de noviembre, esta ultima destinada como ingreso exclusivo al taller de confección de sombreros.

Sobre el local un edificio de departamentos y a sus espaldas (sobre combate de los pozos) los cuarteles de sanidad y hospital militar.

Con el paso de los años, el local ya era una consolidada empresa familiar. Adolfo y Arquímedes atendían a los distinguidos clientes en busca de sombreros, mientras  Ángel se dedicaba exclusivamente a confeccionarlos.

Sobre una de sus entradas, tenía un cartel con el slogan “Casa Londei donde un peso vale 6”. Años más tarde otra tienda usaría el slogan pero un tanto devaluado, “Casa Muñoz, donde 1 peso vale 2”.

 

Club atlético Londei


Los tres hermanos además de de llevar adelante la empresa familiar, como buenos fanas de futbol , (hinchas incondicionales de Barracas Central y cuya sede original estaba a escasas cuadras del local) transformaron el espacioso sótano en una mini cancha de 3. 

El micro mini estadio no estaba para nada improvisado y contaba con un claro reglamento. Un arquero de cada equipo (que no podía salir de su puesto) y dos jugadores por conjunto. Los arcos contra las paredes (una daba a combate de los pozos y la otra a Entre Ríos)  y los limites la escalera de acceso a la derecha y las columnas de sostén de  la izquierda sobre  15 de noviembre. El espacio que quedaba entre las columnas y la pared era utilizada como tribuna, para los espectadores que acompañaban el partido con bebidas y una mesa con picada.

Eran habituales los picados del sótano y más de un cliente se sorprendió al escuchar efusivos gritos de gol que provenían de las entrañas del comercio.

Con los años, allá por 1950, se adquirió una heladera siam, que fue colocada en el sector de confección de sombreros y que estaba siempre cargada de bebidas, no solo para refrescar al obrero (las maquinas a motor daban mucho calor) sino también  a los jugadores e hinchas. Hoy la vieja heladera siam, testigo indiscutible de aquellas épocas,  sigue en funcionamiento en el mismo lugar y sin nunca haberla tenido que llevar a reparar.

 

Cambia, todo cambia.
 

Llegados los años 50 Adolfo, el mayor de los hermanos fallece, si bien para ese entonces ya tenía un heredero, a este nunca le intereso el negocio familia.

Arquímedes se había casado en 1951 y su familia estaba compuesta por su esposa  Haydee y dos hijos, Laura nacida en 1953 y Alejandro en 1956.

En 1955 la tienda pasa de ser exclusivamente sombrerería a incorporar ropa de Hombre.

Angel, el sombrerero, permaneció soltero,  viviendo junto a la familia de su hermano hasta su fallecimiento en 1963. Ese año, los sombreros marca Londei dejaron de fabricarse definitivamente.

Sin embargo  siguieron vendiendo este artículo hasta 1968. Los nuevos sombreros, eran fabricados con las antiguas maquinas, por Carlo De Lucia, respetado artesano cuya marca figuraba en las piezas que realizaba. Era reconocido porque supo fabricar los sombreros para la tienda Gatt & Chavez, luego que esta cerro, Carlo se retiro del negocio y Casa Londei se convirtió definitivamente en un local de venta de ropa.

 

Viendo pasar la historia

 

Los años 70 serian trascendentales en la historia del barrio y la ciudad de Buenos Aires.

El club Barracas central muda su sede de la calle Vélez Sarsfield 67 y se aleja del barrio.

En 1973 y luego de permanecer abandonado por algún tiempo, el Hospital Militar que en 1940 se transforma en Hospital Nacional Central para Enfermos Tuberculosos, pasa a es rescatado de la demolición y se convierte en el CENARESO (Centro Nacional de Reeducación Social).

Ese mismo año, el 6 de septiembre de 1973 el  comando de sanidad  seria blanco de un ataque del ERP. Durante la toma por parte de 14 miembros de esta agrupación, dos conscriptos  logran escapar e intentan dirigirse a la comisaria en busca de ayuda,  en el camino se encuentran con un patrullero de la Policía y este busca ayuda en La Martona, utilizando los  camiones transportadores de leche  para cerrar el paso y evitar el robo de armamento y vehículos militares. El conflicto termino con militares y civiles muertos y vecinos  en vela conmocionados.

En 1975 el  predio usado como  arsenal de guerra, se destina a la construcción del Hospital de Pediatría Garraham.  Obra que quedaría parada por el golpe militar y se retomaría en 1984 para finalmente inaugurarse en 1987.

En 1976 el Intendente Cacciatore planea la construcción de la autopista 9 de julio sur que afectaría a los barrios de Constitución y San Cristóbal. También en ese periodo se pone en marcha La Ley de Normalización de Locaciones Urbanas dejando un tendal de viviendas desocupadas. Junto con la emigración de vecinos a la provincia de Buenos Aires, vendría la de fabricas como la Martona, La compañía Pasteurizadora y el Molino Argentino  que se encontraba en la calle en Solís y 15 de Noviembre (en 1919 en parte de los terrenos de la fabrica que daban a la calle Pedro Echague, funciono el club Hindú creado por Domingo Badino fundador del molino, hasta su expropiación en 1955 para convertirse en cede de los juegos evita).

En 1979 se inauguraba el nuevo edificio de la Cárcel de Caseros que había comenzado a construirse en 1969 y seria demolido entre 2001 y 2007. Hoy en su lugar está el archivo General de la Nación.


Nuevos Aires 


Entrados los años 80 y con la nueva Geografía urbanística varias líneas de colectivo comienzan a pasar por 15 de Noviembre y Entre Ríos, aumentando la circulación del barrio y la visibilidad del Local y La antigua casa Londei se renueva totalmente.

Arquímedes cede la administración de la empresa familiar a su hijo Alejando quien con la ayuda de su hermana mayor Laura traen ideas nuevas. Es así como las vidrieras se engalanaron con letras doradas que enaltecían el apellido Familiar.

En 1986 la familia Londei recibe a un nuevo integrante llamado Augusto (es bautizado según la tradición familiar de llevar un nombre con A)   hijo de Alejandro y su esposa Liliana.

Para 1988 y con el Hospital Garraham recién inaugurado, se suma al inventario la ropa de niños y posteriormente la de dama.

Diez años después, en 1998  a los 88 años fallece Arquímedes. 

 

100 años de historia  


Con la llegada del nuevo milenio la casa Londei estaba en su apogeo. Con casi 100 años de existencia seguía funcionando en el barrio a pesar de las modas, los gobiernos, las crisis económicas y la reorganización urbanística. Pero un revés inesperado quebranto a la familia.

En 2007 y por consecuencia de la tragedia de cromañón, ocurrida el 30 de Diciembre de 2004, fallece a sus 21 años Augusto.

Alejandro invadido por la desolación y una profunda tristeza siente que con la partida de Augusto se termino el negocio familiar ya que el, ahora sin heredero, es el ultimo Londei.

Su hermana permanece ayudándolo en el negocio hasta 2012. Alejando lo mantiene abierto pero ya no con las ganas de siempre.

Por la bronca y la tristeza se deshase de parte de la historia familiar y decide no dejar rastros de lo que alguna vez fue.


Epilogo


Pasaron los años y el local fue perdiendo el brillo, las letras doradas de las vidrieras se fueron desdibujando. Los mostradores y vitrinas albergan apenas mercadería.  Alejandro abre  a las 11 y a veces se olvida de levantar las persianas que dan a la esquina. Abre más por costumbre que por necesidad y cuando tiene algo mejor que hacer cierra. Durante la cuarentena lo abrió. A veces se cruza al bar “La Armonía” y charla con su dueño José, que se conocen desde chicos.

La gente pasa y mira el interior y las vidrieras. Siempre algún vecino o amigo entra a conversarle. Alejandro está lleno de atractivas historias del barrio para contar, a pesar que se excusa que el de las historias era su padre y el no le prestaba mucha atención cuando las contaba, por eso no se las acuerda bien algunos detalles.

Después de decidirme a entrar y charlar brevemente con él, le propuse entrevistarlo al día siguiente para que me contara la historia del lugar y acepto. Volví armada con grabador, anotador y cámara, porque sentía que había una gran historia y no podía perderme nada. Lo que perdí fue la noción del tiempo,  no se cuantas horas estuve en ese túnel del tiempo. Me mostró el sótano, la Siam, bajo los sombreros por pedido mío, en el lote había un “De Lucia”  y note que los viejos ranchos no tenían la etiqueta y supe el porqué. Cuando llegue a casa me propuse buscar alguna prueba de ese pasado que Alejandro había intentado borrar. Fue así como me tope con “La baulera del Criollo” y la foto de un autentico sombrero Londei.  Dispuesta a indagar más me contacte con Jonathan, el propietario de la tienda virtual dedicada a la venta de sombreros antiguos. Le pregunte por el chambergo y me contó que se había vendido enseguida, no recordaba su origen y que esa marca era una “figurita difícil” de conseguir. Le pedí si podía usar sus fotos y me respondió que si. Era muy probable que aquel fuera el último Londei.

29 oct 2020

Africa mia

Seguramente alguna vez escuchaste la historia del Chalet construido en la terraza de un edificio de Sarmiento y Cerrito, cuyas ventanas miran hacia el obelisco. O la de la pista de autos que funcionaba en la terraza del Antiguo Palacio Chrysler en Av. F. Alcorta 3399. Quizás te enteraste de la nueva tendencia de construir huertas o jardines donde antes se tendía la ropa. Pero decime, con una mano en el corazón, alguna vez escuchaste sobre una aldea Africana construida en una terraza de San Juan y Alberti en San Cristóbal?

A Marcos Filardi desde muy chico lo impresionó el ver la hambruna etíope que se transmitía en vivo y directo por la tele a mitad de los 80. Las fotos de los niños de su edad, desnutridos, de piel negra y grandes ojos saltones lo llenaban de preguntas sin respuestas. La cifra de más de un millón de muertes en un año por desnutrición lo inquietaba. ¿Porqué hay gente que muere de hambre? Ese interrogante lo persiguió por años, hasta que en 2006, con 26 años y una mochila al hombro,  emprendió  un viaje por 18 países de África que duró un año y medio. En ese entonces ya tenía un título en abogacía y experiencia laboral en temas relacionados a Derechos Humanos. Él necesitaba ver con sus propios ojos, esa realidad lejana que lo acosaba.
De regreso a Buenos Aires, en 2008,  Marcos propuso abrir un seminario en la UBA sobre el Hambre y el derecho humano a la alimentación adecuada, y se convirtió por nombramiento  durante 5 años en Tutor de infantes y adolescentes africanos refugiados y solicitantes de asilo. Llegó a tener  a bajo su cuidado 300 niños, en su mayoría  llegados como polizones en barcos provenientes del Oeste del África, donde se encuentran Senegal, Burkina Fasso, Ghana y Nigeria entre otras.
Marcos se fue involucrando cada vez más con aquellas almas y su cultura, y en uno de los locales que formaban parte del edificio de la casa familiar, creó un espacio de encuentro afro, destinado a reuniones de la colectividad que fomentaran el  preservar a pesar de la lejanía la cultura y raíces de niños y adultos.
En 2016 nuevamente tomo su mochila y emprendió un nuevo viaje, esta vez por la república argentina. Lo llamo “el viaje por la soberanía alimentaria” y lo mantuvo durante un año recorriendo los lugares más olvidados de Argentina y con realidades en algunos casos similares a las vistas en África.
El viaje sin dudas lo marcó y a su regreso sintió que no podía volver a su vida habitual.
Junto a un grupo de personas afines a sus intereses sobre DDHH y soberanía alimentaria, creó el “Museo del Hambre” que funciona en el lugar del espacio afro y su fin es “convertir al hambre en un objeto de museo”, y para hacerlo, se ofrece como un lugar de encuentro por la soberanía alimentaria. En la actualidad el museo junto a trabajadores de la tierra y vecinos del barrio colaboran activamente con alimentos para abastecer los comedores populares de la comuna 3 a la cual pertenecen geográficamente, como así también es base  para que los Senegaleses organicen colectivamente la asistencia alimentaria a su comunidad en tiempos de pandemia.  
Pero Marcos, también necesitaba un cambio en lo personal. Tenía que optar por seguir con su trabajo “oficial” o largar todo y dedicarse a ejercer la abogacía al servicio de los más vulnerables. La respuesta ya estaba escrita desde hacía años.
En su nueva vida laboral abundante en retos y escasa en ingresos económicos, decidió construir en la terraza de la casa familiar su lugar para vivir.

La amplia terraza  le permitía edificar un departamento de dos o tres ambientes, con parrilla, quincho y lugar para armar una pileta. Sin embargo y coherente a su experiencia vivida y su vinculación con áfrica, optó por el minimalismo, pero no cualquier minimalismo. Marcos quiso recrear una pequeña Tiébélé como le gusta llamarlo, haciendo referencia a una aldea  de Burkina Fasso al oeste de África.

Para esta epopeya se sumaron muchas manos amigas formando varias “mingas”, término que se denomina para llamar a las jornadas de trabajo colectivo.
Lo primero fue calcular estructuralmente lo viable del proyecto, ya que en áfrica el clima es seco, de pocas lluvias y las columnas de sostén están enterradas en el suelo. Lo siguiente la colaboración de una empresa de La Plata especialistas en quinchos que armó en 3 días la estructura de troncos amurados al suelo y el montado del techo de pajas traído desde Entre Ríos. Para el siguiente paso hubo que esperar un tiempo, el necesario como para que los zorzales construyan su nido en el interior de la estructura, pusieran sus huevos y nacieran sus pichones.

El diseño de la Bio-Construcción  estuvo a cargo de Thurma y Sabina de la organización Tierra Raíz. Las chicas trajeron amigas y con la colaboración de una cooperativa que armó los bloques de tierra aligerada,  con adobe, paja y ladrillos fueron moldeando con sus manos las paredes de la choza. Con las paredes terminadas las aves se fueron, pero el nido permanece intacto en el interior, es un nido, dentro de un nido.  

Por otro lado el artista plastico Julian Zacarias y la muralista Chilena Catalina Cabrera quien había estado en Burkina Fasso trabajando y aprendiendo las técnicas, fueron los encargados de pintar todas las paredes de la terraza con diseños étnicos. Los murales tienen un sentido y una historia detrás, por un lado con colores tierra,  simbología referente al cultivo, máscaras tribales usadas en rituales de cosecha y representaciones de la energía masculina y femenina, por otro lado y mirando hacia la avenida, dibujos que refieren a la parte costera, con colores vividos y representaciones de animales. En lo alto el tanque de agua, y en el un gran collage ilustrado por Luca Varaschini y realizado por alumnos del taller de mosaiquismo del museo, dictado por Alejandrina Filipuzzi. La obra cuenta la leyenda tradicional africana de “cómo comenzó el tiempo”. 

El paisaje se completa con un sector de huerta, otro con plantas florales y árboles frutales, entre ellos un banano, un jardín de mariposas y un espacio reservado para un pequeño gallinero.
Con más de 2 años de iniciado el proyecto, todavía no está terminado, faltan el baño seco, el revestimiento exterior y otros detalles que no impiden que Marcos la habite y cada noche desde su silla de madera y con “olor a verde” mire el  cielo y se pierda entre las estrellas, pensando en los lugares que le faltó conocer.

Desde la vereda de enfrente, algún transeúnte que se le ocurrió mirar hacia arriba, al ver un león de colores en la pared y un techo de paja que se camufla entre las ramas verdes de los árboles,  imagina que allí funciona un salón de fiestas. 
Más de una vez, algún osado toco el timbre para preguntar.


Nadie se imagina que allí vive Marcos, un Abogado idealista de 40 años, con una sonrisa afable y mirada clara, que quizás todavía no pudo responder todas sus preguntas, pero seguro que desde su pedacito de áfrica en San Cristóbal, trabaja todos los días para hacerlo.   

 

 

 

Entrevista realizada a Marcos en Octubre de 2020
Fotografías de la construcción archivo personal de Marcos
Fotografías de obra final @BZN_Fotos
Copyright: Karina Bazan Carpintero - Habitantes de Bs. As. 

 

 

4 abr 2015

El mirador del ahorcado

Corría el año 1926, y la Familia Rocatagliatta, integrada por Luiggi, un ex Bersagliere del ejercito de Garibaldi, el cual había perdido un ojo izquierdo en batalla, su esposa Glorietta Cattanni, ex militante del movimiento anarquista “Camisas Rojas” y sus mellizos de 17 años Emmanuel y Vittorio, se mudaban a la planta alta de la casa sita en Av. EnTre Ríos al 1000.
La vivienda construida en 1922 por el renombrado arquitecto Virgilio Colombo, a pedido del entonces Empresario de calzado Leandro Anda, contaba con un local comercial y dos entradas. En la correspondiente a la vivienda de planta baja, vivía la familia Zick. Al igual que sus nuevos vecinos eran inmigrantes. Ernest de origen Húngaro, tuvo su pasado militar en la Legión Extranjera, de la cual había desertado en  África, por asesinar a un oficial durante un juego de dados. En su huida conocería a Dolores Rocío, una andaluza que despachaba un almacén en Tánger, perteneciente a un musulmán llamado Al Jassan y al cual luego de conocer a Ernest,   lo habrían matado para robarle sus posesiones y escapar juntos, llegando a Buenos Aires en 1893 donde tuvieron a su hija Celina Amparo de 16 años.
No paso mucho tiempo hasta que las familias entablaron amistad, los hombres solían mantener largas charlas sobre batallas y armas, Luiggi era propietario de una armería en la calle Cangallo en el barrio de San Nicolás y en sus ratos libres se recluía en el palomar, que pido expresamente arquitecto Colombo, construir como anexo en la terraza junto con un mirador con techo a cuatro aguas, desde donde se veía toda la ciudad.
Las Mujeres que también eran de armas tomar, se relacionaban con mucha familiaridad, accediendo permanentemente una a la casa de la otra por los pasillos internos, conviviendo como familia.
Los jóvenes de ambas familias estaban largas horas juntos, y no paso tiempo hasta que los dos hermanos quedaran prendados por la belleza de la picara adolescente.
Amparo, que era consciente de su belleza, jugaba constantemente a conquistar a los mellizos. Emanuel, que era más extrovertido, fue el primero en robarle un beso. Esto no fue suficiente para que la joven le entregara su corazón, lejos de eso, se propuso seducir a Vittorio, al cual su extrema timidez lo mantenía alejado de cualquier intento de aproximación. Con el tiempo ellos serian concientes que compartían el amor por Amparo.
Este perverso juego a dos puntas de la joven, logro crear una rivalidad entre los hermanos que desencadenarían en los trágicos hechos sucedidos durante la noche del 17 de mayo de 1927.
Aquel martes por la noche, en la ciudad de Buenos Aires se había desatado una tormenta atroz, los fuertes vientos golpeaban contra las ventanas de los pisos superiores, por donde se colaban los refucilos de los relámpagos y los truenos retumbaban en el espesor de la noche.
Vittorio desde un rincón del cuarto observaba dormir a su hermano, en su cabeza repasaba una y mil veces la enseñanza de su padre que rezaba “en el amor y la guerra todo se vale”. Es cuando entre sueños, Emannuel susurra el nombre de Amparo, acompañado de una sonrisa de Satisfacción.
Vittorio fuera de si, se abalanza sobre su mellizo y comienza a apretar su cuello, Emmanuel abre sus ojos desorbitados y sin comprender ni ofrecer mayor resistencia fallece a manos de su hermano.
Vitto luego de un minutos de observar el cuerpo yacer en la cama, toma dimensión de sus actos y reconoce que ya no hay vuelta atrás.
Sigilosamente sube por las escaleras de servicio hacia la terraza, en su camino toma un rollo de el alambre utilizado para colgar la ropa, la lluvia no ha cesado y la noche solo es iluminada por los relámpagos. Sube al mirador pasando por el palomar de su padre, del cual deja la reja abierta. Con la ayuda de una mesa y una silla, ata el alambre de las vigas del techo, lo enrolla en su cuello y con una firme patada desplaza la silla donde estaba subido. Su cuerpo se balancea dando los últimos estertores, el tampoco ofreció resistencia.
A la mañana siguiente, Glorietta va al cuarto de sus hijos para despertarlos, pero solo encuentra el cuerpo sin vida de Emannuel. Sus gritos se escuchan en toda la casa, Luigi corre a socorrerla, luego de ver la escena y sin comprender lo sucedido comienza a recorrer la casa en busca de Vitto. Pero su búsqueda es en vano, parece que el joven se esfumo en la noche, una idea cuza por su cabeza y decide subir a la terraza, mientras trepa los escalones, advierte un silencio fuera de lo normal, a esa hora los buchones suelen hacer su barullo característico. Una vez en el lugar ve el palomar vacío, y con solo mirar hacia arriba, nota como el cuerpo de Vitto se mece al compás del viento en lo alto del mirador.
Impresionado por la escena, y a pesar de haber visto horrores en la guerra, el corazón de Luiggi no resiste y cae desplomado sobre las baldosas mojadas, a las puertas de su palomar. En ese instante y con los vecinos de la cuadra de testigos, sobre la terraza de la Casa Anda, sobrevuelan decenas de aves salidas de sus nidos. La gente de a poco se amontona para ver el inexplicable espectáculo que dan las aves, los incautos transeúntes no dan crédito. No tarda en llegar la policía alertada por los gritos que salen de la casa. Junto a estos ingresa el Dr, Ramírez, vecino de la casa, que es llevado a la terraza para socorrer a Luigi aunque sin éxito.
Ernest y Dolores espectadores privilegiados, no tardan en sospechar que la causa de tal desgracia tendría que ver con su hija Amparo.
Glorietta al descubrir la muerte de su otro hijo y su esposo, intenta arrojarse desde el balcón hacia la vereda, la policía y el medico frustrarían su intento, y con la ayuda de dos enfermeros, es trasladada en ambulancia con un cuadro de desequilibrio emocional.
Los restos de los 3 hombres Rocatagliatta fueron inhumados en el cementerio de la chacarita, al entierro asistieron numerosos vecinos y amigos de la familia, también estaba presente Amparo, vestida de riguroso luto, junto a sus padres que escuchaban los murmullos de los concurrentes comentado la culpa de su hija en el desarrollo de los acontecimientos.
Amparo, pocos años después de lo sucedido, huyo un domingo rumbo a Brasil con Pedro Fosse, un paraguayo carnicero, jugador y mujeriego, que imitaba en su look  a Carlos Gardel,  y era inquilino  del local que pertenecía a la propiedad.
Su padre, luego de buscar al indeseable yerno por cielo y tierra con intenciones de matarlo, se marcho junto a su esposa con paradero desconocido.
Glorietta siguió sola habitando la casa, que poco a poco se iba deteriorando al igual que su salud mental. Los vecinos podían verla pasar largas horas mirando desde la ventana del cuarto que había sido de sus hijos, y donde muchos años mas tarde encontrarían su cuerpo en avanzada descomposición y parcialmente devorado por roedores.
Con el correr de los años el edificio fue cambiando de dueños, uno de los tantos fue Ivanildo Menezes y su esposa Marie, Pai de Santo,   que utilizaban la propiedad como templo unbanda  y sobre los cuales se  a regado innumerables rumores sobre las actividades allí realizadas.
También se cuenta que mientras la casa se utilizo como inquilinato, antes de ser internado en el borda, allí vivio Solaris, el mítico personaje autoproclamado extraterrestre, quien habría inspirado a Eliseo Subiela para su Film “Hombre mirando al sudeste”
Hoy la casa de la Av, Entre Ríos 1081 permanece en pie, tapiada, abandonada y tenebrosa. Dos cabezas de leones, testigos ciegos de la historia custodian las entradas.
Sus paredes y salones que conocieron el esplendor de la alta sociedad del 1900, encierran las historias de muerte, locura y brujería de los que la habitaron a través de los años.

Solo los que no conocen la historia, se atreven a mirar hacia arriba las noches lluviosas, corriendo el riesgo de encontrarse con la imagen del ahorcado en el mirador.