10 sept 2026

Tragedia griega

Esta historia sucedió en el barrio de La Boca en mayo de 1931. Si bien lo acontecido es un hecho de violencia, la forma en que se narró en los diarios de la época lo convierte en una verdadera tragedia griega.

El día 15 de abril de 1931, Fotio Saratopulo concurrió a la comisaría 24, sita en Pinzón 456, en el barrio de La Boca, para denunciar el presunto asesinato de su pariente Jorge Bacuros (24 años).

La cuestión es que Saratopulo vivía en una habitación de la calle Pérez Galdós 172, en el barrio de La Boca. En esa misma casa se hospedaban Demetrio Athanasoupoulos y Antonio Niajo, ambos amigos y miembros, al igual que él, de la comunidad griega. La noche anterior estos dos no habían ido a dormir a su casa, cosa que al denunciante le llamó poderosamente la atención, ya que nunca sucedía. Pero en la mañana se lo había cruzado a Demetrio y le preguntó por su ausencia. La respuesta fue que tenía miedo de ser arrestado, ya que un griego le había disparado y él, para defenderse, lo había matado de varias puñaladas y el cuerpo había sido enterrado en una zanja de los terrenos de la Usina.

Demetrio ignoraba que el muerto en cuestión era familiar de Fotio, por eso no dudó en contarle lo sucedido y este, ante la sospecha, decidió recurrir a la policía para contar lo que sabía.

El comisario Juan Ramón Romariz (célebre actor en los sucesos de la semana trágica de 1919 y autor del libro que narra la historia)  y subcomisario Antonio Díaz escucharon con atención el relato del griego y lo tomaron con pinzas… No había cadáver, no había pruebas, no había testigos, solo una versión dudosa y vaga. Pero dos oficiales, Deicernia y Alda, lo persuadieron para investigar, así que decidieron buscar algún indicio de la desaparición de Jorge Bacuros.

La víctima

Jorge Bacuros había venido de Grecia solo, hacía ya varios años. Aquí solo tenía un pariente con el que mantuvo contacto epistolar y fue el que lo animó a venir a la Argentina. Pese a que hacía unos años que estaba radicado, no tenía antecedentes penales. Vivía en la habitación de una fonda ubicada en la calle Gorriti 4502, donde solían vivir miembros de la comunidad griega. Trabajaba de peón en el puerto, donde era compañero de Demetrio Athanasoupoulos y de Demetrio Saerjo. Cuando no había trabajo, solía viajar a hacer changas en Santiago del Estero y Chaco.


La hipótesis

Jorge y los dos Demetrios trabajaban juntos. Ante la falta de trabajo, el Demetrio de la calle Perez Galdos le presta plata a Jorge para que pruebe suerte en Santiago del Estero. A su regreso, lo van a buscar para que les devuelva el préstamo, se toman unas copas de más, lo matan y esconden el cuerpo.

La pesquisa y los testigos

El primer paso fue ir en busca de los presuntos acusados. Domingo Ferrando era el encargado de la casa donde vivían los sospechosos y fue quien confirmaría que el día martes 14 por la mañana fue el último día que se cruzó con Demetrio y Antonio. Los vio preparar unos paquetes y los notó mantener una charla con evidente nerviosismo, pero como hablaban en griego no entendió nada…

Pero su esposa sería quien encendería las alarmas al testificar que esa madrugada despertó al oír que los griegos conversaban en el patio, cosa que le llamó la atención porque era un horario en el que no solían estar levantados. Ante semejante acontecimiento, no le quedó otra que espiar sin que la vieran por las rendijas del postigo. Fue entonces cuando vio a Demetrio lavar un pantalón en el pileton del patio mientras conversaba nerviosamente con su cómplice, pero, claro está, no sabe de qué porque hablaban en griego…

Fue entonces que, junto con Fotio, el denunciante, los policías deciden revisar la habitación en busca de ropa manchada de sangre. En la búsqueda, frustrado, Fotio descubre que falta de la mesa de luz un cuchillo grande y filoso, propiedad de Demetrio. Ante la sospecha de que tal vez sí hubo un crimen, los policías se llevan documentos y fotografías de los sospechosos para iniciar una investigación.

El cómplice

El siguiente paso fue ir en busca de Antonio Niajo, el compañero de cuarto y supuesto cómplice de Demetrio. Con tal fin, se dirigieron al bar de la calle Suárez 301 y Necochea, donde trabajaba de lava copas. Al ser interrogado por el paradero de Bacuros, se hizo el sorprendido y dijo que no sabía nada ni de él, ni sobre su compañero de cuarto y menos sobre el otro Demetrio.


La fonda griega

Lo primero que hizo el dueño de la fonda de la calle Gorriti ante la presencia policial fue hacerse el desentendido cuando le mostraron la foto de los sospechosos, pero en cuanto le contaron sobre la desaparición de Bacuros, le volvió la memoria de repente.

Parece que Jorge era un buen inquilino que solía rentar un catre desde hacía tiempo. Incluso luego de su viaje por el interior, fue recibido nuevamente.

El hombre contó que el día 14 fueron unos griegos a visitarlo y serían los de la foto. Se bebieron unas copas, se fue con ellos y nunca más regresó. Incluso sus pertenencias, dos únicas valijas, todavía estaban en el lugar. Claro está, nunca supo de qué hablaban porque no entiende griego.

Los policías se fueron del lugar con fotos y pasaporte de la víctima.

Marche preso

De regreso en el bar donde trabaja Niajo, interrogan al propietario, Justo Bortofulo, y confirma que la noche en cuestión, Saerjo, Athanasoupoulos y Bacuos, a quien reconoce por la foto, estuvieron tomándose unas copas en una mesa junto a su empleado Niajo. La conversación escaló de tono y comenzaron a pelear, hasta que Niajo golpeó con fuerza un vaso en la mesa, pagó y se fueron los cuatro, pero como hablaban en griego nunca se enteró qué decían. Ante semejante revelación, Niajo fue esposado y detenido.



En busca de los Demetrios

Los dos sospechosos sueltos trabajan en el puente del Ministerio de Obras Públicas, sito a la altura de la calle Belgrano, en el puerto. Pero al concurrir la policía al lugar pudo constatar que los antedichos no concurrían a su trabajo desde el día 12 de abril e inclusive tampoco habían ido a cobrar la quincena. Por lo que la policía decide poner una alerta a nivel nacional.

Seguimos sumando Demetrios y testigos

Al enterarse de la búsqueda policial, concurre a la comisaría Demetrio Teodoropulo, comerciante y policía retirado, para declarar que Saerjo había estado en su casa pidiendo consejo. Le contó que durante una pelea su compañero mató de dos puñaladas a un hombre en supuesta defensa propia y necesitaba consejo sobre qué hacer.

Teodopulos le aconsejó que se entregara. Saerjo se marchó con el consejo, desconociendo que el dador del mismo tenía un pasado como policía.

En una ampliación de su testimonio diría que tuvo intención de contar lo sucedido antes, pero como vio que en los diarios, al día siguiente, no se hablaba de ningún muerto a puñaladas, supuso que la confesión de Saerjo no era más que la de un borracho.

Siguiendo la pista de la comunidad griega, los policías llegaron a una tintorería en Corrientes, casi Callao, donde su propietario confirmó que conocía a los prófugos y que habían estado en su casa para pedir un préstamo de 10 pesos para ausentarse de Capital. Rechazando un reloj como garantía y apelando a la condición de trabajadores honestos, el tintorero griego les dio la suma y no los volvió a ver nunca más.

La aparición sin vida de Bacuros

El día 20 de abril y casi por azar es encontrado el cuerpo sin vida de Bacuros, que desde el día 14 permaneció enterrado en una zanja en el baldío de la Usina (actualmente el predio que ocupa Catalinas Sur), con una extensión de más de 7 cuadras. El predio, que a principios de siglo estaba habitado por cientos de “cirujas” y pertenecía a la empresa Sociedad Catalinas Warehouses y Depósitos Muelles de las Catalinas, para 1931 solo era habitado por dos individuos que vivían en “cuevas”, nombre con el que se denominaba a los depósitos subterráneos, ya que hacía poco tiempo que se había desalojado para comenzar obras, que en primer lugar constaban en el relleno y nivel del terreno.

El viejo alemán y el rengo español confirmarían que aquella noche escucharon discutir y sintieron un disparo, pero que no sabían de qué se trataba la discusión porque no entienden griego. Tampoco salieron de sus cuevas porque son frecuentes las peleas entre marineros en el lugar. Sumado a eso, el único foco que podía dar luz justo esa noche estaba apagado.

Pero, contra todo pronóstico, a las 13.30, los bomberos que trabajaban a ciegas bajo la copiosa lluvia frente a la Usina notaron que, a 100 metros de Pedro de Mendoza, frente al galpón de la Aduana, un perro grande escarbaba la tierra y ladraba insistentemente. Curiosos por la insistencia del can, se dirigieron al lugar y, a 50 cm del suelo, las palas comenzaron a chocar con el cuerpo de Bacuros. Vestido de traje oscuro, con los bolsillos hacia afuera, como si alguien hubiera buscado algo, yacía inerte, con visibles manchas de sangre y cuatro heridas punzantes.

Detenidos por portación de rostro

La policía había logrado seguir la pista de los prófugos hasta la localidad de San Nicolás, donde habían llegado en tren desde Rosario y realizaron un llamado telefónico a un primo de Athanasoupoulos que residía en Villa Constitución, en la provincia de Santa Fe, con el fin de solicitarle que les pagara una deuda de 500 pesos que había contraído mientras estaban ambos en Grecia. Pero, al enterarse por los diarios de que la policía los buscaba, tuvieron miedo de ir a la casa del primo y ser aprendidos. Como había una alerta, la compañía  telefónica a viso de la llamada a la policía, a pesar de que la telefonista no supo de qué hablaban porque no entendía griego.

Un mes después del hecho, el 15 de mayo, en Villa Constitución, provincia de Santa Fe, fueron apresados los Demetrios por un incauto policía pueblerino que, entrando a un almacén de ramos generales a comprar, se los cruza de frente y, al verles cara sospechosa, les pide documentos. Ante la falta de estos, son llevados a la comisaría donde, al averiguar antecedentes, descubren que son los griegos buscados en Buenos Aires. El dúo, al momento de la detención, trabaja de peón en una estancia de Estación Theobald y se encontraba en el pueblo con el fin de comprar ropas.

Los griegos habían conseguido llegar a dicha provincia gracias a la ayuda de un coterráneo que les prestó el dinero para los boletos de tren y los llevó en auto a la estación.

El crimen de La Boca fue por una dentadura


Una vez apresados, no les quedó otra que confesar y echar luz sobre el móvil del crimen.

Athanasoupoulos contó que cuando Bacuros se quedó sin trabajo le pagó la pensión en la calle Gorriti e incluso lo llevó a vivir con él. Una noche, cuando regresó a su casa de Pérez Galdós, notó que Bacuros se había ido y con él se había llevado una dentadura de oro que Demetrio guardaba en un mueble.

Bacuros vendió la dentadura, valuada en 160 pesos, y compró un boleto a Santiago del Estero. Allí permaneció casi un año, regresando a Capital el 12 de abril y alojándose en la calle Gorriti.

El día 13, los Demetrios van a su encuentro y, entre copas, en la fonda de Gorriti y Gascón, le reclaman el dinero correspondiente a la venta de la dentadura. Luego de unos tragos, los tres se dirigen en busca de su amigo lava copas al bar de Suárez y Necochea, con el fin de dirigirse todos juntos a la casa de la calle Galdós y actue de mediador. Pero en el bar ya pasados de copas vuelven a discutir.

De camino a Pérez Galdós y cuando llegan a la Usina, Demetrio vuelve a reclamarle el dinero de la dentadura y se produce una violenta discusión. Demetrio saca de sus ropas un cuchillo de importantes dimensiones con el que infiere a su contrincante cinco heridas en el cuerpo, mientras Saerjo trataba de separarlos y Niajo huye despavorido a refugiarse en su domicilio.

Bacuros se desploma y Demetrio, cayendo en cuenta de lo que había hecho, pide ayuda a Saerjo para deshacerse del cuerpo. Entre los dos trasladan a Bacuros hacia una zanja donde lo tiran y tapan con tierra, sin advertir que Bacuros no estaba muerto.

Posteriormente se dirigen a la vera del río a arrojar el arma homicida y planear la fuga.

Esta declaración en la policía fue hecha en castellano, porque el comisario no hablaba griego y no hubiera entendido nada.

Bar de Suarez y Necochea
Casa de la calle Perez Galdos
Usina
Terrenos donde encuentras el cuerpo