Parece que a fines de los años ´20, el guapo mas
temido en Villa Crespo era un tal Ferreira. De contextura física robusta,
traje, chambergo, pañuelo y facón le hacia de guardaespaldas a uno de los
caudillos del barrio. Dicen que el hombre se tomaba tan enserio su papel, que
mientras recorría los comités y los bares cercanos a San Bernardo, amedrentaba
a quien se le cruzara en el camino. Poco a poco su fama de matón fue creciendo
y se rumoreaba que nadie podía con el.
En ese entonces los “duelos criollos” a la vera del Maldonado – y elegían este lugar
por ser descampado – eran frecuentes, los motivos casi no importaban - deudas
de juego, viejos resentimientos, alguna palabra mal interpretada, desacuerdos
políticos o alguna mujer en disputa - lo importante era afianzar el coraje
varonil.
Demás esta decir que el duelo a muerte era
penado con la cárcel o el destierro social, en caso que la policía no llegara a
tiempo para arrestar al vencedor, por lo que los duelos eran a “primera sangre”
y en lo posible dejando cicatrices en un lugar vistoso como
ser el rostro, cosa que el derrotado no olvidara nunca al vencedor.
A Ferreira por su fama no muchos se le
animaban, los que no eran sus sequitos simplemente miraban para otro lado al
verlo pasar no sea cosa que los retara a duelo. Un buen día, el carnicero del
barrio se cruzo en su camino y por algún motivo que no queda claro Ferreira lo
reto, al susodicho no le quedo más remedio que aceptar. Así fue como se
encaminaron a un descampado y seguidos por sus acompañantes y público casual, sacaron
sus cuchillos para disponerse a pelear. El Guapo empuñaba su facón de plata y
el humilde contrincante el cuchillo que usaba diariamente en la carnicería para
faenar reces, Ferreira nunca evalúo la destreza en el manejo de la herramienta de trabajo, que en un abrir
y cerrar de ojos cerceno su mano por completo de una sola cuchillada. Así fue
como el hábil carnicero al ver volar la mano derecha de Ferreira aferrada al
puño del cuchillo, se dio media vuelta y se perdió en la inmensidad de la noche
bordeando el arroyo de regreso a la carnicería. Y ahí quedo el malevo, abatido
y en busca de su miembro en los pastizales, pronto los absortos espectadores
alumbrando con fósforos el suelo, lo
ayudarían a buscar por el puro morbo de hallar tan escabroso trofeo.
Pero la fama ya estaba echada y a pesar de que
los vecinos cambiaran su apodo de “guapo” a “manco” Ferreira seguía intimidando
con la frente alta y su muñón en el bolsillo. Claro está que su arma ya no era
un facón, esto debido a que junto con su derecha se fue la destreza para el
manejo del mismo, por lo que el arma tubo que ser reemplazada por un revolver
que guardaba del lado izquierdo del saco y cada tanto sacaba por el solo hecho
de asustar.
Un buen día,
se encontraba tomando una ginebra en un almacén esquinera en Thames y
Triunvirato, cuando ve entrar a un parroquiano que no le gustaba que anduviese por el barrio,
así que con determinación exhibió su revolver como era de costumbre y
con vos firme le ordeno que no volviera mas por Villa Crespo, el hombre
amenazado lejos de de acatar la orden del manco, saco su revolver y sin mediar
palabra, a manera de respuesta disparo dos tiros y se marcho.
Dicen los que saben que en ese preciso momento
nació una leyenda, y que al afamado guardaespaldas ya no le dirían ni “guapo” ni “manco”, desde ese momento seria
llamado “el difunto Ferreira”.
Comenzaban los años 80 y el barrio de Palermo aún
se enorgullecía de ser viejo. Los chicos estrenaban la plaza “Campaña del Desierto”,
en la calle Gurruchaga y Soler estaba la
feria, en Nicaragua y Malabia la regalaría de Gioconda y en Costa Rica y
Acevedo justo alado de la casa del barra de River “El Negro Víctor” el barcito con
la mesa de pool que en sus buchacas tenía enormes cabezas de leones y una
rockola donde los Pimpinela sonaban como novedad. Aquellos dos hermanos de
padres españoles - ella rubia y el de barba - abrían un pequeño local en Av. Canning justo en la esquina con Nicaragua… no, no me
confundí, hablo de los hermanos Iglesias López.
Ella se llamaba María Rosa y su verdadera
vocación era la de ser poetisa, el, mas joven se llamaba Daniel y en su
juventud fue jugador del Deportivo Español.
Buen tipo si los hay tenía el don de caerle
bien a todos. Nunca fue un fachero, sin embargo poseía un particular carisma
que lo convertía en seductor con las mujeres y macanudo con los esposos, por lo
que en poco tiempo “Thesis” se hizo popular. Tan macanudo resultaba, que los
clientes no discriminaban cuando el local estaba cerrado o abierto y no faltaba
un domingo a la noche donde algún inoportuno tocaba el timbre de su casa que
quedaba justo enfrente, para pedirle que le venda un mapa. A pesar de los
epítetos que cruzaban por su cabeza en ese momento, nunca verbalizo ninguno,
pero al cabo de unos años decidió mudarse con domicilio desconocido.
La librería seguía creciendo y llegó el día en
que las instalaciones le quedaban chicas,
felizmente consiguió un local mas grande justo en diagonal sobre la
avenida.
La nueva Librería Thesis – mismo nombre, mayor
tamaño- vestía en su frente dos enormes
vidrieras con letreros de neón y leyendas pintadas en rojo y blanco, los
colores elegidos no eran casuales -Daniel es en extremo hincha de River- su fanatismo futbolero era conocido por sus
clientes los “bosteros” que le apostaban cualquier cosa que fuera, le
dejaban carteles con bromas en caso que perdiera y hasta le arrojaban maíz en
la entrada del local. Los días que mas sufría era cuando jugaban River contra
Deportivo Español.
El futbol no era lo único que le apasionaba,
también entre sus hobbies se encontraba la cocina, considerando que pasaba en
el local la mayor parte de su vida (mas de una vez durmió en él cuando una
empleada rompió la cortina metálica o un auto se estrello contra la vidriera)
se lo veía cada tanto cocinar en un pequeño anafe que se encontraba en el
deposito dos de sus mejores platos: “pastas con salsa a los 4 quesos” y “arroz
con calamares”, este ultimo para Semana Santa donde invitaba a sus familiares, proveedores, empleadas y clientes a degustar. Era
normal que los mozos de “la
Robla” le pagaran con “rabas a la provenzal” o de la pizzería
de la esquina le mandaran “Faina con pimienta”.
También en aquel deposito se encontraba una
vieja duplicadora que funcionaba con
tinta en pasta, Daniel era el único operador de esta maquina, sin duda era un
trabajo muy sucio que ennegrecía sus manos totalmente, lo que él convertía en
un entretenimiento persiguiendo a clientas vestidas de punta en blanco al guito
de “Primor vení que te doy una abrazo” o “rascame la espalda que no puedo y me
pica”…
Su paciencia era envidiable, incluso con los
proveedores y los clientes molestos, entre los personajes que frecuentaban la
librería, se encontraba Abelino, un anciano reparador de maquinas de escribir
que vestía de traje y corbata, usaba unos gruesos anteojos y se peinaba de
costado para tapar su calvicie inminente, cuando caminaba dejaba una particular
estela de olores indescifrables y apestosos, seguramente provenientes de su
ropa la cual no había sido lavada en años y menos remplazada. También los sábados por la mañana
y antes de que abriera el local, en la puerta ya estaba esperando con una
enorme pila de papeles en la maño el Lic. Vicente Capurro Rubinetti, un delirante cuarentón que escribía
“informes” en su maquina de escribir, numerados
y surrealistas sobre noticias irrelevantes de la semana que luego de fotocopiarlos
se los daba a los incautos que pasaban por la puerta.
Cada tanto se veía a la Señora paqueta queriendo
falsificar entradas del teatro Colon para posteriormente revenderlas, o a el
esbelto dueño de “Nave Jungla” vestido con su mameluco color rosa, a los exóticos
artistas under Dalila de los cometas bass
y Eduardo Cutuli, a Ana Maria Giunta o los heavy músicos de Rata Blanca…. También entre los
clientes se encontraban los curas y los jóvenes de la parroquia San Francisco
Javier de Serrano y Nicaragua, que todos los años para viernes Santo y como tradición,
realizaban un vía crucis viviente por las calles del barrio, el mismo culminaba
con la crucifixión de un Jesús de carne y hueso en la esquina de Nicaragua y Acevedo
donde se encontraba una loma de tierra perteneciente a la plaza. Los chicos de
la parroquia solían comenzar con los preparativos varios meses antes, se
trabajaba en la confección de los trajes, el armado del guión y la elección de
los actores, todo el barrio participaba ya que el realismo era fundamental, por
tal motivo Jesucristo no podía llevar barba postiza ni peluca.
Y así fue como a alguien se le ocurrió, que
mejor Jesús que un gallego con cara de judío, barba real y tan buena onda que
no podría negarse. No fue fácil convencerlo, pero finalmente acepto,
seguramente porque nadie le aviso que la corona de espinas era de tal, que arrastraría por varias cuadras un madero muy pesado y que
seria atado a una cruz de mas de 2 metros de alto y embadurnado con tempera
color rojo comprada en su propia librería.
Pero ahí fue el valiente Daniel, recorrió
Palermo en sandalias, vestido con tunica blanca y una banda roja que la cruzaba,
a la vista de amigos y clientes sorprendidos y padeciendo las bromas que le hacían
los jóvenes soldados romanos, arrodillándolo sobre las cloacas malolientes y susurrándoles
cantitos de cancha al oído, que no podía responder porque el personaje se lo impedía..
Era el fin de los 80, al siguiente año no quiso repetir la experiencia.
En la actualidad y después de más de 30 años de llegar al barrio que ya no es el mismo -
incluso en el nombre de la calle que cambio con el tiempo- Daniel sigue al frente de su librería, por ella
pasaron sus padres, sobrinos, sus hijos y los de sus empleados y seguramente la
recorrerán sus nietos.
El es el espíritu del lugar. Un laburador
incansable que no perdió su buen humor ni siquiera en las peores crisis (del país
y de River). Daniel Iglesias López es un personaje entrañable que aunque no veo desde hace años agradezco
conocer.
Cuando alguien se muda a un nuevo barrio cree
saber todo sobre el y poco se preocupa por averiguar su pasado, esta desinformación generalizada conlleva a perder o esconder lo más lindo que
tienen los barrios, su espíritu, ese que radica en su historia.
Este es el caso de Palermo, el viejo, el único
y original Palermo, el que acunó a mis padres y los de mis amigos, a mis
hermanos y sus compañeros, a mí y a mis recuerdos. Cuando paseo por sus calles no puedo evitar que
me inunde una profunda tristeza por pensar en los turistas y porteños ajenos al barrio que recorren sus calles, desde hace años de moda, sin ni siquiera saber ni querer
conocer los cuentos que esconden sus empedrados, como si hubiese surgido el
barrio en el mismo momento que lo encontraron en el mapa.
Nací en el pasaje Coronel Cabrer 4934, el mismo pasaje que todos conocen aunque
pocos recuerdan su nombre, el que se encuentra entre Cabrera y Gorriti y entre
Gurruchaga y Serrano el primero de cuatro o quizás el ultimo.
Solo los que alguna vez vivieron en un pasaje
saben de la magia de estos, son pequeñas comunidades donde los vecinos son más
que vecinos porque el espacio entre vereda y vereda es menor, es el club de los
chicos del barrio porque los autos casi nunca pasan, es la cuadra donde todos
se conocen y saben todo, por donde los de las otras cuadras no pasan salvo que
sea necesario o estén invitados….
Yo vivía en una casa con zaguán y un patio
largo de 30 metros,
las puertas de calle solo se cerraba a la hora de dormir y compartíamos la casa
con mis abuelas, los tíos que venia de visita y algún ocasional inquilino de la
piecita del fondo. Muchas historias
rondaban en torno de la casa porque era vieja y albergo a cantidad de
habitantes en el pasado, se decían que tenía un fantasma, la verdad es que si
estaba nunca me entere de su presencia. La casa te recibía con un enorme
duraznero que se callo tras una tormenta la noche en que la abuela Luisa murió.
Una Parra en el patio abastecía a los vecinos de las cuadra de uvas chinche y a
los Armenios de la calle Acevedo de hojas de parra, en la medianera del fondo
los nísperos del vecino se podían agarrar desde mi patio. Siempre había ruido
de chicos jugando, no importa de donde salían, como dije antes las puertas
siempre estaban abiertas.
En el pasaje hay unas 15 casas, muchas de ellas
- la gran mayoría- perdió su fisonomía original, de hecho en lugar de mi casa
natal se encuentra un PH con primer piso muy moderno pero que nada tiene de
encantador.
En la esquina de Gurruchaga dos vecinos
inolvidables, en una vereda la imprenta del Tuerto, así la conocíamos, en ese
lugar editaban los periódicos de la comunidad Armenia, era habitual ver entrar
o salir a alguno de los Titanes en el Ring que pertenecían a esa comunidad. En
la vereda de enfrente la casa de los Jato, una familia de Españoles
escandalosos y pintorescos, Don Jato era lechero y todas las tardes teñía de
blanco el agua de los cordones cuando manguereaba el camión y los cajones
usados en el reparto, mientras tanto su mujer Berta “la gallega” ponía en orden su
casa a grito puro, el mas característico era “José Luiiiii” usado para llamar
la atención de su hijo menor y revoltoso, era entonces cuando todo el pasaje
sabia que algo había hecho.
Al lado de estos se encontraba la casa de
Honoria y Don Valetín, este era sastre y
tenia su taller en la terraza, también allí vivían sus hijos, sus nietos y sus canarios cantores.
Pegadito – y esto daría para un capitulo aparte
– el “portón” del Sr. Conte, y justamente eso es lo que era, un enorme portón
de color verde que daba a los jardines de la casa del Escribano que tenia su entrada principal por la calle
Gorriti. El Sr. en cuestión tenia como hobby pasar tiempo en el campo y amaba
tanto la naturaleza que para no añorar la vida al aire libre, se traía distintas
especies de flora y fauna que criaba en la parte trasera de su caserón, pocas
veces vimos el portón abierto y aunque ya sabíamos todos que escondía, cada vez
que se lo escuchaba correrlo salíamos de todos lados para ver el espectáculo de
aquella maravillosa selva en miniatura. Claro está que si en tu patio trasero tenes teros, sapos, ranas, serpientes, conejos, caranchos, tortugas, mulitas,
monos y demás cuestiones, alguno se te va a escapar y refugiar en la casa de
algún vecino que a pesar de imaginarse la procedencia del animal se paralizaba
ante un ataque de pánico.A pesar de su excentricidad, todos en el barrio lo querían y respetaban, increíblemente la mayor preocupación del Sr. Conte, era
cuando se le escapaban los perros…
También en esa vereda se encontraba “la casa de
Tucumán” nombre impuesto por los chicos ya que la arquitectura y la edad de la
construcción eran similares a la original convirtiendo a esta en su homónima.
Si bien sus propietarios eran Doña María y su marido el florista, funcionaba
como un conventillo de antaño donde cada habitación era una familia. En los
años 90 fue vendida a un arquitecto de apellido Miguens que la reformo por
completo y de la vieja construcción no quedo ni el nombre.
Aquella casa lindaba con la de Doña Manuela y
su esposo, los dos que eran de distintas etnias – ella de tez blanca y el
oscura – tenían hijas mestizas y eran
una de las pocas familias sino la única de Palermo con estas características.
Frente a ellos Vivian Doña Tota y su hijo
Picho, su casa perfumaba el pasaje con olor
a jazmín del país que colgaba por la medianera emborrachando a los
transeúntes. Picho tenia síndrome de down, pero eso no le impedía tener una
vida normal, todas las mañanas iba a su trabajo en una fábrica de cepillos y
escobillones y por la tarde se sentaba en la vereda a tomar mate y charlar con
los vecinos. En la puerta de su casa había una alta columna de alumbrado de
metal, muy mal ubicada por cierto pero que con gusto los chicos martillaban
cuando daban las 12 del 31 provocando un sonido que emulaba a las campanas. Esa
columna ya no esta, pero el jazmín sigue intacto colgando en la fachada que ya
no es la misma.
Creo haber mencionado varias veces el “no esta”
y el “cambio” y es así, no solo quedan apenas un par de vecinos originales sino
que las casas mutaron por completo. La sucia carbonería de la esquina hoy es
una muy cool tienda de discos, la casa de los Jato un "bar de tapas" y las puertas que
siempre se encontraban sin llave lucen gruesas rejas protectoras. Ya nadie saca
la silla a la vereda ni la mesa completa para celebrar algo con los vecinos, la
vecinas no se sonrojaran cuando Arnaldo Andre les tire besos mientras filme una novela, ya no
vendrá un joven Nicolás Repeto como notero de “la noticia rebelde” a meterse en
las casas, no hay más fiestas de
disfraces en la noche de año nuevo donde los adolescentes ebrios devolvían en
la esquina de la gallega porque querían ser respetuosos con el dueño de casa y
no ensuciarles el baño... Nadie pedirá la canilla prestada para llenar bombitas
y hacer amigos de por vida…
Don Giusepe y Sofia, los Lema, Gloria, Angel,
Doña Manuela, Tota y Picho, Los Farfani y los Muggeri, los Mastrivicenso, los
Jato y los Zeta, son parte de la
historia de Palermo, el viejo, el que comenzó a desaparecer en los 90 para
convertirse en moda y desfigurar su rostro. Me fui del pasaje justo cuando el barrio comenzaba a desvanecerse como una vieja foto en blanco y negro, pero aquel retrato vive intacto en mi
memoria y hoy se los dibujo sentada en mi sillón de madera y junco que atesoro porque hace años y antes de morir me lo regalo mi vecina del pasaje Doña Pascuala.
Hijo de gallegos inmigrantes nació en las
inmediaciones del arroyo Maldonado, el 24 de agosto de 1915. Su familia era
catalogada como una de las pioneras del barrio y su padre era propietario de
una pequeña metalúrgica.
Desde muy chico tenia inclinaciones por el arte, sus primeros
pasos fueron como bailarín de tap, y la vereda de su casa en Serrano 559, fue el escenario que oía retumbar las chapitas
de los zapatos en la baldosas. No tardo mucho en que Angelina Pagano –
prestigiosa actriz de teatro y cine formada en Italia creadora en 1927 del
“Teatro Infantil”- tras probarlo lo sumara a la compañía que dirigía, talvez
adivinando el futuro que le esperaba a aquel pequeño Ángel Magaña.
Su debut en las tablas fue a los
12 años en el teatro Smart Palace (luego
se llamo Blanca Podestá y en la
actualidad multiteatro) un 24 de Diciembre, elhacía de pueblo, en la obra
“Perico Primer Rey de Pulgaria” de Roberto Talice que protagonizara
René Cossa en el papel del rey Perico I.
Para el libro “reportaje al cine
argentino” contaría que esa fue la primer navidad que falto a su casa y la que
aprendió su mas valiosa lección sobre actuación, “En determinado momento, se oía ruido de guerra; de ejército, se oía un
estruendo ¡Boomb! salía el rey a hablar, a calmar a su pueblo, y yo, un
chiquilín, al oír esos ruidos empezaba a temblar, y la gente se reía. Cuando
terminó, me llamó Angelina y me dijo: Mirá, hijo, tienes que respetar al actor
que está hablando, porque el público tiene que enterarse de lo que está diciendo.
Si lo distraes con otro movimiento, perjudicas al actor y a la obra. Entonces
comprendí dónde, cómo y por qué se tienen que hacer las cosas en el
escenario”.
Posteriormente Armando Discépolo lo
convocaría para hacer “Topaze” de Marcel
Pagnol, y luego “La dama boba”, dirigida por Federico García Lorca y
protagonizada por Eva Franco.
En 1935 y con 20 años, realiza un
pequeño papel como extra en la película “El caballo del pueblo” provocando una
verdadero revuelo entre sus vecinos del barrio que concurrían a los cines de la
antigua calle Triunvirato –hoy Av. Corrientes- para verlo en cinemascope.
En 1936 mientras representaba en
el Teatro Nacional Cervantes “La ninfa constante” se enamora perdidamente de
su compañera de elenco Nuri Montsé, con quien se casaría a escondidas en
Uruguay en 1946 tras 10 años de noviazgo.
Un verano de carnaval en el tradicional corso que se realizaba en la
calle Corrientes de su barrio natal, mientras se divertía, lo vio el director
de Cine Mario Soffici y le preguntó si quería filmar una película, esta vez con
un papel mayor al de extra ya que tendría dialogo, así fue como
en 1937 con “Cadetes de San Martín” su nombre empieza a sonar en el cine, el
film estaba protagonizado por Enrique Muiño, con quien seria mas adelante
protagonista de la película “su mejor alumno” interpretando a Dominguito el
hijo de Sarmiento.
Su talento innato, los años de
estudio y figura de galán fueron determinantes en su carrera, no paso tiempo
desde su primer papel, para posicionarse como una de las grandes estrellas del
cine nacional. Su versatilidad lo llevo a interpretar tanto dramas como comedias, entre 1935 y 1979
trabajo en 49 películas junto actores de la talla de Luis Sandrini, Olinda
Bozan, Mecha Ortiz, Tita Merello y Enrique Serrano entre otros.
Cuando finalmente llego al país
la televisión, condujo en 1960 un programa sobre tango por Canal
9 que se llamó "La boite de Angelito", y en esa misma década
protagonizó el ciclo "Los argentinos somos así ¿o no?", trasladado de
la radio, con guión de Rodolfo M. Taboada, en el que representaba un
estereotipo del porteño.
Padre de 2 Hijas, Alejandra y
Julieta – quien debutaría en cine con su padre en la película “Andrea” de 1973 y posteriormente fuera una reconocida animadora infantil- realiza su mayor acto
de amor cuando tras la internación de su esposa Nuri en el hospital María
Ferrer, de Barracas, por padecer de una afección pulmonar, alquilara una
habitación en el hotel que estaba justo enfrente, y cuya ventana daba a la
ventana de su amada esposa, para no alejarse de ella en los momentos que no le
permitían entrar a visitarla. Desde allí lo acompañaban sus amigos, Osvaldo Pacheco, Tita Merello, Niní Marshall,
las hermanas Legrand a los que le decía “Yo siempre espero que se levante”. Luego
del fallecimiento el 26 de diciembre del
´71 a los 54 años, se lo escucho decir en referencia al hotel, “Deberían poner una plaqueta acá, donde
diga que había una historia de amor”.
Tanto amo a su esposa como a sus
hijas, hay una leyenda que de ser cierta lo corroboraría, donde se cuenta que
la muerte de Ángel fue de pena. Todo habria comenzado cuando su hija mayor
Alejandra, se puso de novia con un productor discográfico, ella estaba
profundamente enamorada, pero con el tiempo descubrió que él, en realidad
estaba enamorado de su hermana Julieta, esa decepción la sumergió en una profunda depresión.
Dicen que Ángel, de esa situación
jamás pudo reponerse y finalmente
falleció a los 68 años el 12 de noviembre de 1982 por una profunda tristeza.
Sus restos descansan junto a los
de su esposa en el cementerio de Olivos, donde también descansan otros tantos
protagonistas de la era de oro del cine Argentino y que fueran sus compañeros, entre
ellos Florencio Parravicini, Juan Carlos Altavista, Hugo del Carril y Nini
Marshal.
A pesar de que sus últimos años
fueron alejados del barrio que lo vio nacer y formarse como un gran actor, para
sus viejos amigos y vecinos, sigue vivo en la memoria como el Ángel de Villa Crespo.
Hoy los recuerdos me llevan al “El
Centro” nombre con el que los porteños llamamos al barrio de San Nicolás, esta
ultima denominación fue impuesta por decreto en Mayo de 1972 .
Lo primero que me viene a la
mente son las visitas a Harrods unos días antes de Navidad para ver a Papa Noel
sentado en un suntuoso trono dorado con tapizado rojo. Para llegar a él, era
necesario traspasar los exultantes
pasillo de la tienda sin soltarse de la mano del adulto que te llevaba ya que
el lugar desbordaba de niños y madres, también
concurrir vestidos de punta en blanco considerando que las salidas “al centro”
eran todo un acontecimiento.
Para las fechas patrias era casi obligatorio
visitar el Cabildo, la
Catedral y mirar de lejos la Casa de Gobierno, convengamos que durante mi
infancia los que la habitaban eran personajes nefastos, así que mejor ni
acercarse, como olvidar mi primera experiencia en contacto con los gases lacrimógenos...
Si vivías en un barrio viajar en
subte no era algo de todos los días, por este motivo, cuando eras más grande y te
dejaban viajar solo las excusas no faltaban para arrojarse a la aventura, claro
esta, en grupo y con alguien que supiera el camino. Una Vez llegados a las
estación 9 de Julio, los destinos eran diversos, Punpernic se consolidaba como
el paso obligatorio, luego le seguían los cines continuados, en Av. Corrientes la
lechería “lecherisima” y en Lavalle el Sacoa y la “Galeria Nazi” así bautizada
porque en uno de sus locales vendían insignias y libros relacionados al tema.
En mi adolescencia, y como
experiencia que atesoro, tuve la suerte de tener pase libre en el Convento de
Santa Catalina de Siena en la calle San Martín y Tucumán frente a Galerías
Pacifico, donde junto con mis amigos Horacio y Gabriel, realizábamos
exploraciones históricas en aquel lugar que fuera protagonista durante las
Invasiones Inglesas como hospital de campaña y con total impunidad colgarnos en
lo alto del campanario e irrumpir en lo que fueron los pasillos ocultos que
utilizaban las monjas de clausura y en la celdas abarrotadas de objetos
centenarios arrumbados.
El claustro estaba prácticamente
a la deriva ya que la historia y las autoridades responsables le habían soltado
la mano, apenas estaba cuidado por un par de sacerdotes entre ellos Ricardo
Ochoa, que luchaban contra el gigante de
la desidia, perdiendo la partida cuando la mitad del antiguo monasterio fue
vendido a Techint, para hoy no ser mas que una playa de estacionamiento con una
placa recordatoria y en la otra mitad instalar un moderno resto para turistas
en lugar de un museo para todos ciudadanos.
También recuerdo, cuando solíamos
ir a ver en vivo en Radio Nacional al Negro Dolina y a la salida visitar “El
Emporio de la Papa Frita” o comer una porción de pizza de parados mientras
saludábamos a la estática vaca que se encontraba en la puerta del restauránt “La Estancia”.
Siendo el barrio más antiguo de
Bs. As., muchas son las leyendas que alberga y los lugares que sobreviven al
paso del tiempo. Siempre descubro espacios e historias nuevas, como ser la Casa de Sarmiento, hoy casa
de la Pvcia. de
San Juan, un calido lugar lleno de anécdotas, algunas insólitas, referidas al
ex Presidente Don Domingo Faustino Valentín…
Vale la pena aclarar, que cada vez que alguien lo nombra y a pesar de
ser una cara archi reconocida por su exposición en los días de escuela, mi
cabeza proyecta automáticamente la
Figura de Enrique Muiño inmortalizando al gran Maestro en la
pantalla grande, tanto así que cuando veo una vieja película de el – cualquiera
fuera – automáticamente digo dan una de
Sarmiento.
La casa ubicada sobre la calle
Sarmiento –ex cuyo – te recibe con un enorme patio damero cubierto en su cielo
por parras traídas de la casa natal en San Juan, en el segundo patio una
pajarera y el aljibe en el que en algún momento en su interior apareció un gato
negro y luego de ser rescatado, vive, se
pasea y retoza en algún sillón de la residencia histórica. En el tercer y
ultimo patio, una fuente, un altar a la difunta correa y la vista al mirador –hoy
inaccesible por peligro de derrumbe- desde donde antaño se podía ver mas allá
de los limites de la ciudad.
Y parece que a su morador Domingo
le gustaba divertirse y una de sus fechas favoritas eran los 3 días de feriado
de Carnaval y que durante su presidencia en 1869 institucionalizo el corso por las
calles porteñas (en 1854 Rosas permitió
las Celebraciones pero solo dentro de teatros y salones) las calles elegidas fueron Hipólito Yrigoyen
entre Bernardo de Irigoyen y Luis Saénz Peña, en el recorrido de 5 cuadras participaban
las comparsas que estaban integradas por jóvenes varones blancos, que cantaban letras
escritas por poetas de la época acompañadas por guitarra, percusión y violines.
Las familias aristocráticas se paseaban en sus lujosos autos y mojaban a la
multitud con los pomos Pider y Gosnell expedidos por los boticarios, siendo los
mismos que usaba el gran maestro para jugar con los niños en la vereda.
En 1873, los integrantes de la
comparsa “Los Habitantes de la
Luna” le entregaron una medalla de estaño, donde el perfil
del ilustre sanjuanino se ve disfrazado con una corona y reza una leyenda en su
contorno que dice “Emperador de las máscaras” siendo este el título que recibe
por parte de la comparsa.
Hace unos pocos días y con la
celebración del natalicio de Sarmiento, su casa abrió las puertas al barrio y al
recuerdo a modo de festejo, fue así como en su patio y en torno a un busto erigido
en el centro, la casa se lleno de cantos, risas y tambores de la mano de la
murga de San Nicolás “bailando en un pata” , si bien no hubo “guerra de agua”
como las que le gustaba participar al ex presidente, la calle Sarmiento se
lleno de papelitos plateados y luces de colores.
Hacia años que no asistía a un
festejo de Carnaval, creo que el último fue cuando tenía 4 años y mi madre
me llevo junto con mi hermano al corso de la Av.
De Mayo yo disfrazada de Helena de Troya con un largo vestido
y un peinado estilo romano y mi hermano vestido de indio con bolsas de
arpillera donadas por Enrique Espiño que tenia su almacén en la calle
Gurruchaga al 1300, pero eso es otra historia.
Creo que todos los porteños en
mayor o menor medida tenemos algún recuerdo relacionado con este barrio, por
sus calles se escribió la historia de la patria, los hechos desafortunados, las
victorias y los actos heroicos, sus calles están empedradas de las anécdotas de
café, el glamour de antaño, las luces de la noche porteña. Por sus veredas pasaron los artistas, los poetas del tango, los
negros candomberos, los que compusieron
“una que sepamos todos”, los cómicos de
las revistas, caminar por el centro es
recordar a Olmedo diciendo SAVOY y esbozar una sonrisa, son los cuentos de
fantasmas de los teatros, es la historia del
Negro Raúl vestido de etiqueta por los Dandys de los años 30, es el olor a moscato, pizza y faina devenido
en pizza, birra y faso, es imaginar como será el obelisco por dentro y recordar
cuando te decían que tenia “ventanitas” porque vivía un señor en lo alto. Para
muchos es sinónimo de trabajo, trámites, gente, ruido, trafico, para mí, San
Nicolás siempre fue el barrio de las dualidades, de los “blancos” y “los
negros”, los amos y los esclavos, de los
poetas y los analfabetos, de reyes y peones, de día el barrio de los trajes y de noche el
de los harapos.
Generalmente hay una mística especial en torno
de los payasos, estos, siempre fueron objetos de admiración y de odio, de risas
y de llantos, de felicidad y de pánico.
Quien no conoce a alguien que deteste a los Payasos, acaso nunca vio a un niño
llorar a moco tendido ante la presencia de estos personajes? Son la inspiración
para innumerable cantidad de libros, películas, obras de teatro, cuadros… y
claro está, esta humilde narradora no podía ser
menos….
Corrían los años 90 y el destino me había
ubicado tras el mostrador de un local en el barrio de Colegiales, mas
precisamente en Av. El Cano y Conde, por ser avenida el paso de peatones a
determinadas horas del día es populoso y variopinto… claro está que no todas
las personas que pasan son “normales” y que cada tanto surge de la nada algún
singular transeúnte, este es el caso
del payaso puteador.
Alrededor de las 10 de la mañana se empezaba a
escuchar a lo lejos la voz del viejo payaso, rondaría los 70 años y era de
contextura robusta, con un maquillaje desprolijo y la característica nariz
colorada. Su atuendo era clásico: peluca rubia de nylon avejentada y
desprolija, pseudo Bombin plástico o gorra colorida de tela según el día,
camisa ancha, saco enorme y harapiento con una “flor tira agua” en su ojal, las
inigualables chalupas de payaso con suela gastada por el arrastrar de los pies,
y un Pantalón Gigantesco que apenas podía ocultar un obvio y enorme problema en
la próstata que provocaba en el payaso un andar muy peculiar.
Nuestro personaje se paraba en la puerta de los
locales y con un micrófono plástico de juguete que por medio de pilas
amplificaba la voz, vociferaba improvisadamente el nombre y las características
del lugar seleccionado al azar y a cambio de este servicio (que el comerciante
no había contratado ni pedido) solicitaba de manera poco cordial mercadería de bajo
costo a cambio de la publicidad realizada. En el caso de los Kioscos de golosinas
el objeto de su pedido eran “caramelos para los chicos”, si el comerciante no quería darle (la visita era
diaria) en lugar de utilizar su micrófono para promocionar el lugar, lo usaba
para emitir epítetos contra el comercio, su dueño y sus empleados, demás esta
decir que la mayoría optaba por elegir el menor de los males.
Una vez armado de su botín, el payaso
extorsionador sorprendía a los niños que pasaban por el lugar y con voz ronca
mientas producía movimientos bruscos, sacaba de una bolsa plástica parte de lo obtenido y se lo ofrecía a cambio de una
sonrisa, que en la mayoría de las veces se convertía en cara de susto con
posterior ataque de llanto. Luego seguía su camino refunfuñando en voz baja,
hasta llegar al próximo local donde se repetía el patrón, hasta perderse por la
avenida camino a Cabildo.
A veces cuando no se lo veía por largo tiempo,
y justo cuando alguien decía “hace mucho que no se ve al payaso puteador” llegaba como un aparecido arrojando papel picado o volantes de
propaganda, sonaba la dulce voz de una
madre diciendo a su hijo, - mira al payaso , y como respuesta un sonoro e interminable Buahhhhhhhhhhh.
Para los que vivíamos cerca de Córdoba y Canning (en la memoria del barrio
este sigue siendo su nombre) teníamos lugares claves donde hacer las compras.
Cuando alguien decía voy a la farmacia ya todos entendían que se trataba de la Inglesa, que reinaba justamente
en esa esquina y permaneció con ese nombre hasta 1982, cuando en plena guerra
cambio su nombre por “Gran Malvinas”. Si de ropa deportiva se trataba “La Rosa” era el lugar por
excelencia, todos los inicios de año escolar se concentraban Madres y niños en
busca de Zapatillas Flecha, Bombachones negros y pantalones de gimnasia azules.
La perfumería se encontraba en Córdoba casi llegando a Araos y tras el
mostrador estaba Ada, el lugar era gigante y los sábados por la mañana había
que hacer cola para ser atendido. La heladería eran palabras mayores,
Scanappieco opacaba a todos los locales del ramo en cuadras a la redonda y
hasta venían de barrios vecinos, en los
80 fueron pioneros con la creación del sabor llamado menta granizada. La
disquería era mí preferida, “La
Ruideria del Gato” un lugar pequeñísimo atendido por su dueña
Hippie de los ´60 que permaneció así hasta los ’90, el lugar donde olía a
sahumerio aún antes que se pusieran de moda… Junto enfrente en Av. Córdoba 4684
casi en la esquina de Malabia se encontraba la Librería y Juguetería
Arlequín, un local de dos vidrieras a los costados donde se podía apreciar, en
una todas los juguetes recién salidos y en la otra los artículos de librería.
Casi diría que fue el primer hogar de Barbie y los pin y pon en el barrio,
acompañados por mi pequeño ponny y los micromachine que se exhibían en una
vitrina aparte. Cuando llegaba el día del niño, reyes o navidad, la vereda se llenaba de cochecitos
de muñecas, caballitos de madera, juegos de escobita y secador, andadores y
pelotas de colores que colgaban de la entrada, por supuesto nunca faltaba la
mesa en la vereda donde se envolvían los juguetes… El local con un salón
alargado e interminable, donde sobre su mano derecha se encontraban grandes
mostradores de madera y estanterías con libros y útiles escolares. Sobre la
izquierda, los mostradores eran delicadas vitrinas, cajones en el suelo y
estanterías con juguetes, al final de los mostradores y sentado desde la mañana
hasta la noche, se lo encontraba a don Mendel Waldman, padre de Iser
Majlech Waldman dueño del lugar y al que todos apodaban Isa.
Al contrario de su padre, que tenia fama de cascarrabias y protestón, Isa era
un hombre amable y siempre de buen humor,
respetado y querido por los vecinos y comerciantes del barrio. En el
lugar también trabajaba Silvio, uno de sus tres hijos y estudiante de maestro
Jardinero, particularidad para los años ´80, donde esa profesión era casi
exclusiva de las mujeres. Si entrabas al lugar por la mañana y Silvio estaba a
cargo podías verlo saltar con vehemencia sobre un camión Duravit, para
demostrarle a una madre que esa era la mejor elección de juguete ya que era
indestructible mientras resonaba en la radio la voz de Lalo Mir en su programa
“Radio Bankok”.
Los otros 2 hijos de Isa, eran Paula que solo
se la veía ayudar en las ocasiones especiales ya que era la mas joven de su
familia (eso días y debido a las grandes colas todos los parientes y amigos
colaboraban, incluyendo a Jaime que era el empleado contable) y su hijo mayor Fabián, que estaba a cargo de
la sucursal llamada “Distribuidora 4”
que se encontraba en Av. Córdoba y Thames justo en la esquina y con enormes
vidrieras que la abrazaban.
Arlequín no siempre fue Librería y Juguetería,
aunque si siempre fue de los Waldman; en los años 60 se llamaba “Electrónica
Paternal” y era una de las grandes tiendas del barrio donde se vendían
electrodomésticos, de hecho y aunque
cambiada de rubro el nombre seguía siendo el mismo y para no despistar a los
incautos eligieron al otro como nombre de fantasía.
En el último de sus tres grandes depósitos y
como testigos silenciosos del pasado, en sus estanterías descansaban viejos
tocadiscos portátiles, televisores a válvulas y otros electrodomésticos pasados
de moda, junto a algún que otro libro escrito en hebreo que contaba historias
de Europa antes de la guerra.
No se exactamente cuando dejo de existir,
supongo que la agarro alguna de esas crisis por las que paso la Argentina e implacable
como con tantos otros comercios, la obligo a cerrar sus puertas. Recuerdo en
alguna ocasión y allá lejos en el tiempo, encontrarme a Isa en una nueva
Arlequín sita en Av. Corrientes y Medrano, pero solo fue un paso Fugaz y claro
esta ya no era lo mismo.
Hoy el local sigue ahí, mantiene su estructura
solo que ajironado, dividido en 2 y convertido en tiendas de ropa.
Seguramente los que entren a comprar, no tiene
idea de la magia del lugar, esa que provoco durante décadas la sonrisa de
infinidad de niños, la que adorno las veredas del barrio, la que se distinguía
entre los negocios de la cuadra, porque no se repetían los rubros.
Esa magia que me provoca casi Inevitablemente que
cuando pase por ahí, no pueda dejar de tararear ese tema de vivencia llamado “Los
Juguetes y los niños”.
-Tengo 32 años, soy casado y tengo una hija
de dos años. Nací en el barrio de Villa Crespo y siempre viví en él. Soy comerciante y escribo,
toco, canto y grabo hace más de dos décadas. Grabé 20 discos y si bien el
último lo terminé hace menos de dos semanas, ya tengo uno nuevo. Los discos salen cada vez que tengo una
cantidad de canciones nuevas para liberar, con lo cual todo depende de mi
necesidad de escribir y decir cosas. He hecho cuatro discos en un año, y hubo
un período de cinco años sin un disco. Como no tengo contratos ni compromisos
con nadie, las canciones no tienen intermediarios entre el oyente y yo. Llegan tal
cual como salen de mi alma. Esto está hecho pura y exclusivamente a pulmón y
nada más que por amor al arte, aún con mis notas desafinadas, pifies y la falta
de talento que no me incomoda en reconocer.
Mis
canciones abarcan los temas y estilos más diversos, y sería desatinado
caratular todas bajo un mismo rótulo. Escribo sobre lo que siento, cosas que me
pasan, cosas de las que soy testigo, historias que se me ocurren. Escribo
cuando algo me molesta, cuando algo me gusta y cuando la canción es el único
escenario en el que suceden cosas que en la realidad son muy difíciles de que
ocurran o directamente imposibles, como por ejemplo hablarle a alguien que ya
no está o como sucede en "Golazo de Luciano Grinberg", debutar en
primera a los 32 años jugando para River contra Boca, hacer un gol y retirarse.
Mis canciones son como "fotos". Reflejan algo con lo que puedo
disentir dos minutos después componer y
tocar es lo que más me gusta hacer y lo hago con una pasión desmedida.
Quisiera poder dedicarme exclusivamente a eso pero nunca estuvieron dadas las
condiciones para que eso sucediera, siendo la principal razón que considero que
hago algo digno pero sin carisma ni talento como para intentar salir al ruedo.
No reniego, gracias a eso puedo manejarme con total libertad sin tener que dar
explicaciones ni pedir permiso para nada. Mi único anhelo siempre fue -y lo
digo sin demagogia-, tocar en el barrio de Villa Crespo y que los fondos
recaudados se destinen a algo que beneficie al barrio, al cual amo con locura
(y del cual colecciono fotografías).
Solo el, Mariano Bryner puede definirse tan bien, tal
vez sea las horas que pasa escribiendo sus canciones, o los aires de Villa
Crespo llenos de poetas muertos que en su respirar lo invaden y le provocan volcar todas sus vivencias en una
canción.
Cuando descubrí a Mariano en uno de mis incansables
buceos por la web, juro que me dio curiosidad, tal vez fue su anonimato y el
esconderse tras sus iniciales para publicar sus videos en youtube, taringa,
mysapace, o las letras de sus temas que hablan de todo, desde un gol hasta una
violación, pasando por los recuerdos de su infancia en el barrio y la mujer de su vida. Tanto llamo mi
atención, que decidí averiguar quien era, no solo eso, sino que todo el barrio tenia
que conocerlo. Mande mails a direcciones erráticas hasta que finalmente una
respuesta amable llego a mi casilla, acompañada de la historia que aquí se
transcribe.
Casi como una promesa irrompible, le dije que en mi
próxima nota hablaría de el, y antes de hacerlo me descubrí en una reunión
familiar contándoles sobre el chico de los videos con canciones raras, “el
copanni de Villa crespo” lo llame, y canta bien? Me preguntaron,-no del todo,
respondí, pero tiene algo raro que llama la atención….Llegando a la fecha de
entrega de las notas, abro mi hoja en Word para comenzar a escribir y sin
pensarlo broto el titulo solito “el Juglar de Villa Crespo”, no es mas ni menos
que eso, lo que pasa es que no estamos acostumbrados a los juglares en estos
tiempos, pensé, sus canciones eran fotos cuando ni siquiera se imaginaban que
existieran, la historia oral, los periódicos cantados.
Volví a leer su mail, y como buen juglar, su relato
era impecable, el hombre que hace rimar las noticias, el de los videos
azules, el que escucha a queen, los
Beatles, Elton John, Charly García, la Bersuit y a Wainraich en la radio.
No le pregunte porque no sale él cantando en los
videos, será vergüenza porque siente que le falta talento?, supongo que no, acaso no hay un montón de artistas que cantan
mal y son famosos? Como se mide el talento, de un tipo que sube videos y los
ven 58.484 personas como es el caso de MNB cantauor? En el fondo creo que me
divierte el no conocer su cara, tal vez mil veces le compre algo sin saber
quien era el hombre detrás del mostrador, y esta bien así, porque eso le da la magia al Juglar…
Si te veían de noche, es probable que se cruzaran de vereda, por tu pelo largo enmarañado, tu desgarbada figura, tus ojos desorbitados, seguro con un cigarro en la mano y una carcajada feroz resonando en la noche de algún barrio porteño. Quien pensaría que eras poeta, de esos que describe con una lucidez desgarradora, a la ciudad de piedra y los fantasmas que la habitan.
Le cantaste al tren San Martín, a Marechal, a Julián Centella y al guiso carrero, bajo el sol del once te tomaste un vino y en los carnavales del barrio bailaste un tango en zapatillas mientras hablabas de Jaureche.
Criticabas el barrio del Belgrano, porque elegiste no ser un niño bien después que tu vieja se fue al mas allá, junto a Perón y Gardel.
Jugaste a ser marginal y te apodaste el resentido, orgulloso de escupirle el asado al patrón y cantarle un Tango….
Hugo Peche Estévez, tenia a penas 48 años cuando el sábado 02 de octubre saco a pasear a su perro y una “vieja” le quito la vida de una puñalada porque no le caía bien, como si ese fuera motivo suficiente para robarnos su poesía y su voz. Seguro le fue fácil matarlo, porque el tenía el corazón tan grande que le abarcaba todo el pecho.
Peche fue el Creador en 1997 junto a Ricardo Culotta de la agrupación Buenos Aires Negro, dueños de una lírica poderosa, que podía ser cruel y realista tanto como sentimental y emotiva. Con su voz Blusera el tango lo encontró y ya no pudo dejarlo, y a pesar de ser tango, dejo que lo confundieran con el Rock de vez en cuando.
Desde el IMPA, luchaba por su música y por sus ideales, porque nunca se deja solo a un compañero…. Tenía cultura suficiente para ser lo que quisiera y eso hizo, y durante años limpio vidrieras por cabildo, porque no le gustaban los patrones y necesitaba tiempo para su música y su poesía.
Nunca le falto un vino con amigos, un asado o una discusión sobre política.
Vivía al borde, lleno de excesos y melancolía, adicto a las drogas y el alcohol, sabia que no iba a llegar a viejo, creo que en el fondo no lo quería…
La prensa lo admiro y no perdió oportunidad para entrevistarlo, porque su verba era rica y siempre tenía una respuesta punzante capaz de incomodar a todos aquellos que no querían ver la realidad de las luchas sociales.
Dejo tres hijos y tres discos, “Turra vida” y “Sol del once” con su banda Bs. As. Negro, este ultimo producido por su amigo el Chango Farias Gómez, quien supo cantarle un tema, y “Fragmentos de amores desesperados” banda de sonido de un espectáculo músico teatral que protagonizo junto a Montse Ruano, basado en textos de Federico García Lorca, porque le gusto jugar a ser actor y cantar al poeta en ritmos latinoamericanos.
También dejo un montón de amigos y admiradores ahora huérfanos de su poesía, y a un Buenos Aires de luto más negro que nunca por el juglar que le quitaron.
Últimamente no dejamos de escuchar en las noticias, a cerca de los ovnis, que rondan por Ituzaingo. Los vecinos y fanáticos de estos fenómenos, realizan grabaciones, fotos, grupos de avistamientos y otras yerbas, pero la realidad es que la Ciudad no tiene nada que envidiarles….
Si buscamos en Internet, seguramente encontraremos una serie de videos fechados en el año 2003, y filmados por un tal Roberto Durante, donde se registran avistamientos en el barrio de Villa Crespo. Dichos videos, muestran luces danzantes en el cielo y a un camarógrafo aterrado o enfermo de parkinson, esto, a tal punto que la cámara se mueve mas que las propias luces…
Pero este no fue el único caso, mucho antes, el 17 de septiembre de 1985 cientos de miles de habitantes de Buenos Aires y alrededores presenciaron el paso de un objeto luminoso durante casi 12 horas. Pero aseguran los que saben, que el más espectacular fue en 1988, en el barrio de Villa Urquiza, cuando un objeto plateado fue visto por más de 7500 personas a plena luz del día. El Aeroparque Jorge Newbery, informó que un objeto muy veloz apareció en sus radares a la dirección de la Villa General Paz aquel mismo día.
El 11 de Enero de 2009, la docente Maria Marta Barletta, reporta un avistamiento de dos objetos luminosos “que van ascendiendo paralelamente, hasta perderse de vista” a las 23.30 en Villa Crespo.
Ese mismo año, un asiduo publicador de fotos ovni en Internet, llamado Hector Boetto, reporta avistamientos en Caballito, pero entre su colección, se encuentran naves en Palermo, Villa Crespo, Puerto Madero, Plaza de Mayo y el mismísimo Congreso.
Ese verano, en total los reportes certificados por la FAO (Fundación Argentina de Ovnilogía) en capital, fueron de 81.
Luego de ese año, al parecer la actividad ceso en la ciudad, aunque uno nunca puede estar seguro, por eso cada tanto, hay que mirar para arriba, nunca se sabe, quien nos esta observando…
A veces la línea entre un Mito Urbano y un
hecho real es muy delgada, por lo general el hecho real, va pasando de boca en
boca, cambia los detalles, se enriquece, omite parte y finalmente se convierte
en una leyenda urbana, adaptable a cada barrio según su Narrador.
El que les voy a contar hoy, pudo transcurrir
en once, almagro o Villa crespo, la ubicación exacta no es relevante, o si….
Cuenta la leyenda, que en una Fábrica, estaban
Trabajando dos Plomeros en la reparación del Tanque de Agua, los dos se llevaban
muy mal y en reiteradas oportunidades sus discusiones superaban los límites
racionales. Mientras reparaban este tanque, sucedió nuevamente una discusión,
así que el plomero llamado Horacio, en un arranque de violencia empujo a su
compañero dentro del tanque de agua, corrió su tapa y se retiro ofuscado del
lugar. Su ira lo tenía enceguecido, tanto así que al salir y cruzar la calle
fue arrollado por un colectivo y murió al instante. El personal de la fábrica,
quedo conmocionado ante este hecho y no reparo en la ausencia del compañero de
Horacio… Tiempo después los empleados de la fabrica comenzaron a enfermarse,
todos tenían los mismos síntomas y descubrieron que esto ocurría luego de tomar los mates o el te en su
periodo de descanso, por lo que decidieron no beber mas agua “del tanque” .
Luego de esta decisión, los empleados no enfermaron mas y el tema quedo
relegado.
7 Años mas tarde y como tantas otras fabricas esta se cerro, el viejo edificio desmantelado fue puesto a Remate. El terreno, fue
vendido y la empresa que compro el lugar lo puso en manos de un contratista
llamado Horacio para que reciclara el lugar. En los planes de obra se
encontraba la remoción del tanque de agua, como se trataba de un trabajo
delicado por su tamaño, el mismo contratista decidió ponerse al frente de este desafío, así que ordeno desagotar el tanque, con su maza en mano dio el primer
golpe para derribarlo, para su asombro, la maza al perforar el tanque, se incrusto en
el cráneo de un cuerpo descompuesto, con
horror ante la escena, y luego de seguir delante con la perforación, noto que en las paredes del tanque estaban las
desesperadas marcas de arañazos y golpes denotando un intento de escape
frustrado.
Las obras fueron suspendidas, al tiempo Horacio el contratista fue hallado
muerto en la piscina de una obra.
Dicen que todos los Horacio que pasan por la puerta de la
fábrica ahora abandonada, pueden sentir una sensación de ahogo y falta de aire, y cuando están por recobrarlo ven salir una luz a través de la puerta como si fuera el
espíritu de alguien tratando de atacarlos.
No se si
esta historia es real o un mito, pero ahora que lo pienso, si me llamara
Horacio, la ubicación exacta, si seria relevante….
En la
actualidad, mucho se habla sobre los mitos de Buenos Aires, historias de
fantasmas, de espantos, de héroes y de personajes de fabulas, como era de
esperarse, Villa Crespo no podía quedar afuera de las fantásticas fabulas
mitológicas de la ciudad.
Entre las
Historias del Barrio, se encuentra la de “La Maldonado”, tal vez la
mas antigua de todas las historias, ya que se remonta a 1536.
Cuenta la
historia, que cuando Pedro de Mendoza fundo Buenos Aires, la pequeña ciudad
tendría que ser resguardada del ataque de los aborígenes, por lo que fue
cercada y no solo nadie podía entrar, sino que estaba prohibido salir…
Allí Vivía
“La Maldonado”
una Joven Española que ante la falta inminente de alimentos en la ciudad y la
negación a perecer por las pestes decide escapar en busca de otra suerte. Camino
varios días, hasta que finalmente al costado de un arroyo decide adentrarse en
una cueva en busca de descanso y resguardo.
Allí por el
hambre y el cansancio se desmaya y al recobrar el conocimiento, advierte junto
a ella a un puma con un trozo de carne entre sus fauces, la bestia la arroja a
los pies de ella a manera de ofrenda, la Maldonado la devora sin más. Luego de este hecho
y permaneciendo a resguardo escucha un rugido desgarrador emanado por el puma.
Llena de valentía, se acerca al animal y advierte que el mismo es una hembra a
punto de parir, sin dudarlo la asiste en el parto de dos cachorros saludables.
En torno a
este vínculo, decide quedarse en las inmediaciones de la cueva, los aborígenes
del lugar notan su presencia, pero en lugar de atacarla, la mujer que no le
teme a las fieras, es materia de admiración y respeto.
Luego de un
tiempo, y mientras recorría sola las inmediaciones de la cueva, es apresada por
soldados españoles, ante el mismo Pedro De Mendoza es enjuiciada por haber
abandonado la ciudad, y condenada a perecer atada en un tronco despojada de sus
vestiduras, a la suerte del acecho de
las bestia salvajes que habitan en el lugar,
es así como la abandonan a la vera de un arroyo.
Tres días
Mas tarde Los soldados van a retirar el cuerpo, pero para su sorpresa
encuentran a la Maldonado
viva, atada en el tronco y custodiada por un puma y sus dos crías que le dan
calor a su cuerpo despojado de ropas, Intentan ahuyentarlos, pero solo lo
logran disparando al aire.
Es llevada
inmediatamente ante De Mendoza, quien sorprendido por los hechos, le concede la absolución y es dejada en libertad.
Desde ese
día el arroyo fue bautizado con el nombre de Maldonado, y corrió a la vista de
los pobladores hasta el año 1929, donde comienzan las obras de excavación para
su posterior entubamiento. Muchas otras historias fueron narradas en torno al
Maldonado y el barrio de villa crespo, pero de eso nos ocuparemos en el próximo
encuentro.
El subte,
por su condición de túnel oscuro y misterioso, siempre se presto para historias
de fantasmas. La línea B, no es una excepción, y muchas de las historias,
tienen que ver con accidentes sucedidos en las estaciones de Malabia y Angel
Gallardo.
Pero hay un
mito en particular, que es el que más me llama la atención, y es la de “la Plaza Amarilla”.
Como todos
saben, la estación Lacroze se encuentra situada bajo la avenida Corrientes y
mas exactamente debajo de la plaza "Los Andes", y es aquí donde comienza la
historia.
En su origen, el Parque Los Andes formaba parte de los
terrenos pertenecientes a “La
Chacarita de los Colegiales”, que era una quinta
perteneciente al Colegio Jesuita de San Ignacio, ubicado en la calle Bolívar. Allí
alumnos internos del colegio pasaban sus vacaciones de verano. Luego, a fines
del siglo XIX, parte de los terrenos se pusieron en venta y otra parte pasó a
formar parte del Estado. En 1871, se desato la epidemia de Fiebre Amarilla, y por
saturación del Cementerio del Sud, hoy Parque Ameghino, el gobernador de la
provincia, Emilio Castro, resolvió que en terrenos estatales se habilitara un
nuevo cementerio. Es así como el actual
Parque los Andes, se constituyo como nuevo cementerio. Este, se colmó enseguida
y en 1886 se procedió a su clausura
hasta 1897, año en el cual se exhumaron
los restos y se trasladaron al osario general la Chacarita Nueva,
después denominado Cementerio del Oeste.
En 1904 el predio fue destinado como parque, pero a pesar de
haberse exhumado todos los cuerpos, aún seguían encontrándose restos humanos en
sus 7 hectáreas
de extensión.
Y es así como nace el mito, La historia cuenta que por la
noche se pasean sombras por la plaza, y que si te sentas en un de los bancos de
piedra, sentis una brisa, escuchas una respiración
y una voz que te dice al oído -!vete, no estés
aquí! O te enfermaras!...
Pero para los empleados del subte la percepción es distinta,
porque a partir de las 12 de la noche, las
almas de esos muertos sin nombre se desprenden de las paredes y pasean por los túneles del
subterráneo.
Esto no solo es un mito, sino un secreto entre los
trabajadores del subte, que para que no trascienda, la estación Lacroze es la
única que pasa sus noches con ninguna cámara de seguridad encendida…
Buceando por el foro paranormal en Internet, encontré
un relato sobre el “Ahorcado del Cementerio”. La leyenda contaba que los días jueves
de luna llena, entrada la noche, los transeúntes de la calle jorge Newbery a la
altura de Guzmán, sorpresivamente se encuentran con la figura fantasmagórica de
un ahorcado, colgando de un árbol, con su cuerpo semi transparente y vistiendo
ropas de principio de siglo.
Parece que el ahorcado, fue un portador de
fiebre amarilla, que no resistió tal noticia y decidió quitarse la vida en
cercanías de lo que luego seria su morada final… Automáticamente luego de leer
esta historia, recordé una de mi infancia que de mito no tiene nada, o tal vez
se convierta en uno inmediatamente luego que mi memoria libre su batalla con
los recuerdos de una niña de no mas de 10 años.
El Protagonista era uno de los Dentistas del
barrio, lo recuerdo flaco, muy alto y amable, (convengamos que a mi corta edad
y estatura, cualquier adulto era alto y si te regalaba una sonrisa, pasaba a
ser amable automáticamente). Aquel Dr., del que no recuerdo el nombre, o tal
vez quiera olvidar para preservar su memoria, vivía sobre la Calle Serrano con su esposa, a
la cual amaba profundamente. Llevaban
muchos años de matrimonio, y si mal no recuerdo no tenían hijos. Un buen
día, la esposa del Dr. Falleció, la
causa no la sé y para la historia no la creo relevante. Lo cierto es que
el odontólogo no fue el mismo luego de esta perdida, ahora estaba convertido en
una sombra, se lo veía andar todas las mañanas rumbo al cementerio a llevarle
flores a su esposa. Pasaba largas horas frente al ataúd que contenía los restos, en el subsuelo de una de las tantas bóvedas de la chacarita, pulía la placa con el nombre, acomodaba las flores,
mantenía largas charlas con el recuerdo de su esposa. Todos en el barrio se
preguntaban cuanto mas iba a resistir el buen Doctor su honda pena, la
respuesta no tardo el llegar, aquel día tomo una bolsa, en ella metió los
utensilios que utilizaba para limpiar los bronces, coloco unas flores,
y una soga fuerte y larga. Llego como todas las mañanas a la bóveda, abrió la puerta, limpio las placas, cambio las flores, hecho esto extendió la soga, la ato del barandal de la escalera que llevaba al subsuelo y sin prisa pero decidido, paso su cabeza a través del nudo
corredizo y salto los escalones que lo separaban del suelo, fue rápido, tal vez para el fue el minuto
eterno, pero estaba seguro que ella lo estaba esperando, simplemente la vida
era impensable estando separados.
La noticia corrió rápidamente en el barrio, y
todos los vecinos lo lamentaron, pero también comprendieron que para el, era la
única solución. Recuerdo a los vecinos hablando al respecto, y a pesar de mi
corta edad, no me impresiono la historia, tal vez porque era solo una historia
de amor. Lo que si recuerdo que no lograba entender, (por mas que lo adultos se esmeraban en
explicarme) era porque, si se murió dentro del cementerio, lo sacaron para
volverlo a entrar….
Corría febrero de 2007, en el 4° piso del
edificio sito en Padilla y Acevedo, allí vivían Claudio, Marisol y una
pequeñita de 4 años, hija de esta ultima. Ellos trabajaban juntos en un
restorán del abasto, donde se desempeñaban el como cocinero y ella como
camarera. Puedo asegurar con una certeza absoluta, que cuando ella le regalo
ese set de cuchillos a su pareja, jamás
imagino que una de las piezas del juego, iba a servir para cortar su garganta.
De madrugada y cuando el volvía de su
turno, comenzaron los gritos, para los vecinos escucharlos formaba parte de la
rutina diaria, pero esa madrugada fue diferente, la vecina del 5 piso creyó que
esta vez tenia que bajar porque algo andaba mal, y así fue, cuando descendía los últimos
peldaños de la escalera que conectaba ambos pisos, noto la sangre que cubría el
pasillo, solo bastaron unos cuantos pasos mas, para ver a Marisol en el suelo
al que había llegado arrastrándose desde el living de su casa y tomándose el cuello para intentar parar la
hemorragia. La vecina a los gritos pidió ayuda, fue así como la portera del
edificio corrió a socorrerla, entre las dos decidieron bajarla por el ascensor,
con el fin de alejarse de su agresor, el cual no sabían que ya no estaba en el
edificio, y acercarla a la entrada del edificio sonde la ambulancia tendría
mejor acceso. Todo intento fue en vano, Marisol falleció en el palier, su
agresor se entrego 24 horas mas tarde, y la pequeña hija quedo en custodia de
su padre. Hasta acá una triste historia, un drama pasional, los celos que
enloquecen.
Una historia más de esas que se olvidan con los
años o pasan a ser anécdotas, solo que Para los vecinos de Padilla al 700, no
fue así, ese Febrero, en el edificio comenzaron a ocurrir acontecimientos
inexplicables.
Aquí la cronología: los caños de agua que
recorrían los departamentos A desde el 2° piso a plata baja, colapsaron
inundando los departamentos y los pasillos. Uno de los departamentos del 3° se
incendio, extendiéndose el fuego en todo el piso, en el 6° piso, un escape de
gas termino en explosión, nuevamente un incendio, esta vez en el local de
planta baja, otra vez el gas, en esta los vecinos se quedaron sin suministro
por un largo tiempo, y como colación en Agosto de 2009, nuevamente una
inundación provocada por inexplicables fugas en los caños internos del
edificio.
2 años de “mala suerte” o acontecimientos
inexplicables, fueron suficientes para que los vecinos que aun moraban en el
edificio, (y digo aún, ya que muchos decidieron mudarse, antes de seguir
padeciendo desgracias) se reunieran y tomaran la decisión de exorcizar el
lugar. Y así fue, un sacerdote se acerco, realizo una misa con exorcismo, y
bendijo los pasillos de todos y cada uno de los pisos. Parece que este ritual,
fue suficiente, ya que la calma reino luego de la tormenta, en el lugar no
sucedieron mas hechos desafortunados. Cuando mi amigo Carlos, me contó esta
historia, que vivió desde adentro, ya que el ocupaba un departamento en el
edificio de la calle Padilla, me recordó un viejo dicho que repetían en mi familia:
“Nunca regales cuchillos, y si lo haces, que te den una moneda como pago,
porque sino, regalar cuchillos trae pelea”.