30 may. 2012

El encantador de almas


De largos cabellos canosos, casi blancos, como su larga barba, de traje blanco impecable como sus alpargatas, o con saco cruzado de un colorado brillante que contrasta con su rostro pintado con pálidas cenizas, esta sentado en un tacho raído, con los pies bien juntos, su mano derecha aferrada a una flauta y su izquierda dibujando notas incoherentes en el aire de la ciudad.
De los locos de Buenos Aires este es el más misterioso, su estampa de faquir, de Cristo avejentado, flautista encantador de almas distraídas que se aparece ante los incautos caminantes nocturnos.
Dicen que si lo ves, tenés que darle una moneda y te traerá buena fortuna, al menos por esa noche. Pero no para todos es visible y no todo el que lo ve, puede escuchar su música, para algunos simplemente es un fantasma entre la gente, para otros un mimo que gesticula y no emite sonido alguno de su instrumento, para los privilegiados, de su flauta salen notas mágicas que te traspasan el alma.
Si vas distraído y seguís de largo, posiblemente lo encuentres al llegar a la próxima esquina. Hay quienes aseguran que tiene un aura mística, que encontró una melodía y mientras sea tocada tendrá la vida eterna. Nadie sabe con certeza cuantos años hace que esta en esa esquina de Lavalle y Cerrito, algunos afirman que mas de 20, otros que toda la vida, lo cierto es que a través de los años, el flautista de Lavalle, nunca cambio su fisonomía.
Muchos quisieron fotografiarlo, pero su imagen se velaba o salía desenfocada, solo con las cámaras digitales pudieron lograr el cometido, otros le preguntaron su nombre y solo ante la insistencia contesto que era Dios.
Dicen que dicen, que en Lavalle existen las fuerzas del mal y del bien, que el viejo es hacedor de almas y que represente al bien y el ser del mal, camina tatuado de los pies a la cabeza...Algunos recuerdan haberlo visto un día y al siguiente no saben de quien se trata, otros escuchan su música encantada que provoca extraños recuerdos en tanto que otros solo oyen el viento. Si lo miras a los ojos y tu alma es pura, sentirás la dulzura de su mirada complaciente, en cambio si no sos digno, te invadirá el temor con solo sentir su presencia.
Los más románticos sostienen que el viejo es el fantasma de Luis Teisseire, que a pesar de haber sido en vida un eximio flautista, al morir olvido las notas. Otros afirman que es Ian Anderson, el mítico integrante de Jethro Tull, que loco baga por las calles de Buenos Aires entremezclando notas al azar, o que es el judío errante y no morirá hasta que el mismo Jesucristo vuelva a nacer.
Cuentan que un día lo vieron en San Telmo y a la semana en Castellón de la Plana en Valencia España. Que vive en el hotel Paraná en el centro y seria oriundo de Brasil y no sabría hablar castellano.
Alguien le escribió un poema, otro le dedico un cuento, su personaje aparece en una Films de Ciencia Ficción animada y en innumérales foros de la web, debaten su verdadera existencia. Lo cierto es que se convirtió en leyenda, su música cual canto de sirenas, atrapa a quien la oye y despierta la curiosidad del misterio no revelado.
La Verdad es que Jamás lo vi, y no se si alguno de los dichos sean ciertos, quizás algún día lo encuentre y me toque su canción, para ese momento llevo siempre una moneda en mi bolsillo y la mirada perdida en el asfalto. 


14 may. 2012

Pepe y su golondrina


Cuando somos niños las cosas vividas en gran medida determinaran nuestro carácter de adultos, desarrollamos nuestros gustos, pasiones y también guardamos en la memoria aquellos momentos que al recordarlos nos dibujaran una sonrisa en el rostro.
A veces, los recuerdos están dormidos y nos hace falta un poco de ayuda para que despierten.

En mi infancia y la de mis hermanos, al igual que la de muchos chicos del barrio de Palermo, una sonrisa de oreja a oreja se nos formaba el día del niño. Más allá de la expectativa por los regalos familiares, que muchas veces respondían a los ruegos efectuados con varias semanas de antelación y otras tantas que eran mas no, ya sabíamos de antemano que en el Club Eros se preparaba una gran fiesta en la calle. No importaba mucho si se era parte del club o no, ni siquiera era condición ser vecino del barrio, desde los años ´60 era tradición y todos sabían lo que iba a pasar. Desde la mañana se veían los preparativos, la cuadra era cortada de esquina a esquina y adornada con banderines de colores, enormes caras de payasos dibujadas en cartulinas adornaban las paredes, una pareja de pony´s con sombrerito y montura se usaban para dar la vuelta a la manzana y sacarse una foto, se repartían caramelos masticables, globos y chucherías a granel y el numero principal era la función de títeres.
El carromato de La Golondrina llegaba tambaleante por las calles empedradas, perseguido por niños apurados que no querían perderse la función. Pepe, el titiritero desalineado y con espesa barba, estacionaba en Uriarte justo frente a la puerta del club, a nadie le importaba sentarse en los adoquines a esperar expectantes que las cortinas se corrieran y aparecieran los actores principales, un oso, un diablo, un caballero y una princesa. Entonces comenzaba la magia, se corría el telón, la música sonaba, las risas retumbaban en el cielo de Palermo y nadie quería que se acabe la función, la excitación por lo vivido duraba hasta el tercer recreo de lunes en el cole, donde se seguía hablando de lo sucedido.
Pepe Ruiz vivía en el barrio, aunque su barrio era la Argentina toda, desde muy joven a los 14 años, había decidido que su vida eran los títeres. El y sus entrañables personajes recorrían las plazas del país y del continente, contando historias a miles de niños de distintas culturas y a sus padres que también se emocionaban. Su lenguaje era universal, y los cuentos provenientes en su mayoría de su imaginación, dibujaban sonrisas a los niños aborígenes y a los españoles, a los del mar y los de las montañas, a los cristianos, los judíos, los musulmanes y los temerosos del diablo, que no les temblaría el pulso para arrojar objetos al carromato al ver salir a tan nefasto personaje con cuernos y tridente, por suerte estos últimos solo lo hicieron una vez y por el susto.
En los años ´80 Pepe ya tenia sus propios niños, quienes asistían a la escuela 23 Dr. José Maria Bustillos que quedaba en Thames y Gorriti, creo que eso lo motivo a dar clases de títeres los sábados en el colegio para los que quisieran asistir.
Con papel, agua y harina, los chicos materializaban los personajes que le dictaban su imaginación, las temperas de colores y los vellones de lana vieja le daban personalidad, para finalmente ser bautizados y presentados en sociedad como verdaderos seres vivientes dotados de alma que los padres mirarían sin comprender del todo su valor real. Pepe era muy didáctico y un pedagogo innato, a demás de enseñar a crear títeres, también daba clases de teatro y preparaba varias obras infantiles con elenco integrado por chicos de todos los grados, para ser representadas en un gran festival escolar a fin del año lectivo. El sabía ver más allá en cada niño, comprender sus necesidades y descubrir sus aptitudes, sabia como extraer el diamante en la roca.  
En los años 90, se lo solía ver por plaza Francia haciendo funciones los domingos a la tarde, y cada tanto desaparecía a causa de uno de esos largos viajes en su carromato.
En la actualidad y con sus sesenta y pico de años y 50 de trayectoria, vive en España, sigue enseñando su arte a jóvenes titiriteros y dando funciones callejeras acompañado de su hijo Iván. También edito un libro sobre los titiriteros trashumantes de Latinoamérica, y en sus páginas se puede descubrir su propia historia. Increíblemente y a pesar de su lejanía, su magia flota en la ciudad y en el recuerdo de miles de personas que lo vieron cuando eran niños, algunos cada tanto se preguntan por donde andará la Golondrina, otros como César López Ocón, le dedicaran un poema:

Vuela “La Golondrina” enamorada
por un cielo infantil de primavera
saltimbanqui feliz, volatinera,
se detiene en la aldea adormilada.
Nace ¡Oh! El retablo de la nada
y en medio de la plaza dominguera
florece, al fin, la risa bullanguera
como flor antigua, recobrada.
Los títeres retornan a la senda.
Más queda un viejo aire de leyenda
flotando como un duende forastero.
También a una muchacha le ha quedado
para siempre un recuerdo alucinado:
la barba hirsuta del titiritero.

En mi caso particular, le debo a Pepe ser el primero en creer que con 12 años yo podía contar historias, el me enseño a dar riendas sueltas a mi imaginación improvisando con un títere en cada mano o actuando sobre un escenario frente a todo un colegio. Durante años, estos hechos durmieron en mi memoria, fueron un recuerdo de la niñez del cual no note su verdadera dimensión hasta que me reencontré con Cris Lomba, quien fuera compañero de primaria y que antes de fallecer me regalara las imágenes de su infancia, entre sus relatos figuraba el siguiente: “...siempre me acuerdo de vos, tengo tu imagen grabada de una tarde en la plaza de Malabia cuando eras titiritera, guardo hermosos recuerdo de aquellos años”.
Ahora esos recuerdos me acompañan vividos en mi memoria para poder contarle a quien me lea, que existe un hombre poseedor de un mundo lleno de magia, que vuela con la golondrina y su nombre es Pepe Ruiz.


6 may. 2012

Carlos de las villas


Durante toda la noche de ese 12 de Mayo de 1974, las campanas de la Capilla de Cristo Obrero, en la Villa 31 del Barrio de Retiro, redoblaron en señal de Luto. La vigilia en torno a un fogón se extendió a todos los asentamientos de la ciudad, cerca de 10.000 villeros pasaron la noche en vela, con la guitarra se acompañaron las voces quebradas de los que cantaron su pesar.


…“Se equivocaron, Carlos,
los que creyeron
que en una cruz de balas
solo se mata.
No basta una ametralladora
tu villa y mi villa
no se equivocan.
Los diarios podrán decir
“Murió el Padre Mugica”
como antes muchos creían
que una trompada
borraba una villa.
El pueblo
Carlos de las villas
Carlos hermano
sabe que no se llora siempre
lo que se esta ganando.”…

Por sus calles embarradas, peregrinaron cinco mil almas desoladas, cortejando el féretro que cargaban en andas llevando sus restos al Cementerio de La Recoleta.  
Si le hubiesen preguntado en vida, seguramente y a pesar de pertenecer a una familia ilustre, jamás hubiese elegido ese lugar como ultima morada. Todos sabían que su lugar era la villa junto a los pobres, si hasta el mismo Perón en 1973 fue personalmente a buscarlo.

…”Los “sin voz” tiene ahora
mucho más que tu voz,
tienen tu vida.
Prometiste venir
cuando pudieras;
nuestra villa, mas que antes,
te espera”…

25 años esperaron los villeros el regreso de Carlos, esta vez apenas fueron mil los que hicieron el cortejo. Los años fueron duros para los que quedaron en las fábricas, los barrios, los comités y las escuelas. Muchos de los que cargaban el ataúd de regreso a la villa, eran hijos huérfanos de aquellos que si lo conocieron.
Un trozo de su camisa ensangrentada, aquella que fue escudo frustro de los 15 balazos, su estola, esa con la que aparece en la “estampita”, improvisados carteles con su rostro y fotos blanco y negro recubiertas celosamente con bolsitas de nylon para que no se arruinen, sirvieron para detener el transito en Av. Del Libertador o Figueroa Alcorta, ante los ojos de los conductores absortos, que no llegaban a comprender la escena.
Tres horas duro el peregrinar, el ocaso de una tarde soleada los recibió en la entrada de la villa, la autopista Ilia era solo un proyecto, que para ser concretado tuvo que esquivar la Capilla de Cristo Obrero, donde a partir de ese día descansan sus restos.

…”Perdonalos, Padre,
No saben lo que hacen”
Y no lo sabían.
Por esos se equivocaron.
Los villeros saben ahora
que en la Argentina,
como en la hora de Cristo
solo “muriendo por el Pueblo”
Carlos hermano
Se resucita.”…

El 11 de Mayo de 2012, se conmemoran 38 años de su asesinato.
Cambiaron los Gobiernos, cambio la Iglesia, el País, el pueblo, pero el discurso de Mugica sigue vigente. El “ahora mas que nunca junto al pueblo” se hizo carne en los idealista, en los que creen que solo se pueden salvar con la ayuda de sus pares, en los que piensan en que un futuro mejor es posible, en los que creyeron en utopías y vivieron el “querer es poder”, en los sobrevivientes.

Su cuerpo descansa en la villa 31, todos saben que ese es su lugar, si hasta la mismísima Cristina Fernández en 2010, fue personalmente a buscarlo…
Su espíritu no descansa, está en los barrios, las universidades, los centros barriales, las murgas y los comedores comunitarios, increíblemente la historia me hace dudar que esté en la iglesia.
Su figura trasciende la política, las clases sociales y la religión, es recordar que se lo puede tener todo y a pesar de eso no tener nada, es saber que aún no teniendo nada, se puede tener todo.


(Fragmentos Poema: “Carlos de las villas” escrito por los habitantes de la Villa 12 de Octubre, el 12/05/74. Editado en el libro “Martín Villa hermano de Martín Fierro” Agosto 1974)