23 sept 2012

El muerto se fue de rumba

Hay muchas historias fantásticas que se cuentan en torno a los Cementerios, el de Chacarita por su tamaño, historia y antigüedad, es sin duda es el que reúne la mayor cantidad de mitos.
La historia que voy a contarles, probablemente sea la mas verídica y difícil de comprobar, pero créanme, esa noche yo estaba ahí…
Lo sucedido ocurre el 27 de diciembre de 2008, apenas hacia un año se había abierto el pintoresco bar de Av. Garmendia, justo frente al cementerio, bordeando la Isla de Paternal. El lugar, de paredes coloridas y pisos hechos con retazos de mármol, gentileza de los locales del barrio, tenía como fin ser un espacio para artistas y músicos. Ese sábado el dueño había decidido convocar a sus amigos y allegados, con la intención de despedir el año.
Entre los empleados se rumoreaba que en el lugar había una presencia que interactuaba con ellos, algunas veces los vasos salían despedidos del estante, otras los utensilios de cocina desaparecían misteriosamente, para luego aparecer en el mismo lugar donde se los busco, los mas sensibles sentía como “Gerard” (así lo bautizaron) tocaba sus espaldas y brazos estremeciendo del susto al incauto. Los habitúe del lugar bromeaban con la leyenda del fantasma, que con el tiempo paso a ser parte del folklore del lugar. 
La reunión había empezado aproximadamente a las 21 hs., de apoco iba llegando la gente, algunos con instrumento en mano. El local estaba pelado de mesas, contra una pared las tarimas que componían el escenario listo para ser estrenado, las sillas bordeaban el lugar y sobre su gran barra los bocados y bebidas típicos de este tipo de eventos.
Por los dos ventanales del frente abiertos en su totalidad al igual que las puertas, se escapaba el sonido de las notas variadas provenientes del piano, las guitarras, el chelo o el charango y el cajón peruano que acompañaban la voz del cantante de turno.
Era una noche calurosa, las bebidas frías se podían tomar en la vereda que invitaba con su fresca brisa a disfrutar el show desde afuera, sentados en el largo banco de plaza acomodado cerquita del cordón, bajo las verdes hojas de los ficus que enmarcaban el frente azul del bar, iluminado con apenas una blanca lamparita de 100 watts .
A medida que pasaban las horas, la circulación de vehículos y de gente por Garmendia iba desapareciendo, y en la primera hora del nuevo día, se podría decir que se había convertido en una calle desierta.
Ya habían tocado folklore, blues, tango, rock y era la hora de que Danilo acompañado de su guitarra, tocara temas de bossa en portugués. En el interior se encontraban una docena de personas, en la vereda apenas éramos 7.
Tal vez lo cabalístico del número, las risas desmesuradas o la música que invitaba a bailar, provoco lo que estaba por suceder. De repente y sin que nadie lo hubiera imaginado, del largo muro de ladrillos mal revocados que encierran a la ciudad de los muertos, pareció salir aquel hombre con firme paso, cruzando la avenida en diagonal, para pararse justo frente a la puerta del local. Daba la sensación que la música lo había llamado, y sin mediar palabra ingreso y tomo asiento para escuchar la pieza que el músico tocaba. Desde el banco, como espectadores privilegiados de lo inusitado, no dábamos crédito a lo que nuestros ojos retrataban, no habían pasado autos ni colectivos, nadie caminaba por la calle, el tren ya no funcionaba. Pero ahí estaba, salido desde la nada misma, aquel hombre bajo tal vez de unos 60 años, con ropas oscuras, sentado disfrutando la música sin invitación y con todas nuestras las miradas posadas en el.
La canción termino y Danilo dejo el escenario, el hombre se puso de pie, se le acerco y le dijo con vos pausada; “Cruce porque escuche la música y me gusto, si me dejan cuando toquen de nuevo vuelvo”, agradecido por el cumplido el músico asintió y lo invito a volver cuando quiera, el hombrecito dio media vuelta, salio del local y camino hacia la esquina de Osorio donde desapareció.
Tardamos unos segundos en salir de nuestro asombro y arrimarnos a la puerta del local para comentar lo sucedido, pero para los que estaban dentro del lugar, solo era un curioso que pasaba y entró, para otros, nuestro relato no era mas que una broma del día de los inocentes.
Entre risas nerviosas, euforia y excitación, se apagaron los equipos de sonido, se bajaron las persianas, se entro el banco y se dio por terminado el festejo.
Pasadas las fiestas y el verano, en el lugar se siguió haciendo música los sábados por la noche, pero parece que nadie volvió a ver a aquel extraño visitante.  
Hoy aquel bar no es más que un local gris y silencioso, que desde hace meses esta puesto en alquiler. Diariamente paso por la puerta y como muestra de respeto susurro un “hola Gerard”, cruzo de vereda para tomar el colectivo, y si es de noche evito escuchar música mientras espero el 47 en la parada de Garmendia, no sea cosa que aquel hombre aparezca y me invite a bailar…

17 ago 2012

El señor de la lluvia

Juan Pedro Baigorri nació un 4 de enero de 1891 en San José, Uruguay, aunque se empeñaba en decir que era Argentino, de C. del Uruguay en Entre Ríos. También afirmaba que su segundo apellido era Velar y que estudio en la Universidad de Milán, lo cierto es que todo lo que decía era motivo de duda, y en gran parte ésto lo convirtió en leyenda.
Su padre Coronel del Ejercito, había sido muy amigo de Roca, por lo que los Baigorri se movían entre las familias bien relacionadas a la política. De su infancia y adolescencia mucho no se sabe, se presume que estudio Ingeniería en Petróleo, y posteriormente, en el exterior hizo una carrera en geofísica, y trabajó para distintos países de África, Asia, Europa y America del Norte en cuestiones de corrientes subterráneas. Durante sus viajes gestó un aparato electromagnético, que sería el que le diera la fama.  
Al regreso de su travesía, y portando una caja de madera, se asentó en el barrio de Villa Luro junto a su mujer y su hijo, se dice que anteriormente vivió en Caballito, pero la humedad y la altura del terreno no le satiafacian, por lo que con aparatos de medición en mano recorrió la ciudad hasta dar con el barrio que lo cobijo hasta el final de sus días y del cual lo harían vecino ilustre.

El cuarto mas alto de la casa de Araujo y Ramón Falcón, servia de laboratorio para perfeccionar su invento, aquella caja que originalmente fuera concebida para detectar capas geológicas, afirmaba que podía hacer llover donde y cuando el lo quisiera.
Las pruebas generalmente las realizaba los fines de semana, provocando que se suspendieran los partidos en “El Fortín” por mal tiempo, por suerte los hinchas de Vélez, todavía no estaban al tanto de los poderes de Baigorri.
A sus 47 años en noviembre de 1938, estaba listo para mostrarle al mundo su logro. Con este fin se dirigió a la Empresa Ferrocarril Argentino y expuso su propuesta, fue recibido por el Ing. Hugo Miatello, quien fuera posteriormente designado por la empresa para acompañar a Baigorri a algún punto del país donde hubiera sequía, ese lugar fue Pinto en Santiago del Estero. El 11 del 11 arribaron a “los Milagros” donde inmediatamente conectaron la maquina al suelo reseco, el primer síntoma en percibirse fue el cambio del viento, a pesar de los intentos también fue el ultimo. Vale aclarar que aunque la lluvia no apareció, la extraña respuesta climática llamo la atención, Baigorri aseguro que su maquina necesitaba mas poder y prometió regresar y efectuar el milagro.
Permaneció encerrado en su altillo hasta el día del viaje, el 19 de diciembre volvió a conectar la maquina y no paro de llover copiosamente desde el día 23 a las 8 am, hasta el 25 a la madrugada, el día 27 llego el tren nuevamente a Retiro donde una multitud lo esperaba para llevarlo en andas hasta la Torre de los Ingleses para rendirle honores.
Como era de esperarse, aparecieron los detractores, entre ellos Alfredo Galmarini, quien fuera entonces Director del Servicio Meteorológico, indignado por la creciente fama de Baigorrita (diminutivo usado por las masas) públicamente acuso los hechos como un “atentado a la ciencia” y ridiculizo a la maquina y su creador, “Deberíamos llegar a la conclusión de que aumentando la potencia del aparato y multiplicando en gran cantidad su número, podríamos llegar sin mayor esfuerzo mental al diluvio universal”. Pero las cosas no quedarían así, mientras un periodista del diario Critica entrevistaba al hombre del momento por los dichos ofensivos, este escribiria una nota y se la entregaria con el fin de ser publicada, en ella podía leerse:  “Como respuesta a las censuras de mi procedimiento, regalo por intermedio de Crítica, una lluvia a Buenos Aires para el 3 de enero de 1939” firmado “Baigorri V”. Como colación, le hizo llegar a Galmarini un paraguas acompañado por una nota que decía: “para que lo use el 3 de enero”.
Que sucedió entonces? Ese día entre las 5 y las 9 de la mañana se produjo el copioso chaparrón que seria titular en los diarios y bautizaría a Baigorri como “El Mago de la Lluvia”.
De ahí en mas  fue entrevistado por os principales diarios del mundo y buscado de todas partes para comprarle su invento, a las millonarias ofertas el Ingeniero respondía: "soy argentino... mi invento es para beneficiar a la Argentina".
En la década del 40 y debido a un fracaso en un pueblito de la Provincia de Bs. As., el hombre permaneció en el ostracismo hasta el año 1951 donde fue llamado por el Gobierno de Perón, para proveer de lluvia a la región de Caucete en San Juan, acosada por un incipiente sequía, debido al éxito, fue nuevamente enviado en comisión a Córdoba donde provoco lluvias y tornados y en 1952 a La Pampa, donde también se vieron por ultima vez en esa década sus logros. Dicen que el Gobierno le exigió el secreto que encerraba su caja mágica, el siempre respondía lo mismo” consta de una antena especial, que despide rayos electromagnéticos hacia la atmósfera y va produciendo la congestión hasta provocar la lluvia”esta explicación no era suficiente para los científicos ni para el Gobierno que no había financiado los trabajos realizados, Baigorri que reclamaba el pago, prefirió llamarse a silencio antes que revelar el secreto.
En el año 1968 y en respuesta a una biografía publicada en la revista “Todo es Historia” Baigorri escribió una nota afirmando los dichos publicados y ofreciendo una demostración en el sitio donde hiciera falta, Pipo Mancera lo entrevistaría en sus “Sábados circulares” donde repetiría el ofrecimiento. A su propuesta respondieron las autoridades de la Provincia de Córdoba, dispuestas a pagar 1 millón de pesos por la lluvia, pero lamentablemente esta vez no funciono.
En mayo de 1970 se prendió su maquina por ultima vez en Uruguay (al menos públicamente), donde llovieron durante su estadía 280 mm , mas que suficientes para hacer un retiro triunfal.
Para esa misma época, Garcia Ferrer lo abría homenajeado con su personaje “El profesor Neurus”, uno de los inventos más fascinantes del célebre Profesor, al que mencionaba como "la experiencia más sensacional del siglo XX", era “El Pluviotrom” una máquina capaz de generar lluvias en cualquier momento y lugar, haciendo clara referencia a la Caja de Baigorri.
Unos años antes de fallecer y con tres hipotecas sobre su casa, tuvo que venderla ya que el dinero que penso le pagaría el estado por sus trabajos nunca llego, la casa que se alzaba en la esquina sudoeste de Ramón L. Falcón y Araujo ya no existe, en su lugar se hay un edificio de propiedad horizontal; sin embargo dicha esquina, para los viejos vecinos del barrio de Villa Luro, sigue poblada de recuerdos y parece resonar aún en ella el murmullo de los niños cantándole al “Nuevo Júpiter”  “…que llueva, que llueva, Baigorri está en la cueva…. enchufa el aparato y llueve a cada rato…”
En las vísperas del 23 de marzo de 1972 llovió, y con la lluvia a los 81 años se fue el polémico Ingeniero, mientras se celebraba el día del meteorólogo. Los mas románticos aseguran que fue enterrado en el cementerio de Flores junto a su caja, la triste realidad cuenta que esta arrumbada en un deposito junto a otros bártulos, nadie sabe si revelo su secreto a su hijo William o a sus nietos, tampoco en que inspiro su descubrimiento, pero después de conocer la historia, es inevitable pensar si cada vez que llueve es “San Pedro” o el Señor de la lluvia.



6 ago 2012

Vamos al Italpark


Definitivamente uno de los iconos más importantes de mi generación, es el desaparecido Italpark, cita obligada en vacaciones, tanto de invierno como de verano, es indiscutible que se disfrutaba más cuando se concurría con la barra de amigos y sin adultos responsables a la vista.
Era fácil llegar, bastaba con tomar el colectivo que pasaba por tu barrio con el cartel indicador de “Vamos al Italpark” y listo, te dejaba en Libertador y Callao. Después lo que seguía era un ritual, sacar el pasaporte en la puerta y si estabas escaso de efectivo o no te animabas a todos los juegos, simplemente comprabas el cospel plástico con el color correspondiente al juego a utilizar en las casillas del pajarito que estaban en el interior del parque.
La fichas también servían para las atracciones de kermes, donde los premios eran perros de yeso, juegos de compoteras o alguna figura de plástico inflado de color uniforme y llamativo.
Si ibas desde temprano no faltaba el puesto de panchos para cuando el hambre apremiaba, claro esta que el comer, se convertía en un arma de doble filo al subir a los juegos mas vertiginosos, ya que cual película de terror, y perdonen la imagen que les narro a continuación, no faltaba quien desde lo alto de la montaña rusa o los paracaídas, lo traicionara el estomago y vertiera el contenido de sus entrañas al vacío, bañando con el desagradable fluido a los incautos de la fila, que muchas veces repetían el espectáculo solo por contagio y asco. Lo se, es desagradable pero era parte del folklore y estas manifestaciones de expulsión violenta del estomago, también llamadas emesis, podían encontrarse en los pisos del laberinto del terror, tachos de basura, o en espacios verdes de altos yuyos. En esa época no se escuchaba por los altoparlantes “personal de limpieza presentarse en el pasillo 4”.
El parque funcionaba desde los años 60 con alrededor de 35 juegos electromecánicos traídos por los hermanos Zanón (los de las cerámicas) desde Italia, tuvo su auge en la década del 80, convirtiéndose en el parque de atracciones mas importante de Sudamérica. Lamentablemente su reputación no era acompañada por la dedicación de sus dueños en el cuidado de los juegos, en el año 1978 debido a un incendio se destruyo por completo el tren fantasma, en 1989 otro incendio arrazo la pista denominada Super Monza, las columnas de humo obligaron a cortar el trafico en Av. Del Libertador, ese mismo año el fuego volvió en el laberinto del terror, finalmente en el año 1990 se produjo la clausura definitiva del parque, dictada por el entonces Intendente Carlos Grosso, y determinada por la muerte de una adolescente al desprenderse un carrito en un juego falto de mantenimiento.
Ese año el parque cerró sus puertas para siempre, fue desmantelado y sus juegos reubicados en distintos lugares, Brasil, Uruguay y Lujan entre otros. Ese mismo año comenzaron las leyendas de la Maldición del Italpark.

La maldición del brujo

Dentro del parque funcionaba un Pumper Nick, siempre abarrotado de niños gritones, adolescentes cancheros y adultos ofuscados, entre ellos se encontraba un hechicero de súper poderes, que luego de la larga espera por una frenys y una mobur y ante la mala atención por parte de los empleados sobrepasados, decidió echar una maldición al parque y a la cadena de comida rápida. Este poderoso conjuro, seria el responsable de las desgracias y el cierre de las dos empresas.

El Misterioso Galpón 39

Cuando se ordeno desmantelar el parque, los dueños no tenían muy en claro que hacer ni como, por lo que se les ofrece a los empleados del Ferrocarril Mitre a modo de extra, desmantelar el parque y guardar provisoriamente algunos de los juegos de feria en uno de los galpones del ferrocarril. Los empleados acceden y al no recibir el pago convenido, impiden el retiro de los objetos alojados en el galpón 39. Alertas a que los Hnos. Zanon no le hagan una mala jugada, se aseguran de cerrar y custodiar el lugar, con ese fin, aparece un encargado enviado por el ferrocarril y desconocido para los empleados, como se trata de un anciano no desconfían del enviado, aunque se dan cuenta que algo no está bien.
En el lugar se percibe una energía extraña, cuando se acercan a los objetos ocurren accidentes, por la noche se escuchan ruidos extraños y movimientos de luces,   por la mañana los objetos no tiene la misma disposición, comienzan a reportarse en el barrio desapariciones de habitantes de la villa 31 (ubicada frente a dicho galpón) que se escurrieron de noche al deposito para tratar de hacerse de un botín o simplemente por la curiosidad de ver en su interior y nunca mas se supo de ellos.
Los empleados encargados del lugar deciden tratar de deshacerse de los objetos, pero claro está, esto tenía que concretarse en la ilegalidad, y sin advertir a los interesados de las consecuencias de llevarse alguna pieza del Italpark a casa.
La leyenda cuenta que si vas a la bonetería de Retiro del Mitre a preguntar por el galpón 39 y su contenido, los empleados te dirán que no saben de que hablas, solo si insistís mucho, te mandan a hablar con el anciano encargado de cuidar las puertas del galpón, su nombre, “el perro”  Servero (un sinónimo sería “Can Servero” como el mítico  cuidador de las puertas del infierno) el te lleva al galpón a elegir la pieza y te da dos opciones, llevarla gratis ante el juramento de nunca jamás revelar su origen ni exhibirla masivamente o pagar una cifra desorbitada y contar su procedencia, eso si ateniéndose a las consecuencias.

La Ficha Mágica

Hoy en día poseer una ficha del Italpark es un tesoro incunable, pero mas aumenta su valor cuando te enteras que aun podes usarla en un juego, eso si, hay que seguir algunas reglas.
Lo primero es pararse a las 24 hs. en el lugar exacto donde estaba la puerta de entrada al parque y con la ficha en la mano (recordar que cada ficha poseía un color distinto y servia para identificar el juego al que se podía acceder) ante los ojos del poseedor aparecerá el parque en todo su esplendor, los juegos se verán viejos salvo el correspondiente a la ficha que se tenga. Solo se podrá usar una vez la ficha que quedo vedada por el cierre del parque, al terminar el juego el afortunado poseedor se tiene que retirar sin mirar atrás ni intentar subir a otro juego, de lo contrario quedara atrapado para siempre en la fantasía.

La súper 8 Maldita

El Italpark fue construido en el predio que ocupara entre los años 1911 y 1930 el “Parque Japonés” y que se incendiara al igual que su predecesor varias veces, la ultima destruyéndolo en su totalidad.
Siempre se dijo que aquellos terrenos estaban signados por la desgracia, como así también los juegos que la ocupaban. En el Parque Japonés se encontraba un juego llamado “terremoto de Mesina” y reproducía a modo de simulador la tragedia ocurrida en esa localidad de Italia en 1908, que cobrara la vida de 60.000 habitantes por consecuencia del terremoto y posterior tsunami. Vale la pena mencionar que era una atracción con un realismo macabro, de donde la gente salía en su mayoría con ataques de histeria. En el lugar que ocupara antaño esta atracción, se armo la montaña rusa denominada “súper 8 volante”, la misma contaba de una inestabilidad aterradora.
Una vez cerrado el Italpark, el juego fue adquirido por el Súper Park un parque de diversiones itinerante que recorría Latinoamérica y supo pasar por la Rural. En el año 2007 fue recuperada por el ArgenPark de Lujan, donde se reunió con casi todos los otros juegos pertenecientes al Italpark. Rolo trabajaba en el parque de lujan, se encargaba de recuperar los juegos originales diseminados por el país y el exterior y ponerlos en marcha. Con el afán de reconstruir la leyenda, todo lo documentaba en su fotolog, incluso la adquisición de la súper 8, sin saber que ella acabaría con su vida.
Rolo la armo en Lujan y con el parque cerrado al publico, decidió colocar una cámara al final de la bajada principal de la montaña, mientras llevaba a cabo su tarea en absoluta soledad, un carrito comenzó a moverse silenciosamente por los rieles de la montaña rusa, ascendió con lentitud por la subida principal, mientras el empleado se hallaba en los rieles compenetrado en su tarea, pocos segundos más tarde lo embistió por la espalda, haciéndolo caer al vacío desde una altura de casi 6 metros. Rolo murió en el acto por el impacto, la última foto subida fue la de dos amigos reestrenando la montaña rusa.  Link al fotolog de Rolo

Quizás esta ultima sea la mas real de las historias y la mas comprobable, en Internet se pueden ver las fotos que dejo Rolo, y la crónica de su muerte en los diarios. La súper 8 y el resto de los juegos siguen funcionando en Lujan, y si te dan ganas de recordar tu infancia y no tenés la ficha mágica, podes acercarte a ese lugar. Yo lo hice con amigos, pero cuando llegamos, la súper 8 estaba detenida, un carrito con 4 pasajeros estaba atorado en lo mas alto de la montaña y al oír los gritos desesperados   de sus pasajeros reconsideramos las opciones, cuando finalmente rescataron a las personas, recorrimos el parque en un autentico viaje por el pasado y a la hora de decidir si nos subíamos a los juegos, algunos preferimos quedarnos con el recuerdo…




25 jun 2012

Había una vez un circo


Corría el año 1910 y la patria pujante estaba de festejos por los cien años de la Revolución de Mayo. En el barrio de Caballito se inauguraba el parque que llevaría el nombre de “Centenario” íntegramente diseñado por el renombrado - y muy de moda en aquella época- arquitecto franco argentino Carlos Thays. Colectividades de todas partes del mundo, donaban esculturas y monumentos, entre ellos: “la torre de los ingleses” en Retiro, el monumento a Cristóbal Colon o el de George Washintong.
Para la ocasión la ciudad se lleno de visitantes extranjeros, algunos ilustres y otros no tanto. Entre las comitivas llegaron artistas de variedades, que representarían sus actos para el pueblo durante las celebraciones, entre ellos los hermanos Nobel.
El Trío de acróbatas era oriundo de Kiev, capital de Ucrania, y arribo a puerto Argentino en abril de ese año acompañado de algunos primos Rusos que desempeñaban otros actos del mundo circense. A pesar de estar pautado el regreso a su país luego del mes de Mayo, los dos hermanos mayores, decidieron seguir las representaciones y en poco tiempo se encontraron casados y con hijos.
Instalados ya definitivamente en nuestro país, continuaron con su espectáculo. Así pasaron los años y el menor de los hermanos llamado Jaim, que al llegar a Bs. As. apenas tenia 10 años, también formo su familia.
Corría el año 1925 y en Europa se vivían la post guerra, muchos decidieron escapar de sus países para no perder lo poco que les quedaba, este es el caso de Abraham Mociulsky, también oriundo de Kiev y viejo conocido de la familia Nobel. Abraham adquirió una finca a unas cuadras del Parque Centenario, en esa época las zonas linderas al parque ya eran popularmente llamadas con el nombre de este, a pesar de pertenecer a Caballito, Villa Crespo o Almagro.
No paso tiempo para que en parte de ese terreno ubicado en la calle Ferrari al 200, se instalara una carpa que llevaría el nombre de “Circo Estrellas del Centenario” y estaría a cargo de los hermanos Nobel.
Este espacio funciono hasta 1940, año en que la fiebre fabril, llevo a Don Mociulsky a tomar la decisión de construir en ese predio una empresa textil. La Fábrica fue inaugurada en 1945 y funciono hasta los años ´80 cuando cerró definitivamente sus puertas.
El viejo circo que parecía haber quedado en el olvido sin dejar rastro, vivía en la memoria del ahora anciano Jaim, aquella historia esperaba el momento exacto para ser contada.
Pablo Zarfati productor y director de espectáculos, y su esposa Miriam de profesión trapecista, llegan de un largo viaje por Paris, donde fueron a capacitarse cada uno en lo suyo.
A su llegada en 1991, montan un espectáculo circense al aire libre en el Parque Centenario que se presentaría durante todo el año, Pablo entusiasmado por la experiencia, le cuenta a su abuelo los momentos vividos. Para su sorpresa, este, le relata su llegada a Buenos Aires proveniente desde Ucrania, junto a primos y hermanos en 1910 y la posterior apertura de un Circo en cercanías de dicho parque.
La casualidad sorprendió a la joven pareja, pero solo era el comienzo de una serie de acontecimientos insólitos por suceder.
David, el hijo de Abraham Mociulsky y heredero del enorme galpón donde alguna vez había funcionado la textil de su padre, y que desde los años 90 el edificio estaba totalmente abandonado, publicita el terreno en los clasificados del diario.
Cuando en el año 2004 Pablo, que busca un lugar para abrir “El club de trapecistas”, leyó el aviso y no tuvo más que apelar a su memoria y atar cabos para que el círculo se cerrara. Basto con contarle la historia a David, para que ésta siguiera su camino. No había mas que decir, el galpón de la calle Ferrari 252 volvería a ser el “Circo estrellas del Centenario”.
Hoy de su cúpula que mantiene la claraboya original, cuelgan alegres las nietas de Don Abraham en sus clases de trapecio. De la Fábrica quedo la estructura de 12 metros de altura, la caja fuerte cerrada y un “Viva Perón” manuscrito en el suelo, del viejo circo la sangre y la pasión de sus herederos.


Video de 1941 - inauguración del tinglado de la Textil

18 jun 2012

Viviendas para todos


Mil veces pase por esa manzana y mire sus muros sin prestarle mas atención de la que creí se merecían. Pero esta ciudad es así, cuenta historias a los gritos, para los oídos sordos de los habitantes que la recorren a diario.
La gótica Facultad de Ingeniería ya por si sola llama la atención, emplazada en el barrio de Recoleta en la manzana comprendida por las calles Av. Las Heras (ex Chavango), Pacheco de Melo, el Pje Cantilo y Azcuenaga, esconde otra historia que hasta hace un año estaba notoriamente visible y seguramente a pocos le llamo la atención.
La historia del barrio de Recoleta comienza en 1580, cuando Juan de Garay tras fundar la ciudad repartió las tierras entre los 65 hombres que lo acompañaban, Rodrigo Ortiz Zarate (2° intendente de la Ciudad) fue el afortunado poseedor de las parcelas que hoy ocupa y en ese entonces se conocía como la chacra “Los ombúes” . Tras la muerte de su primogénito dueño, su heredero Juan Ortiz de Garay vendió la chacra al capitán francés Beaumont a cambio de un traje completo de hombre, dado que consideraba que ese lugar no teni­a ningún valor. En 1608 las tierras fueron nuevamente vendidas, esta vez por una tenaza, una peluca y un abrigo.
El nuevo dueño Simon Valdez, era  devoto de la Virgen del Pilar y promete a esta  la construcción de un templo para venerarla, pero muere sin llegar a cumplir la promesa y los terrenos le quedan  a los frailes Recoletos Descalzos de la Congregación Franciscana,  quienes en 1732, y tras 26 años de construcción y 2 benefactores,  inauguran la aun existente Iglesia del Pilar, cercana al  arroyo Manso o Tercero del Norte, actualmente este arroyo esta entubado y discurre por debajo de Av. Pueyrredón,  Austria y Tagle, desembocando en el Río de la Plata.
Hacia 1830 el convento además había funcionado como cuartel, hospital de sangre, cárcel y la barda del recién inaugurado cementerio como “paredón de fusilamiento” por Rosas y sus soldados.
Cuando Buenos Aires sufrió terribles epidemias de cólera fiebre amarilla en la década de 1870, la población se desconcentró para evitar el contagio. De los 190.000 habitantes solo quedaron en la ciudad 45.000, las clases populares se instalaron en el sur-sureste de la ciudad, y las más acaudaladas lo hicieron en la Recoleta donde la altura del terreno reducía la presencia de insectos transmisores de la enfermedad.
Por esta emigración, muchos terrenos quedaron vacíos y sin dueño, como ser el caso de los ocupados por el Matadero del Norte, emplazado en la manzana mencionada al principio de este relato. Hacia 1882, el Ingeniero Municipal Juan Antonio Buschiazzo, creyó una buena idea diseñar un “Barrio Obrero” en estos terrenos. Su proyecto incluía dos tiras perimetrales de 56 casas a lo largo de Anchorena y Larrea, estas contarían con una sola entrada en medio de las cuadras, y en el centro un jardín donde se ubicarían los lavaderos. Lamentablemente este proyecto fue desechado, sin embargo en 1886 y lejos de dejar la idea de lado,  Buschiazzo decide cambiar la ubicación y trasladarla a la manzana contigua que llegaba hasta la calle Azcuénaga, serían 58 viviendas repartidas en tres franjas, en esta oportunidad,  solamente le aprueban edificar 1 tira de 20 casas con jardín y administración. De aquello que imagino como un gran conjunto de casas para obreros, finalmente se construyeron 8 viviendas que se inauguraron en 1889, siendo las pioneras de este tipo, ya que hasta 1910 no existió ningún otro plan de viviendas económicas.
En 1909 se proyecta la construcción de la Universidad de Derecho y Ciencias Sociales que ocuparía el espacio dejado por las viviendas no construidas, recién 3 años mas tarde y con los planos originales modificados, comienza la construcción que nunca fue terminada del todo, por lo que supone fueron errores de calculo en sus planos finales. En 1925 se inaugura parcialmente, para en 1938 abandonar definitivamente las obras dejándola sin sus revestimientos interiores y exteriores y cúpula neogótica. A fines de los años ´40 el edificio es cedido a la Facultad de Ingeniería, los vitraux de sus ventanales traseros y sus jardines lindaban con las 8 casas erigidas por Buschiazzo. En los Años ´80 es cuando se decide que la Facultad necesita un estacionamiento, por lo que se ordena demoler el interior de las casas centenarias y dejar solo su frente ciego a modo de muro perimetral.
Como una paradoja, lo que un día fue concebido para beneficio de la clase trabajadora es demolido en beneficio de la clase acomodada. Y si nos parece incompatible pensar en casas obreras, en el corazón de un barrio donde el inconciente colectivo cree que los humildes solo tienen acceso en condición de empleados, los muros inertes y grises permanecían ahí desafiantes, aunque no todos supieran su historia.
Hoy cuando en los medios se habla de viviendas para todos, aquellos muros fantasmas que resistieron al tiempo, y en los últimos años sirvieron de albergue para personas en situación de calle, fueron demolidos con el fin de construir estacionamientos subterráneos. Con ellos se fue un monumento a la utopia, los sueños de integración entre clases sociales y parte de la historia de la Ciudad, esa que nos cuenta cuando un terreno no valía más que un traje o una peluca.


30 may 2012

El encantador de almas


De largos cabellos canosos, casi blancos, como su larga barba, de traje blanco impecable como sus alpargatas, o con saco cruzado de un colorado brillante que contrasta con su rostro pintado con pálidas cenizas, esta sentado en un tacho raído, con los pies bien juntos, su mano derecha aferrada a una flauta y su izquierda dibujando notas incoherentes en el aire de la ciudad.
De los locos de Buenos Aires este es el más misterioso, su estampa de faquir, de Cristo avejentado, flautista encantador de almas distraídas que se aparece ante los incautos caminantes nocturnos.
Dicen que si lo ves, tenés que darle una moneda y te traerá buena fortuna, al menos por esa noche. Pero no para todos es visible y no todo el que lo ve, puede escuchar su música, para algunos simplemente es un fantasma entre la gente, para otros un mimo que gesticula y no emite sonido alguno de su instrumento, para los privilegiados, de su flauta salen notas mágicas que te traspasan el alma.
Si vas distraído y seguís de largo, posiblemente lo encuentres al llegar a la próxima esquina. Hay quienes aseguran que tiene un aura mística, que encontró una melodía y mientras sea tocada tendrá la vida eterna. Nadie sabe con certeza cuantos años hace que esta en esa esquina de Lavalle y Cerrito, algunos afirman que mas de 20, otros que toda la vida, lo cierto es que a través de los años, el flautista de Lavalle, nunca cambio su fisonomía.
Muchos quisieron fotografiarlo, pero su imagen se velaba o salía desenfocada, solo con las cámaras digitales pudieron lograr el cometido, otros le preguntaron su nombre y solo ante la insistencia contesto que era Dios.
Dicen que dicen, que en Lavalle existen las fuerzas del mal y del bien, que el viejo es hacedor de almas y que represente al bien y el ser del mal, camina tatuado de los pies a la cabeza...Algunos recuerdan haberlo visto un día y al siguiente no saben de quien se trata, otros escuchan su música encantada que provoca extraños recuerdos en tanto que otros solo oyen el viento. Si lo miras a los ojos y tu alma es pura, sentirás la dulzura de su mirada complaciente, en cambio si no sos digno, te invadirá el temor con solo sentir su presencia.
Los más románticos sostienen que el viejo es el fantasma de Luis Teisseire, que a pesar de haber sido en vida un eximio flautista, al morir olvido las notas. Otros afirman que es Ian Anderson, el mítico integrante de Jethro Tull, que loco baga por las calles de Buenos Aires entremezclando notas al azar, o que es el judío errante y no morirá hasta que el mismo Jesucristo vuelva a nacer.
Cuentan que un día lo vieron en San Telmo y a la semana en Castellón de la Plana en Valencia España. Que vive en el hotel Paraná en el centro y seria oriundo de Brasil y no sabría hablar castellano.
Alguien le escribió un poema, otro le dedico un cuento, su personaje aparece en una Films de Ciencia Ficción animada y en innumérales foros de la web, debaten su verdadera existencia. Lo cierto es que se convirtió en leyenda, su música cual canto de sirenas, atrapa a quien la oye y despierta la curiosidad del misterio no revelado.
La Verdad es que Jamás lo vi, y no se si alguno de los dichos sean ciertos, quizás algún día lo encuentre y me toque su canción, para ese momento llevo siempre una moneda en mi bolsillo y la mirada perdida en el asfalto. 


14 may 2012

Pepe y su golondrina


Cuando somos niños las cosas vividas en gran medida determinaran nuestro carácter de adultos, desarrollamos nuestros gustos, pasiones y también guardamos en la memoria aquellos momentos que al recordarlos nos dibujaran una sonrisa en el rostro.
A veces, los recuerdos están dormidos y nos hace falta un poco de ayuda para que despierten.

En mi infancia y la de mis hermanos, al igual que la de muchos chicos del barrio de Palermo, una sonrisa de oreja a oreja se nos formaba el día del niño. Más allá de la expectativa por los regalos familiares, que muchas veces respondían a los ruegos efectuados con varias semanas de antelación y otras tantas que eran mas no, ya sabíamos de antemano que en el Club Eros se preparaba una gran fiesta en la calle. No importaba mucho si se era parte del club o no, ni siquiera era condición ser vecino del barrio, desde los años ´60 era tradición y todos sabían lo que iba a pasar. Desde la mañana se veían los preparativos, la cuadra era cortada de esquina a esquina y adornada con banderines de colores, enormes caras de payasos dibujadas en cartulinas adornaban las paredes, una pareja de pony´s con sombrerito y montura se usaban para dar la vuelta a la manzana y sacarse una foto, se repartían caramelos masticables, globos y chucherías a granel y el numero principal era la función de títeres.
El carromato de La Golondrina llegaba tambaleante por las calles empedradas, perseguido por niños apurados que no querían perderse la función. Pepe, el titiritero desalineado y con espesa barba, estacionaba en Uriarte justo frente a la puerta del club, a nadie le importaba sentarse en los adoquines a esperar expectantes que las cortinas se corrieran y aparecieran los actores principales, un oso, un diablo, un caballero y una princesa. Entonces comenzaba la magia, se corría el telón, la música sonaba, las risas retumbaban en el cielo de Palermo y nadie quería que se acabe la función, la excitación por lo vivido duraba hasta el tercer recreo de lunes en el cole, donde se seguía hablando de lo sucedido.
Pepe Ruiz vivía en el barrio, aunque su barrio era la Argentina toda, desde muy joven a los 14 años, había decidido que su vida eran los títeres. El y sus entrañables personajes recorrían las plazas del país y del continente, contando historias a miles de niños de distintas culturas y a sus padres que también se emocionaban. Su lenguaje era universal, y los cuentos provenientes en su mayoría de su imaginación, dibujaban sonrisas a los niños aborígenes y a los españoles, a los del mar y los de las montañas, a los cristianos, los judíos, los musulmanes y los temerosos del diablo, que no les temblaría el pulso para arrojar objetos al carromato al ver salir a tan nefasto personaje con cuernos y tridente, por suerte estos últimos solo lo hicieron una vez y por el susto.
En los años ´80 Pepe ya tenia sus propios niños, quienes asistían a la escuela 23 Dr. José Maria Bustillos que quedaba en Thames y Gorriti, creo que eso lo motivo a dar clases de títeres los sábados en el colegio para los que quisieran asistir.
Con papel, agua y harina, los chicos materializaban los personajes que le dictaban su imaginación, las temperas de colores y los vellones de lana vieja le daban personalidad, para finalmente ser bautizados y presentados en sociedad como verdaderos seres vivientes dotados de alma que los padres mirarían sin comprender del todo su valor real. Pepe era muy didáctico y un pedagogo innato, a demás de enseñar a crear títeres, también daba clases de teatro y preparaba varias obras infantiles con elenco integrado por chicos de todos los grados, para ser representadas en un gran festival escolar a fin del año lectivo. El sabía ver más allá en cada niño, comprender sus necesidades y descubrir sus aptitudes, sabia como extraer el diamante en la roca.  
En los años 90, se lo solía ver por plaza Francia haciendo funciones los domingos a la tarde, y cada tanto desaparecía a causa de uno de esos largos viajes en su carromato.
En la actualidad y con sus sesenta y pico de años y 50 de trayectoria, vive en España, sigue enseñando su arte a jóvenes titiriteros y dando funciones callejeras acompañado de su hijo Iván. También edito un libro sobre los titiriteros trashumantes de Latinoamérica, y en sus páginas se puede descubrir su propia historia. Increíblemente y a pesar de su lejanía, su magia flota en la ciudad y en el recuerdo de miles de personas que lo vieron cuando eran niños, algunos cada tanto se preguntan por donde andará la Golondrina, otros como César López Ocón, le dedicaran un poema:

Vuela “La Golondrina” enamorada
por un cielo infantil de primavera
saltimbanqui feliz, volatinera,
se detiene en la aldea adormilada.
Nace ¡Oh! El retablo de la nada
y en medio de la plaza dominguera
florece, al fin, la risa bullanguera
como flor antigua, recobrada.
Los títeres retornan a la senda.
Más queda un viejo aire de leyenda
flotando como un duende forastero.
También a una muchacha le ha quedado
para siempre un recuerdo alucinado:
la barba hirsuta del titiritero.

En mi caso particular, le debo a Pepe ser el primero en creer que con 12 años yo podía contar historias, el me enseño a dar riendas sueltas a mi imaginación improvisando con un títere en cada mano o actuando sobre un escenario frente a todo un colegio. Durante años, estos hechos durmieron en mi memoria, fueron un recuerdo de la niñez del cual no note su verdadera dimensión hasta que me reencontré con Cris Lomba, quien fuera compañero de primaria y que antes de fallecer me regalara las imágenes de su infancia, entre sus relatos figuraba el siguiente: “...siempre me acuerdo de vos, tengo tu imagen grabada de una tarde en la plaza de Malabia cuando eras titiritera, guardo hermosos recuerdo de aquellos años”.
Ahora esos recuerdos me acompañan vividos en mi memoria para poder contarle a quien me lea, que existe un hombre poseedor de un mundo lleno de magia, que vuela con la golondrina y su nombre es Pepe Ruiz.



6 may 2012

Carlos de las villas


Durante toda la noche de ese 12 de Mayo de 1974, las campanas de la Capilla de Cristo Obrero, en la Villa 31 del Barrio de Retiro, redoblaron en señal de Luto. La vigilia en torno a un fogón se extendió a todos los asentamientos de la ciudad, cerca de 10.000 villeros pasaron la noche en vela, con la guitarra se acompañaron las voces quebradas de los que cantaron su pesar.


…“Se equivocaron, Carlos,
los que creyeron
que en una cruz de balas
solo se mata.
No basta una ametralladora
tu villa y mi villa
no se equivocan.
Los diarios podrán decir
“Murió el Padre Mugica”
como antes muchos creían
que una trompada
borraba una villa.
El pueblo
Carlos de las villas
Carlos hermano
sabe que no se llora siempre
lo que se esta ganando.”…

Por sus calles embarradas, peregrinaron cinco mil almas desoladas, cortejando el féretro que cargaban en andas llevando sus restos al Cementerio de La Recoleta.  
Si le hubiesen preguntado en vida, seguramente y a pesar de pertenecer a una familia ilustre, jamás hubiese elegido ese lugar como ultima morada. Todos sabían que su lugar era la villa junto a los pobres, si hasta el mismo Perón en 1973 fue personalmente a buscarlo.

…”Los “sin voz” tiene ahora
mucho más que tu voz,
tienen tu vida.
Prometiste venir
cuando pudieras;
nuestra villa, mas que antes,
te espera”…

25 años esperaron los villeros el regreso de Carlos, esta vez apenas fueron mil los que hicieron el cortejo. Los años fueron duros para los que quedaron en las fábricas, los barrios, los comités y las escuelas. Muchos de los que cargaban el ataúd de regreso a la villa, eran hijos huérfanos de aquellos que si lo conocieron.
Un trozo de su camisa ensangrentada, aquella que fue escudo frustro de los 15 balazos, su estola, esa con la que aparece en la “estampita”, improvisados carteles con su rostro y fotos blanco y negro recubiertas celosamente con bolsitas de nylon para que no se arruinen, sirvieron para detener el transito en Av. Del Libertador o Figueroa Alcorta, ante los ojos de los conductores absortos, que no llegaban a comprender la escena.
Tres horas duro el peregrinar, el ocaso de una tarde soleada los recibió en la entrada de la villa, la autopista Ilia era solo un proyecto, que para ser concretado tuvo que esquivar la Capilla de Cristo Obrero, donde a partir de ese día descansan sus restos.

…”Perdonalos, Padre,
No saben lo que hacen”
Y no lo sabían.
Por esos se equivocaron.
Los villeros saben ahora
que en la Argentina,
como en la hora de Cristo
solo “muriendo por el Pueblo”
Carlos hermano
Se resucita.”…

El 11 de Mayo de 2012, se conmemoran 38 años de su asesinato.
Cambiaron los Gobiernos, cambio la Iglesia, el País, el pueblo, pero el discurso de Mugica sigue vigente. El “ahora mas que nunca junto al pueblo” se hizo carne en los idealista, en los que creen que solo se pueden salvar con la ayuda de sus pares, en los que piensan en que un futuro mejor es posible, en los que creyeron en utopías y vivieron el “querer es poder”, en los sobrevivientes.

Su cuerpo descansa en la villa 31, todos saben que ese es su lugar, si hasta la mismísima Cristina Fernández en 2010, fue personalmente a buscarlo…
Su espíritu no descansa, está en los barrios, las universidades, los centros barriales, las murgas y los comedores comunitarios, increíblemente la historia me hace dudar que esté en la iglesia.
Su figura trasciende la política, las clases sociales y la religión, es recordar que se lo puede tener todo y a pesar de eso no tener nada, es saber que aún no teniendo nada, se puede tener todo.


(Fragmentos Poema: “Carlos de las villas” escrito por los habitantes de la Villa 12 de Octubre, el 12/05/74. Editado en el libro “Martín Villa hermano de Martín Fierro” Agosto 1974)

21 abr 2012

La esquina donde morí


A veces sueño con la esquina donde morí esa tarde de invierno. Si bien mi reincorporación a la vida fue casi inmediata, en mi brusco levantarme y echarme a correr, olvide llevarme algunos trozos de mi espíritu, que quedaron ahí mismo sobre el pavimento. Creo que fue por el susto al reaccionar y verme rodeada de ojos adultos observando mi cuerpo inerte tendido en aquel cruce de calles y escuchar los murmullos que especulaban el destino de mi suerte.
Pobres los adoradores de las necrológicas, se quedaron con la ganas.
Las charlas de las vecinas en el almacén de Enrique, tuvieron que limitarse a un “pero no le pasó nada”, cuando claro está serían mucho más entretenidas si narraran mi muerte.  
Primero contarían la escena de mi madre y hermanos tirados en la calle rasgándose las vestiduras, de cómo en el velorio aparecerían aquellos parientes maternos que no se veían hace años,  en la tienda de Macario, las matronas de la cuadra se preguntarían por los de mi padre, si es que quedaba alguno vivo.
Luego vendría el responso en chacarita, donde seguramente asistirían las maestras y los compañeritos del colegio de la calle Serrano, arrastrados por sus madres, las cuales agradecerían al altísimo no ser ellas quienes estuvieran pasando por tal desgracia, y posteriormente el entierro, donde docenas de manos ocupadas con tierra estéril, arrojarían al unísono y con furia el último adiós al angelito difunto.
Pero todo no terminaría ahí, mientras la casa de Gurruchaga 1360 y sus habitantes tendrían que vestir un riguroso luto con una duración minima de 3 meses, sería imperiosa la necesidad de reconstruir verbalmente los hechos y saber si la culpa fue del conductor o mía, si habría juicio y posteriormente cárcel o le pagarían a la familia, porque en realidad, que bien le vendrían unos pesos a la madre, que desde que enviudó sostiene sola la casa y como tiene varios trabajos le falta tiempo para cuidar a los hijos, aunque los varones son mas grandes y se cuidan solos, pero la chiquita, estaba todo el día jugando en la calle y era cantado que le  iba a pasar una desgracia…
Seguramente de tamaña noticia se enterarían hasta los vecinos de Villa Crespo, que con el afán de participar en la desgracia, forzarían su memoria a mas no poder tratando de recordar de donde me conocían o se cruzaron con algún pariente, acaso el hijo de la prima del cuñado del dueño del Timón, no iba al colegio con el hermano?
Sin duda la mejor parte del relato la darían los padres de los chicos que jugaron con migo esa tarde, los cuales en su carácter de “testigo privilegiado” y su papel de niños asustados y llorosos, se le confundirían las cosas y solo la madre seria capaz de interpretar los dichos del pequeño traumado por semejante acontecimiento. Ellas serian las encargadas de aclarar si fue accidente o imprudencia, si volé 2 metros o me arrastro el paragolpes, si era camión o camioneta, si el conductor huyo o se bajo al instante, si hubo sangre o simplemente morí en el acto.
Luego de que todas las especulaciones hubiesen sido dichas, se hubieran repasado hasta el infinito como ocurrieron los hechos y en el barrio sucediera otro caso de similares o mayores características, es que se dejaría de lado el tema para enterrarlo en el olvido. Pasado esto, solo se me mencionaría como referencia a otro acontecimiento o para identificar a algún miembro de mi familia.
Los aniversarios de mi muerte solo serían recordados por los familiares mas allegados, seguramente mi madre me llevaría flores de tela o plástico al nicho, el cual seria ideal se encontrara en la galería 21 cerca de mi abuelo y mi padre, y mis hermanos dirían en vos alta “hoy hace 32 años que se murió mi hermanita”.
Mis sobrinos tendrían una tía virtual de la cual no sabrían nada, tampoco podrían imagíname más allá de los 8 años y estarían libres de comparaciones odiosas a la hora de definir sus gustos y preferencias.
En Facebook mis compañeros hasta cuarto grado preguntarían si alguien se acuerda de mi y como morí. Una foto del curso en blanco y negro aparecería en el grupo de la escuela N° 23 Dr. José María Bustillo, con una etiqueta llena de signos de pregunta sobre mi cara. Marisi, el cual estaría vivo porque el trauma de mi muerte y la sobreprotección de la madre, lo harían más cauteloso para manejar el coche con el que se mato, contaría que era él, de quien yo me escondía tras un auto mientras contaba hasta cien. Su hermana me recordaría tirada en el cruce de Niceto Vega y Gurruchaga en el barrio de Palermo y donde fuera la esquina de su casa.
Yo, que a veces sueño con esa esquina donde morí una tarde de invierno, y solo paso por ahí en muy pocas oportunidades,  me soñaría estando en mi casa, entera de espíritu,  sentada frente a una PC y escribiendo esta historia.

29 mar 2012

Guapo del Maldonado


Parece que a fines de los años ´20, el guapo mas temido en Villa Crespo era un tal Ferreira. De contextura física robusta, traje, chambergo, pañuelo y facón le hacia de guardaespaldas a uno de los caudillos del barrio. Dicen que el hombre se tomaba tan enserio su papel, que mientras recorría los comités y los bares cercanos a San Bernardo, amedrentaba a quien se le cruzara en el camino. Poco a poco su fama de matón fue creciendo y se rumoreaba que nadie podía con el.
En ese entonces los “duelos criollos”  a la vera del Maldonado – y elegían este lugar por ser descampado – eran frecuentes, los motivos casi no importaban - deudas de juego, viejos resentimientos, alguna palabra mal interpretada, desacuerdos políticos o alguna mujer en disputa - lo importante era afianzar el coraje varonil.
Demás esta decir que el duelo a muerte era penado con la cárcel o el destierro social, en caso que la policía no llegara a tiempo para arrestar al vencedor, por lo que los duelos eran a “primera sangre”  y en lo posible  dejando cicatrices en un lugar vistoso como ser el rostro, cosa que el derrotado no olvidara nunca al vencedor.
A Ferreira por su fama no muchos se le animaban, los que no eran sus sequitos simplemente miraban para otro lado al verlo pasar no sea cosa que los retara a duelo. Un buen día, el carnicero del barrio se cruzo en su camino y por algún motivo que no queda claro Ferreira lo reto, al susodicho no le quedo más remedio que aceptar. Así fue como se encaminaron a un descampado y seguidos por sus acompañantes y público casual, sacaron sus cuchillos para disponerse a pelear. El Guapo empuñaba su facón de plata y el humilde contrincante el cuchillo que usaba diariamente en la carnicería para faenar reces, Ferreira nunca evalúo la destreza en el manejo  de la herramienta de trabajo, que en un abrir y cerrar de ojos cerceno su mano por completo de una sola cuchillada. Así fue como el hábil carnicero al ver volar la mano derecha de Ferreira aferrada al puño del cuchillo, se dio media vuelta y se perdió en la inmensidad de la noche bordeando el arroyo de regreso a la carnicería. Y ahí quedo el malevo, abatido y en busca de su miembro en los pastizales, pronto los absortos espectadores alumbrando con fósforos el suelo,  lo ayudarían a buscar por el puro morbo de hallar tan escabroso trofeo.
Pero la fama ya estaba echada y a pesar de que los vecinos cambiaran su apodo de “guapo” a “manco” Ferreira seguía intimidando con la frente alta y su muñón en el bolsillo. Claro está que su arma ya no era un facón, esto debido a que junto con su derecha se fue la destreza para el manejo del mismo, por lo que el arma tubo que ser reemplazada por un revolver que guardaba del lado izquierdo del saco y cada tanto sacaba por el solo hecho de asustar.
Un buen día,  se encontraba tomando una ginebra en un almacén esquinera en Thames y Triunvirato, cuando ve entrar a un parroquiano que no le gustaba que anduviese  por el barrio,  así que con determinación exhibió su revolver como era de costumbre y con vos firme le ordeno que no volviera mas por Villa Crespo, el hombre amenazado lejos de de acatar la orden del manco, saco su revolver y sin mediar palabra, a manera de respuesta disparo dos tiros y se marcho.
Dicen los que saben que en ese preciso momento nació una leyenda, y que al afamado guardaespaldas ya no le dirían  ni “guapo” ni “manco”, desde ese momento seria llamado “el difunto Ferreira”.

Tango "El Titere" Piazzola/Borges