18 may. 2013

Colchón en transito


Transito Aguilar era un puntano jodón, por lo general vivía de buen humor y mandado hacer para las picardías. De su San Luis natal había pasado por Mendoza donde trabajo en los viñedos, para finalmente y debido a la sequía, terminar de ayudante de portero en el barrio de Floresta.
Todas las mañanas a las 5 a.m. entraba a trabajar en el edificio ubicado en Joaquín V. Gonzáles al 500. Justo enfrente se encontraba una casa en ph habitada por una madre y su hija. Juanita, la madre, vivía en la casa de adelante cuyas ventanas daban a la vereda, y en el departamento de atrás al que se accedía por un pasillo, lo hacia su hija Rita.
Al parecer Rita, que era una señora de mediana edad, vivía sola y no tenia muy buena relación con su madre, tanto así, que cada vez que salía a la vereda, no perdía oportunidad de levantar el buzón de cartas que se encontraba empotrado en la puerta de la casa de su madre, y apoyando su boca en el mismo, le vociferaba todo tipo de insultos y amenazas. – Juanita, no salgas que te estoy esperando, Juanita vieja chota, si salís te mato…
Tanto Transito como el resto de los vecinos, comentaban indignados las actitudes de Rita para con su madre, también se la había visto en cierta oportunidad encontrase con ella en la vereda y revolearle la bolsa de las compras, teniendo Juanita que ser rescatada de las agresiones por los vecinos, que a pesar de no saber bien el porque de la legendaria pelea, tomaban partido por la mas débil.
Cuando no amenazaba a su madre a Rita le gustaba acumular cosas inservibles, viejas o inútiles. Cada tanto en lugar de entrar cosas, se la veía sacar algún trasto a la calle, los ocasionales espectadores suponían que era para hacer lugar y poder ingresar más basura. Y ahí estaba Transito que veía todo lo que entraba y salía de esa casa.
Aquel día se escuchaba la voz de Rita fuerte y alterada, - Te vas mierda, no te quiero ver mas! – Te voy a sacar de acá, ya no quiero verte! – No te quiero ver mas en mi casa, ahora te vas y no volves mas….  Como era costumbre don Aguilar pensó que una vez mas peleaba con su madre, pero grande fue la sorpresa, cuando la vio salir por el pasillo de su casa arrastrando un viejo colchón de dos plazas, con los resortes desvencijados y manchas de humedad. – Ya vas a ver, ahora te vas y no quiero verte mas! Seguía Rita hablándole al colchón, hasta que finalmente lo deposito junto al árbol de la esquina de su casa, para regresar con las manos vacías y refunfuñando en vos baja.
Para Transito, que no perdía oportunidad para divertirse, esto era como una invitación a Disney con todo pago. El puntano busco el viejo colchón tirado en la esquina, y lo deposito justo frente a la puerta de Rita, después como si nada regreso a su puesto de trabajo, solo era cuestión de esperar.
Finalmente llego el momento en que Rita salio a la vereda, al ver el colchón no oculto su sorpresa seguida de indignación, e increpo al mismo con preguntas que por su condición de inanimado jamás le respondería… -Que haces Acá? Como volviste? Te dije que no quería verte más! Lo tomo de los lados y volvió a llevarlo hacia la esquina.
Transito en medio de risas espero a que Rita entrara a su casa y volvió a poner el colchón en la puerta. Pasaron las horas y Rita no salio, Transito cumplió su horario de trabajo y se retiro.
A la madrugada siguiente y algunas cuadras antes de llegar al trabajo, desde el colectivo vio el colchón que habido sido abandonado nuevamente, era ese, estaba seguro, por lo que se apresuro a tocar el timbre y bajar del transporte.
Una vez que estuvo frente al el  no le quedaron dudas que era el mismo, por lo que lo levanto del suelo y en medio de carcajadas apresuradas pensando en la reacción de Rita cuando lo viera, cargo el colchón de regreso a casa. Era de madrugada y tendría que esperar algunas horas al ver la reacción, pero seguro valía la pena.
Y vaya si valió el esfuerzo, al abrir la puerta y ver al Sr. Colchón ahí, Rita no pudo contener su furia, comenzó a insultarlo a los gritos, a pegarle, estaba al borde de la histeria, como podía ser posible que estuviera ahí,  si ella le había dejado bien claro que no quería volver a verlo!.  Transito estaba con un ataque de risa, no podía hablar, las lagrimas le caían por su rostro, su compañero del edificio miraba la escena azorado. De repente cesaron los reclamos de Rita e ingreso veloz a su casa, a los pocos instantes se la vio salir con un bidón de kerosene y fósforos en la mano. Con voz firme se la escucho decir, - Ahora no me vas a joder más! Y regándolo con combustible lo prendió fuego sin piedad.
Pero eran otros tiempos y en la Ciudad de Bs. As. cuando todavía se llamaba Capital Federal, existían los inspectores Municipales que circulaban por los barrios, controlando que los vecinos no cometan infracciones. Tanta mala suerte tuvo Rita, que en ese momento paró un auto frente a su casa y sacando la credencial de inspector la intimo a apagar el fuego y amenazó con multarla por prender basura en la vía pública.
Para ese entonces Transito se encontraba tendido en la vereda tomándose el estomago el cual le dolía por tanta risa, su compañero no estaba seguro que espectáculo tenia que mirar, si a el o a Rita yendo y viniendo por el pasillo con una jarrito de agua, intentando apagar el fuego frente a la mirada inquisidora del inspector, los vecinos se agolpaban y Juanita espiaba tras la celosía.
Finalmente el colchón se apago y el barrio retomo su calma, después de eso Rita pensó muy bien antes de sacar algo a la vereda. Dicen que lo que no perdió fue su hábito de increpar a Juanita buzón mediante, pero que una vez que esta falleció Rita recobro la cordura.
Hace unos años Transito Aguilar también partió, aunque esta presente en cada risa cuando su nieta Almendra cuenta la Historia de Rita y el colchón.