Dicen que Barracas siempre fue un barrio de Guapos, y debe ser verdad, porque en el año 1909, en Baigorri 75 entre Patagones y Caseros, un 4 de septiembre nacía Pepe Galleta, el único guapo en camiseta.
Mucho se habló sobre la vida de Pepe Biondi y su triste
infancia en el circo, pero muy poco sobre su nacimiento en la casa de Barracas,
en cuyo terreno hoy está el Hospital Británico.
Plano de 1912
El Hospital ocupa una parte
Cuando Pepe nació, el barrio lucía muy distinto. La
avenida Caseros era una de las pocas arterias adoquinadas (1899). El espacio
que años atrás había ocupado el matadero de la convalecencia ahoraestaba repartido entre una plaza llamada
España y un “criadero municipal de plantas”
La plaza diseñada por Carlos Thays, contaba con
alumbrado y baños públicos para hombres y mujeres y el día que fue bautizada
con su actual nombre (antes de 1900 se
llamaba “De los inválidos”) a la ceremonia asistieron 20.000 personas, se organizó una gran fiesta popular donde se
repartieron medallas conmemorativas.
En la esquina de Caseros y Baigorri estaba el vivero
con jardín botánico, allí entre otras cosas como ser plantas exóticas, se cultivaban distintas especies Yerba Mate.
Sobre Baigorri estaba el corralón de carros y los
establos municipales, estos funcionaron hasta la década del 50 y quedaban justo frente a la
casa donde vivíanlos Biondi.
Cuenta la leyenda que la familia compuesta por José
Biondi, Ángela Cavalieri, ambos oriundos de Nápoles, y sus 8 hijos (Pepe era el
tercero) eran muy pobres, y cuando Pepe cumple 6 años, Don José consigue un
trabajo en el ferrocarril y se mudan a Remedios de Escalada, en Lanús.
Plano de 1916 -
El Hospital ocupa toda la manzana
Lo cierto es que en la manzana donde se encontraba la
vivienda, también funcionaba el Hospital Británico desde 1887 (en ese momento
llamado Inglés). Tres años después al predio original se le había agregado la primera
escuela de enfermería del país. La Comunidad Británica llevó a cabo una intensa
campaña de recaudación de fondos para erigir un nuevo edificio, eso incluía
comprar los terrenos que estaban sobre Baigorri. Hasta ese momento los lotes eran ocupados por casas particulares e inquilinatos. Es hasta mitad de 1910 que
logran adquirir todas las propiedades de
la cuadra y hacerse con la manzana entera. Esta fecha coincidiría con la de la
mudanza familiar y podría ser el verdadero motivo de la misma.
La comunidad Británica siguió con la recaudación de
fondos y fue recién en 1940 donde las obras culminaron con la construcción del
pabellón Repetto, nombre puesto en Honor a uno de los principales mecenas.
Sobre el paredón perimetral del Hospital, escondidas
bajo los coloridos murales que decoran la cuadra, pueden verse las antiguas
chapas de numeración de las que fueran las viviendas desaparecidas. En el número 75, una pared baja enrejada deja ver los Jardines del Hospital.
Entrados los años 20 y luego de su fatídico paso por
el circo de los hermanos Anselmi,Pepe
volvió al barrio pero esta vez a trabajar. Con 14 años se lo veía a 10 cuadras
de su casa natal, en la esquina de Garay
y Bernardo de Irigoyen, en Constitución,vendiendo diarios o lustrando botas. Allí sería descubierto por un ex
compañero de circo, que lo alentaría a regresar a las pistas. El resto de la
historia ya lo conocemos..
En los años 60, las oficinas administrativas del
vivero del sud, se convirtieron en un restaurant llamado el Mesón Español. Este,
pese a su prestigio, funcionó hasta principio de los 80 cuando la municipalidad
no le renovó la concesión del predio. Años después el lugar fue destinado como
Espacio Cultural del Sur
Foto Facebook LCDLT
A principios de los 80 y con los albores de la democracia, un grupo de artistas titiriteros entre ellos
Javier Villafañe, Mane Bernardo, Sarah Bianchi y mi siempre recordado maestro
Pepe Ruiz,decidieron salir con sus
obras a la calle y el lugar elegido fue la esquina de Caseros y Baigorri que pasó
a ser un gran escenario al aire libre donde se realizaban espectáculos de títeres
para chicos y algunos grandes con alma de niño. No tardó en correrse la bola
que todos los domingos había fiesta en el barrio, fue así como Baigorri fue bautizada como “la calle de los títeres”, nombre que perdura
hasta nuestros días. En 1989 la municipalidad cede un espacio con entrada por Baigorri 30 para que realicen las actividades.
Esa cuadra emblemática llena de murales y sus
adoquines asomando por debajo del asfalto sigue siendo, junto al viejo vivero,
un lugar de encuentro con la cultura. Es un espacio mágico para los niños, un
portal para viajar con la imaginación donde todo puede suceder.
Yo prefiero pensar que siempre fue mágico, por eso
Pepe nació allí y los árboles del parque España que aún perduran, fueron
testigos de sus risas y sus juegos de la infancia.
Qué mejor destino para la cuadra que vio nacer al
hombre cuya existencia alegró a generaciones enteras y sigue robando sonrisas
con solo pronunciar su nombre, que
convertirse en la calle preferida de los niños.
Claramente, hay que ser muy guapo, para dejar
semejante legado.
Baigorri 75 - año 2020
* fuentes consultadas ABCC - Argentine-British Community Council Pagina Facebook. / Mapas Archivo BA
En Enero de 1999 en la sección de sociales del diario
la Nación, salía la noticia del hallazgo de un gliptodonte en Cabildo y Blanco Encalada, en el barrio de Belgrano.
Un mes antes, en Diciembre del ‘98 la misma sección del mismo diario, se
lamentaba por el fallecimiento del Profesor Emérito de la Universidad de Buenos
AiresDr. Alberto
Ítalo Calabrese, quien vivía a unas pocas cuadras del lugar del hallazgo y en aquellos
días hubiera cumplido 86 años.
Alberto había nacido en el barrio de la Boca un 14 de
enero de 1913. En la lista de 11 hermanos el ocupaba el número 10. Hijo de María
Eterpeta Imbroscia y Santiago Roque Calabrese, ambos nacidos en Barletta, Italia.
Su padre Santiago nació en 1857, hijo de un marino mercante
desde muy joven abrazó la profesión, y a los 15 años ya tenía dos vueltas al
mundo certificadas. A finales de 1880 se radicó en Buenos Aires y fundó una compañía naviera con dos barcos traídos de Italia.
La empresa se dedicaba a transportar piedras y arena para la construcción de
caminos de su cantera en Colonia Uruguay al puerto de Bs. As.. Los lugareños de
Uruguay, bautizaron la playa y el Muelle
donde solía atracar como “del calabrés”, en referencia y honor a su apellido.
Una vez establecido en la Boca por 1890, contrajo
nupcias con María vía poder y sin conocerse, el con treinta y pico y ella de 17.
Al poco tiempo arribó para estar junto a su desconocido y flamante marido, luego
de casarse aquí por iglesia comenzar a formar una familia.
Corrían los años 20 y Alberto vivía en Suárez y
Necochea, por ser uno de los más pequeños (con su hermano mayor se llevaba 18
años), se tomaba la licencia de ir solo al colegio que estaba en Parque Lezama.
En ese entonces, el parque inaugurado en 1896 lucía muy distinto al que
conocemos hoy. En él se podía encontrar una plaza de toros, un restaurante en
forma de molino, un tren con estación para niños, un teatro a cielo abierto, un
lago con góndolas, un circo y una escuela primaria.
La cuestión que Alberto ya de pequeño era un
observador curioso que le gustaba aprender e investigar. Un día saliendo del
colegio, ocurre un desprendimiento de tierra del lado de la barranca hacia la
avenida Paseo Colón. Mientras observaba la pared de el terraplén que había quedado
al descubierto, le llama la atención la simetría del barro seco que estaba como
escamado. Sin pensarlo dos veces, comienza a excavar con sus manos en la tierra
y descubre que esas rugosidades definitivamente no eran del barro.Tan compenetrado estaba en su labor, que comenzó
a llamar la atención de un hombre que estaba cerca. El casual espectador, no
pudo evitar acercarse y preguntarle – Qué estás haciendo pibe? Más sorprendente
fue la respuesta de Alberto: - Creo que encontré un gliptodonte…
El paisano ni lerdo ni perezoso, se fue raudamente a
buscar un teléfono para llamar al diario Crítica. Este periódico había sido
fundado en 1913 por el uruguayo Natalio Botana y tenía fama de publicar
noticias sensacionalistas. La cuestión es, que en lo que Alberto terminaba de
descubrir parte del caparazón llegaron los fotógrafos y haciéndolo a un lado
retrataron al oportunista como responsable del hallazgo. Luego de eso arribaron
los especialistas y el fósil terminó siendo trasladado al Museo de Ciencias
Naturales.
Pasaron los años y Alberto se convirtió en un
prestigioso médico e investigador. Con los años sería profesor titular de Toxicología
y Medicina Legal (UBA), como así también primer titular de Toxicología en la
Universidad del Salvador y profesor Emérito de la UBA. Sus investigaciones
sobre el ADN lo llevaron en los años 90 a exponer sus trabajos en EEUU.
Hasta su fallecimiento “el profe” apodo que se había ganado
en sus años de docencia, siguió atendiendo a sus pacientes en el Instituto de
Terapia Genética que él había fundado.
Padre de 5 hijos solía contarles la anécdota sobre su
descubrimiento en el parque cuando era pequeño y entre risas reconocer cómo ese
fue el primer robo científico que padeció, pero no el último, durante su más de
medio siglo dedicado a la investigación.
Esta historia llegó un día Y me susurro al oído “escribime”. En realidad la muy impertinente se coló, mientras intentaba contar otra historia, la de su vecina de casa, en Elcano y conde en colegiales.
Estaba yo muy entusiasmada buscando info sobre la ex dueña de un local llamado Bohemia, cuando se me ocurre preguntarle a mi amigo Martín Franco, vecino laboral del barrio a finales de los 90, si se acordaba del lugar y la mujer en cuestión. A pesar de haber trabajado muchos años más que yo en el barrio, su memoria es más volátil que la mía, o quizás no prestaba tanta atención, ya que estaba en una oficina en primer piso y yo debajo con local a la calle. En mi desesperación por intentar que recuerde algo, use como referencia la casona lindera a dicho local, donde vivían y trabajaban 3 particulares hermanos. Yo intentaba buscar algún detalle que lo ayudara, recordé que la mujer de ese trío fraternal era artista plástica, igual que Martín, y google su nombre para mostrarle su trabajo.
Fue Justo ahí, cuando la historia se presentó de repente y me susurró, nos miramos a los ojos y le pregunte: Vos querés que te escriba, pero acaso tenés algo interesante para ofrecerme ? Entonces canchera, me guiño un ojo y me mostró un documental que resulto ser, apenas la punta del ovillo.
Los hermanos Hisas eran 5, Ricardo, Roberto (fallecido de meses) Emilio, Hilda y Nélida. Hijos de un matrimonio Sirio Libanes, integrado por Barket Hisas (en migraciones lo bautizaron Alberto) y Fadua Aboud.
Apenas llego a Argentina Barket junto a otros familiares que vivían en Castillo y Serrano, en el barrio de Villa Crespo, comenzó una pequeña fábrica de Hilados que manejaba en colaboración de sus primos. En los años 30 se presentó la oportunidad de comprar en cuotas la casa de Av. Elcano 3179 en Colegiales, esa seria la vivienda familiar y Fadua la encargada de ir cada mes, durante los proximos años, libreta en mano a pagar la cuota de la hipoteca.
Fue pasando el tiempo y Ricardo el mayor de los hermanos trabajaba con su padre y estudiaba para contador. Emilio ayudaba en la empresa familiar, Nélida, la menor daba clases de ingles , e Hilda que se había recibido de bachiller normal en el instituto nuestra señora del rosario de Belgrano, tomaba cursos de acuarela.
Emilio es el primero en abandonar el nido en 1957, año en que se casa, pero sigue frecuentandolo a diario, ya que en la casona funcionaban las oficinas y el garaje era usado como punto de distribución de los tejidos terminados. Posteriormente en el 59 se casa Nélida y forma su familia compuesta por dos hijos Lucia Y Julián, por lo que no participa en el negocio familiar. Ricardo e Hilda, solteros empedernidos, convivían junto a sus Padres.
Hilda por aquel entonces trabajaba en el departamento de publicidad de las Galerias Harrods, dibujando los figurines que formarían parte de las revistas de la época, este trabajo lo mantuvo por casi 15 años, cuando en 1972 el departamento de publicidad dejó de utilizar dibujos y pasó a usar fotos para promocionar indumentaria.
En 1967 fallece Barket, y Ricardo ocupa su lugar de hermano mayor quedando a cargo de los negocios familiares junto a Emilio.
Si hay algo que tenía la familia Hisas era su amor por las artes, y no perdían oportunidad de ir al teatro, exposiciones y conciertos. Es Así como un día, los hermanos fueron a un recital de Atahualpa Yupanqui y cuando termino lo esperaron a la salida para contarle lo mucho que lo admiraban, Don Ata muy agradecido se prestó a la charla y los hermanos ni lerdos ni perezosos lo invitaron a su casa a compartir una comida en familia, la cocina de doña Fadua era muy alagada, contrario o todos los pronósticos el músico acepto y a partir de ese momento, se convirtió en un comensal habitué.
A fines de los años 60 Hilda comienza a exponer su trabajo y conoce a Ben Molar, para ese entonces su maestro era Demetrio Urruchúa, uno de los encargados junto con Berni, Castagnino, Colmeiro, y Spilimbergo de pintar en los años 40 los frescos de las galerías pacifico ubicadas en Av. Córdoba y florida, en el microcentro porteño y hoy declarado monumento histórico nacional.
Urruchúa, quien la apadrino hasta su fallecimiento en 1978, se encargaba de hablarle a todos del trabajo de Hilda, y la estimula a hacer muestras.
A pesar de su perfil bajo, ella acepta. Desde aquel entonces Ricardo entusiasmado, se hace cargo de organizarle nuevas exposiciones.
Hilda, se suma a la academia del lunfardo y cultiva una estrecha amistad con Ben, que los mantuvo unidos hasta el fallecimiento de él en 2015. El sería en los 90 el encargado de animar a Hilda a realizar una exposicion tematica sobre tango.
En 1975 Ricardo abandona la soltería y el hogar materno. Hilda permanece en la casa junto a su madre, con la firme convicción de no casarse ni convivir, ya que el casamiento para ella es sinónimo de perdida de la libertad personal, algo que no está dispuesta a entregar por nada del mundo.
Los 80 pasan sin sobresaltos, ni muestras. Hilda sigue tomando clases con maestros que se terminan convirtiendo en admiradores de su trabajo.
Llega los años 90 y Fadua a sus 93 activos años fallece. Para ese entonces la casona de dos plantas estaba copada por la empresa familiar que desde los años 70 fabricaba tejidos para uniformes militares y para Telefónica. Hilda alternaba su trabajo en la fábrica con las clases en los talleres de la asociación Estímulo de Bellas Artes, en Av. Córdoba y Maipu.
Los 3 hermanos no pasaban desapercibidos en el barrio, Ricardo alto y robusto era un tipo afable y dado con los vecinos, alguna vez me toco recibir un souvenir de regalo traído de unas vacaciones en San francisco.
Emilio, menudo y de lentes, tenía una postura más acartonada que parecía permanentemente poner distancia. Su muletilla era “señorita” que repetía constantemente, claro está si su interlocutor era una joven dama. De pocas pulgas y poca paciencia, detestaba ser interrumpido y te lo hacía saber con un “no me interrumpa señorita” eso sí, siempre con sobrada educación y buenos modales. Demás esta decir, que a mí esa frase me la repetía constantemente.
Hilda era otro cantar, su figura delgada y esbelta, su largo pelo negro enrodetado y sus polleras tubo que terminaban con un volado cerca de los tobillos, rememoraban a Olivia, la novia de Popeye. Siempre bien coqueta, con maquillaje pronunciado y bijouterie colorida, llevaba su humanidad a toda velocidad por la avenida. Con un inmenso mundo interior, muchas veces llegaba a un lugar y no recordaba para que, se iba y regresaba a los pocos minutos con su memoria recuperada.
A Hilda le gusta cocinar y la solidaridad era algo de familia, en una oportunidad cuando su vecina Vita de la calle Conde (los fondos de las casas eran linderos) tuvo un accidente andando a caballo, Hilda no dudo en llevarle comida y asistencia durante el tiempo que estuvo postrada. Muchos años después, lo haría con su Hermano Emilio, luego de que este enviudara y ella tomara el compromiso de llevarle todos los días la comida a su casa.
Con el nuevo milenio, llegan los cambios. En 2003 fallece Ricardo y junto a él empieza a irse Elcano Textil. Emilio ya mayor y con intención de no perjudicar a nadie, vuelve a recurrir a los primos para seguir adelante (los dos hijos de Emilio viven en el exterior) pero esto sería solo por unos años. Finalmente en 2007 toman la decisión de cerrar la empresa y vender la casona, ya que para Hilda usarla solo de vivienda requería mucho esfuerzo. La casona la compran los dueños de la conocida casa de antigüedades “la rueda” de Flores y la destinan para alquiler. En la actualidad allí funciona una cadena de cafeterías americanas, que gracias al conocimiento de los locatarios, apenas adaptaron el lugar, y permanece su estructura arquitectónica intacta.
Hilda se muda a Parque Chas, a un PH acogedor que le sirve de vivienda y estudio. Finalmente da utilidad a su título de docente, dando clases en la Asociación que la vio como alumna durante tantos años.
En 2017 fallece Emilio con 91 años y en 2018 le sigue Nélida, que hasta su último suspiro la paso yendo a los recitales del “cardenal” Javier Domínguez, un tanguero joven, que viéndola apasionada por la música, la adopto de segunda madre.
Hilda, lejos de desmoronarse por la partida de sus hermanos se mantiene hiperactiva como siempre y cultiva la soledad como un tesoro. Libre de ambiciones, la vida le fluye y ella la acompaña, vive en el aquí y ahora y según ella su falta de memoria la ayuda a hacerlo.
Le divierte realizar alquimia culinaria cocinando galletitas de sabores experimentales que regala a quien va a visitar, con la particularidad de que ella no las come, porque mantiene una estricta dieta macrobiótica orientada por los apuntes y libros el Técnico en Dietética y Nutrición Natural Néstor Palmietti.
Cada Tanto se la ve por Elcano, ya que se niega a abandonar a sus proveedores amigos de toda la vida, y sigue con sus clases como docente de Croquis en la AEBA. Tan peculiar y querida es, que sus alumnos decidieron filmar un documental llamado “Señorita Hisas” donde la premisa es la de rescatar su sabiduría en una especie de lista de mandamientos azarosa, creada durante las tertulias luego de clases en una pizzería cercana.
Tengo que confesar que cuando vi el tráiler del documental realizado por Luis Paris y Federico Scopazzo, me costó reconocer a la Hilda que vi todos los días por 6 años. Si bien físicamente no cambio en nada, ni siquiera en la edad que aparenta (nunca sabremos la verdadera), se me estaba revelando el lado b de aquella imagen de solterona y peculiar oficinista de colegiales que guardaba en mi memoria.
Ni lerda ni perezosa, me contacte con ellos para verlo entero, grata fue la sorpresa cuando me lo enviaron, junto a la inquietud de querer conocer lo que consideraban era el lado B de Hilda, su costado mundano y de familia que yo conocía, y que para ellos era un misterio. Todo estaba dado para que se unan estos dos universos, la historia comenzó a escribirse, pero faltaban detalles. La encargada de ayudar a encajar las piezas fue Lucia, la hija de Nélida, quien se ocupa de asistir a Hilda cuando lo necesita. Gracias a ella también, los rostros de los hermanos Hisas volvieron a sonreír para la foto.
Ahora que la mirada propia y la de los otros se unieron, se rebeló una visión nueva.
No puedo dejar de reflexionar, sobre cómo podemos suponer historias a partir de una percepción. Nos convencemos que con solo ver apenas unos fotogramas, sabemos cómo es la película.
Nunca sentí mas real la frase “no todo es lo que parece”.
Esta vez por suerte, llegue a tiempo, antes que den la última función.
Me despido pensando en El V mandamiento de Hilda que dice “No pertenecer a nada ni a nadie”.
Desde aquel día que me volvía a cruzar con la historia de ella y su familia, rompí con esa regla. Por un rato su historia me perteneció al igual que a sus alumnos que la filmaron.
Y Ahora que terminaste de leer su historia, también te pertenece a vos.
A propósito de mi reciente mudanza al barrio de Parque Patricios, y ante
la pregunta obligada sobre que tal es el barrio, me escuche innumerables veces
diciendo: - no sé no lo conozco, jamás fui…. Pero recién hasta casi un mes
después de frecuentarlo, me di cuenta que mentía descaradamente.
Obligada por un trámite fue que me dirigí a la zona de Av. Caseros y la
rioja, territorio que pretendía explorar en algún momento con tiempo y que
había visto pintoresco a través de la ventanilla del colectivo 65.
Aproveche el viaje para entrar a un par de locales y comprar adminículos
para terminar de acondicionar mi nuevo hogar. Recorrí varias cuadras mirando
todo detalladamente con ojos nuevos, particularmente los lugares viejos, que
siempre son los que mas llaman mi atención. Me encontré con una antigua
farmacia en la esquina de Rondeau y La rioja, que en sus vidrios tenía
fileteado orgullosamente “desde 1947”.
Luego por Av Caseros al 2800 una pequeña librería de viejos, sobrepoblada de
volúmenes amontonados en pilas desde el piso hasta el techo (literalmente
hablando). Finalmente unos pasos más
adelante me pare frente a la vidriera de la Vinoteca El
coleccionista, la cual lucía orgullosa altos estantes de madera repletos de
polvo, de bebidas de todas etnias,
décadas y gradaciones alcohólicas. El nombre en letras doradas desgastadas por
el sol lucia en añejo en el vidrio falto de limpieza. Tuve un dejavu con mas de
30 años de delay y de pronto mi memoria lo dijo en voz alta –Acá ya estuve! Mis ojos a través del vidrio clavaron la
mirada en el hombre sentado tras el escritorio de madera acomodado en medio del
salón, quien por casualidad o no por un segundo levantó su cabeza y miró
directamente hacia la calle. Era el! Claro, El Loco!, efectivamente yo había
estado ahí.
Eran los años 80 y por radio excelsior a la media noche, se transmitía
el programa “El loco de la colina” que nada tenía que ver con Jesús Quinteros,
el español que usaba ese seudónimo y conducía en la madre patria un programa
llamado “el Perro Verde” que supo ser popular en esa época. Este loco era bien
porteño, abogado y su verdadero nombre era Carlos Rua. Su programa transgresor
para la época, tenía varias particularidades. La cortina del programa era un
tema de los redondos, a quienes ayudo a popularizar cuando solo se los podía
escuchar en casettes piratas grabados en vivo. La música era no comercial y se
podían escuchar bandas no solo de argentina, sino también de España y México
con letras provocadoras para la época.
En cada emisión se recitaban textos de Borges, Gelman o Pizanik. Carlos tenía un dominio impresionante de su
voz y realizaba personajes variados que hasta en algunos momentos parecían
superponer sus voces al aire. Muchos años después Fernando Peña haría lo propio
con igual talento. El loco pretendía tener una audiencia intelectual que
comprendiera su vuelo poético, por lo que hacia participar a través del
teléfono a sus oyentes con consignas que solo comprendían sus seguidores, y si
alguno de ellos dejaba un mensaje que no estuviera a la altura de las
circunstancias, era defenestrado al aire y verbalmente castigado. Aquel mítico
programa tenía como patrocinadores a funerarias y una docena de albergues
transitorios que eran anunciados mediante simpáticas rimas a la medida de cada
uno… “Penetre por delante o por detrás, hotel Rampacar, el único con dos
entradas…”
Yo me había echo fan del
programa por mi amigo Javi Lavagnino. Ambos lo escuchábamos noche tras noche y
al día siguiente comentábamos lo acontecido. El loco se auto denominaba una especie
de Mesías (recordemos que el apodo “el loco de la colina” es uno de los tantos utilizados para hacer referencia a la
figura de Jesucristo) y repetía la frase en latín “Ego Sun lux, et verita, set
Vita”.
Un día y sin previo aviso, Javi me cuenta que la noche anterior había
ido a la radio a ver el programa en vivo y entre otras cosas hace referencia a
que Carlos se movilizaba en una silla de ruedas por el estudio. Al principio no
le creí, pero fue tal su insistencia que termine por aceptar que era discapacitado
motriz.
Llegados los 90, yo me encontraba realizando un programa llamado “Mañana
es otra historia” en Fm La tribu y escribiendo para un periódico del barrio de
Almagro. Para ese entonces el Loco, si mal no recuerdo, estaba en radio
Belgrano con los días contados (En esa época, Iba saltando de emisora en
emisora, ya que lo tildaban de transgresor y el censor lo multaba y las radios
lo sacaban del aire.) En su monologo habitual hace referencia a que si seguía
así iba a terminar con su programa en La Tribu porque ya no le quedaban opciones.Al escuchar tamaña declaración, vi mi
oportunidad de oro para conocerlo personalmente, después de tantos años de
escucharlo donde fuera. Llame a su producción y pedí una entrevista con el, que
me fue concedida rápidamente.
La cita era por la tarde en la vinería de Av. Caseros.Llegue temprano por la ansiedad y porque era
la primera vez que pisaba Parque Patricios (esa vez fue verdad). Espere en la
esquina a la hora indicada. Finalmente ingrese al ya avejentado local que había
sido fundado por su padre Asturiano en 1957 y lucia en su frente un enorme
cartel que decía “Vinoteca Rua” . No tenía idea que cara tenia Carlos, ya que
nunca daba notas y no se conocía más que su voz, la cual cambiaba
permanentemente. Alguien se me acerca para atenderme y me señala a un señor
morocho y robusto, con campera de cuero marrón sentado tras un gran escritorio
de madera que se encuentra contra toda lógica en medio del salón, es El. Me
acerco y nos saludamos, permanece sentado, en ese momento recuerdo el relato de
Javier y la silla de ruedas y asumo que todo era verdad. Hacemos la nota, yo
tratando de ser profesional y no mostrar una admiración desmedida ante su
persona, no le cuento que tengo los programas grabados donde me elige como
ganadora de la consigna, tampocole digo
mi seudónimo… No recuerdo cuanto duró la entrevista, pero si que muchas veces
estuve tentada de preguntarle por su discapacidad, por suerte aquella voz en mi
cabeza me decía que no correspondía, que no lo haga. Finalmente y antes de
despedirnos le pido permiso para sacarle unas fotos con mi zenit para la nota
del diario, el accede, aunque no posa, permanece en su escritorio como si no
sucediera nada. Le agradezco por su tiempo y me retiro, justo en ese momento lo
veo levantarse de su silla de escritorio e ir hacia el interior del local.
Quede absorta, Javier habia logrado engañarme durante 10 largos años.
Paso un tiempo y yo me desempeñaba en el sector de prensa y difusión de
una fundación, estábamos armando una campaña de prensa en los medios de
comunicación y decidimos elegir en Tv al popular programa de Luisa Delfino “ Te
escucho” que salía por ATC y en radio a El loco, que para esa época se
encontraba en radio Ciudad y seguía teniendo fieles seguidores. El programa no
duró mucho tiempo hasta que lo levantaron y por motivos que no recuerdo, el
Loco terminó de panelista mediático en el escandaloso programa de Mauro Viale,
junto a Guido Suller, y Jacobo con quien se pelearía a golpe de puño al aire.
Tal vez ese fue el principio del fin, no lo se, pero su genialidad y talento de
pronto parecía haberse esfumado ante las cámaras de tv. Al poco tiempo
desapareció de los medios. Después de eso no supe nada mas de el.
Pasado el 2000 cada tanto y al azar lo pescaba en alguna radio al pasar
el dial. Creo que uno de sus últimos programas fue junto con Tom Lupo, otro
grande de la radio de los 80. En agosto del 2017 leí en la pagina
www.elfandango.com.ar/el-coleccionista/ un relato sobre el, su local, su fama y
como a sus 57 años estuvo al borde de la muerte y escapó corriendo del
hospital.
Mientras embalaba mis cosas para la mudanza, me tope con uno de los
casettes, el único que guarde con su programa. Recordé que fue uno de los
motores que me inspiraron para hacer radio cuando tenía 16 años.
Hoy después de casi 30 años de haber pisado por primera vez Parque
Patricios, volví a quedar absorta al
verlo, me reí cómplice de mis pensamientos y camine por Av. Caseros
preguntándome si alguna vez el Loco habrá usado silla de ruedas….
Don Francisco Roverano, era un
inmigrante Italiano. Casado con Doña Teresa y padre de 4 varones, Ángel,
Pascual, Pedro y Vicente. Instalado en Bs. As. se dedicó a la venta de relojes,
negocio próspero que le permitió montar una pequeña confitería familiar.
Allá por el 1850 la familia ya era
dueña de varios locales, entre ellos la Confitería del León. La misma estaba ubicada en
la actual Bartolomé Mitre, entre Esmeralda y Suipacha. Al tiempo y producto de
lo próspero de sus negocios, esta se muda a un local más grande en la esquina
de Suipacha y Rivadavia, frente de la recientemente creada Compañía del Gas.Dicho local fue el que ocupara anteriormente
el primer Café Tortoni.
En 1872 la confitería que tenía
11 faroles a gas en su entrada, convirtiéndose en la pionera con esta
característica, lo que le permitía estar abierta hasta entrada la noche, fue
protagonista de las crónicas policiales cuando el del 29 de enero, Enrique
Ocampo se tomara unas copas para juntar coraje y dirigirse a Barracas a
asesinar a Felicitas Guerrero y posteriormente quitarse la vida. Este trágico hecho
le dio mas prensa al lugar, incrementando la concurrencia.
En 1882 la famosa “Confitería del
Gas” como se la conocía popularmente, se convierte en el primer local iluminado
con lámparas eléctricas. (El fondo de comercio fue vendido en 1909 por los Hnos
Juan y Angel Marini, sucesores de Pascual Roverano a Pedro Nani. Manteniendo el
nombre funcionó hasta mayo de 1961 y en abril de 1964 se demolió el histórico
edificio convirtiéndose el predio en la Plaza Roberto Art).
En 1876, el Cabildo colonial era utilizado como
palacio de tribunales y los abogados de la época pululaban por las
inmediaciones a montones. A los hermanos Ángel y Pascual les pareció una buena
idea incursionar en otros rubros y convertir la confitería Monguillot, también
de su propiedad y que compartía medianera con el cabildo, en un moderno pasaje
comercial que constara en la planta baja de una galería de 50 metros con locales
destinados a oficinas de alquiler para los letrados, y en la parte trasera y
primer piso habitaciones destinadas como viviendas de alquiler.
En 1880 y con el pasaje terminado y en próspero funcionamiento, la familia decide iniciar un nuevo proyecto. Es así como
pensando en el descanso final de sus padres, deciden encargar a escultores de Génova en Italia, una bóveda para ser instalada en el cementerio de la Recoleta. La misma íntegramente
de mármol, con la figura de un inmigrante italiano al frente parado sobre un
barco, fue traída en partes y montada en la parcela. Contra todo pronóstico, y
apenas terminada la obra, fue tristemente inaugurada por los hermanos Pedro,
fallecido en 1882 con 48 años y Vicente en 1885 con 33.
En 1888, Torcuato de Alvear,
primer intendente de Buenos Aires, encarga al ingeniero civil Juan Antonio
Buschiazzoel comienzo los trabajos de
apertura de la Avenida
de Mayo. La avenida pasaría entre las calles Rivadavia y Victoria (hoy Hipólito
Yrigoyen), siendo expropiadas y demolidas las construcciones que se encontraran
en su trazado. Una de las primeras en verse afectadas era, precisamente, el
Pasaje Roverano, que perdería buena parte de su frente, obligándolos a adaptar
lo que antes había sido su fondo, con una nueva fachada de estilo francés para
tener acceso por la nueva Avenida de Mayo
Los hermanos, a los cuales el
dinero no les faltaba, decidieron ceder gratuitamente 135 m² de su terreno a la Municipalidad, pero
exigieron que se indemnizara a los inquilinos que habitaban los cuartos que
serían demolidos, con la suma equivalente a varios meses de alquiler para que
pudieran encontrar nuevo alojamiento. Este gesto les valió un reconocimiento
del intendente Federico Pinedo, quien les entregó una medalla el 9 de julio de
1894. Reconocimiento que sus padres no pudieron ver ya que En agosto de 1891
Francisco fallece. Presa de una enorme tristeza, a los 19 días le sigue su
esposa Teresa.
Ante tanta prematura partida y viéndose inesperadamente sobrepasada la capacidad de la bóveda, Ángel decide encargar al escultor Italiano Leonardo Bistolfi y demás profesionales de la arquitectura y orfebrería, todos venidos especialmente de Europa, la construcción de un nuevo panteón más grande. Para ese entonces recoleta no contaba con espacio para realizar la ampliación, por lo que decide construirlo en el flamante y espaciosos Cementerio del Oeste (actual Chacarita). El nuevo recinto al que se trasladarían los restos, tendría espacio donde albergar a toda la familia incluidos el y Pascual, quien apenas a un año de comenzada la obra en 1901 fallece.
De la bóveda de Recoleta tanto las esculturas de mármol como piezas de arte, Ángel decide donarlas en 1907 al entonces recién creado Museo nacional de Bellas Artes (también donó una gran cantidad de pinturas de su colección privada, en su mayoría provenientes de París). El inventario nunca fue realizado y la bóveda vacía y en ruinas permanece actualmente en el mismo lugar.
En 1912, Ángel único sobreviviente de la familia y poseedor de una incalculable fortuna, decide reconstruir su maltrecho pasaje. Con ese fin contrató al arquitecto Eugenio Gantner, un francés que también intervino en el diseño de la Sinagoga de la Congregación Israelita de la República Argentina y entre otras obras en la dirección de la construcción de la casa central del Banco Francés en la ciudad de Buenos Aires.
En 1915 y mientras seguían las obras de reconstrucción, que constaban en agregar tres subsuelos y seis pisos, con una superficie cubierta total de 6.250 m2 sobre un lote de 748 m2. (Sobre la avenida, el frente se extiende 17,20 metros y 16,20 metros sobre H. Yrigoyen) Solicita una autorización para realizar una conexión directa, tanto desde los ascensores como desde la imponente escalera de mármol, con la estación Perú del subte A. Como una suerte de devolución de favores por la donación de terrenos realizada años atrás, el permiso es concedido rápidamente.
La imponente obra terminaría en
el año 1918, convirtiéndose no solo en el único pasaje en conectar con el
subterráneo, sino también en el primero peatonal entre dos calles. Sus columnas
de Onix, su herrería de bronce y vidrieras de cristales redondeados al estilo
Europeo, servirían de inspiración para la posterior construcción de los Pasajes
Urquiza Anchorena yBarolo.
Un año más tarde, en 1919 se
culmina la construcción del panteón Roverano en Chacarita. La obra final le habría costado a Ángel un millón de pesos de aquella época (para entonces,
algo así como 500.000 dólares que equivalían al valor de 300 autos Ford modelo
A).
Tan solo 12 meses después Ángel fallece
sin dejar descendencia ni obras pendientes de culminación.
En su testamento deja explícito que una vez consumada su muerte, la bóveda habría de ser clausurada. Para ello,
las puertas laterales que conducían al interior del sepulcro - allí tendrían
que ser arrojadas las llaves una vez cerradas - debían ser amuradas con piedra
negra pulida, con el fin que nunca nadie pudiera ingresar a su última morada.
Tras su muerte, los parientes
Italianos herederos de sus bienes, no cumplen con este pedido. Tal vez porque ignoraban
la verdadera razón del pedido.
Cumplidos 10 años de la
reinauguración del pasaje, el nombre de Ángel seguía presente en el inconsciente colectivo de la ciudad. Esta vez no por aquella obra, sino por el valor de la
construcción del panteón, que con el correr de los años y a raíz de las
especulaciones sobre su contenido, se convirtió en un mito que la comparaba con
los sepulcros de los faraones egipcios.
En 1928 la historia del valor de
la suntuosa bóveda era publicada en el diario Brooklyn Daily Eagle Newspaper.
La noticia no tardó en llegar a Bs. As. y reavivó la discusión.
En 1929 el periodista Ernesto de la Fuente de la revista caras y caretas develaría el misterio publicando un extenso relato con fotografías, que abría conseguido al ingresar con la ayuda cómplice de un cuidador del cementerio.
Pero qué secreto encerraba la bóveda además de los cuerpos de la familia entera? Mientras en su fachada exterior el mausoleo se veía austero y poco atractivo, cuyo ingreso daba a una superficie de granito coronada por un alto relieve de mármol. Junto a este último, una figura femenina de bronce representaba el dolor y una columna griega partida indicaba una muerte joven o vida interrumpida.
Ingresando por las puertas de hierro macizo, escaleras de mármol conducían al subsuelo donde yacen los seis sarcófagos de mármol veteado de los Roverano; Para sorpresa de los exploradores, los mosaicos de las paredes, que acompañan el descenso eran de oro macizo en un 90% y un 10% por otros mosaicos del mismo tamaño pero de colores diversos, que formaban figuras al combinarse con el brillo de las paredes. Oro puro y reluciente que, con su tercio de milímetro de espesor, cubrían los muros y la cúpula de aquella sala de descanso sagrado. Sobre la pared y al costado de cada sarcófago, un medallón de cobre bruñido conserva la efigie de quien allí descansa. En el centro de la amplia bóveda subterránea, sostenida por columnas de mármol y cuyo piso es del mismo material, se destaca la figura en bronce de una mujer desnuda y arrodillada, que simboliza la desesperación.
Luego de la publicación y develado el misterio, la historia se fue diluyendo en el tiempo.
El 14 de septiembre del 2006 La Legislatura de la Ciudad Autónoma de
Buenos Aires por decreto incorpora el panteón a la lista de monumentos
nacionales.
En la actualidad el mausoleo se
encuentra notablemente deteriorado. El acceso está tapiado por seguridad y
debido al abandono. No se sabe si su interior fue saqueado a lo largo de los
años o permanece el oro intacto como en 1929.
De su paso por esta vida, la obra más importante de Angel y su familia, fue su original pasaje. Testigo
silencioso de la historia, por el transcurrieron innumerables hechos y
circularon cientos de personajes.
Desde Antoine de Saint-Exupéry,
que retiraba correspondencia para ser trasladadas en su monoplano hacia la Patagonia, pasando por
Ricardo Balbín que usaría una de las oficinas para realizar la alianza con el
justicialismo llamada “La hora del pueblo”,hasta Jorge Bergoglio (Papa
Francisco) quien fue habitúe de la peluquería y el restorán.
A pesar del paso del tiempo, la
historia (Durante la dictadura militar y a causa de artefactos explosivos, en
los subsuelos se pueden notar ausencia de puertas originales y reparaciones en
la mampostería) y las remodelaciones posteriores (En la actualidad el edificio
cuenta con un piso más en lo alto, siendo un total de 7 pisos y fue proyectado
por el arquitecto Esteban Fermín Sanguinetti) el nombre de los Roverano sigue
presente en la ciudad y vinculado a la belleza y el arte que dejaroncomo legado.
A cambio de eso, Ángel solo pidió
descansar en paz junto a los suyos y que el último le cierre la puerta.
Solicítalo por correo a bznfotos@gmail.com O Por nuestra Fan Page de Facebook Mira el video de la presentación en la Iglesia Nórdica de Bs. As. el 9 de Junio de 2018
José Antonio Barreiro nació un 27 de febrero de
1942 en la maternidad Peralta Ramos de Recoleta, aunque si le preguntaban a el,
seguro diría en Serrano y Paraguay, en el barrio de Palermo. Fue hijo de Álvaro oriundo de Cangas en Galicia
y de Concepción de Orense, ambos venidos a argentina alrededor de 1926.
Sus Padres era propietarios de una carnicería
en Serrano 2184, la cual atendieron juntos hasta 1947, año en que Álvaro fallece y su esposa se hace cargo sola del lugar y de la crianza del José de
tan solo 5 años. Cuando Este cumple 18 y luego de haber terminado sus estudios
secundarios en el Colegio Hipólito Vieytes del barrio de Caballito, toma las
riendas del negocio familiar.
José tenia muchos amigos, pero entre los mas
compinches se encontraban los hermanos Vicente y Arturo Fernández, propietarios
del almacén ubicado en Serrano (en la actualidad Borges) 2108 y Guatemala.
Vicente solía ir los domingos por la tarde, a
las tertulias de jóvenes del Centro Lucense. En esas reuniones conoce a Alicia
Vilar, una jovencita de llamativa belleza capaz de deslumbrar con solo una
mirada a los jóvenes asistentes, que a pesar de sus intentos por conquistarla,
no conseguirían más que un contundente gesto de rechazo.
Alicia vivía en Mataderos y era hija de
Hermelinda Masilla y Evaristo Vilar oriundo de Pontevedra en Galicia,
propietarios de un almacén en Alberti y Murgiondo. Evaristo tenia de proveedores a unos coterráneos
de una empresa distribuidora de alimentos llamada Establecimientos Coveco que
funcionaba desde 1963 en El Salvador 5127 y Godoy Cruz en Palermo. Estos jóvenes eran asiduos a las reuniones del
club y serian los encargados de invitar a Alicia a participar, quien
entusiasmada con la experiencia, termina siendo habitué del lugar.
Vicente, como otros tantos jóvenes frustrados por
la inalcanzable Alicia, le cuenta a su amigo José sobre la belleza de esta, su
mal carácter y su fama de inconquistable. José agrandándose delante de sus
amigos, alardea sobre el hecho, que el si quisiera podría conquistarla aun sin
siquiera conocerla. Ese día los amigos se hacen una apuesta nada mas ni nada
menos que por el honor. Vicente le daría a José el teléfono de Alicia, y el a
ciegas y sin mas que los datos que le dio su amigo intentaría invitarla a salir.
Un 19 de Junio de 1966 José decidido a ganar, levanta
el teléfono y disca sin titubear. Ante el desconcierto de Alicia, el pícaro
José, le asegura que se conocen del centro Lucense, ella que no lo recordaba,
claro esta que nunca lo había visto, en medio de la confusión y curiosidad
acepta una cita para el día 23. Cuando Alicia descubrió la verdad, era
demasiado tarde, José ya la habría conquistado.
Apenas 14 meses después, el 5 de Agosto de 1967
se casan en la Basilica San
José de Flores y se instalan en la casa
de Jose.
Juntos convirtieron la carnicería en un pequeño
mercadito llamado “mercado y mucho mas”. En 1972 llego su primera hija María
Alejandra, luego le seguirían en 1973 Gabriel, Daniel en 1975 y María Estela en
1977. Para ese entonces José tenia dos Hobbies, el primero era viajar por el
pais. Para satisfacer este, tenía una pequeña casa rodante y un Ford Farline en
el que cargaba a toda la familia y recorría las rutas argentinas anque algunos países
limítrofes cuando el tiempo se lo permitía. El segundo pasatiempo, y por el que
muchos lo recordarán era el de la fotografía.
José tenía de amigo a Miguel Plaquin, un fotógrafo
de profesión que cubría sociales y vacaciones en Mar del Plata. Atraído por el oficio,
tímidamente comenzó a indagar sobre el
tema y adquirió una Contaflex de 35
mm, que posteriormente sería sustituida por una Nikon
profesional. José sacaba fotos a rolete, con rollos armados junto a su amigo, los que tenían mucho más que 36 fotos. También junto a él y en el laboratorio de
Plaquin revelarían el material. Familia,
amigos, fiestas, accidentes, paisajes, viajes, retratos escolares, hechos
curiosos, todos pasaban por la lente de José, que cargaba continuamente sus cámaras
para no perderse nada. A veces su pasión lo hacia meterse en lugares insólitos.
Una vez, el 16 de enero de 1978 camino a unas vacaciones en Mar de ajo, por la
radio escuchan sobre la explosión del 4° piso del edificio de Paraguay 4522 y Serrano,
asustados por la noticia, se comunican con el entonces dueño de la pizzería El pingüino de Palermo, quien
los tranquilizó diciéndoles que su casa no sufrió daño, ni los perros que habían
quedado a cargo del padre de Alicia. A decir verdad los animales era lo que más les
preocupaban. Al regresar, y con la excusa de chequear unas grietas en la
medianera, José apalabro al encargado y logro ingresar al lugar siniestrado y
fotografiar todo, cosa que ningún reportero había logrado. El parte oficial de
lo ocurrido decía que fue un escape de gas, aunque se rumoreaba en el barrio que
el lugar era escondite de miembros de montoneros y la explosión no había sido
un accidente.
En 1982, da por finalizado su trabajo en el
mercado y vende el fondo de comercio para dedicarse por varios años enteramente
a su mujer y sus hijos. Desde 1976 era
un activo colaborador de la Parroquia San
Francisco Javier de Serrano y Nicaragua y de su entonces párroco Fernando
Echeverria. José a demás de ser practicante de su fe católica, colaboraba en el
armado de los eventos y en el registro fotográfico de los mismos. Pasados los
años 80 continúo su labor con el nuevo párroco Martín Bustamante, con quien
fundara el grupo de Matrimonios. Para ese entonces Alicia atendía un pequeño
kiosco y librería que se encontraba dentro del Colegio de niñas Santa Rita,
lindero a la parroquia, y José trabajaba junto a un amigo en una pequeña
editorial universitaria. El matrimonio era conocido por grandes y chicos de la
comunidad, especialmente por el gran carisma de Alicia. Sus hijos crecían y
junto a sus amigos invadían la casa familiar, que siempre tenia las puertas
abiertas para recibirlos. José de apariencia seria jugaba el rol del padre intimidante,
mientras que Alicia era la madre cómplice. La realidad es que los dos eran
felices de ver su casa llena de jóvenes de todas las edades y lo de los roles
era simplemente para poner orden entre tanto crío propio y ajeno. Mientras el
Farline jubilado descansaba eternamente sobre la vereda del Pingüino, y servia
durante años de asiento improvisado en las charlas callejeras de los amigos de
sus hijos, cada tanto José accedía a cargar mas de media docena de pibes en su
Falcon Rural Bordeax (en esa época no había limites para llevar gente en un
vehiculo) y llevarlos a pasar el fin de semana a su quinta en moreno.
Así Alicia y José vieron crecer a sus hijos, a
los amigos de sus hijos, y a los vecinos del barrio y el colegio.. Siempre
colaborando y participando activamente en causas que consideraran nobles.
El nuevo siglo llegaría y José no estaría para
verlo, un 8 de octubre de 1999 partió producto de una insuficiencia renal.
Rodeado de sus hijos y dos de sus nietos nunca dejó de hacer planes de viajes
para cuando se recuperara.
La parroquia fue escenario de la misa de cuerpo
presente, oficiada por los curas Fernando y Martín, quienes a pesar estar en
otros destinos asistieron especialmente. Junto a ellos y sin que la ceremonia fue anunciada, docenas de vecinos y amigos se presentaron, y otros
tantos acompañaron sus restos al cementerio de la chacarita.
José no era famoso más que en su círculo de amigos, no realizó ni grandes ni heroicas proezas. José retrató su vida y la de su comunidad, dejó cientos de imágenes en papel y otras tantas en la memoria de quienes lo conocieron. José siendo hijo único formó una familia numerosa y unida, llena de nietos y biznietos que llenan de risas la casa que aún habita Alicia. José le apostó a Vicente lo que sin saber sería el resto de su vida. José gano fácil, porque si hay algo que tenía José, era Honor.
En el barrio de Palermoestála Parroquia San
Francisco Javier sita en Borges entre Nicaragua y Costa Rica.
Originalmente fue construida como una capilla
dependiente de la
Basílica del Espíritu Santo, templo de la Parroquia de Nuestra
Señora de Guadalupe (Mansilla y Guatemala en Palermo).
El terreno fue donado por una
vecina del barrio a la Obra
de la conservación de la Fe,
y en 1907 fue la colocación de su piedra fundamental.
La idea original era la de tener
un lugar intermedio, donde los fieles más alejados a Guadalupe, pudieran
acercarse a misa o simplemente a rezar.
Finalmente y a pesar de no estar
del todo terminado, el templo fue inaugurado en 1913.
En 1934, a la capilla se le
sumaron dos colegios primarios y gratuitos a sus lados, a la derecha el Santa Rita para
niñas, que también era hogar de monjas y a la izquierda el San José de
varones, que compartió espacio con la casa parroquial.
No paso mucho tiempo hasta que la
capilla fue declarada Parroquia e independizada.
Postales del mundo
Postal Española anterior a 1952
Por su historia, desfilaron 15
párrocos e innumerables tenientes, diáconos, sacristanes y seminaristas.
Algunos de ellos protagonistas de hechos policiales oscuros y macabros acontecidos en la década del 60. La mala fama de los curas y el lugar provocaron una merma en la feligresía.
Pero unos años antes de que esto
ocurriera, alrededor de 1950, el altar de San Francisco Javier era objeto de
admiración. Tanto así que en España, se imprimieron tarjetas postales con la
foto del mismo. En ella se podía ver su cúpula de ladrillos marcados, un gran
ángel coronando el altar en exceso ornamentado con el sagrario en medio.
La era de los cambios
Altar modificado
En 1952 y como conmemoración de
los 400 años del fallecimiento del Santo medico y misionero, en su cúpula se
pinto un fresco donde se veía a San Francisco Javier en su lecho de muerte
mirando hacia el cielo a Jesús que viene en su búsqueda.
Llegados los años 80, la
parroquia lidiaba con la escasez de fieles, pero la presencia de un cura joven
tercermundista con sueños revolucionarios hizo que de a poco se acercaran los
jóvenes, algunos de ellos ex alumnos de los colegios.
Para 1986 el lugar contaba con un
espíritu renovado, aunque con unas instalaciones claramente deterioradas. A
partir de allí y con un nuevo cambio de párroco comienzan las remodelaciones.
En el primer lavado de cara, se
repararon y pulieron los bancos, se removieron los altares de los santos y se retiraron de los muros internos las placas de bronce que se habían colocado a
través de los años a modo de agradecimientos y recordatorios, (las placas nunca volvieron, según testigos de la época, las mismas fueron sustraídas y vendidas al peso a
un chatarrero de la zona, quien las corto para ser fundidas) En el frente se realizó una Ermita, que contenía una virgen de Lujan, y se colocaron rejas internas,
que permitían el templo abierto pero no accesible.
Mas adelante, y por orden del
vaticano, se modifico el altar que estaba distribuido para dar la misa de
espaldas a los fieles.
Esta vez una importante obra
realizada, removió el altar por completo y traslado el sagrario de mármol hacia
un costado. Muchos de los mármoles antiguos no soportaron la manipulación y se
partieron, quedando inutilizados. En su lugar se colocaron nuevos de inferior
calidad.
Las ornamentaciones de los santos
que habían sido removidas con anterioridad, fueron recicladas para hacer un
altar a la virgen de luján que estaba en el frente, e entronizar la imagen en el templo. En su lugar se empotró una cruz del tercer milenio.
Se construyo un campanario
improvisado sobre el techo de la secretaria parroquial, por donde se veía bajar
la cuerda que movía el badajo.
El antiguo Armonio fue rotando
por todos los rincones, y la escalera caracol de madera que llevaba al coro fue
clausurada con rejas.
El fresco descascarado por el
tiempo, fue maravillosamente restaurado por un sacerdote, Mario Beveratti, que
además contaba con un titulo en bellas artes.
Ya entrados los 90, la parroquia
lucia un poco mas despojada y distinta.
Las obras se trasladaron a la
casa parroquial, consistían en la remodelación de una finca lindera al colegio
San José, que había sido donada por un vecino decadas atras y se encontraba en condiciones de
abandono.
Los curas continuaron desfilando y
en el tiempo que siguió, la reforma le llego a los colegios. Las monjas se
fueron, se le cambiaron los nombres por San Francisco Javier, se incorporó secundario y los edificios
fueron remodelados. Seguramente la cuota también aumento, ya que desde los años 60 eran pagos.
Cada tanto el templo sufría una
nueva remodelación, que lo despojaba aun mas de su imagen primigenia.
Parroquia 2.0
vista 2016
Con el nuevo milenio, y una nueva
lavada de cara al templo, un día así sin más, el fresco de la cúpula
desapareció.
La excusa fue un proyecto con motivo de celebrar el centenario, que contemplaba terminar la construccion que habia quedado inconclusa en 1913 y plasmada en los planos originales de 1907.
Aparentemente en ellos se proyectaba 3 ventanales de vitraux en el frente, y
una gran ornamentación con el nombre del lugar.
Una vez más la fachada cambió. La cruz se sacó, se construyeron los ventanales, se colocó un friso
con el nombre de la parroquia, se le colocaron columnas romanas. La virgen de luján fue a parar a el lugar que
alguna vez ocupó el sagrario en el centro del altar, la puerta que conectaba el
templo con la secretaria desapareció, los bancos se achicaron, y algunos santos
se esfumaron, mientras que otros cambiaron de lugar, igual que el armonio.
Actualmente y si lo comparamos
con la foto de aquella postal española, el templo que alguna vez fue admirado
por los europeos, se convirtió en un moderno loft palermitano. Un gran salón en
tonos pastel, cool, impoluto, con calefacción, luces led y bancos
minimalistas prolijamente alineados. En su interior se pueda celebrar misa o montar una feria de
diseño, da lo mismo, ya que de la construcción original de hace mas de un siglo poco queda, y lugar es lo que sobra…