23 jun. 2013

Palermo Mío

Si bien denominamos barrió al espacio geográfico delimitado por cierta cantidad de manzanas, la mayoría de las veces el barrio es las cuadras aledañas a nuestra vivienda. Cuando sos chico tu barrio es tu casa, tu escuela, el almacén, la casa de los compañeros, el club. Yo nací en Palermo viejo, y a pesar de ser un barrio grande, mi Palermo no tenía más que unas manzanas. A medida que se crece, los límites se van corriendo, pero en la memoria el límite sigue siendo los lugares de la infancia.

Jaime el pollero

Don Jaime era un judío colorado de notorio bisoñe, que tenia un pequeño local de venta de productos avícolas en Serrano 1421 y el Pasaje Coronel Cabrer, justo entre la carbonería y la verdulería de los El Alí. Siempre vestía un blanco guardapolvo y cuando no tenia clientes se paraba en la puerta de su local, adornada con cortina de tiritas plásticas, a relojear a las señoras y señoritas que pasaban por la puerta, manteniendo siempre la postura de galán maduro.
Jaime tenia fama de “Carero” y mujeriego, combinación que a los maridos del barrio no les convencía mucho. Por algún motivo lo recuerdo parecido a Soldan.

Los muchachos Peronistas

Los Meccía eran una familia numerosa de Peronistas, que tenían varios locales en el barrio incluyendo un comité. El mismo estaba en Cabrera y Serrano, y desde ahí se maneja toda la militancia del barrio. Si bien durante la dictadura muchos miembros de la familia se guardaron, el local seguía funcionando a puertas cerradas. La realidad cambio en el 82, cuando aptos para realizar campañas políticas, comenzaron a enardecer al barrio todo, con el sonido de la marcha peronista emitido por el altoparlante de una chata que recorría las calles a todo volumen.
La candidata era Teresa de Palmas, hija de don Meccia, su campaña consistía en repetir una y mil veces su nombre y cada tanto prometía un peronismo autentico.
*En los años 90 y como Embajadora en Republica Dominicana designada por el entonces Presidente Menem, se vería envuelta junto a su esposo e hijo, en un extraño caso de tráfico de drogas, secuestro y asesinato de un menor en un ritual satánico. Su condición de diplomáticos les permitió volver al país en 1996 sin cumplir condena.

*- Ante el pedido de la  familia de Teresa De Palmas de corregir los hechos mencionados, dejo constancia que la información aquí publicada, fue extraída de los diarios de la época. Los mismos están disponibles en la web. Por lo que no emito juicio de valor alguno sino reproduzco la información antes mencionada.
http://www.lanacion.com.ar/168284-el-regreso-sin-gloria-de-meccia-de-palmas
http://edant.clarin.com/diario/1998/08/02/e-05801d.htm
http://www.40limon.es/1997/04/copa-inocencia/

http://manuel-miranda.blogspot.com.ar/2007/06/la-verdad-del-caso-llenas-aybar-juan.html

La escuela 23
  
Sobre la calle Serrano entre Córdoba y Niceto Vega estaba la escuela n° 23 Dr. José María Bustillos. De paredes blancas y estilo colonial, tenia grandes ventanales que daban a la calle, un zaguán o patio delantero, el patio trasero y al fondo la casa de Alcira la portera, una provinciana retacona de carácter cambiante y notoriamente harta de las blancas palomitas.. Ese edificio siempre fue escuela, aunque en sus inicios como colegio de niñas pertenecía a la “Obra de la Conservación de la fe” y era administrada por monjas, que no muy voluntariamente alquilaron el inmueble al estado, hasta 1982 año donde seria devuelta en lamentables condiciones, ya que al Intendente Cacciatore le salía mas barato construir una escuela nueva que arreglar el maltrecho edificio. En 1976 sería testigo de un “operativo militar” que consistía en decenas de soldados armados recorriendo el edificio poblado de niños, y francotiradores apostados en los techos de chapa, a la espera que apareciera algún montonero o terrorista.

El terror del colegio

Pegadito a la Escuela, estaba la casa de Alejandro Santacaterina. Para los que cursaron la primaria en la 23 entre 1976 y 1985 saben perfectamente de quien les hablo. El pequeñín de anteojos de gruesos marcos, era el mismísimo diablo reencarnado. Hijo de Yolanda y Tony, un Italiano dueño de la pescadería “la Rana” que se encontraba en Av. Córdoba y Araoz, y hermano mayor de unas mellizas que intentaban seguirle el tren sin existo. Si Matt Groening hubiera pasado por Argentina, sin duda Bart Simpson seria una versión Light de Ale, que irónicamente por lo largo de su apellido era apodado “Santa”. Llegado un punto las maestras no se molestaban en llamar a sus padres, directamente en lugar de mandarlo a dirección, le tocaban el timbre a su madre y le entregaban al insoportable niño. Entre sus travesuras más recordadas se encuentra el día que ante las altas temperaturas, decidió taponar los desagües de los largos piletones del baño, llenarlos de agua, sacarse las ropas y simplemente sumergirse. No existió compañerito suyo, que no se fuera a casa con un moretón causado por el, eso si, a sus fiestas de cumpleaños nadie faltaba, simplemente eran las mejores….

Atracción Fatal

En las esquina de Thames y Niceto Vega, se encontraba una ferretería con frente de granito gris y dos grandes vidrieras de persianas verde oscuro que existió hasta hace unos años. La misma era famosa por tener una pizarra en su puerta, donde contabilizaba los autos y colectivos que se le incrustaban en la vidriera. Al principio su dueño reparaba el frente una y mil veces, pero finalmente decidió que no valía la pena el esfuerzo hasta que el entonces intendente de Bs. As, el Dr. Cacciatore, pusiera un semáforo. Los números de accidentes escritos en tiza blanca llegaban a las tres cifras, y se modificaban al menos 3 veces a la semana. Tardaron años en colocar el semáforo, pero la pizarra nunca se fue, seguía contando choques aunque con menor frecuencia. Nadie se podía explicar tal fenómeno, por suerte la victima siempre era el frente, a pesar de ser una esquina muy transitada especialmente por los chicos del colegio, que se encontraba a pocos metros de ahí. El último accidente fue en 2010, cuando un camión repartidor de diarios destruyo por completo el frente al chocar con un 55. Seguramente y después de casi 30 años de soportar embestidas, esa fue la cuota que rebalso el vaso e hiciera que el lugar bajara definitivamente la golpeada persiana..

Palermo Hollywood

En Serrano y Niceto vega, se encontraba la casa de Chico Novarro. Para las Sras del barrio tomar esta calle era casi obligatorio, ninguna quería perderse la oportunidad de ver salir a Chico de su casa o simplemente escuchar a través de las ventanas los acordes del piano, acompañados de su melodiosa voz.  Nada opacaba este momento, ni siquiera el invasivo y poderoso olor a queso estacionado, que provenía del inmenso depósito de Quesoro, que se encontraba en la vereda de enfrente.
Pero ese no era el único “Famoso” del barrio, sobre Cabrera, llegando a Uriarte, se encontraba la casa de Maurice Jouvet y Nelly Beltrán. Era habitual ver a Maurice hacer las compras por el barrio, cargando una típica bolsa de nylon a rayas y sonriendo ante las muestras de admiración y afecto de los vecinos. Su esposa Nelly solía asomarse a la ventana y charlar con las vecinas. Sin dudas fueron habitantes entrañables del barrio.
A metros de su casa por la calle Thames, vivía Amalia Bernabé, una viejecita poco simpática con una extensa trayectoria artística en cine, tv y teatro, donde habría debutado en 1913 con apenas 18 años.  Doña Amalia vivía en una casona con rejas al frente, si bien no era una persona sociable y menos con los cholulos que se le acercaban, no le quedaba mas remedio que aguantar a los curiosos que se alborotaban cuando su sobrino tambien actor llamado Julio Gini y que trabajaba con Pepe Biondi la visitaba.
Su casa lindaba con un terreno baldío, lo cual le proveía la satisfacción de no tener vecinos inmediatos, pero su suerte término, cuando en 1982 y en solo 6 meses, construyen el edificio de 2 plantas con bloques prefabricados, que ocuparía la nueva escuela 23. El edificio con cientos de alumnos corriendo y gritando terminaría con la paz de la anciana de 87, que constantemente llamaba para quejarse de los ruidos. Al año siguiente, en 1983 y con 88 años fallecía. Los alumnos de turno mañana le enviaron a su familia una carta de condolencias, ya no escucharían más los insultos propinados por detrás de las persianas.

Cabos sueltos

En la intersección de las calles Thames y Cabrera, funcionaba el almacén del Sirio, un sucucho atestado de mercadería, que intentaba ser uno de los primeros autoservicios de Palermo, luego con los años se mudaría a unos metros sobre la calle Thames, para convertirse en supermercado y proveer a los restaurantes del barrio.

En diagonal se encontraba el “Bar de Laguna”, un tugurio oscuro donde los hombres del barrio solían ir a jugar cartas y tomarse unas ginebras. Entrar al bar aunque sea para preguntar algo estaba mal visto, aquel lugar tenía fama de ser cueva de borrachines y pendencieros.

Ahí cerquita estaba el lavadero industrial, un lugar con grandes calderas y perros bravos que lo custodiaban. Un buen día por la mañana, las calderas explotaron, el estruendo retumbo en varias cuadras a la redonda. Pronto se escucharon los bomberos y la policía advertía a los vecinos que no salieran a la calle, porque los enormes y feroces perros heridos en la explosión, recorrían las calles del barrio. Nadie se animo a salir hasta muchas horas mas tarde, los días siguientes apenas se animaban a asomarse a la esquina del lugar, para ver el frente ennegrecido por las llamas. Nunca nadie supo si atraparon a los perros, tal vez todavía andan dando vueltas por el barrio.