13/11/2012

Actividad paranormal El exorcista de Palermo

Esta historia reúne   dos mitos,  ambos sucedidos  en el barrio de Palermo y con apenas una cuadra de diferencia, aparentemente sin uno no existiría el otro.
Todo comienza en el monasterio de San Benito perteneciente a la comunidad Silense y proveniente de España y México durante el año 1914. Los monjes queriendo fundar su comunidad en Argentina, alquilaron propiedades en los barrios de Caballito, Villa del Parque y Belgrano hasta finalmente y por medio de donaciones, adquirir del primero de los lotes de Villanueva y Maure (posteriormente tendrían toda la manzana), ahí se daría el arraigo y desarrollo de la comunidad. Bajo la dirección del P. Eleuterio fue colocada la piedra fundamental el 5 de octubre de 1920.
La capilla del Santo Cristo - proyectada como una parte que debía integrar la futura iglesia abacial, y que se usaría provisoriamente para los oficios litúrgicos de los monjes y la atención espiritual de los fieles - fue inaugurada y bendecida el 22 de diciembre de 1925. Un año después de este acontecimiento, llega desde Hacinas, España el Sacerdote Lorenzo Molinari Anton. Nacido en 1901, ingresa al monasterio de los Silos en 1912, con 10 años de edad, para posteriormente ser ordenado sacerdote el 7 de diciembre de 1924.
En Argentina, con su sacerdocio recién estrenado, comenzó su labor apostólica, que no tuvo interrupción hasta su muerte. Además de sus obligaciones, propias de religioso, fue director de catecismos en su parroquia y en colegios del Estado y particulares; asesor de las ramas juveniles de Acción Católica, del Apostolado de la Oración y de las Hijas de María, Capellán de varios colegios, Profesor de Liturgia en los Seminarios Catequísticos Diocesanos, y en el Instituto de Cultura Religiosa Superior.
En 1963, fue elegido como primer abad, recibiendo la bendición abacial de manos del Sr. Arzobispo de Buenos Aires Emmo. Cardenal Caggiano Azevedo. Durante su Abadiato que se prolongó hasta 1971, tuvo que hacer frente a los años duros postconciliares, en los que la comunidad, como tantas otras, fue sacudida por muchos problemas que causaron muchas bajas en sus filas. Después de su renuncia se dedicó exclusivamente al ministerio, atendiendo de modo especial a las personas más humildes y más necesitadas espiritualmente, convirtiéndose en lo que denominarían un simple monje.
Su simpleza era indiscutible, aunque de todas las actividades que desempeñaba, hay una muy particular que no se podrá encontrar en ninguna biografía, y que ejerció desde su renuncia hasta sus últimos días, el robusto y bonachón Padre Lorenzo, era exorcista.
En su celda humilde de monje dentro del antiguo monasterio, del cual en la actualidad solo queda una parte ya que el resto fue vendido por la curia, atendía provisto solo de 2 sillas, 1 jarra y 2 vasos de agua, a los fieles desesperados que llegaban a él por recomendación, a liberar sus cuerpos y espíritus de los males y demonios que los asechaban.
No eran tiempos fáciles para ejecutar esos ejercicios espirituales, los cuales tenían que ser realizados en la clandestinidad. En 1972, la abadía pasó a ser atendida por el clero de la arquidiócesis, quien demás esta decir no admitía este tipo de practicas.
A pesar de las prohibiciones, a las cual hacia oídos sordos, el rumor de sus dones como vidente y sanador se esparcía entre la comunidad, quienes concurrían masivamente a la abadía solicitando un turno para ver a Lorenzo.
Una vez instaurado en el país el gobierno Militar las cosas empeoraron, y en reiteradas oportunidades se intimido a Padre y al resto de los miembros de la comunidad a detener las actividades, a pesar que estas eran camufladas como simples confesiones y asesoría espiritual. Las presiones no solo venían por parte del Gobierno, sino también de la Curia, indignada al saber que entre los fieles, Lorenzo por su robusta figura y su mirada amable, era llamado el Segundo Juan XXIII. 
E1 24 de mayo de 1979, a los 78 años de edad, fallecía repentinamente por consecuencia de un paro cardiaco en su celda del monasterio. Pero ésta es solo una de las versiones, la segunda también oficial, cuenta que su salud venia decayendo. 15 días antes de su fallecimiento su condición empeoro, pero solo accedió a descansar el día 23, en la tarde del 24 acompañado de algunos hermanos y tras 10 minutos de agonía moría por consecuencia de un paro cardiaco fulminante.
Pero hay una tercera versión, la no oficial, sus fieles aseguraban que ante la negación de terminar con los exorcismos, una vez mas se presentaron los militares en la abadía, esta vez sin ánimos de advertir, y fue muerto como uno mas de los que no respetaban sus ordenes. Durante años estuvo prohibido nombrarlo, tanto fue que muchos ni siquiera conocen su historia, y la curia se encargo de mantenerla en silencio. La muerte del Padre Lorenzo es el primero de los mitos.
En torno a los exorcismos que se realizaban en la calle Villanueva ronda el segundo, éste sobre la Embajada de Alemania construida en 1972 y ubicada frente a la parte de la abadía que ya no existe sobre la calle Gorostiaga. Cuentan los vecinos que está llena de fantasmas, aunque en realidad serian presencias oscuras provenientes de los fieles que eran exorcizados por Lorenzo, y que al no poder permanecer en los terrenos santos, huían a los más próximos que resultaba ser una morada ideal para los errantes, que a pesar de haber pasado 35 años de la extraña muerte del exorcista siguen rondando las inmediaciones.
También frente a la abadía sobre Villanueva se encontraba el CABE (Club Atlético Banco Español), que cerro sus puertas en la década del 80 cuando el Banco se fue del país, aun permanece su construcción abandonada y de aspecto fantasmal, lo que provocaría que nadie quisiera entrar siquiera por curiosidad.
Hoy la atracción turística es la parroquia, mas ostentosa, tanto como para y dejar en el ostracismo la pequeña capilla original que no pertenece a la curia sino a los Benedictinos radicados en Lujan, apenas separada por rejas como si no fuera digna de compartir espacios permanece atrapada en el tiempo, fiel testigo de los acontecimientos pasados, silenciosa y habitada por la memoria del Padre Lorenzo, morada final de sus restos.



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